Vuelta tras vuelta tras vuelta, la mariposa blanca

Cuando estudiaba e imaginaba mi futuro como trabajador aparecía en mi mente un lugar parecido a  este, pero enseguida desechaba la idea, los lugares así no existían, no en esta ciudad. Así que, cuando empezaron a construir la biblioteca en medio de esos jardines,  me emocioné, parecía que  alguien, algún ser benéfico, conocía  mis ensoñaciones y se había decidido a cumplirlas. Más me  emocioné aun cuando estuvo terminada y pude visitarla. Se alzaba entre árboles y caminos bordeados de flores y sus enormes cristaleras desde las que se veía el cielo eran magníficas. Olía un poco fuerte a materiales nuevos  y los suelos de arriba crujían al pisarlos pero esas fueron las dos únicas pegas, menores, que encontré. Se me metió en la cabeza que yo tenía que trabajar ahí, que no podía trabajar en ningún otro lugar.

Sí que trabajé en otros lugares antes, en otras bibliotecas, cerradas, sin ventanas por donde escapar con la mirada, en secos callejones de asfalto,  sin luz natural, por eso cuando por fin me dieron la plaza en la del jardín estaba tan feliz que no podía dejar de contárselo a todo el mundo y seguí feliz un tiempo, no sé, a lo mejor durante todo el primer año, tenía ganas de innovar, propuse montar talleres de literatura, animaciones a la lectura, pensaba que mis compañeros compartirían mis planes y  mi entusiasmo.

Lo que no me imaginé, ni siquiera cuando ya empezaban a aparecer los primeros indicios de apatía, es que iba a tener que soportar a  una jefa psicópata, a una compañera víbora y a otra aburrida y que los días se sucederían sin estímulo alguno, uno igual a otro y a otro y otro. Lo que nunca llegué a pensar es que empezaría, poco a poco, a detestar las cristaleras, la luz, los árboles y, sobre todo, sobre todo,  a la mariposa blanca.

Cada vez que miro por los cristales y es inevitable no hacerlo porque de cristal es todo el edificio, veo a ese bicho  que se pasea por encima de las flores rojas del camino principal,  va hacia la derecha, se posa en una, recula, vuelve, se posa en otra, indecisa, da marcha atrás y así siempre y así siempre. Cómo detesto a esa mariposa, porque siempre es la misma,  una mariposa inmortal,  cada vez que levanto la vista de la pantalla y me choco con su vuelo repetitivo me entran ganas de gritar o de dar puñetazos. No sé si compartiremos desesperación, no sé si ella será consciente y querrá, como quiero yo, irse a un parterre de flores distinto, dejar de dar vueltas sobre las mismas una vez y otra y otra.  Ella podría irse si supiera, este jardín está lleno de caminos y rotondas floreadas,  pero yo no, yo  necesito el permiso de Ana María, la psicopáta.

Ya no sé ni la de veces que he  llamado a su despacho para pedirle el cambio de turno tragándome el orgullo y la repugnancia.  Repica  con las uñas sobre la mesa,  las lleva cada una pintadas de un color distinto,  “veremos qué podemos hacer, veremos, lo estudiaremos”, dice frunciendo esa boca inyectada de silicona o de lo que sea que haya inyectado, da igual, sigue pareciendo de la edad que tiene, ¿para qué se harán eso si están igual de horribles y para colmo se nota que han querido dejar de estarlo? Yo también envejezco y lo peor es que ha ocurrido sin que me diera cuenta, a traición. Aquí, menos la mariposa blanca,  todos envejecemos.

Lo que no entiendo es  por qué me habla en plural,  ese “veremos”, ese “estudiaremos”, como si tuviera un grupo de afines escondido dentro de los cajones con los que toma decisiones. Y eso debe de estar haciendo,  estudiándolo en profundidad con sus seres imaginarios porque no me da el traslado. Aquí sigo, muerto en vida con la víbora y la sosa, con el viejo que se duerme y el chiflado que se está leyendo la enciclopedia tomo por tomo, y encima toma apuntes el tío, lo mismo se la está copiando en cuadernos. Y con el de la cresta azul y su miedo me da. A mí sí que me da miedo todo esto, cada mañana sufro un ataque de pánico cuando se abren las puertas y me siento detrás del ordenador.

