En confianza

María Luisa ya se iba sintiendo cómoda con todas esas damas aristócratas  de la sala que custodiaba. En un principio le impusieron un poco, debido a su prestancia y, como ella decía, a su abolengo.

Pero a fuerza de verlas todos los días y durante tantas horas,  la distancia se había ido acortando. Es verdad que siempre estaban en la misma pose lo cual no ayudaba mucho a establecer una relación fluida y de tú a tú,  pero al mismo tiempo resultaba tranquilizador. Con ellas sabía a qué atenerse, no había sorpresas,  lo que no siempre pasa con los que se pueden mover y cambian de postura, lugar, sentimientos y opiniones a poco que te despistes.

Os veo más que a mi familia, guapas, les decía con el pensamiento cuando estaba sola. Más que a mi propia familia.

Su propia familia era más bien escueta, tenía una hermana melliza y un hijo. Su melliza, María Jesús, se había ido a vivir a una ciudad con mar, “por amor”, según ella misma se encargaba de recalcar a la mínima ocasión. La melliza le mandaba vía guasap y vía otras redes sociales muchas fotos del citado mar con ella incrustada y con su amor incrustado a su lado,  subtituladas más o menos así, “aquí, con las olas” o “aquí,  feliz y rodeada de azul”.

Algunas veces María Luisa deseaba que una de esas olas le pegara a su melliza un buen empujón y se la llevara, con el amorzote incluido, bien dentro del  azul. A ver si desde los fondos abisales era capaz de  mandar otra foto de “aquí, en la gloria”.

Claro está que al momento se arrepentía de sus malos pensamientos, “qué haría yo sin mi melliza, qué haría yo sin  Mariaje”. Y  se respondía ella sola: más o menos lo mismo que ahora, trabajar en la sala de un museo ocho horas al día, solo que con un gran vacío interior, con un agujero doloroso. Otro más.

En cuanto al hijo, de nombre Josué, no era malo, lo que se dice malo de preocupar pero bueno,lo que se dice  bueno de contentar, tampoco. Era poco comunicativo y las frases que más salían de sus labios eran “¿ta la cena ya, ma?” o “taluego, ma” o “la paga, ma”.

Una de las damas de los retratos tenía también un hijo, bastante feo y escuchimizao, parecía de la misma edad que su Josué ¿Qué tal se te porta?, estuvo a punto de preguntarle una mañana  y al momento se asustó por si se estuviera volviendo loca. No sería raro, pasaba todo el día sola, encerrada en esa sala sin ventanas, en penumbra y con las mujeres pintadas rodeándola, mujeres de otro siglo y de otra clase social.

Aunque sola en realidad no estaba, venían muchos visitantes a contemplar a las damas pintadas y eso la mantenía en tensión, en mucha tensión. Su misión, le habían dicho en la entrevista de trabajo, será custodiar las obras de arte y vigilar para que no se produzcan incidentes lamentables. Le había gustado mucho aquello de la misión y más todavía  acompañada de la palabra custodiar pero lo de los incidentes le daba más miedo que otra cosa. Estaba decidida a que no se produjera ni uno solo y para eso mantenía una extrema vigilancia.

Ni una dejaba pasar. Había momentos  tranquilos en los que los visitantes se desplazaban como bancos de peces y fluían por su espacio en silencio y sin desmandarse pero otros no eran bancos de peces organizados y rítmicos sino un desmadre de seres diversos  e impredecibles, dotados de pezuñas más que de pies, a los que no podía quitar el ojo de encima.

Esa mañana, una mañana brumosa y helada del mes de febrero, ya había tenido que llamar varias veces la atención.

Una mujer había apuntado con un bolígrafo a la dama de las flores y el vestido rojo,  como si quisiera corregir algún detalle de la pintura, otro visitante había acercado  su cabeza  hasta casi pegarla al delicado perfil de su amiga la pálida del traje verde y otro más había estado a punto de rozar con sus basto abrigo la delicada tela de tul de la dama del jardín.  Por no mencionar a los que hablaban a gritos y se reían como bestias sin tener en cuenta que estaban ante mujeres obras de arte.

