Turno de mañana

 

No sé qué hora sería cuando ha llegado esa chica, sobre las diez y media, puede.  Estábamos tranquilos,  cada uno mirando nuestro ordenador, Julia y Mari pasando las fregonas por arriba y por abajo, el que se lee la enciclopedia acababa de abrir  el tomo siete, el  viejo habitual durmiéndose con un libro abierto sobre las piernas, un hombre mirando a través de las cristaleras con unos auriculares puestos y los estudiantes  en la planta de arriba, estudiando.

Quiero decir que todavía no había llegado ningún pesado a preguntarnos nada ni ningún colegio ruidoso. Sí estaba el grupo que viene de un centro de rehabilitación para drogadictos. Los traen bastantes mañanas a esta  biblioteca a pasar el rato, nada más entrar se pasean entre los estantes mirando los libros como si se asombraran de que hubiera tantos  en el mundo, creo que más que asombro es una especie de paseíllo de  cortesía porque enseguida se van  a la sección de audiovisual, la que les gusta de verdad. Revuelven con ganas ,  se llevan en préstamo alguna serie o película y  las comentan entre ellos, “peliculón” o  “de putísima madre”, les oímos decir.   No es que se porten mal, vienen muy aleccionados por su monitor y no sé si un poco dopados, se mueven y hablan a cámara lenta, como si flotaran, como peces o astronautas. Salen mucho a la puerta a fumar, todos fuman, y allí hablan de peliculones o miran el trabajo de los jardineros.

Solo hay uno que nunca sale ni se pasea por los estantes de los libros a mirar con asombro el objeto libro ni se va a la sección de audiovisual a decir “peliculón”, ese se queda pegado al mostrador como un pasmarote, luciendo su cresta azul tan pasada de moda como el resto de su vestimenta: cazadora corta de cuero negro con tachuelas en las hombreras, pantalones pitillo, botas vaqueras con remaches metálicos en la punta. Parece una mezcla de extintas tribus urbanas,  un muestrario ambulante de los ropajes de  la movida madrileña. Aunque es mayor y está bastante deteriorado,  tiene cara de niño, de niño perdido en este mundo. Hasta en los márgenes se puede estar marginado. No habla apenas pero de vez en cuando dice, “miedo me da”. Me gustaría saber qué es lo que le da miedo, si algo en concreto o todo en general.

Guillermo le tiene una manía que no le puede ni ver, eso ya indica cómo es el compañero Guillermo.

-¿Te puedes apartar?, aquí delante no puedes estar, no dejas pasar a la gente, le ha dicho con esa brusquedad suya.

El otro ha  mirado a los lados, como pensando, “¿pero de qué gente me habla, si aquí no hay nadie, habrá gente que yo no esté viendo”? Y se ha movido un poco hacia la esquina, cerca  de Miriam y  de mí. No nos encanta su compañía,  pero tampoco nos molesta en especial, no hace nada, solo se apoya y a veces resopla y suelta su “miedo me da”.

En ese momento ha entrado la chica joven de la coleta y se ha colocado en el supuesto lugar prohibido  a mirar su móvil y a mandar mensajes, se reía sola. Miedomeda la miraba de reojo y Guillermo más que de reojo, a ella no le ha dicho  que se tenía que quitar, al contrario, “si te podemos ayudar en algo, nos lo dices, eh”, de un amable que ni en sueños hemos visto tanta amabilidad.

La chica le ha dicho que buscaba un libro de economía de costes o algo así  y Guillermo, “pues qué estudias”, interesadísimo,  y ella que estudiaba ADE, eso que estudian todos ahora, y el tonto de Guillermo se ha puesto a darle consejos como si fuera un padre amantísimo o un amante padrísimo, más bien. Más bien que eso es lo que le gustaría a él. La chica le seguía el rollo mientras él buscaba en el ordenador el libro y eso que si algo  le molesta es que le hagan trabajar, a todos los manda con más malos modos que buenos a que se hagan sus propias búsquedas. Pero a la de la coleta no. Poco le ha durado el entretenimiento porque la chica ha encontrado enseguida el libro, gracias a sus indicaciones, y se ha marchado tan contenta sin dejar de mirar su teléfono.

