La sopa

 

Como cada noche, el señor Briner ató la bolsa de la basura y comunicó a su mujer que salía a tirarla. Le gustaba dar el parte de  cada uno de sus pequeños actos cotidianos. Ella pronunció un desvaído “bien” sin levantar la cabeza del libro que estaba leyendo.

El señor Briner pasó junto a las casas de dos de sus vecinos. Los perros le ladraron no supo si de forma amistosa, hostil o, simplemente, por mero aburrimiento canino, por hábito. Pensó que más bien sería por esto último y lanzó la bolsa de la basura con un gesto rápido, seco y certero dentro de un gran contenedor verde. Lo hizo girando la cabeza hacia un lado pero aún así su olfato captó una apestosa vaharada a desechos.

Arrastró calle arriba sus pies calzados con alpargatas y se metió por uno de los callejones laterales. Aún no tenía ganas de volver a casa, sentía la necesidad de moverse, de pasear un rato. En el callejón olía a jazmín y a otras flores para él desconocidas pero de fragancias igualmente empalagosas. Cuatro calles más abajo se encontraba el mar y, aunque ni se oía ni se veía, expandía su húmedo aliento envolviéndolo todo y creando una atmósfera densa y sofocante.

Justo cuando se encontraba en  mitad del callejón tuvo la sensación de estar metido en un cuerpo mayor que el suyo, de estar contenido en él, de flotar, como un ridículo tropezón, dentro de una sopa caliente.

Aceleró el paso algo agobiado pero ese ligero aumento de la velocidad de su marcha le hizo sudar. Pesados goterones se deslizaban por su pecho y por su espalda pegándole la camiseta. Los grillos cantaban en uno de los pocos terrenos que quedaban sin urbanizar. Pronto estaría también construido como atestiguaba un horizonte erizado  de grúas.

Un murciélago sobrevoló su cabeza acercándose a la luz de las farolas para alejarse de nuevo rápido y torpe, con un brusco viraje.

El señor Briner sintió angustia y echó a correr como cuando era niño, sin motivo ni dirección. Sin embargo, aquella carrera no era una placentera carrera infantil sino el trote angustiado y torpe de un hombre maduro.

En realidad, lo que quería era correr hasta el mar, acercarse a la orilla y contemplar el anochecer sentado en uno de los bancos del paseo pero su carrera le llevaba en dirección contraria, hacia el monte que, por detrás del pequeño pueblo,  se alzaba mostrando sus anaranjadas crestas.

Llegó hasta las vías del tren y allí se quedó sentado, recobrando poco a poco la respiración, contemplando el cielo y las escasas estrellas que las luces eléctricas no conseguían eclipsar.

Al cabo de un rato desanduvo el camino, marchó por la calle más ancha caminando junto a las vallas de los chalets. Algunos eran antiguos y poseían una abundante vegetación que los aislaba del exterior pero otros, los de reciente construcción, se mostraban desnudos y despoblados, exhibiendo las vidas de sus habitantes. En una de las casas, dos hermanos pequeños se peleaban. La madre, asomada a la ventana, freía salchichas; el padre, en bañador, se duchaba junto a la piscina.

Cuando el señor Briner entró de nuevo en su casa, empachado de olores  y envuelto en la pegajosa bruma caliente, su mujer había terminado de leer y se estaba pintando de rojo las uñas de los pies.

Admiró su tranquilidad, su apacible modo de estar en la vida. Hubiera querido decirle que corrían peligro, que formaban parte de una sopa y que alguien, armado de una enorme cuchara, se los iba a comer. Hubiera querido decirle que en esa sopa había también grillos, contenedores de basura, brazos de grúas, ladridos de perro, gritos de niños, olores a tortilla, salchichas fritas y jazmines, murciélagos, estrellas apenas perfiladas y que todo, todo eso iba a ser devorado por la gran boca, iba a ser masticando, triturado hasta desaparecer.

Hubiera querido pero, así como acostumbraba a  comunicar sus pequeños y repetidos actos cotidianos, era incapaz de hacer lo mismo con otro tipo de sensaciones o pensamientos. Por eso se limitó a anunciar en un indiferente tono de voz: voy a lavarme los dientes, luego ponemos la serie.

 

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41 comentarios en “La sopa

  1. Se ha sentido parte del todo… una inmensa sopa… ja ja ja, un poco extraño pero bien, me ha gustado esa sensación, vivencia, visión o como queramos llamarlo. Ha captado la integración de todos los ingredientes dentro de esa película. Bien. En el fondo el universo debe ser una inmensa sopa de galaxias.
    “Tropieza dos veces con la misma piedra” no es lo mismo que “tropezón dos veces en la misma sopa”, ¿no?
    Jajaja, una idiotez marca de la casa. ¡Besos!

    1. La sopa cósmica.
      Será que ese calor húmedo y pegajoso le ha llevado a pensar en un plato de sopa donde todo flota mezclado, también él.

      Creo que no es lo mismo, jajaja, pero tropezón viene de ahí, de algo con lo que tropieza o te encuentras por sorpresa.
      Besos!!

      1. La sopa cósmica… muy buena ésa. Dije universo y galaxias y no pensé en eso.
        Tropezar con los tropezones con la cuchara… oye, es verdad. Inspiradísima has estado en todo.
        Podrían llamarse “topetones” ya que te topas con ellos. Otra burrada…

  2. El pelotazo inmobiliario, ¿quién lo veía venir? ¿Y quién hubiese creído al que lo veía venir? Si este buen hombre habla de su sopa, probablemente acabaría quedándose solo… Gracias por el post!