Ella, sintiéndose poderosa con su uniforme azul, reeprendía y contenía, ejerciendo muy bien su misión de custodia y no dejó de controlar a los díscolos hasta que no los perdió de vista en la sala contigua. Tenía ensayado un giro de botas muy marcial con el que ponía fin a la reprimenda y se alejaba hasta una esquina para seguir vigilando en la sombra.

Cuando al fin hubo un momento de paz, a eso de las dos, y se quedó sola, se sintió cansadísima y con necesidad de soltar la tensión acumulada.

A ver, guapas, les dijo en voz alta  por primera vez sintiéndose muy a gusto y en total confianza, esto de custodiaros me tiene molida y vaya dolor de piernas. Muy finas y muy de abolengo y mucho presumir  pero estáis  muertas. Ya sé yo que también pasariáis vuestras penurias, no todo habrá sido tan idílico como se ve en estos cuadros. A mí no se me engaña tan fácil, es como lo de las fotos de mi hermana, claro que ella nunca será obra de arte y vosotras sí. Me gusta mucho tu jardín,  pero tú, ese bicho que llevas enrollado al cuello…no me va el maltrato animal, salvo al cerdo sintiéndolo mucho, es que me pierde el jamón, no lo puedo remediar.

Dos visitantes silenciosos habían entrado en la sala, más que a los cuadros contemplaban primero con asombro y después con risas contenidas el monólogo de  María Luisa.

Cuidado con tocar  y no me sobrepasen la línea de seguridad, dijo ella estirándose el uniforme y recobrando la compostura. No quiero lamentables incidentes. Carraspeó,  se sacó del bolsillo un caramelo Wherter,s Original, a los que era adicta,  y se lo metió en la boca para consolarse.

 

 

 

31 comentarios en “En confianza

  1. Lo de los caramelos Whether’s Original debe tener algo que hace adicto a quien quiere recomponerse o mantener el tipo… 😁Ya se lo metía disimuladamente en la boca alguien de una historia mía (no sé si recuerdas). Solo que tu personaje no tiene disimulo. ¡Qué poderosa ella! Su melliza también es un personaje que abunda con sus fotos testigos de su buena vida. Me encanta lo de «aquí, en la gloria». Tu relato me ha tocado el espíritu para este día mío. ¡¡Genial, como siempre!! Un abrazo.

    1. Cuando he escrito lo del caramelo me he acordado de tu relato. No sé si ha sido un plagio inconsciente (perdón).
      Me llamó mucho la atención por motivos personales aunque los míos no son de esa marca y no llevan azúcar.
      Besos desde “aquí, en la gloria” ( no tanto, no tanto)

      1. Al contrario, Paloma, me ha encantado. Si vamos a pensarlo así, yo también te “plagié” tus hojas… 🙂 Pero la verdad es casi me ha parecido un guiño a mi uso del caramelo. Me ha gustado de verdad. Por cierto, los míos, entonces —ahora ya no los tomo— también eran sin azúcar. La sintonía a través de los Wherthers es perfecta. Hoy es un día que me hacía falta leer algo así. Besos.
        P.D.: Yo seguiré “plagiando” si la ocasión me lo inspira.

      2. Lo llamaremos inspiración 🙂
        Ha sido un guiño, sí, pero a posteriori porque me he dado cuenta al repasarlo. Como no te ha molestado, que se quede el caramelo.
        Gracias, Olga.

      3. Pero qué me tiene que molestar, por favor? Ni que el puñeteros caramelo fuera patrimonio. Al contrario, me ha encantado la coincidencia. Te diré algo que hace tiempo guardaba, pero es el momento: en tu libro hay una escena, o cuentas cómo la protagonista tiene reparos en tirarse de un trampolín, creo que cuentas cómo se siente mal o presionada por los que iban detrás y querían que se quitara del medio para tirarse ellos (¿me lo invento o es así?). Bueno, pues en el 2018, antes de abrir este Blog, por un ejercicio “x” yo escribí un relato con una niña que le pasa lo mismo. Cuando leí tu libro me hizo “gracia”. Pero no es el único caso. A mí, eso solo me puede parecer consonancia, conexión, o simplemente que es normal coincidir. En este caso me encanta. Hala se despide Consuelo😁

      4. Jajajaja, de acuerdo, Olga .
        Me encantaría leer ese relato tuyo de la niña con miedo al trampolín. Pues sí que es una coincidencia. O conexión, que me gusta mucho más.

