Los gatos frustrados

Los gatos con vocación de pájaro se subieron al árbol y desde allí hicieron varios intentos de alzar el vuelo.  Al primero, cayeron de patas al suelo. Orgullosos como eran, miraron a su alrededor por si alguien había visto su fracaso y para disimular,  se estiraron con elegancia, como si caer hubiera sido su pretensión primera y su pretensión segunda hacer unos estiramientos.  Uno de ellos se encaramó de nuevo dispuesto a volverlo a intentar,  el otro se demoró rodeando el tronco, operación que aprovechó para  rascarse el lomo, pero después, siguiendo a su compañero,  subió al árbol.

Tenían una gran habilidad para estar sobre las ramas y puede que fuera eso lo que les había hecho creer que volar sería tan sencillo como estar posados. Sus cuerpos se acoplaban a las curvas del árbol de un modo tan natural que parecían frutos, frutos  grandes y bigotudos.

El día estaba gris, un gris brumoso amigo de los sueños, con él se arroparon y envueltos en su aliento húmedo, durmieron. Soñaron que volaban, era tan fácil en sueños, ni siquiera les hacía falta tener esas plumas ni esas alas ni esos cuerpos de huesos ligeros,  con los suyos de gato podían volar, bastaba un suave impulso, la sola idea del impulso,  que en realidad era el simple deseo de volar, y ya estaban ingrávidos surcando los tejados rojos, verdes y azules, atravesando nubes, sintiendo el abrazo del cielo.

Una especie  de  temblor  los despertó, abrieron muy despacio las rendijas de los párpados. Un grupo de  corredores acababa de pasar por debajo del árbol, los gatos no tenían vocación de corredores, ninguna, los miraron con desdén queriendo regresar marcha atrás al sueño, hundirse en él de nuevo. No pudieron, la puerta se había cerrado. Eran dos gatos sobre la copa de un cinamomo sin hojas, con sus bolas amarillas colgando. Dos gatos un poco ceporros, a decir verdad, soñolientos.  Se miraron el uno al otro y luego miraron el horizonte por donde despacio se fugaban las nubes con vocación de nubes, plenamente realizadas.

Por segunda vez saltaron con la intención no de bajar sino de subir, pero bajaron, hasta el suelo bajaron,  la sola intención no era suficiente. Repitieron la rutina anterior de estiramientos variados y  para consolarse  comieron de un pienso que les habían puesto en una esquina, dentro de un recipiente de plástico. Volvieron al árbol saciados de cuerpo pero insatisfechos de espíritu y desde allí miraron el mundo que no les dejaba ser lo que querían, frustrados. Tal vez si se comían un pájaro o más de uno, adquirirían la habilidad que les faltaba. Tensos y al  acecho, esperaron.

No mucho. El  día estaba muy gris y húmedo, ese gris venía cargado de sueño,  de flojera, de oníricas promesas,  sus músculos en tensión se fueron soltando, la puerta cedió, se deslizaron entre nieblas por un largo pasillo hasta llegar al otro lado, al lado donde sí se les concedían sus deseos. Los gatos frustrados  volaron la ciudad entera hasta dejarla atrás y llegar  planeando a los largos campos. Pájaros verdaderos entraban y salían del árbol vigilando con un ojo el sueño de los gatos.

43 comentarios en “Los gatos frustrados

  1. Es una descripción poética y maravillosa, despejas en ella el misterio del ensueño gatuno, una cuestión que viene preocupando a la humanidad desde el tiempo de las pirámides. Un beso.

    1. Hay que Gatosalados frustrados y ceporros que beben a morro…. Tengo algo de gato cuando me caigo intento que no se note y me adapto a las curvas de mi confortable almohada, que no veas… Saludos y que no acaben lloviendo gatos en vez de ranas que son más bíblicas!!!

      1. Mira qué rima más maja te ha quedado.
        Pues yo también tengo algo de gata si es por las dos cosas que mencionas.
        Mejor que llueva agua, puestos a llover.
        Saludos, Vidal

  2. Otro cambio en tu forma de contar, te lleva por otro derrotero. Me gusta mucho la imágenes de los gatos queriendo desafiar su constitución esa que es el límite de lo que se puede alcanzar con el cuerpo, sin embargo hay otros formas de llegar a lo que se anhela, como este cuento lo muestra. Un abrazo

  3. Cuántas posibilidades, y cuántos sueños. Volar siempre es fantástico. Muy divertido.
    Pues le he puesto un enlace de la entrada a Tao, porque resulta que él tiene un gato albino. Es posible que esto le guste.
    Disimulados y presumidos con sus “estiramientos”. Qué gracia.
    Petons.

