Paula Herminia

Al mirar por primera vez a la niña confirmó aquello que ya había intuido en las ecografías de alta resolución. Las mismas cejas borrosas, la misma boca pequeña y plegada en un mohín, los mismos puños cerrados delatando su poco generoso espíritu. Desechó la idea, qué tontería, era el agotamiento, las emociones tan intensas. Todos los bebés compartían esos puños cerrados y hacían gestos extraños con la boca, parecían peces que se estuvieran acostumbrando a un medio no líquido.

La enfermera simpática le acercó a la niña para que la pusiera al pecho y su hija, su primera hija, comenzó a mamar con fruición, lo cual era un motivo de alegría, no siempre se daba bien la lactancia en un inicio, no siempre se acoplaban el bebé y la madre de forma tan fácil y natural, era de suma importancia que ese primer vínculo se estableciera de manera que…

De manera que la tía Herminia estaba mamando de ella y con qué ganas. La idea recién desechada volvió con fuerza y allí se quedó. Había parido a la tía Herminia, sus mismas cejas despobladas, su mismo mohín antipático, sus mismas ansias con la comida. Menuda forma de chupar, deja algo para los demás, estuvo a punto de decirle.

-Es normal que te duela, le dijo la enfermera simpática creyendo que su expresión de malestar se debía a alguna molestia física.

-Eso no es nada, espera a tener una mastitis como la que tuve yo y sabrás lo que es dolor, dijo la enfermera antipática, que siempre aparecía por detrás como si fuera el ángel del mal.

-Normal, normal, normal, repitió su marido mirando embobado a su propia tía recién nacida.

¿Se había dado cuenta de lo ocurrido o eran alucinaciones suyas, le estaría afectando al cerebro la subida o bajada de alguna de esas hormonas puerperales?

Los familiares y amigos que iban llegando de visita se acercaban a la diminuta cuna,  emitían  suspiros y exclamaciones y  decían , “oh, qué preciosidad” juntando las manos como si orasen, la felicitaban a ella, felicitaban al padre, se felicitaban unos a otros por el advenimiento de ese nuevo ser y hasta se atrevían con los parecidos, pero ninguno mencionaba el nombre que ella no se podía sacar de la cabeza, el nombre que desde allí dentro refulgía intermitente como un anuncio luminoso. Impertinente.

Cuando por fin se quedaron solos no lo pudo resistir más.

-Lo sabes, ¿verdad?, le dijo a él.

-Sí, lo sé, lo sé, lo he sabido en cuanto la he visto en el paritorio. Hemos tenido a Herminia, pero no es la misma, esta es la nuestra,  es nuestra Herminia indefensa,  la tendremos que querer.

Querer, repitió ella sintiendo un  rasponazo de esa erre final, querer a Herminia la que siempre les había caído mal,  era  antipática, venenosa, tacaña y se comía todas las croquetas. Su único regalo de bodas fue un salero, ni siquiera un salero y un pimentero, no, el salero solo, desolado,  y bien que se puso morada a comer, para no variar.

Ya, dijo él, pasando las páginas de una de esas revistas repletas de consejos sobre embarazos, partos y crianzas que parecen muy sencillos de aplicar y donde todo es rosa, azul y encantador. Ya, repitió, volviendo a pasar las páginas por si entre ellas estuviera su caso y tuviera fácil remedio.

No digas eso de “nuestra Herminia”, por favor, no lo digas, me da grima, se llama Paula y le tienes que cambiar el pañal,  dijo ella dándose media vuelta en la cama y poniéndose hacia la pared. Quería ocultar las lágrimas.

-¿Quieres una tisana antes de dormir?, le preguntó asomando su cara amable la enfermera simpática.

-Mejor dale un buen somnífero o nos va a estar llamando toda la noche, es de las dengues, yo sí que tuve una depresión post-parto, tres meses sin parar de llorar, oyó decir a  la antipática.

Paula Herminia, ya cambiada, había vuelto a su cuna.

-¿A quién se parece?, preguntó la enfermera simpática acercándose a mirarla.

-A mi tía,  es mi tía, dijo él cerrando la revista. En la portada sonreía un bebé de ojos azules. “¿Cómo será de mayor?, herencia genética y educación”, se leía en uno de los titulares.

 

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53 comentarios en “Paula Herminia

  1. Hace pensar en el determinismo y en el poder de la sugestión. Pobre Paula Herminia, ya no tiene escapatoria en su vida. Has hilado una historia que tiene su punto de verdad. Surrealista o solo sugestión de los padres, ocurre con frecuencia. A veces, si nos empeñamos, vemos parecidos de los que tememos en nuestra casa y familia, y a ver luego cómo te quitas eso de la cabeza. Qué bueno 🙂

    1. Es verdad, pobre niña, ella no tiene la culpa de parecerse tanto a la tía.
      Y pobres padres, tampoco son culpables de sentir rechazo.
      Y pobre del que se sentó al lado de la tía Herminia, sin croquetas se quedó.