Esta mañana le he dicho al elemento de la cresta que se apartara, no soporto a la gente que teniendo espacio de sobra viene a colocarse justo a tu lado, a invadirte,  y enseguida ha saltado la víbora con una falsa voz de madre Teresa de Calcuta “quédate aquí si quieres, a nosotras no nos molestas” seguido de un lanzamiento de mirada maligna en mi dirección. Después la he visto reírse con esa cara que pone de saberlo todo cuando ha entrado esa chica tan guapa y me he puesto a hablar con ella. Envidiosa.  La otra solo es una pánfila, con hablar de tartas y de su niño al que llama “pescadito o corderito o ratoncito” ya tiene bastante, no le puedo achacar maldad, porque no la tiene,  solo es que me aburre, es soporífera,  me aburre como la puta mariposa que da vueltas y vueltas y vueltas sobre las flores rojas.

Las once todavía y aquí llegan las de la limpieza a sumarse a la conversación sobre las tartas. Qué olor a lejía, a bayeta fermentada. Voy a salir un momento a la puerta a despejarme. Ahí está, vuelta tras vuelta tras vuelta,  la mariposa blanca.

33 comentarios en “Vuelta tras vuelta tras vuelta, la mariposa blanca

  1. La bibloteca del pánico!!
    Un buen trabajo, convertido en un infierno, me suena y es que aveces es mejor trabajar sólo que mal acompañado… Por cierto, el bibliotecario al que he ido a lo largo de casi 4o años se júbilo el año pasado, y la nueva bibliotecaria tiene una cara de felicidad, y esque la biblioteca es tan pequeña, qué solo da para trabajar uno sólo… Yo siempre envidie s ese bibliotecario al que la voz se le iba menguando, por hablar siempre muy bajito para no molestar a ése abuelo que siempre estaba tamborileando su lapicero, sobre aquel montóde periódicos sobre los qué tomaba apuntes para qué nadie los pudiese leer en toda la mañana,.. Por cierto el abuelo debio jubilarse de lector y estará en el cielo, dándole el morcon a San Pedro con su lapicero!!

    1. A ver si sé trasladarme al interior de tantos y a ver si no me canso y me voy a otro sitio.
      Sí que hay una biblioteca acristalada en el Retiro. En ella me he inspirado para escribir esto.

  2. La cruda realidad, a la que nuestras expectativas le importa un comino, se impone. Es así para casi todo el mundo, creo. No sólo para ese hombre tan ilusionado al principio, y tan esforzado. El pobre se está poniendo tan psicópata como su jefa. Menudo retrato haces de ella. El subordinado está pero que muy cabreado. Y la ha tomado con la mariposa. Debería hacer como ella: vivir despreocupadamente, sin obsesionarse con los turnos ni con sus compañeras ni con ninguna otra cosa. Ya sé que eso es fácil de decir.

    1. Puede que la culpa sea nuestra por imaginar demasiado, por creer que los lugares idílicos existen cuando la realidad es que hasta lo más perfecto tiene sus fallos.
      Seguro que a la jefa el psicópata le parece su empleado. Suele suceder.
      Ojalá pudiera hacer eso Guillermo, pero no le sale.

  3. A veces creemos que basta con trabajar en un lugar cómodo, luminoso, nuevo, rodeado de un hermoso entorno para sentirnos felices; sin embargo si no se está gusto, si no hay camaradería, ni empatía entre las personas con quienes compartes tantas horas, diariamente, se esfuma toda la belleza concreta que pueda haber al lado, todo se vuelve opaco y tedioso. Hasta el lugar más vetusto, frío y feo, puede sentirse distinto, hasta olvidarse, si se viven relaciones cordiales y se pueden establecer lazos de sincera amistad. La mariposa solo vive despreocupadamente; los humanos necesitamos más.
    Muy buen relato, Paloma, me gustó.
    ¡Un abrazo!

