Ida y vuelta

 

Natalita y Natalito viajan en tren para poder soportar las largas tardes del verano. Qué melancolía por la ventanilla, los brazos cruzados, las miradas perdidas. Un ciervo, el campo calcinado, piscinas azules, ropas tendidas, una zona industrial, plantas que crecen entre las vías, trenes abandonados cubiertos de graffitis y malezas, planea un águila, las golondrinas beben agua clorada de las piscinas.

Sí,  qué melancolía siente Natalita,  se parece a una serpiente, va reptando por dentro y a veces se para y sisea, como si la estuviera avisando antes de atacar. Se sobresalta. Natalito también la siente pero de otra manera, dentro de él es como un animal un poco furioso, como un animal peludo que le remuerde y le inquieta, como un demonio de Tasmania.

El sol está empezando a bajar y el cielo se vuelve naranja, un naranja opaco, cubierto de polvo desértico, un naranja empolvado. En un andén dos chicas con vestidos cortos se hacen selfies poniendo una cara risueña y seductora,  después los miran con cara seria, adusta. Cara de selfie, cara de mirar el selfie.  Un niño dice adiós al tren, los gorriones picotean entre las vías.

Natalita se ha puesto una blusa de flores pequeñas,   Natalito la gorra de visera y una mochila con el logo de supermercados Condi , dentro lleva la cartera y  dos latas de Coca cola. A veces se rozan sus brazos desnudos pero no es un contacto voluntario, es porque el tren da una giro y vuelca a Natalita sobre Natalito o al revés, ella  se sienta junto a la  ventanilla, él prefiere el pasillo para poder estirar las piernas.

El sol se está metiendo tras las montañas, se vuelven azules y luego negras, sus siluetas se superponen como si hubieran cambiado de estado y de sólidas estuvieran pasando a líquidas. Natalita observa a las niñas que viajan con su madre, se ríe con sus juegos y sus saltos, ¿te acuerdas?, piensa.  Natalito encesta la lata de coca cola vacía en  la papelera, con el ruido que hace se le rompen las niñas soñadas a Natalita.

Ay, qué susto, dice, ahora sí, en voz alta. Natalito se encoge de hombros, la madre de las niñas dice “shhhhhhh, no gritéis, no se grita”. Es muy guapa,

Natalito se pone a soñar con ninfas desnudas, todas tienen la cara de la madre que dice shhhhh, sus pechos suben y bajan con alegría mientras corren por el pasillo central del tren, Natalito, muy joven y atlético, las persigue con su mochila de supermercado Condis. De la mochila no se puede deshacer, todavía le queda una lata.

Estamos llegando, le avisa con un leve toque de codo Natalita, como si supiera lo que está imaginando y quisiera estropeárselo.

Ya, dice fastidiado Natalito, daremos un paseo por los jardines, tenemos media hora hasta el tren de vuelta.

El calor les empuja muy fuerte nada más bajar del tren. Natalita se queja, Natalito finge que no se ha dado cuenta. Se compran un helado y pasean bajo los árboles de los jardines. A Natalita se le meten piedras en los zapatos y a cada momento se para, se quita un zapato, lo sacude. Natalito está harto de tener que pararse tanto, ¿por qué a ella  se le meten tantas piedras en los zapatos?

Es media hora seguida de caminar, le recuerda, si nos vamos parando  no hace efecto.  Siente deseos de pegarle un empujón y que se le caiga al suelo el helado y al mismo tiempo que ve el helado lleno de tierra y la cara de decepción de Natalita, piensa, ¿quién de los dos morirá primero? Le  entra angustia al pensar que será ella y que tendrá que viajar solo en el tren las largas tardes de verano en las que no tenga a dónde ir ni qué hacer y cuando el tren gire no le volcará sobre ningún otro cuerpo.

Le da la mano a Natalita, está pegajosa y caliente. Están juntos y solos, solos y juntos  y a veces hacen intersecciones y en el centro queda un trozo que se vuelve de otro color.  Si él es azul y ella es amarilla les sale un verde. Es el mismo verde de las hojas de los árboles. Ahora pasean en armonía azul verde y amarillo bajo las hojas verdes.  Grillos.

En el tren de vuelta se separan sus conjuntos. Respiran y laten cada uno por su lado. La melancolía de ella como una serpiente y la de él como un demonio bola que araña y muerde.

Otro ciervo junto a un río casi seco. Se ha hecho de noche y se encienden las luces del tren. Lo de fuera ya no se ve.

37 comentarios en “Ida y vuelta

  1. Presos de una tarde de estío inacabable, sólo la huída les presta un rato de libertad y después la oscuridad de nuevo oculta su decepción ante la imposibilidad de sujetar el tiempo, afortunadamente pronto el otoño justificará la permanente presencia frente al televisor. Un beso.

  2. Buena estrategia, la de viajar en un tren refrigerado para evitar una tarde de calor. Me ha gustado mucho. El argumento es sencillo, pero como siempre, tu relato está muy bien escrito y lleno de detalles. Un abrazo.

