Trébol de cuatro hojas

Me he acordado de que buscábamos un trébol de cuatro hojas y tan tranquilas nos podíamos pasar media tarde mirando entre las hierbas sin saber nada de probabilidades ni de las mutaciones genéticas esas. Yo siempre pensaba que lo iba a encontrar,  por eso no me importaba estar mucho rato escarbando sin hacer nada más, no me cansaba. Nila, que o no tenía tanta esperanza o le faltaba paciencia o interés, me hacía trampas,  partía una de las tres  hojas por la mitad gritando, ¡lo tengo! se reía, mordía el tallo absorbiendo su savia y lo tiraba.

Al final y cuando digo final quiero decir, cuando crecimos, nos cansamos de esa tontería. No lo íbamos a encontrar porque prácticamente no existía. Ya estaba claro. Y además, que dejó de importarnos.
Entonces, cuando eran las fiestas nos gustaba ir a la feria, el tren de la bruja era nuestra atracción preferida para pasar miedo y gritar. Un día vimos a la bruja fuera del pasadizo de cartón piedra por donde circulaba el tren, se quitó la peluca gris y la careta de plástico blando y resultó ser un hombre con la cara torcida y una cicatriz en el entrecejo. Daba bastante más miedo que su disfraz, abrió un envoltorio, sacó un bocadillo y empezó a comérselo con cara de aburrimiento, con el vestido puesto, un vestido gris y gastado, de vieja de pueblo y unos vaqueros con zapatillas asomando por debajo. Qué vida la de ese hombre, si lo piensas.

Vivo tan cerca de la estación que  los cristales de mi casa vibran, también trabajo cerca de otra estación, dentro, en realidad, enfrente de la máquina de los billetes, en una cafetería subterránea. Está muy bien, tiene su propio horno de pan. Entra mucha gente, la mayoría son de paso y no los volvemos a ver pero otros vienen de forma habitual, como esa mujer, la que parece joven, algo se habrá puesto, no lo sé, está muy en forma, va muy bien vestida, con sus modelitos a cual mejor, es delgada y se cuida mucho el pelo con mascarillas y todo eso. Cuando me dijo que tenía la misma edad que mi madre no me lo podía creer, mi madre es que no se cuida, dice que le da lo mismo, que total para qué y aunque no le diera lo mismo, no tiene tiempo ni dinero para hacerse tratamientos. Pero mi madre tiene a mi padre, llevan juntos desde los dieciocho años y todavía, cuando salen, van cogidos de la mano. No es que salgan mucho pero es que con la edad es como lo de buscar el trébol, que ya no te interesa. Y que te amuermas, también eso.
Nosotras vamos a todas las fiestas. Ahora en verano cada semana son en un pueblo así que…algunas están mejor y otras peor, las últimas no me gustaron, nada más que había coches abiertos en un descampado con la música dale que te pego, ni autobuses para volver ni taxis, hasta las nueve nos tuvimos que quedar,  me dolía la cabeza. Me he comprado por diez euros un vestido rojo en el HyM, a lo mejor me compro otro, no sé.

Los coches de choque, eso también nos gustaba, ahora ni los pisamos, son para los críos. Te hace gracia ver cómo se chocan entre los que se gustan, igual que hacíamos.

Es verdad que cuando veo a una pareja de esas de viejos como mis padres o más viejos todavía que van de la mano me entra una cosa…las otras se ríen, me llaman moñas. Nila dice que lo puedo conseguir si es que es lo que quiero, pero que lo que no sabe es para qué lo quiero, con lo bien que se está sola, haces lo que te da la gana y no tienes que dar explicaciones a nadie.
Pero si es lo que quieres, ponte a buscarlo, dice.
Sí, mira, a gatas por la hierba como el trébol de cuatro hojas, qué lista. Nunca lo encontré pero no se me hacía pesado buscarlo por la esperanza. No sabía lo de la mutación genética ni sabía lo del uno entre 10.000, era una niña. Ahora sé más, ya te digo.