    1. Muchas gracias por enlazar.
      El sueño de volar es una maravilla, la pena es no poderlo programar antes de irnos a dormir.
      No querían que se les viera el fallo, normal, eso no le gusta a nadie.
      Besos, What.

  4. Si quieren pájaros en mi blog hay un montón hoy…
    Se van a hartar… ahora… tiernos no están, ya aviso eh…
    Qué pensarán los gatos, sentirán, amarán, desearán…
    Igual sí…

    Besos volando.

    1. Creo que esos pájaros de tu blog no están para comérselos.
      Quién sabe lo que pasa por su interior, por el interior de tantos seres sin lenguaje. A lo mejor más de lo que creemos.
      Besos

  5. ¡Me encanta! Qué original y bien descrito ese momento gatuno. ¡Muy muy bueno!
    Hace muchos años el gato de una amiga se tiró por el balcón. Era un primero y sobrevivió, pero el veterinario le dijo que tuvieran cuidado porque podría tener algo que llaman el «síndrome del gato paracaidista». Los gatos que lo sufren se tiran en cuanto pueden una y otra vez. No es broma. 🙂
    Un besote

    1. No será broma y lo siento por el pobre gato afectado pero me he reído un montón. Ese síndrome no se me va a olvidar nunca, ¿no sería un veterinario un poco creativo?
      Muchas gracias, Luna.
      Un beso

  6. Una delicia de relato, claro ¡es de Zola!
    En ese dilema entre la vida cómoda pero aburrida y la vida libre pero insegura puede que nos encontremos todos en algún momento.
    Un beso, Nona y gracias!!

  7. un gato siempre se encuentra en el lado incorrecto de la puerta.. nunca se conforman con lo que son y algunos ni tan siquiera se considera gato 🙂

    me has recordado a los míos, cuando se estampan después de alguna acrobacia se incorporan muy rápido y se lamen la pata somnolientos como si lo hubiesen hecho a propósito 🙂

  8. Qué bien narrada está la secuencia felina de intentos de vuelo. Los gatos son así: taimados, hábiles, ladinos… Deben de ser de los animales a los que más adjetivos les cuadran. Pero no les pega mucho eso de volar. Ese deseo es más propiamente humano. Y la frustración no digamos. Los gatos son prácticos y dormilones.

    1. Los gatos verdaderos son como tú los defines, pero al ver a estos dos tan bien acoplados al árbol y medio dormidos se me ocurrió que tenían vocación de pájaros y que con eso soñaban.
      Y la tienen, al menos en esta pequeña historia.
      Gracias, Antonio.

  9. Los gatos me hipnotizan, tienen ese imán de quien es indomable, desprecia las normas porque no acepta convenciones.

    Me fascina cómo observan la realidad y analizan el modo que más acierta con sus intereses.

    Sólo les falta volar y parece que una parte de su realidad es un sueño que siempre se realiza. Su elegancia al saltar emula un vuelo.

    Un beso.

  10. Me ha gustado mucho este relato,se puede identificar con muchos comportamientos humano,además.

    Ese disimular al caer…lo he visto muchas veces,qué buena imagen.

    La fotografía con esos dos ahí en lo alto acompaña muy bien.Y me gusta ese tono coñac.

    Besos!

    1. Me alegra, Carmen 🙂
      Lo de disimular al caer es muy típico, sí. Y comprensible, también. Humano y gatuno 😉

      El color salió así porque estaba la mañana muy nublada, apenas había luz.

      Un beso grande!!

  11. Tu preciosa historia me ha hecho recordar una canción muy conocida en la voz de Roberto Carlos, aunque al hacer la traducción del italiano al español hicieron un pequeño desaguisado con algunos términos, sin ir más lejos con el título de la canción. Saludos, Evavill.

    Aquí dejo la interpretación original del Festival de San Remo:

    Y aquí la versión en español:

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