  4. Me desespera esta historia, me agobia, me entristece. Pienso en el montón de personas que viven igual, cada día maldiciendo su miseria, inconformes con su trabajo, con la rutina y el entorno que las rodea, pero aún así ¿por qué se quedan? seguro que hay muchas razones, pero la que más abunda es la falsa sensación de seguridad. Y digo falsa, porque en el fondo, estar seguros es estar cómodos y satisfechos, pero se quedan con esa ilusión paradójica de tener algo estable para no enfrentarse al cambio que realmente necesitan y quieren vivir.

    Un gusto volver a leerte.

    1. Hola, Kadannek!! Me alegra leerte.
      Se quedarán porque tendrán que pagar facturas, una hipoteca, comer y mantener a sus hijos, si los tienen.
      A veces se puede escapar o buscar otras alternativas, pero no siempre.
      Y luego va en el carácter de cada uno saberlo llevar peor o mejor.
      Gracias por pasarte y comentar.
      Un abrazo

  5. Es un retrato excelente, de cualquier trabajo que, con el tiempo devenga en rutinario y cuando el jefe está gravemente afectado por una psicosis, sentir nostalgia del pastor con las ovejas tan ociosas en su campo o imaginar unos asesinatos parece la salida más natural. Un besazo.

    1. Jajaja, qué gracia me has hecho con tus alternativas.
      Hay algunos que si se hicieran pastores terminarían por odiar a las ovejas. Que hay ovejas muy psicópatas.

      Abrazo, Carlos.

  6. Ay, me has hecho reír un montón en determinados momentos, en parte por la desesperación de este pobre hombre y cómo lo cuentas. Has tardado en dejar claro que era la continuación del otro relato. Me alegro de ello. ¿Es el tal Guillermo miracoletas el que habla, entonces? Parece.
    Date cuenta, es una de las cosas que me ha hecho reír, que “Muerto en vida con la psicópata, la víbora y la sosa” suena a spaghetti western totalmente. Falta Clint, claro. O si quitamos lo de muerto en vida. Ya sabes, el bueno, el feo…
    Pues si el hombre está amargado y quemado, si se le ha torcido ese trabajo ideal en un entorno ideal, debo decir que es porque no piensa con rectitud, y desde aquí le lanzo la reprimenda. Si pensara con rectitud no mezclaría las cosas y no le echaría la culpa a la puta mariposa, los parterres o las cristaleras. Es evidente. Estos bellos elementos no tienen que pagar el pato de tener que aguantar a la psicópata y demás. Así que si no hace un esfuerzo por pensar con rectitud y ecuanimidad… ¿qué pasa? Pues pasa esto. Que se amarga y cae en la desesperación. Su propia mente ha creado esa prisión, ese sufrimiento, ese samsara. Déjame verlo y expresarlo en términos espirituales y budistas. Es la actitud de la mente la que debe afrontar una situación en teoría desagradable, o no ideal, digamos. Si la mente crea el entuerto (y el sufrimiento, samsara) es la mente también la que puede y debe hallar la salida del laberinto. Se puede consolar pensando, de hecho muchas veces nos consolamos pensando, que hay miles y miles de situaciones mil veces peores, o más insufribles.
    Muy bien contado, retratado, etc. Me he reído. Regalo musical, canción excepcional de un grupo que fue excepcional… cantan en mallorquín, lo siento…

    1. Mientras escuchaba por segunda vez la canción, estaba pensando: que este hombre lo que ha de hacer es sencillamente seguir adelante, vivir, en este caso trabajar, sin dejar que le afecten en absoluto la psicópata o la envidiosa. No pensar en ellas, en sus posibles comportamientos, reacciones, palabras. En ese sentido, expulsarlas de su mente, aunque las tenga a un metro de distancia. No sé si me explico. Recuerda aquello de “hacer nuestra mente tan fuerte como una roca”. Y entonces he leído el comentario de Antonio Pavón: “debería hacer como ella (la mariposa): vivir despreocupadamente, sin obsesionarse con los turnos ni con sus compañeras ni con ninguna otra cosa. Hay está, fácil.
      Pues eso. Namaste.