A muerte hemos ido está noche, en la discoteca móvil sin parar hasta que se ha acabado la música. De vuelta, donde para el bus, había un camión de feriante con un cartel pegado que decía, “el tren de la bruja, al lado de la iglesia”, por eso me he acordado de todas esas cosas, medio dormida me he acordado.

Se lo iba a recordar a Nila pero llevaba tal cara de muerta viviente que digo, ¿para qué? y a las otras las hemos conocido después, ellas no buscaban tréboles por las hierbas, que yo sepa, tampoco se lo he preguntado, es una pregunta rara y bastante rara me dicen ya que soy porque me gustan las parejas de viejos que van de la mano, porque sea esa mi aspiración y no todo el tiempo el puro vicio. A ratos sí pero no para siempre, aunque si el planeta peta por los plásticos y los humos, qué más da. Me compro el otro vestido, en negro.

Lo que pienso es que si hubiera muchos tréboles de cuatro hojas, si fuera tan fácil encontrarlos como los de tres a nadie se le hubiera ocurrido inventarse que dan suerte. Tardes enteras me pasaba yo buscándolos con toda mi emoción, de eso acabo de acordarme ahora, aquí esperando, mirando las hierbas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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51 comentarios en “Trébol de cuatro hojas

  1. No solo el tren, sino la feria, el bocadillo, los vaqueros asomando debajo de la falda, los coches de choque, las muchachas esperando, los personajes desvalidos y -aproximadamente- felices, una irreparable hermandad entre ellos…

  2. La adolescencia es una edad complicada, quieres ser independiente, aún tienes horario para llegar a casa, no te sientes a gusto contigo misma, la inseguridad te domina y tienes que mostrarte fuerte ante el grupo. Se es demasiado mayor para buscar tréboles de cuatro hojas, pero quisieras un talismán para cumplir sueños, anhelas una vejez dulce en pareja y mientras que esto ocurre se dan a la fuga los mejores años de tu vida.

    Me encantó tu post.

    Un beso.

  3. No me es fácil concentrarme en las lecturas de los blogs. No sé muy por qué. De hecho, me siento agradecida a lo que es breve. Pero con tus entradas no me cuesta nada. Por lo menos, las que llevo leídas. Tienes una voz estupenda en la escritura. No la cambies. Por cierto, yo creo recordar haber visto un trébol de cuatro hojas de pequeña. y también solíamos pasar así el tiempo con mis amigas. A lo mejor lo imaginé 🙂 Qué suerte haber llegado a tu blog.

    1. No sé si lo de buscar el trébol de cuatro hojas lo hemos hecho todos alguna vez, me parece que sí. Yo nunca lo encontré, a lo mejor buscaba poco. Pensaba que no existían.

      Gracias por lo que me dices :)), me alegra no cansar, es cierto que en internet no hay que extenderse mucho o no te lee ni el famoso Tato.

      1. Bueno, es algo mío particular y a lo mejor temporal. Seguro que hay personas a las que les gusta.

  4. Ese caerse de la imagen del personaje de la bruja del tren me ha recordado a algo que me pasó cuando era pequeña : mis abuelos me llevaron al circo y al ver entre bambalinas a las trapecistas con batas de esas de boatiné…se me cayó el mito.
    Y ese chocar en los coches de choque con el chico q te gustaba…era algo q todos hacíamos e inspira ternura.

    Es fácil empatizar con tus personajes,con tus historias.

    Besos de la suerte!🍀

    Recuerdo q había una bloguera q encontraba muchos tréboles de 4 hojas…pero no sé decirte quién es…no lo recuerdo!

    1. Jajaja, es que lo de la bata de boatiné es para desencantar al más entregado.
      Qué divertido era cuando te chocaban los que te gustaban!!
      ¿Seguro que esa bloguera no hacía trampas?, es broma, es broma.