    1. Me gusta que te hayas fijado justo en eso porque cada uno reaccionamos a lo mismo, a ese mismo paisaje que vemos desde la ventanilla o a los otros pasajeros, a nuestra peculiar manera.

      Gracias por comentar!!

  3. Esa capacidad tuya de desnudar a los personajes por dentro me tiene fascinado.
    Es como si hubieras vivido todas las vidas de todas las personas… vamos… es un don… un magnífico don que te agradezco siempre que compartas.

    Besos.

    1. Puede que lo que piensan y sienten no se parezca en nada a lo que yo imagino. Pero como nadie va a preguntarles…y además tampoco importa.

      Gracias a ti, Toro :))

      Un beso

  4. Me conmueven esos dos y también pensar en el día en que no estén juntos…

    Buen relato,como siempre.

    Besos!
    (Me he traído tu libro para las vacaciones,ya te diré)

    1. A mí también y eso que la pareja perfecta no parecen.
      Qué ilusión lo del libro, espero que te haga pasar un buen rato, ¿ya estás en el mar?

      Un beso, Carmen

  5. Hay veces que no importa dónde se vaya, lo importante es el viaje. Con los aviones es más difícil, no están pensados para disfrutar del viaje, en cambio los trenes siguen conservando esa magia que siempre tuvieron, aunque sean de cercanías. Un relato muy bonito, lleno de imágenes en movimiento. Saludos, Evavill.

    1. Ya me gustaría tener su calidad.

      Siento atracción por las historias sin argumento, por narrar lo cotidiano sin más adornos. Y con las lecturas me ocurre bastante parecido, no me gusta que se compliquen mucho y sí que me cuenten algo cercano, que reconozca.

      1. En eso he ido cambiando, creo que a mejor, antes tomaba el libro por la pechera y le exigía su presentación, nudo y desenlace… ahora no, ahora me gusta que me lleven dar una vuelta….

  6. Qué escena tan buena, el paseo el tren con todo su detalle y la relación entre la pareja, hastiados el uno con el otro y tan unidos emocionalmente.
    Natalita y Natalito, me encantan los nombres, tienen una musicalidad para recrearte en ellos, no puedo dejar de leerlos.
    Buenísimo, cómo no.
    Un besote

    1. En cuanto los vi, pensé, “Natalita y Natalito” y no me podía quitar los nombres de la cabeza.

      Muchas gracias, Luna
      Siempre tan maja y simpática, cómo no 😉

      Besos!!

  7. Están juntos y solos, solos y juntos y a veces hacen intersecciones y en el centro queda un trozo que se vuelve de otro color……Así son, de colores , todas las relaciones de los seres humanos. Un texto impecable. Eres una hechicera y la bruja buena de la cual no se escapa nada. Un placer leerte.

  8. -Descripción animalesca de sus melancolías, ja. Me quedo con el demonio peludo.
    -Personalidades-intersecciones de colores-zonas comunes.
    -Melancolía pegajosa, calurosa, pesada, aburrida.
    -Descripción del paisaje muy elemento por elemento. Inconexos pero hacen un todo.
    -Las ninfas con la cara de la madre guapa… y sus pechos. También me refugiaría ahí. Me despertaste con la realidad.
    -Helado que puede morir… del golpe contra el suelo. Derretido y encima contaminado y sucio.
    -Buena estrategia, el tren con aire acondicionado. ¿Adónde vamos? ¿O solo nos movemos?
    -La vida está llena de piedras en los zapatos y cuesta andar.
    -Creo que si se puede disfrutar del paisaje con la mente funcionando en modo normal (errática, distraída, incluso fastidiada, estresada, hastiada… ) más fascinante es todavía viajar con la mente absolutamente quieta. Observación pura… tratemos de borrar al sujeto u observador y entonces la paz es imperturbable… y el deleite. Lo que nos fastidia siempre y nos sobra es el “yo” de las puñetas. Por lo menos en mi caso…

    1. Hola, What.
      Me has hecho un resumen comentario del texto de lo más detallado, hasta con guiones. Gracias!!
      Cuando miramos sin implicarnos, como meros espectadores, disfrutamos mucho más, es cierto.
      Pero al final casi siempre acaba entrando a incordiar nuestro amigo íntimo/ enemigo. Ese que mencionas.
      Besos

  9. Tengo que acordarme de comprar un billete de ida y vuelta.
    Bello tu relato, Paloma. Los viajes en tren dan para mucho, pero tu imaginación es desbordante.
    Me encanta.
    Si te veo en algún vagón, te saludaré.
    Besos y abrazos

  10. Viajar en tren es como vivir la vida, cada uno a su manera y todas sirven. Estas dos vidas que reflejas en tu historia, me llegan mucho, porque hay un desencuentro ahí, muy triste, un quererse sin amarse, o amándose tanto, que ya son uno solo, con dos caras. No se, siempre consigues colarte en mis emociones con una facilidad de ardilla! Me encantó tu relato Paloma.
    También leí el de Faeton, y me reí mucho, asi que la tristeza se pasó… 😉 Besos

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