Miriam ha empezado a contarme la receta de una tarta de manzana que se puede hacer en el microondas,  no me interesan  sus recetas ni las pienso hacer pero, por cortesía, como los ex yonquis cuando se pasean entre los pasillos de  libros, la he escuchado. El viejo que se queda dormido se ha despertado y ha mirado extrañado a su alrededor, creo que no sabía dónde estaba ni quién era, Julia y Mari con tal de aparcar un rato las fregonas se han acercado a escuchar la receta y a hacer sus propias aportaciones.

He visto la cara de desesperación de Guillermo y hasta me ha dado pena, su chaqueta de pana arrugada por la espalda, su pelo canoso, sus bolsas bajo los ojos llenas de aburrimiento vital. Se ha puesto a protestar,  que estaba harto del turno de mañana, que ya le ha solicitado a la jefa el cambio a la tarde,  que el turno de mañana le parece deprimente…Seguro que se cree que el de tarde está hasta los topes de chicas jóvenes con coleta ávidas de conocimientos y consejos.  No le voy a desengañar, he estado años en el turno de tarde y es más o menos  lo mismo pero con más gente, más peticiones de todo tipo y más ruido.

Miedo me da, ha dicho Miedomeda y se ha tocado la cresta azul con la mano, asegurándose de que seguía en su sitio. Allí seguía.

 

31 comentarios en “Turno de mañana

  1. ¡Qué bien recreas los ambientes, en este caso el de una biblioteca! Cualquier sitio es bueno para estudiar al género humano. Y buen muestrario que nos presentas. Guillermo me da pena. Lo veo en decadencia, tratando de escapar de sí mismo. Y eso, ni aun yéndose al turno de tarde, es posible.

    1. Es verdad, cualquier sitio es bueno para observar humanos y no hace falta irse lejos,
      ¡ estamos por todas partes!
      No podemos irnos de nosotros y a veces tampoco de nuestras circunstancias. Guillermo se engaña pensando que un cambio de turno es la solución.
      Gracias, Antonio

  2. Los marginados también tienen a sus propios marginados … Pero los márgenes son lugares de conocimiento y creatividad, muchos sabios solían hacer sus anotaciones en los márgenes de obras clásicas. Al final, en la sociedad estamos todos, los de dentro y los de fuera de los márgenes. Por cierto, ¿a Guillermo dónde le situamos? Saludos, Evavill.

    1. Me gustan los márgenes, son tan necesarios como el centro donde todo se aglomera. Sería asfixiante que no existieran.
      Y como has dicho todos estamos dentro, unos más esquinados y otros más centrados pero ni siquiera esas posiciones son definitivas.
      Guillermo que se coloque donde quiera o donde pueda, no me atrevo a señalar su ubicación.
      Gracias por comentar, Raúl
      Un saludo

    2. El viejo de mi anterior comentario, hacia anotaciones en los periódicos y de vez en cuando se reia sólo y te guiñaba un ojo.. Por cierto la bibliotecaria nueva y el que se jubilo no tenian que discutir por pedir el cambio de turno, entraban a las diez y por la tarde a las cinco, nisiquiera tenian qué madrugar y por la tarde, les daba tiempo a dar un paseo… Genial tu serie nueva sobre la Biblioteca

  3. Qué divertidos son tus relatos, Evavill!! Esá todo tan bien descrito que parece que lo estás viendo. Qué ambientazo el de esa biblioteca, por cierto. Menos mal que no trabajo allí. Un abrazo

  4. Ahora voy a la biblioteca por la tarde, antes iba por la mañana.
    Me gusta más la gente que atiende por la tarde, son más simpáticos y agradables que los que me encontraba por la mañana.
    iAyer mismo, me encontré un grupo de personas que salían de un taller de memoria!
    Guillermo aún no estaba, solo hay chicas en el turno de tarde.
    Besossss

  5. Te vas a reír, pero al principio he pensado que hablabas de una residencia de ancianos, hasta que he llegado a los estudiantes.
    Tu relato se podría continuar con un montón de relatos, porque tus descripciones son tan buenas que llaman a atención y quieres saber más de todo.
    Por cierto, debe de ser una biblioteca muy grande para tener tanto personal. ¡Un besote!