      Besos, Carmen

      1. Ay lo de la bata,qué trauma!

        No sé si haría trampas jajajajja ,solo recuerdo q era de Murcia y q el blog tenía un nombre complicadito (como el mío…🤣)

        Pero,peroooo,perooooooo yo venía a felicitarte por el día de la Paloma! Felicidades!
        Y que lo pases bien
        ; )
        Muack!

  5. Linda historia, los tréboles, recuerdo pasarme horas buscando al susodicho de cuatro hojas, nunca se me dio sin embargo conocí a otro ejemplar muy raro uno de siete hojas, en un bosque, ahí estaba solito, como todo lo diferente. Un abrazo grande

    1. ¡Pobrecito el solitario de siete hojas! Aunque a lo mejor estaba tan contento.
      Me parece que lo de la búsqueda del trébol de cuatro está bastante extendido.
      Otro abrazo de vuelta, Themis

  6. Hace tiempo yo encontré un trébol de cuatro hojas.
    Es un trébol que escribe de maravilla, tanto da que escriba relatos, poemas o lo que sea.
    No sé si da suerte pero me alegra la vida con lo que escribe.

    🙂

    Besos.

  7. Te voy a contar un secreto… una de las profesiones que me hubiera gustado ser (aunque sea solo por un día) es la de gitanillo flacucho repartiendo escobazos en el tren de la bruja.

    Besines

  8. El brujo horrible debajo de la bruja ficticia, comiéndose un bocadillo de terror con tomate, y un refresco que te deja absolutamente helado.
    El resto, curiosas disertaciones, o reflexiones en voz alta, monólogo. La suerte de encontrar cosas hermosas: tréboles, amores verdaderos que duran una vida. Discotecas, fiestas y el mundo por montera.

    1. Más que brujo horrible, un hombre con no muy buena vida en el rato de su recreo.
      Sí, divagaciones para ir soltando los dedos, llevaba mucho sin escribir y cuando lo dejo un tiempo siempre pienso que ya no voy a saber.
      Bueno, al final algo sale.

      1. Jajaja, me ha hecho gracia la comparación.
        Pero hasta el carterista más hábil se anquilosa si deja de robar, namastedigo yo a ti.

  9. Impresionantes divagaciones entre los sueños de la niñez, la realidad de cada día, y de cada noche y la aspiración a encontrar un sendero que nos conduzca hacia la felicidad. Pillate los dos vestidos que te los has ganado de largo. Si tuviera libre la mano, contigo me iba paseando hasta el fin del mundo. Un beso.

    1. Jajaja, vale, eso está hecho!! Aunque la que quería los vestidos era la chica de la cafetería de la estación, ella fue la que me contó la mitad de esto, la otra mitad de mi invención.

      Muchas gracias, Carlos 🙂

      Besos

  10. Qué, qué, qué… no sé definirlo, me ha encantado. Ese toque de melancolía en los recuerdos, el buscar tu propio camino… la esperanza y a la vez la incertidumbre.
    Bravo, una vez más.
    Un besote

  11. Me encantó. Tiene ese toque que ya identifico como tuyo, una historia sencilla que fluye como la vida misma. El famoso trebol de 4 hojas… Yo tampoco lo encontré nunca. Pero fíjate, el otro día, para entretener a mi hijo mientras paseábamos por el campo, le conté que si encontraba uno le traería suerte. Viejas historias que se repiten, como tradiciones ancestrales. Un abrazo.

  12. En mi caso fue un pirata que se asomaba, gritando para asustar ,de un rincón oscuro de la galeria del “Tren de miedo” Mi hijo de cinco años notó enseguida que olía a vodka y se quedó totalmente descepcionado deciendome- ” Es un simple borracho y ningun pirata y no le tengo miedo”
    Leí tu texto ayer y durante dos dias tengo por dentro algo calientíco y agradable recordando el relato, Recordando el trebol de cuatro hojas que buscaba de niña y sigo buscandolo siendo ya mayor.
    Un beso, Paloma ¡¡¡ excelente!!!

    1. Vaya con tu hijo, imposible de engañar. El caso es que también habrá piratas borrachos, pero está claro que al del vodka se le veía demasiado el plumero de la realidad.
      Gracias, Tatiana :))
      Con tantos como buscamos el trébol seguro que alguno lo acaba encontrando.