    1. Es verdad, Agnodice, hay pensamientos que no van a ser entendidos, mejor callar.
      Me ha gustado tu mención al pelotazo inmobiliario y cómo lo has relacionado.

      Gracias a ti!

  3. ¿Habrá un poquito de la indiferencia o incapacidad de expresión del señor Briner en cada uno de nosotros? Uhhh… esa sopa caliente en la que hemos comenzado a flotar…
    Me encanta Paloma dejar que tus relatos me lleven y adentren en cada personaje y lugar, lo mismo que si estuviese viéndolos. ¡Excelente!
    ¡Un abrazo grande!

    1. Puede que sí, que en ocasiones todos hagamos eso, quedarnos en la superficie.
      No me gusta esa sopa caliente 😦
      Muchas gracias, Sari
      ¡Otro abrazo de vuelta!

  4. Soy como Mafalda…no puedo con la sopa…y esta que tú nos cuentas…ufff saldría corriendo.Y de la rutina de la casa del señor Briner también.Cada noche serie? ah no…

    Besos!

  5. Calma y previsibilidad por fuera, por dentro… caldo de fantasmas y sentimientos. Quizá no le gustó salir de la rutina, tal vez ese impulso de pasear, el no haberlo anunciado, lo trastocó y algo se nubló en su interior.
    Maravillosas descripciones, me he sentido atrapada yo también.
    Un besote y buen día. 🙂

    1. Algo se le torció y lo inquietó por el camino . No se sabe muy bien qué ni por qué, tal vez el calor unido a otras situaciones .
      Me alegra que te haya gustado, Luna

      Besos!!

  6. Por un momento, el cuento me hacia pensar en algun relato de Carver, o incluso de Cheever, con ese salpicado de chalets y vida cotidiana “inquietante”. E inquietante sin comillas, porque ese final es desestabilizador o desasosegante, lo que me hacía pensar en algún relato de Carver,o incluso de Cheever. Abrazos, Paloma.

  7. Qué buena observadora y qué perspicaz eres. Briner me parece un hombre del montón. El tono del relato es opresivo, menos mal que la mujer, leyendo o pintándose las uñas de los pies, pone un contrapunto de calma.

  8. Tu línea de metamorfosis es interesante, también por lo metafórico…

    Ser engullidos…

    En lo metafórico, todos somos engullidos en cierta medida en parte por ” parte” de lo que nos rodea, pero es inevitable ser susceptibles de la influencia de lo externo, tanto a través de los sentidos como de lo que sentimos por determinados estímulos percibidos.

    Y luego está la parte de los miedos, irracionales o no con los que hay que convivir.

    Besos.

    Tu relato es una sopa sabrosa.
    🙂

    1. Pero no creas que las metáforas ni las metamorfosis son deliberadas. Lo hago sin darme cuenta, debe de ser el subconsciente que manda sus mensajitos.

      Muy sabrosos también tus comentarios, Amapola Azzul

      Besos

  9. Vaya rutina la de ese pobre hombre que a parte está encerrado en su propia incapacidad para comunicarse o de ser entendido, en esa soledad, me oprimió el cuento, sentir ese vaho, ese calor y ese miedo tal vez a una cuchara gigante que te pueda engullir. Un abrazo grande

  10. Una hermosa y metafórica pesadilla. Dioses creándonos y comiéndonos como sopa, y vigilando su comida como en una especie “Show de Truman” . Sopa somos y en sopa nos convertiremos. Saludos, Evavill.

  11. Somos criaturas enredadas con la gran red del ser, en la que, como observó el gran naturalista John Muir hace mucho tiempo, “cuando tratamos de distinguir algo por sí mismo, lo encontramos enganchado a todo lo demás en el universo”; un retorno a lo más noble, lo que significa más natural, en nosotros. Hay algo profundamente humanizador al escuchar el susurro de un árbol de hojas nuevas, al ver a un abejorro enamorarse de una flor, arrodillarse sobre la alfombra de tierra para hacer un agujero para un retoño, mover suavemente una lombriz de tierra sobresaltada o dos fuera del camino.”
    Felicidades por este paseje y tu manera siempre natural de transmitirnos el mundo que nos rodea.
    Buen fin de semana !

    1. Hola, Demian.
      Me ha parecido muy bonito este texto de John Muir, a quién no conozco pero ahora mismo voy a investigar.
      Y sí, tienes razón, estamos unidos todos a todo aunque no siempre nos demos cuenta y ese no entender nos pueda causar angustia.
      Gracias por el comentario!!

  12. Quieres creerte que me he angustiado con esa sopa. A partir de ahora, voy a tener cuidado con las sopas… ja ja ja es una broma.
    Infeliz el Sr Briner, incapaz de sacar a flote sus pensamientos, y envidioso con la tranquilidad de la rutina de su mujer. Somos tan distintos y tan iguales. Magnífico relato, da para mucho, Paloma.
    Hoy gazpacho.
    Besosss

    1. No me extraña, es una sopa mental la que se ha organizado el señor Briner un tanto agobiante.
      Pero comprendo que alguien se pueda sentir así, perdido y a la deriva en un mundo que no entiende y del que sólo sabe con certeza que va a morir.
      Muy dramática me he puesto.
      Riquísimo el gazpacho, me encanta!!
      Besos, querida Maite.

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