    1. Te ha despistado el señor dormido, pero en las residencias más que leer, ven la tele o por lo menos la tienen encendida.
      Gracias por lo que me dices, Luna :)) y no solo hoy, siempre animas.
      Podría continuar, es verdad, pero necesitaría más tiempo del que ahora tengo.
      De tamaño mediano, digamos.
      Muchos besos!!

  6. Me gustó el ritmo que agarró el relato, como que es muy similar a los de los personajes, aburrido, callado, poco intercambio, rutinario, cambia cuando llega la muchacha, trae juventud, energía, por unos instantes para luego caer nuevamente en el automatismo. “Miedomeda”, si dará miedo ver esas cosas, muy buena frase, que en última resume el sistema en el que la sociedad se encuentra inmersa. Estuvo bueno, un abrazo

    1. “Miedo me da” podría convertirse en la frase del momento y aplicarse a muchas situaciones. Al estado de nuestro planeta, por ejemplo.

      Gracias, Themis.
      Otro abrazo para ti

  7. Creo que Gullermo debería consultar el reloj cuando lleguen chicas. Los ángeles sólo aparecen a y veinte o a menos veinte, por tanto será fácil, que tenga son quién soltarse el cabello, Guillerno no, la coleta. Miedo me da que sepa estas cosas, no sea que perdida toda esperanza solicite la mudanza al turno de noche de la biblioteca. Que a esas horas sólo acuden a consultar las lechuzas y esas, esas, se las saben todas. Un besazo.
    ¡La fregona perjudica gravemente la salud, así que es mejor no encender el mocho!

  8. Me has recordad muchas cosas, en especial a mi propio Miedomeda 🙂 Creo que siempre he sido muy paciente con esas personas que parecen moverse en los límites de nuestra normalidad, desconozco el motivo. Supongo que me producen mucha curiosidad.. y qué mal envejecen los exdrogadictos, ¿verdad?

    Las bibliotecas son un lugar muy especial, son gratuitas y son un refugio para todo tipo de tormentas, las meteorológicas y las otras, las jodidas, las que llevamos dentro…

    De Guillermo no te digo nada, un pobre diablo, ni más ni menos.

    1. Esa paciencia dice mucho a tu favor 🙂
      La droga hace estragos en los cuerpos y las mentes. Casos asombrosos de supervivencia también se dan pero son los menos.
      Suerte que existen lugares como las bibliotecas, son paraísos.
      A lo mejor habría que dejar hablar a Guillermo porque aunque muy encantador no parece, más bien al contrario, es el punto de vista de su compañera de trabajo y claro, muy objetiva no será.

      1. Eso es cierto, quizás Guillermo es un tipo encantador… me he dejado llevar por mi conocimiento del medio 🙂 Digamos que he conocido unos cuantos y no, no les tengo rencor, sólo me parecen eso, unos pobres diablos que no encuentran el camino, que siempre quieren estar en otra parte..

        Pero sí, he juzgado antes de tiempo, ya nos contarás si Guillermo tiene su continuación por estas tierras para sacarme de mi error 😉

      2. No, no, si está bien que juzgues, es inevitable tomar partido. Solo que había pensado dejar hablar a Guillermo, para practicar los puntos de vista, más que nada.
        A lo mejor después mejora tu concepto de él o empeora, que también podría ser.
        Además las simpatías o antipatías son bastante subjetivas.

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