Escena urbana

La señora que lleva en brazos una  maceta con margaritas está convencida de una cosa,  es esta: gran parte de los actuales problemas del mundo se deben a que han cerrado los manicomios. Desde entonces, los locos andan sueltos,  están por todas partes, entremezclados con los cuerdos, descontrolados, cometiendo todo tipo de desmanes. Como no se puede resistir a guardar su convencimiento para ella sola, – son los convencimientos material demasiado pesado para no aliviar su carga en alguien más-, se lo cuenta a la señora de la cara roja, que, al igual que ella, está esperando el autobús número 20.

Cara roja también tiene su propio convencimiento, que no es el mismo, y también desea compartirlo. Ella más bien lo achaca a la falta de educación y así se lo expresa a Maceta de margaritas, “lo que le pasa a la gente es que es muy maleducada. El otro día estaba yo aquí, en esta misma parada,  cuando un hombre fue pasando hacia delante, como si buscara algo que se le había caído al suelo y al llegar el autobús, quiso entrar el primero. Como no le dejé, le dije, digo,” ni se lo sueñe, hermano”,  se me encaró y me dijo, “señora, se me relaje,  que hay asientos para todos”, entonces yo le contesté, “asientos para todos habrá, pero educación, por lo que veo, poquita y mal repartida”.

Cara roja, todavía más enrojecida de la ira que siente al recordar el incidente,  mira a Maceta con margaritas esperando que le alabe o  aplauda la respuesta, ya que la considera de lo más acertada e inteligente,  pero la otra sigue empeñada en su personal convencimiento.

¿Ve lo que le digo?- dice oliéndose una manga de  la chaqueta-, ¿lo ve? Ese hombre del que me habla no estaba bien, una persona que está bien de la cabeza no hace eso, una persona con salud mental aguarda su turno y no responde así. Ese hombre era un demente, no tenían que haber cerrado las instituciones psiquiátricas, ahora estamos como estamos. Yo voy al cementerio a llevar flores ¿y usted?

-Al trabajo, qué remedio.  El otro día, en la parada del autobús…Todo me sucede esperando el autobús, parece que se pasa una la vida esperando el autobús, la de vida que se nos va así, esperando en las paradas de los autobuses.

-Bah,  responde Maceta con margaritas, se nos iría de todas maneras. Tanto si te quedas en casa como si sales, si trabajas como si no, si esperas en la parada como si vas conduciendo… la vida se va, lo que no sé es a dónde. Mientras acuna su maceta y se vuelve a oler la manga de la chaqueta, se ríe de su propia ocurrencia.

Cara Roja no se ríe del todo, solo un poco, no le quiere entregar su risa a la otra, siente un poco de rabia porque Maceta de margaritas no haya alabado su oportuna respuesta al hombre maleducado.

Silenciosas y un poco rencorosas, desconfiando la una de la otra,  se ponen a mirar a su alrededor. Detrás de la parada, en la esquina, está la mujer que pide, lleva un pañuelo atado a la barbilla y se sienta sobre unos cartones, está leyendo un libro pequeño, lee como los niños cuando están comenzando a aprender, moviendo los labios y silabeando en voz alta.

Yo a  veces le doy una moneda o dos, hoy no le he dado porque todos los días no se puede, dice Maceta de margaritas.  Está leyendo un librito, ¿qué leerá? Tengo curiosidad, se la ve muy concentrada  y, mire, mueve los labios. A lo mejor está aprendiendo a leer, es admirable.

Sí, es admirable que a su edad y en sus condiciones tenga ganas de aprender, pero  tan concentrada no está, bien que cuando oye pasos levanta la cabeza y dice eso de “suerte para su familia, sinior, siniora”

Pues a mí que no me diga suerte para la familia porque yo ya no tengo familia, conmigo pincha en hueso,  mire esta maceta, son bonitas las margaritas, la llevo al cementerio, no es que crea que vaya a solucionar la vida de los muertos llevándoles flores,   pero lo hago igual, ya sé que no sirve para nada.

Si le sirve a usted…

Sí, me sirve, me sirve,  a veces más y otras menos, no es infalible esto de llevar una maceta de margaritas al cementerio, tampoco se crea que… Mire ese, hablando solo, si cuando le digo que la mitad de la población tendría que estar encerrada, lo digo porque lo veo y lo oigo cada día, no hay más que salir a la calle, al que no está loco le falta poco para estarlo. Todos no son peligrosos, lo hay inofensivos  pero otros… como para echar a correr. Lo malo es que están camuflados, no hay líneas divisorias, ¿cómo vamos  a saber quién lo es y quién no,¿ usted lo es, lo soy yo?  Ja, ahí queda la cosa.

