Las tres niñas poetas

El padre había tenido tres hijas blancas y redondas como tres lunas. Tres niñas poetas.

Desde muy pequeñas las niñas se ensimismaban con las gotas de rocío, con el temblor de las hojas en las ramas de los árboles, con el desplazamiento de las nubes por el cielo, con los vuelos de los pájaros, pero también con las puertas rotas, con los muros desconchados, con los terrenos abandonados donde, entre rejas, proliferaban cardos, hierbajos, gatos y ailantos.

Eran raras sus tres niñas blancas, antes de saber leer ya  inventaban en voz alta sus propios libros de poemas mezclando palabras recién aprendidas.

Aunque el padre no las entendía, sonreía mirándolas. Le hacían gracia  pero le inquietaban. La madre, también blanca como una gran luna, las contemplaba admirada, se le parecían tanto que hubieran podido nacer por partición, sin la intervención del padre. Y aunque ella nunca había escrito poesía sí la había sentido en su interior como una especie de afán, de deseo no manifestado que se revelaba ahora en las tres niñas, traspasado en el silencio de los meses de gestación.

A medida que las niñas blancas fueron creciendo aumentó su belleza y su lirismo, en sus juegos siempre estaba presente la poesía, en su vida diaria. Escribían poemas en los bordes de los libros, en las cajas de galletas, por las paredes de su cuarto, en las suelas de sus zapatos colegiales, en el espejo empañado del cuarto de baño.

Cuando el padre llegaba a última hora de la tarde a casa, con la cabeza llena de los agobios propios de un hombre de negocios, las encontraba por el salón bailando y cantando, recitando, leyendo en voz alta poemas propios y también  de otros. Y en el centro siempre estaba la madre, admirada, feliz, plena con sus tres niñas poetas tan iguales a ella, sus tres niñas de plata.

Le invitaban  a quedarse, a participar de sus lecturas y recitales pero él no entendía de poesía y no le gustaba,  no sabía qué querían decir aquellas palabras misteriosas organizadas en  versos, le incomodaba tanto sentimiento desparramado, todo ese vuelco de almas. Deseaba que se  callaran y aunque las amaba también  las odiaba un poco.  Cuando las odiaba no las veía como tres lunas sino como tres quesos de bola parloteadores y estrafalarios.

Habían construido un mundo al que él no tenía acceso, un mundo en el que se sentía incómodo y perdido. Esas no eran sus hijas, eran las hijas de ella, de la madre lunar. Se sentía muy solo y no sabía qué hacer con esa soledad tan grande que le perseguía y le ahogaba en cuanto entraba en su casa.

Se organizó un cuarto donde poder ver en paz, sin la intromisión de la poesía,  todo tipo de deportes  y allí pasaba sus ratos de ocio, acantonado, sin tener con quién gritar ¡gol, gol, goooool!

De vez en cuando, del resto de la casa, por donde pululaban incesantes y en todas direcciones las tres niñas como aceleradas libélulas, le llegaban palabras o  ráfagas de frases que le irritaban, impropios vocablos en bocas infantiles,  “labios de ángel, carne de sueño, todo es resplandor, secretos de los Dioses, gritos en medio de la sangre, reino de lo gris, niñas erráticas nimbadas de niebla, inminencia de alas”

Aquello era horrible y hasta obsceno ¡Silencio!, ¿ os podéis callar un rato?, pedía  asomando medio cuerpo por la puerta de aquel cuarto donde todo era comprensible y normal, sencillo,  sujeto a normas y resultados. Las lunas le concedían unos instantes de ese demandado silencio pero a él le parecía que estaba cargado de hielo y desaprobación.

Una tarde en la que se jugaba la final de la copa de Europa, decidió marcharse  pero antes quiso dejar una nota aclaratoria, fue a la cocina y en la libreta donde se anotaba la lista de la compra escribió, ”Me voy,  os mandaré dinero cada mes” lo colocó apoyado sobre el cesto del pan y salió sin hacer ruido.

Por detrás de esa nota, las niñas escribieron un poema conjunto en el que aparecía muchas veces la palabra abandono y en el que todo lloraba: puertas, ventanas, paredes, sillas, sartenes, estrellas, cortinas, muñecas y nada más porque no cabía en papel tan pequeño.