      Gracias, Olga 🙂

  2. Pues habrá que querer a la tía Herminia, ja, ja, qué gracia me ha hecho. Lo siento si no pretendías hacer reír, porque todavía me estoy riendo, ja, ja. Es que me he imaginado la cara de ma pobre recién nacida y todo…
    Un besote. 😉

  3. Parece una maldición gitana: tener una niña que es una réplica de una desafortunada tía paterna. Una jugarreta del destino, del “fatum” de los romanos. Y la enfermera redicha es la guinda del pastel. Vaya parto. ¿Genética o educación? Dejemos abierta una puerta a la esperanza.

    1. Desde luego que lo parece, ¡menudo susto!
      y por añadidura la enfermera toca narices.
      Aunque los genes nos determinan mucho quiero pensar que algo podemos modificar.
      Puerta abierta, entonces, o entornada, al menos.
      Gracias por comentar, Antonio.

  4. La sugestión de los parecidos razonables, cuando son tan pequeños es algo alarmante, cuando casi son figuras hechas de barro torpemente,… Pero salvo qué salgan con un bigote pronunciado, yo nunca he conseguido ver parecido alguno… Después la cosa cambia y las expresiones se van definiendo y cómo estes en territorio hostil, cómo el pueblo de él o de ella, date por jodido o jodida… En mi casa a la abuela Herminia, nunca saqué parecido alguno, pero yo me lo cayó por no ofender… Saludos estupendo relato

    1. Yo sí he visto parecidos nada más nacer, pero como otros veían lo contrario tengo mis dudas sobre quién acertaba.
      Lo más seguro es que cada uno veamos lo que queremos ver o lo que tememos ver.
      Lo que sí es verdad es que los bebés cambian mucho, no hay que fiarse demasiado de las primeras impresiones.
      Saludos, Vidal

  5. ¿Y qué dirá la tía Herminia cuando vea a la niña? Seguro que ella dice que es clavadita a su padre o a su madre, jajaja. Por cierto, en determinadas circunstancias, lo de decir que se parece mucho al padre puede ser arriesgado, incluyendo el mito sexual del butanero que se comenta más arriba. Saludos, Evavill.

  6. Es que la tía Herminia ya no está en este mundo para opinar. Aunque un poco sí está, por lo visto.
    La verdad es que lo de los parecidos siempre es un poco arriesgado, es mejor callarse.
    ¿ Quedan butaneros? Hace mucho que no veo esas bombonas naranjas.
    Un saludo, Raúl.

  7. Me encanta tu forma de escribir, Paloma. Es un relato muy singular. Me hizo recordar el momento en que fue mi marido a conocer a mi segundo hijo luego de nacer y yo, observando la diferencia física con el anterior, le dije: ¡Es igual a la María…! Ella era la persona que me ayudaba con el trabajo de la casa y era morena, de facciones redondeadas. Lo bueno era que a la María la queríamos muchísimo por su excelente carácter, paciencia y cocinaba de maravilla. Siempre la recordamos con afecto y gratitud.
    ¡Un gran abrazo, Paloma!

    1. Jajajaja, tu anécdota es muy graciosa y hasta un poco surrealista. Pero si te recordó a la María sería porque algo se parecía. Menos mal que era alguien a quién querías.

      Un beso, Sari y muchas gracias.

  8. Pobre niña, si ya le pusieron el estigma de Herminia, pues el inconsciente educa de maravilla para llegar a tener la razón. Veremos que será de ella, esta bueno para seguir su crecimiento. Un abrazo

    1. Es un poco faena que ya te coloquen la etiqueta nada más nacer porque como dices luego no es fácil retirarla.
      Habría que seguirle la pista para ver si de verdad se convirtió en una Herminia rediviva o se independizó de la tía.

      Abrazo, Themis

  9. Que sí, que es la propia reencarnación de la tía Herminia, pero que en esta ocasión llega para redimir todos los males que causó en vida y romper el maleficio. No tuvo elección: o eso o nacer lagartija. Un besazo.

  10. Estas cosas suceden. También en mi familia han sucedido. La pregunta fundamental creo que podría ser: ¿cuánto de objetividad hay en todo esto, y cuánto de subjetividad? ¿Dónde comienza una y acaba la otra? Creo que para todo aquel que busca en serio comprender cómo es la realidad casi es inevitable reconocer que ambos aspectos están totalmente entrelazados (el surgimiento dependiente o la codependencia). ¿Cuánto hay de herencia genética? Porque la hay. ¿Cuánto de sugestión? Porque la hay.
    Un relato divertido y bien escrito. No sé si la tal Herminia ya estaba fallecida. Entonces quizá hasta es un renacimiento, jaja.
    Namastebeso.