La bolsa de ajitos a un euro, vamo al ajito, vamo al ajito, recita un hombre desde  de la acera de enfrente. De vez en cuando se apoya en la pared y estira la espalda, se mira los zapatos, mira la parada donde parlamentan Cara roja y Maceta de margaritas y vuelve a su pregón: la bolsa de ajitos a un euro, vamo al ajito, vamo al ajito.

-Pobre hombre, se compadece  Cara roja, todos ocupamos un lugar en este teatro del mundo pero a algunos les toca el papel más feo, hay que reconocer.

-Cosas hay peores que la venta ambulante, ¿qué estará leyendo la señora esa? Será algo fácil, con pocas letras, se ve que está aprendiendo, lo cual me parece admirable, ojalá todos tuviéramos su iniciativa y su fuerza de voluntad, ya viene el autobús, menos mal, la maceta pesa.

-Sí, menos mal porque se pasa una la vida esperando en las paradas, a mí es que todo me pasa en las paradas. Y la vida que se marcha mientras una espera.

Esta sí que debería estar encerrada, desde el primer momento me lo ha parecido pero una nunca sabe, musita Maceta de margaritas oliéndose de nuevo la manga.

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41 comentarios en “Escena urbana

  1. Las dos dicen cosas interesantes y sensatas. Las dos mantienen un diálogo de sordos. Las dos son muy suyas o, como dice la autora, un poco rencorosas. Esta escena urbana con rumana limosneando en una esquina es propia de cualquier ciudad. ¿Dónde no hay orates, maleducados, mendigos y vendedores ambulantes?

    1. Es cierto, a cualquiera de ellos nos los podemos encontrar a diario por la calle, muchas veces ni los vemos de tan familiares como son.
      Lo que ya no sé es si dicen cosas tan sensatas, algunas sí pero mezcladas con otras un poco raras.

  2. Gracias a tu don los he visto a todos…
    Es como si estuviera yo también la parada esa y lo oyera en directo.
    Eres fantástica Paloma.
    Te veo a través de tus personajes y eres un sol de persona.
    De verdad.
    Y una gran escritora.

    Mi admiración una vez más.

    Besos.

  3. Es una escena muy visual, cinematografica, me lo he imaginado todo a la perfección.
    Me pregunto quién debería decidir, según Maceta con margaritas, quién está loco y quién no.
    Muy bueno, Paloma. Como siempre. 🙂
    Un besote

  4. Se me ha escapado antes de terminar jiji…
    Digo que esas conversaciones las escucho yo a diario porque tengo una parada de bus al lado de casa y existen estos personajes que bien podrían estar en cualquier novela 😂

    1. Me ha hecho gracia lo del vodevil tan completo, jajaja. Bueno, la calle es así y seguramente se me han escapado muchos detalles.
      Las dos tienen su parte de razón, sí aunque tampoco me parecieron muy cuerdas ninguna de las dos, no sé, no sé…

    1. Hola, Maite
      Muchas gracias!!
      En realidad no es ni un relato, solo eso, una escena callejera o urbana, de las que presenciamos casi diario.

      Otro abrazo para ti 🙂

  5. Que bien describes esto que les sucede a tan afortunadas cuerdas que se pasan la vida esperando el bus y cazando locos. Ahora sentiré miedo cuando camine cerca de una parada, por si acaso, agacho la cabeza y apuro el paso. Un beso.

      1. La calle es inagotable fuente de inspiración…eso sí , pero pocos saben hacer de las escenas callejeras un magnífico espectáculo como haces tu. Un abrazo

  6. ¡Cuán bien nos introduces en un lugar y momento, sin necesidad de imágenes, Paloma”! Y, por si fuera poco, el diálogo trasluce la personalidad de las “afortunadas cuerdas”, como las denomina Carlos, acertadamente. No sé si podría agachar la cabeza y apurar el paso, como se lo propone él; más bien creo que me tentaría entablar un diálogo. ¡Muy bueno, Paloma!
    ¡Besos!

    1. Es otra opción, la de quedarse y hablar con ellas un rato y a ver por dónde salen. O escucharlas de incógnito, esa es la que yo prefiero.

      Gracias, Sari.
      Besos

  7. Si ésa es la cordura, bendigo la locura, la marginalidad de la lectura, la venta ambulante y el silencio, los locos libres y la sinrazón que limita “la sensatez”.

    Tu sensibilidad es exquisita, escribes como los ángeles y dibujas sonrisas de ternura.

    Un beso.