48 comentarios en “Las tres niñas poetas

  1. (Ni siquiera los poetas, por mucho que se empeñen -y bien que lo intentan-, podrán acabar con la poesía)
    Creo que está de más decirlo, pero me he sentido identificado completamente con el padre.
    (Magnífico el relato. Again)

  2. Maravilloso Eva, pero me ha estremecido un poco. Creo que de hecho, me ha inquietado. Es más, y mira que me gusta la poesía, en una situación así, yo también acabaría odiándola. Uff. No sigo, que según escribo, me apena más el padre. Caray, que bien escribes!!

    1. Hola, Cris!!
      Un poco inquietante sí es esa situación familiar, no tanto por la afición a la poesía como por ese aislamiento.
      (Yo creía que estaba siguiendo tu blog pero acaba de ver que no. Ahora mismo lo soluciono)
      Gracias por tus palabras :))

  3. Qué lástima que no se animara a intentar entenderlas, yo creo que le querían mucho.
    A veces nos sentimos desplazados por los demás y nos apartamos solitos. Podían haber hecho algo para unir sus pasiones: “Oda al Barça”, o algo del estilo.
    Un besote

    1. Tú siempre tan conciliadora y buena :))
      Pues tienes razón, si por los dos lados hubieran puesto algo de su parte tal vez se hubieran entendido.
      De todo se puede hacer poesía, también del fútbol. Yo no entiendo mucho pero hay quién dice que una buena jugada o partido ya lo es.

      Besos, Luna

  4. Todo con desmedida lleva al hartazgo de él, a sentirse perseguido, más si no te sientes parte de ese mundo. Me dejo con una sensación extraña, dos mundos conviviendo que en cierta medida se equilibraban sin rozarse siquiera. Me gustó mucho la cadencia del relato, un abrazo

  5. Jolines, estás “on fire” (en racha). Así que niñas redondas y blancas como lunas… Lo de nacer por partición me ha hecho pensar en la madre y las hijas reproduciéndose como amebas.
    ¡¡Ailantos!! OMG, no me hagas esto… he tenido que buscarlo. ¿Ailanthus altissima, el ailanto, árbol del cielo, árbol de los dioses, malhuele o falso zumaque?¿Es eso?
    El amor-odio del padre es bastante triste, y que se sintiera desplazado y en fuera de juego (pitado por el árbitro, of course). Quesos de bola… ha sido un poco cruel y salvaje. En fin, marcharse fue muy radical y doloroso.
    Ah, en esa pequeña porción que tengo de poeta/mente de loco y de niño, también me invento palabras a veces. Salen solas, a veces por puro accidente o fusión mágica con otras. Y me río la hostia, la verdad.
    Namastebeso… esta me la inventé, que yo sepa…

    1. Sí, es ese árbol, es una especie de china y que se considera invasora porque crece en cualquier lado y muy deprisa además, por eso lo de árbol del cielo.
      Es triste pero puede ocurrir, al menos solo piensa lo de los quesos de bola, no lo dice, las niñas luneras nunca lo sabrán.
      Inventarse palabras es muy divertido, a mí también me gusta.
      Namastebesos es tuya, claro que sí. Es ingeniosa y graciosa.
      Pues eso, namastebeso.

      1. También pensé, se me pasó decirlo, que con las tres hijas por ahí danzando y recitando aquello parecía un bosque de las ninfas, una escena idílica propia de los clásicos griegos.
        Lo del árbol… pues llamarse “malhuele” manda narices, desde luego.

    1. Jajaja, pobrecillas, no lo podían remediar, nacieron así. Pero es verdad que un poco pesaditas sí que eran. Y además tres y con la madre cuatro. Demasiado.

      Besos y gracias, María

      1. “¡Dios, vaya tres plastas!”… jajajaja, los comentarios son divertidísimos. El de Toro también es para enmarcar. Mucha razón. El pobre padre ha levantado un tsunami de solidaridad…

  6. Tener tres hijas que alternativamente son tres lunas o tres quesos de bola, volcadas en la actividad lírica, con una madre a la que no cuesta imaginarse con una cofia holandesa, es una ruda prueba para un padre que vuelve del trabajo y quiere sentarse en su sillón y ver la televisión. En el salón, no en el cuarto trasero. Por favor.