    2. Qué bien si te has reído un rato!!
      Creo que aquí podría ser Clint el propio Guillermo. Yo creía que se notaba desde el principio que el que hablaba era él.
      Tienes razón en lo que dices sobre la mente y su fortaleza, pero no todos la tienen (tenemos) tan entrenada para soportar las adversidades. Deberíamos, eso sí lo voy teniendo claro.
      Muchas gracias, What y también por el regalo musical.
      No lo sientas, me gustan los idiomas.
      Besos!!

  7. Muchas gracias, me apetecía conocer a Guillermo, estaba claro que no podía ser tan malo 😉

    La apatía es terrible, y llegar cuando menos te la esperas, cuando ya crees que lo tienes todo, que debes ser feliz de manera casi obligatoria, zas, ahí aparece la puñetera apatía… Todas las vidas chocan, en algún momento contra ese muro, la mayoría de las veces inventamos pobres estrategias para escapar, pero otras, otras somos como esa pobre mariposa que quiere escapar pero no sabría decirnos donde….

    1. Lo has entendido y explicado muy bien 🙂
      Al ver que Guillermo os caía tan mal a todos y la verdad es que a mí también me resultaba antipático, imaginé cuáles podían ser sus motivos.
      Gracias a ti, Beauseant.

  8. Enseguida he pensado en el Palacio de Cristal, luego he recordado que te gusta mucho (a mí me encantó), así que igual te has inspirado en él.
    Me gusta el contraste, la casi paradisíaca ambientación con el malestar interno del pobre protagonista.
    Un besote

    1. Hola, Luna.
      El Palacio de Cristal es un lugar precioso, como de cuento, sé que te gustó mucho pero no es ahí donde está ambientado el relato.
      Pero bueno, no importa, también podría ser porque el contraste entre la belleza de fuera y el malestar interno es lo que importa aquí.

      Un beso!!

  9. ¡Qué opresión!, ¡qué agobio!, el sueño que se convierte en cárcel, se me hizo estar dentro de la matrix, más aún con esa mariposa blanca repetitiva, cumpliendo la misma acción, cuando se queda pegada sin poder liberarse aunque tiene el infinito, error de configuración. Te soltaste en otra sintonía, está bueno, un abrazo.

    1. Error de configuración, exacto.
      La mariposa parece de plástico, a lo mejor su compañera le da cuerda y la pone a volar cada mañana para desesperarlo.

      Gracias, Themis.
      Un abrazo grande

  10. Perder la ilusión es casi peor que no haberla tenido nunca, como perder la visión cuando no eres ciego de nacimiento. No veas la grima que me ha dado la directora de la biblioteca. Gran relato, Evavill. Saludos.

    1. No se puede echar de menos lo que nunca se ha tenido. Pero si has tenido algo bueno y lo pierdes, te desesperas.
      A mí también me da grima, es que esas bocas de trucha…uffff

      Saludos, Raúl

  11. A veces hay que tener cuidado con lo que se desea.
    Los lugares se hacen amables dependiendo de las personas que lo habitan.
    Es complicado trabajar en un lugar donde uno no se siente cómodo. Debería el protagonista
    darse una vuelta a sí mismo.
    Muchos besos, Paloma.
    (Me da pena que piense tan mal de la mariposa, je je je)

    1. Eso dicen, cuidado con los deseos porque se cumplen.
      Lo que ocurre es que la realidad no suele ajustarse a nuestro pensamiento y nos llevamos por eso unos cuantos desengaños.
      Con lo bonitas que son las mariposas, ¿verdad?
      Besos, Maite
      Gracias por pasarte!!

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