      Besos!!

  13. Creo qué en otra vida yo fui feriante, sigo fascinado por las ferias y tb iba a los autos de choque a escuchar música y acercarme torpemente a las chicas con choques innecesarios.. Allí me deje algún diente!!!

  14. ¡Gracias Eva (¿o era Petronila?) por seguir a Franco D´terioro…! A veces tengo que mirar el cartelito que llevo colgado al cuello para no equivocarme y decir que soy un Einstein cualquiera… 🙂 🙂

  15. Con tus relatos siempre regreso al pasado, recuerdo cosas que pensaba había olvidado. Me son tan familiares que incluso hace poco pensé que podíamos ser del mismo barrio. Un relato excelente. Saludos.

      1. Son tiernos tus relatos.

        Se mete uno en los personajes, en su piel, tienes ésa habilidad ,

        es como hacer un viaje en la piel de los protagonistas.

        Enhorabuena.

        Besos.

  16. Qué historia, Paloma, de las más bonitas que he leído… El trébol de 4 hojas existe. Yo tuve uno en la cartera muchos años, entre papel de celo. Pero lo había olvidado. Tu historia me lo ha recordado. Gracias por llevarme a esa época, cuando creía en los símbolos y en la suerte. También tuve una pata de conejo, pero reconozco que me daba asco
    Lo que me haces pensar y recordar!!! Muchas gracias y un beso muy grande

    1. Pero bueno, Eva, si el trébol de cuatro hojas ¡lo tenías tú!
      Ahora ya me creo que existan.
      Me acuerdo de esas patas de conejo, también me daban un poco de asco.
      Yo sigo creyendo en símbolos, pero en los que yo me invento. Sé que es irracional pero me gusta ese lado un poco mágico de las cosas.
      Muchas gracias por tus palabras, Eva.
      Otro beso para ti.

  17. La vida es eso, ir perdiendo cosas… poco a poco, sin apenas darnos cuenta, como un globo que va perdiendo aire hasta que te quedas vacío, hueco, sin nada dentro… y entonces ya da lo mismo. Da lo mismo, salir que no salir, buscar ese trébol que no existe que quedarte en cada viendo programas que siempre dicen lo mismo…

    1. Es cierto que perdemos pero tampoco tiene porqué ser así. Están los libros, la música, la Naturaleza, se puede escribir, hacer fotos y hasta nuevos amigos. O lo que más le guste a cada cual.
      Mientras haya vida y salud suficiente y ánimo, sigamos disfrutando de lo que podamos.

  18. Fenomenal y muy amena has logrado escribir esta entrada.
    Puedes creerme, he pasado un rato muy entretenido mientras la leía y recordaba otros tiempos de mi juventud. Confieso que nunca he buscado tréboles de cuatro hojas, siempre he creído que no existían, pero sí, buscaba margaritas que luego deshojaba mientras en mi mente pensaba en el amor.
    En ese momento, lo que ni se me pasaba por la imaginación era la de envejecer juntos, sólo me centraba en el presente, pero hoy…. ¡si yo te contara…!
    En fin, que ha sido un placer visitarte y no me gustaría perderte.
    Cariños.
    kasioles

    1. Hola, Kasioles.
      Nunca suelen ser las cosas como las imaginamos o deseamos de jóvenes. La vida nos va sorprendiendo, para bien y para mal.
      Muchas gracias por tu lectura y comentario.
      Aquí estoy para cuando quieras visitarme.
      Besos

  19. Mi querida Paloma.
    Se acaba la feria, por fin. El tren de la bruja se queda ya corto, pero los coches de choque es lo que les gusta a los hijos de la pandilla.
    (Es una suerte que los hijos de mis amigos ahora se junten y hayan hecho una gran panda)
    Hace tiempo me regalaron un trébol de cuatro hojas…
    Espero que la prota se compre el vestido.
    Muchos besosss

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