Día: 2 octubre, 2019

Un mensajero para Nélida

De sobra sabía que Nélida no creía en él,  pero algo había que hacer antes de que las cosas fueran a peor, así que le envió un mensajero camuflado y lo puso a correr por el camino arbolado por el que ella transitaba cada mañana camino del trabajo.

Estaba Dios muy preocupado por el sombrío estado de ánimo de Nélida, por su falta de energía, por esa apatía con la que pisaba o más bien se arrastraba por cada uno de los días que él le iba colocando cual alfombra roja.

También estaba un poco cabreado, pues la que antes había sido admiradora incondicional de su obra ahora ni la miraba y no sería porque él no dejaba de diseminar bellezas a su alrededor. Anoche, sin ir más lejos, una hermosura de luna llena en su misma ventana. Y  Nélida, que en otros tiempos se hubiera extasiado con ella, se limitó a bostezar rascándose una pierna por encima de la tela del camisón y solo dijo, “¡qué sueño tengo, estoy machacada y qué mal huele hoy la calle, ¿están friendo qué?”

Y así con todo, ya  nada de lo que había amado lograba causarle  emoción ninguna.

Pero ¿por qué, por qué mis alegres se vuelven tristes?, ¿por qué llegado un momento dejan de admirar mi obra y pasan indiferentes ante ella, consumidos por el tedio?, ¿qué les pasa? Tú, no, Nélida, tú no me puedes hacer esto, te voy a mandar un ángel del señor, o sea, un ángel mío y a ver si te enderezo antes de que sucumbas. Estoy perdiendo seguidores que esto es un no parar.

Tú mismo, ven, asómate y observa, ¿ves por esa vereda arbolada, -qué bonita me quedó y no es por nada-, a esa mujer que no levanta la vista del suelo, a esa que parece a punto de echarse a llorar ? Desciende y trata de animarla un poco, hombre. Pero antes quítate esas alas y esa túnica azul y nada de bucles dorados, vas a ser… atleta negro, por ejemplo.

Al ángel, que estaba deseoso de cambiar de identidad y de salir un rato del cielo le pareció mejor que bien darse un aire a Usain Bolt,  pero antes quiso perfilar algún que otro aspecto para ser más veraz

-¿Pero sigo compitiendo o corro ya solo por afición?

-Lo que más te guste pero que Nélida vuelva a ser feliz, que admire mis amaneceres y mis ocasos, mis árboles y mis estrellas, que se extasíe con el sonido del viento entre las ramas, que se quede hipnotizada mirando el mar. Es lo que hacía antes de forma natural, era muy, muy fan,  pero, poco o poco y sin que me diera ni cuenta, se fue apagando,  se alejó. No pretenderá  que innove a estas alturas de la creación, mi obra ya está hecha y bien preciosa que me quedó, que se conforme con eso y vuelva a decir al menos una vez al día, ¡qué maravilla!, que se ponga en los auriculares el “Viva la vida” de Cold Play, como solía.

-¿Puedo ser agente de la FIFA?, le preguntó el ángel del señor al susodicho señor, me haría ilusión.

-Como poder…y ya estás tardando.

Harta de contemplar el desfile de las hormigas que le recordaban demasiado a ella misma y a sus inútiles afanes,  Nélida levantó un instante la cabeza y vio a un fornido y más que bien plantado hombre que pasaba a su lado trotando y sonriendo a la vez. Sus ojos lacrimosos detuvieron el llanto  para contemplar con arrobo la elegante zancada del corredor, el brillante tono oscuro de su piel, su luminosa dentadura y sus portentosos cuádriceps. Todo él era un prodigio de belleza y armonía además de irradiar una luz que en un instante iluminó el suelo de tierra gris, el cielo gris, los zapatos grises de Nélida y la vereda entera.

Hola, dijo él con sencillez deteniendo su majestuoso trote.

Hola, sonrió Nélida sin tener que forzarse por primera vez en meses  y meses. Además olía bien, a algo dulce, como a ensaimada rellena.

El hombre le dijo que llevaba mucho tiempo viéndola pasar por ese mismo sendero, le explicó con mucho orgullo que era agente de la FIFA y que por ello viajaba muy a menudo, pero que cuando estaba aquí le gustaba correr por ese camino ya que tenía frondosos castaños a cada lado.

Los árboles, por alusiones, soltaron de golpe unas cuantas castañas que cayeron sobre la cabeza pesarosa de Nélida haciéndole el efecto de un electro shock vegetal, por así decir.

“Huy”, dijo ella y después de ese” huy” el apuesto corredor ya no estaba. Se lo habría imaginado.

Qué lindos le parecieron a Nélida los niños que hacían su clase de gimnasia al aire libre, los veía cada día pero nunca les prestaba atención, es más, le molestaba que siempre estuvieran en el mismo sitio.  Una de las niñas, la  rechoncha con coletas,  se negaba a saltar a la cuerda. La profesora le estaba diciendo, “hoy saltas sí o sí”. Saltó y se cayó, cosas que pasan.

La luz del sol se filtraba entre las hojas  formando rayos de luz. Nélida cruzó por ahí, atravesándolos. Se sentía un poco menos cansada, un poco menos triste, un poco menos ansiosa.

Pero  di qué bonito, al menos, hija, refunfuñó desde arriba un poco mosca, el señor Dios.