  8. Seguramente el mundo es un inmenso manicomio, en muchos sentidos. Entraña bastante peligro, y es inquietante y preocupante, el que alguien pudiera decidir quién está loco y quién no. Ya sabes, rollo fascistoide, cambiando el “caza de brujas” por “caza de locos/as”. Mientras todo se quede en mero humor, teorías y convencimientos…
    Relato gracioso y a la vez muy realista. Sí, las descripciones son muy claras y visuales. Me han hecho gracia expresiones como “sinior, siniora” y “vamo al ajito, vamo al ajito”. Hasta me siento un poco mal. Reírse de las situaciones precarias de algunos. No es eso, son las cosas que sueltan.
    Sobre el hablar solo y el considerarlo una muestra de no estar muy equilibrado, de que es algo anómalo hablarse (una vez se lo dije a Mayte, esto mismo)… ya sabes, “los locos hablan solos”, aunque es algo que casi todos hacemos… sobre esto tengo que publicar una entrada con vídeo. Hay un gurú espiritual que lo retrata muy bien. Me hizo mucha gracia porque es muy agudo.
    Namastebeso.

    1. Sí, un manicomio girante y muy sucio y estropeado por culpa de los internos.
      A mí también me hace mucha gracia el “vamo al ajito” pero no me río del vendedor, al contrario. Ni tú tampoco, seguro.
      Hablar solo no creo que sea de locos o ¿pensar que no lo es me delata?, jajaja.
      Besos

  9. Tienes un don especial para hacer interesante la mediocridad de la rutina. Es imposible no pensar en todas esas personas que hablan, hablan todo el rato, pero en el fondo nunca se escuchan, quieren dar su discurso y que les den la razón…. Deberían abrirse un blog 😉

    1. No sé si es don o falta de imaginación para escribir de otras cosas que no sean las cotidianas y normales, las que veo o me cuentan.
      Seguro que ya lo tienen, el blog digo, estaban fatal esas dos 😉

  10. No sé muy bien qué pensar. A veces me irritan un poco -o por lo contrario, me hacen demasiado gracia- las conversaciones así… Son tan típicas entre señoras. Esa capacidad de juicio y de desencanto parece que se hereda o se transmite oralmente, como los mitos de antaño jajajaj.
    Seguro de loco y maleducados tenemos la mayoría, y seguro que estas damas no son la excepción. A veces se la gente se jacta de lo que carece o recrimina en el otro lo que lleva dentro de sí. Cuesta encontrar puntos medios.

    1. A mí me pasa lo mismo, o me hace mucha gracia o me irritan y recurro a los auriculares y a la música para no oír. Pero en general me suele gustar escuchar lo que dice la gente y cuanto más disparatado, mejor.
      Seguramente tenían ganas de hablar, de escuchar ya menos. Pero eso también es bastante frecuente.

      1. La literatura aprende de ahí, y la tuya en concreto tiene mucho de calle, y también para escribir hay que tener oído, como en la música. Abrazos.

      2. El oído es importante, cierto. Pero también los otros sentidos porque con todos percibimos la vida. Y de eso escribimos.
        Abrazo, Eladio

  11. La locura se extiende a pasos agigantados, no creo que haya que diagnosticar quien lo está sino al revés, quien todavía no la adquirió, pues cada día son menos. Me gustó mucho esa cotidianidad y como la manejas, un abrazo

  12. Madre mía con las dos “cuerdas”,prefiero estar loca…jajajajjaaj
    Lo de la manga ha sido brutal.
    He visto la escena desde mi sillón,gracias.
    : )

    Besos loquitos.

  13. Viendo la frecuencia de paso que hay, ya desde hace bastantes años, en los autobuses urbanos de Madrid, lo normal es que este tipo de escenas se vayan haciendo cada vez más habituales. A lo mejor es que los autobuses, y sus aledaños, son los nuevos manicomios … Saludos, Evavill.

    1. Y tanto! Hoy mismo he estado un cuarto de hora esperando, al final he ido andando. Pero en ese cuarto de hora he presenciado otro teatro ambulante.
      Algunos días agradecería no ver ni oír tanto.

      Saludos, Raúl

  14. Tal vez el paso del tiempo o la soledad, construyan estas historias de paradas de autobús. A mi me gusta escucharlas, pero jamás participaría de ellas. Es como un diálogo de sordos. A veces me sorprende en el consultorio, como hay personas que cuentan sus historias sin pudor e incluso quieren que participes de ellas. Quizás no sea lo más correcto, pero reconozco que los auriculares son un alivio muchas veces. Un abrazo Paloma.

    1. Sí que puede ser lo que dices: soledad.
      Yo a veces sí participo, no me importa que un desconocido me cuente su vida, me hace hasta gracia pese a que algunos, más bien suelen ser algunas, son muy pesados.
      Otras hago lo de los auriculares, admito.
      Otro abrazo, Carlos

  15. Me desespera el tiempo que se pierde esperando el autobús, la verdad.
    A veces, atiendo a las personas mayores que me cuentan un retazo de su vida entre parada y parada, pienso que se deben sentir un poco solas.
    Tu relato es magistral.
    Besossssss

    1. Tiene razón la señora, pasamos demasiado tiempo esperando mientras la vida se nos escapa.
      Haces muy bien en hacerles caso, la soledad es muy mala cuando no es escogida.
      Besos, Maite y gracias por las lecturas 🙂

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