    1. Es verdad, la madre lleva cofia holandesa y amasa panes y tartas, ahora la veo a la perfección.
      No supo reivindicar sus derechos a tiempo, le faltó la famosa asertividad y al final, harto, dio el portazo.

  7. “El exceso de cosas buenas puede llegar a ser malo”(la frase no es mía, me la he copiado de una serie de dibujos animados que veían mis hijos cuando eran pequeños)
    Ja ja ja, me ha encantado tu relato, Paloma.
    ¡Pobrecillo!!! Yo sólo les leo unos versos de vez en cuando a mi familia…
    Mil besossssss

  8. Bueno de hijas entiendo poco porque sólo tengo una y media, pero me gustaría que caminaran dejando versos impresos en la suelas de sus zapatos. Es un cuento triste. Pobre de aquél que sólo aprecia lo que conoce. Un besazo.

  9. menos mal que no le dio por meterlas en tres botijas y llenarlas de pez….Mi hija a veces me persigue con los walkies talkies para que juegue con ella….y si no juego me dirá con razón: porque me regalaste unos walkie talkies si soy hija única (La frase se la copie del título de un libro de Santi Balmes)..Saludos

  10. en el fondo entiendo al padre, la poesía es una enfermedad y debe ponerse coto lo antes posible, cuando se desarrolla, ya es tarde… es más, creo que el padre huye al sentir los primeros síntomas de esa terrible afección, esa nota es el inicio de una carrera como poeta sucio, de eso que se llevan ahora, calles grises, corazones negros y lluvia, mucha lluvia, ya sabes.

    1. A mí me parece que la poesía es medicina que cura pero, claro, en tan altas dosis y administrada a la fuerza puede matar.
      Sería interesante seguirle la pista al padre a ver qué hace y escribe 😉

  11. Me encanta este relato. Es muy metafórico. Poesía y sensibilidad frente a practicidad y realismo. La situación y los personajes parecen excesivos o exagerados, pero yo lo veo como una metáfora. Un abrazo

    1. Es así como lo he escrito, como un símbolo o metáfora, por eso está exagerado.
      Y puede leerse de muchas maneras, una de ellas es la que tú dices. Pero si otra persona ve otros significados o le sugiere algo distinto, también estará bien.
      Gracias, Mayte 🙂 Me da alegría que te haya gustado.

  12. A mí las tres niñas me han dado un poco de miedo, como si tuvieran una presencia espectral. A pesar de todo, creo que el fútbol y la poesía pueden ser compatibles, otra cosa es que el padre se asustara de sus propias hijas, jajaja. Saludos.

    1. Todo se puede compatibilizar y cada cosa tiene su momento.
      Pero en este cuento no sucede así, las niñas están un poco poseídas, en trance poético continuo y sí, son un poco espectrales o místicas.
      El padre se siente extraño , solo y fuera de lugar.
      Bueno, solo es un relato 🙂
      Gracias por comentar, Raúl

      Saludos

  13. Tres niñas con más obsesión por la poesía que aficción.

    Mi sobrino de trece años me demostró que la fascinación por el Atlético de Madrid y la poesía de Lorca y Alberti no sólo no son incompatibles, sino que hacen la vida más agradable.

    Un beso.

    1. Mira qué bien tu sobrino :))
      A mí no me gusta el fútbol pero me encantaría que me gustara porque veo lo mucho que disfrutan sus aficionados.
      La verdad es que cuantas más cosas te gusten en la vida, mejor, más entretenido estarás.

      Besos, Ilduara

  14. La ira, la rabia, la molestia; se da el caso que no sea más que una obscura protesta de inconformidad hacia nuestra propia consciencia. Porque no creo que el padre anhelara la soledad y el silencio como madre y padre de los pensamientos profundos.
    Siempre es un deleite leer tus relatos salidos de la cotidianidad y comprobar que los nombres peculiares de tus personajes, son herencia que nos han legado.
    Saludos cordiales !

    1. Estás en lo cierto, esa petición de silencio es más bien una manera de expresar su malestar.
      Muchas gracias por tu lectura y tus palabras tan simpáticas.
      Saludos de vuelta para ti :))

  15. ¡El cuento es precioso!, Paloma, me ha encantado. Es lírico y mágico, al mismo tiempo, al exagerar las dos posiciones, tan opuestas. ¡Qué lindo escribes! ¡Gracias por tus buenas letras!
    ¡Abrazos!

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