      5. Pues cuando lo leí me quedé pasmada y me dieron ganas de contártelo, pero luego me corté. Bueno, sí me han dado ganas de publicar los relatos que he ido haciendo en general, pero me parecían largos para el blog (a mí me gusta leer de los demás, ¿eh?). De todas formas, también tenía pensado acompañarlos con ilustraciones y montarme mis libritos por mi cuenta (sobre la marcha estoy experimentando) y entonces sí me entra más publicarlos así en el blog. A ver si me inspiro en una de estas. Muchas gracias!! Por lo menos eso me anima más. Tengo mis rollos con la escritura, creo que quedó claro, pero me parece que tiene mucho que ver con el daño o perjuicio que se recibe en la educación y etc., etc.,.. para qué enrollarme. Un abrazo y gracias otra vez 🙂

      6. Entiendo lo del corte pero me hubiera gustado mucho que me lo contaras. El caso es que ahora ya lo sé.
        Te animo a que hagas esos libritos aunque no los pongas en el blog y si los pones yo los leeré y estoy segura de que disfrutaré con ellos.
        Yo intento escribir corto para el blog pero me desvío y termina alargándose. Voy a intentar reducir.
        No sé qué me pasa contigo pero me sale la Consuelo que llevo dentro y no puedo parar. Paro ya 🙂

      7. Bueno, es que parece eso de “me duele el pie” y la otra contesta “pues a mí el pie y la pierna entera”, jajaja. Pues sí, lo de dibujar cosas que he escrito, no es que no lo hubiera hecho alguna que otra vez, pero reconozco que la libertad que he ido encontrando en el blog a lo largo de este tiempo para ir sacando dibujillos con palabras que me iban brotando como fuera que me inspirasen a cada momento, me ha ayudado para pillar un ritmo que me resulta cómodo e incluso divertido. Lo necesitaba, divertirme y la sensación de mejora, de conninvencia entre lo que pudiera dibujar y lo que me saliera en palabras. Puedo decir que está siendo terapéutico al tiempo que estoy encontrando el elemento ese en el que podía nadar a gusto, si no era como estar siempre al borde de una tabla de trampolín sin querer tirarme 😉Y bueno, que no que no, tú sigue sigue, jejeje… ¡Y yo que pensaba que tú serías Eleonora y yo Consuelo que te entretiene desde la ventanita del comentario! No me apetece publicar cosas largas, pero lo que son los comentarios… jajaja. En fin, en cuanto a tus relatos, no son nada largos. Ya te digo que sí leo longitudes, si me gustan, lo que no me atrevo es a publicar las mías. Comentarios sí, please, ya que estamos, ¿no? Muchas gracias por no poder parar. Me encanta, ahora que tengo alguien que va a leer mis historietas. Ya te he cazado. Hala, ahora sí. Me meto en la casa que se me queda clavado el marco de la ventana en la tripa 😁

      8. Oye, en el anterior comentario, lo de que «parece eso de “me duele el pie” y la otra contesta “pues a mí el pie y la pierna entera”», me refería a la razón por la que no te conté lo de mi relato del trampolín. Me ha venido a la cabeza de pronto que no lo había relacionado bien y no estaba claro a qué me refería. Un abrazo!

  2. Una vez más has retratado al género humano. Los que se mueven como bancos de peces, los que no, los desmadrados con pezuñas, los ni buenos ni malos, los “taluego, ma”.
    Una mujer bastante, o muy tensa… e insatisfecha. Si la palabra clave es “custodiar” la cosa ya ha quedado clara del todo con el giro marcial de tacones. Tiene vocación, o necesidad de sentirse guardiana, mujer policía, de ejercer vigilancia e imponer orden. Muy marcial.
    Incidentes lamentables pueden darse muchos, y más graves… a ver si alguien le va a tirar el desayuno o el café a un cuadro…
    La melliza…me la imagino con su amorzote incrustado, los dos incrustados en unos corales en el fondo marino, jajaja.
    Besos desde el fondo.