    1. No sé si la objetividad es posible, no podemos dejar de ver lo que nos rodea y de entenderlo según nuestra particular forma. Por eso hay tantas realidades como ojos que las miran.

      Sí, la tía estaba muerta cuando la niña Paula nació. Ya la interpretación, libre, como siempre.

      Gracias y besos, What

      1. “No podemos dejar de ver lo que nos rodea y de entenderlo según nuestra particular forma. Por eso hay tantas realidades como ojos que las miran”. Así es. Justa la fusta (en catalán),

  11. Sí, tantas formas de mirar diferentes. La realidad, qué es la realidad, la apariencia, un problema filosófico.
    Tus relatos son fuente de filosofía. 🙂

    Y gracias, por tu obra entrañable. “primer párrafo”.
    Martina, los “Nicanores de Boñar”, jaja, tantas cosas…
    Me encantó.

    Un beso, querida Paloma.
    ¡Y muchos!!! 🙂

    1. Rosaaaaaa, qué alegría leerte!!!
      Las gracias te las doy yo a ti, no sabes cuánto me alegra que le hayas dedicado parte de tu tiempo a “primer párrafo” con la cantidad de libros que circulan por el mundo.
      Y que te haya gustado y me lo digas ,todavía me pone más contenta.
      Un beso enorme
      Y muchos!! :))

      1. Sí, me di cuenta, tardó en publicarse, pensé que me había confundido en los datos.
        Y graciassssss a ti. 🙂
        Una delicia, lo llevé a la montaña para leerlo con tranquilidad en vacaciones.
        Y era de esperar que me encantara.
        Me reí mucho con los “Nicanores de Boñar”. Boñar es un pueblo de León, en la montaña, y no me extraña nada que a Martina le chiflaran estos hojaldres tan suculentos, jaja, doy fe …
        Un libro entrañable en todos los aspectos.
        Dejaré un fragmento en el blog, uno de tantos, porque toda la obra, en general, es exquisita.
        Esa niña y su mirada reflexiva, filosófica, poética, son un encanto. Y sabes que lo digo de verdad, lo leí con mucho cariño.

        Un beso enormeeee, riquina Paloma. 🙂
        P. D.: Leí en la montaña los textos anteriores, pasé casi todo el verano allí. No pude dejar comentarios. 🙂

      2. Me acordé de ti este verano porque pasé por León camino de Gijón. Por el embalse de Luna, creo que se llama.
        Miré por si te veía paseando 😉
        Muchas gracias por todo, Rosa
        Besos

  12. Pobre niña. Menudo san Benito le cayó en suerte. Esas cosas te condicionan toda la vida, incluso llegan a ser determinantes. Es habitual que cuando naces las cualidades positivas se atribuyan a la madre y las negativas a la familia del padre. Las cualidades del padre se salvaguardan.

    El comportamiento del bebé en el vientre materno ya es objeto de especulaciones.

    Me solidarizo con la niña que tendrá que afirmar su personalidad frente a prejuicios ajenos.

    Un buen relato.

    Un beso.

    1. No tiene mucha gracia que nada más nacer ya te clasifiquen, incluso antes de nacer puede que suceda porque algunos padres quieren los hijos diseñados por su imaginación y deseos.
      Pero tampoco debe de ser agradable ver en la cara de tu hijo recién nacido el rostro de alguien antipático para ti.

      Gracias, Ilduara (creo que eres tú aunque solo salga tu inicial)

      y Besos!!

    1. La imagen de la niña-tía succionando el pecho es de una grima…agggg
      El caso es que estas cosas yo creo que existen…qué miedito…

      Besos corriendo!

  13. Me gustan tus relatos sencillos que tienen tantas cargas de profundidad en el interior, engañosamente sencillos creo que te dije alguna vez, ¿verdad?

    Todos pagamos el pato de nuestra herencia, es como llegar al mundo con la mochila medio llena de piedras…

    1. Gracias, Beauseant. Sí que lo has dicho alguna vez y seguro que te he contestado que no es intencionado. Y es cierto.
      Entre la herencia genética y la influencia del ambiente que nos toque tenemos la mochila a reventar.

  14. LLevo el nombre de mi madrina, bueno con el María por delante, para diferenciarlo del suyo(mujer de mi tío)
    Cuando era pequeña no quería parecerme a ella y me daba mucha rabia cuando me llamaban Tere (que es como la nombran a ella)
    Menos mal que mi percepción sobre mi tía fue cambiando poco a poco y ahora la quiero un montón, además, mi hija lleva su nombre sin el María… En fin, prueba superada.
    Besossss

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