    1. De todo hay entre los tipos humanos pero creo que en grupo abunda más la pezuña que la aleta.
      Uno se pone tenso cuando de custodiar se trata, es normal. Y si te dan un uniforme puede que te crezcas.
      Me dan risa los incrustados, me los imagino con la canción de “La Sirenita”, bajo el mar….

      Besos

  3. Nunca me había parado a pensar lo estresante que puede llegar a ser un trabajo como el de María Luisa, por cierto, un nombre noble y de rancio abolengo. La próxima vez que vaya a un museo pensaré en ella … y en tu divertido relato. Saludos, Evavill.

  4. Es cierto que los vigilantes de museos, aunque su trabajo sea monótono, tienen una gran responsabilidad. Si alguien se carga “Las Meninas”, imagínate. Lo que me recuerda que un día llevé a mi hijo al Prado (tenía solo 3 añitos) y nos llamó la atención una María Luisa como la de tu relato (mi niño estaba emocionado, le habían explicado “Las Meninas” en el cole y quería acercarse y acercarse…). Buen relato. Muy entretenido como siempre. Abrazos

    1. Acercarse y acercarse y a ser posible tocar, jajaja.
      Yo también recuerdo una visita al Reina Sofía con uno de mis hijos, no vi nada, solo corría detrás de él que también corría y no con muy buenas intenciones. Varias Marías Luisas nos perseguían 😉
      Muchas gracias, Mayte.
      (Este fin de semana termino tu libro)

      Besos

  5. Maria Luisa y su hermana Paripé …vaya relación de hermanas…

    Un día un Felipe II del Prado me miraba de una forma muy rara…me fui corriendo al Jardín de las delicias…
    ; )

    Besos.

    1. Supongo que también tendrían sus momentos sin postureo las dos hermanas. Sobre todo sin redes de por medio.

      Jajaja, no me extraña que corrieras y eso que no es de los reyes más feos, los hay peores. Me gusta mucho ese cuadro del Bosco, con todas esas extrañas criaturas.

      Besos, Carmen.

  6. Pues yo creo que en una de estas alguna obra de arte le contesta. Entre que me estoy leyendo Harry Potter, que hace poco vi «Noche en el museo» y ayer «Cazafantasmas II», ya me creo cualquier cosa…
    Me ha gustado mucho ese monólogo interior, real como la vida misma.
    Un besote

    1. Sería genial que alguna le contestara y se hicieran amigas o enemigas, depende.
      Me ha gustado esa posibilidad. Por una vez podría romper el realismo de las historias.

      Me alegro, Luna 🙂

      Otro beso

  7. Un relato original que llenas con la cotidianidad de la vida de María Luisa y esa pizca de ironía que imprimes siempre en tus textos. Eso sí, que nadie se acerque más de lo necesario para ver a sus “damas”. Es un placer leerte Paloma. Un abrazo.

    1. ¡Hola, Carlos!
      Me alegra mucho tu comentario, saber que de vez en cuando te pasas por aquí.
      Sus damas, con el posesivo, porque de tanto vigilarlas ya son casi suyas 😉

      Muchas gracias y otro abrazo

  8. María Luisa tiene un puesto de enorme responsabilidad manteniendo las distancias entre las protagonistas y los usuarios. No sea que ocurran irreparables. Al menos deberían contestar a quién las cuida con tanta abnegación y dolor en las extremidades. Un besazo.

  9. Estoy convencida de que habrá diálogo entre María Luisa y sus compañeras de cuarto en algún momento. Lo contenida que deben estar las retratadas ante tantas miradas, no siempre benevolentes.
    Me ha gustado mucho tu relato.
    En confianza, Paloma, y perdona: “María Jesús, sintiéndose poderosa…” es María Luisa?
    Por cierto, mi madre está encantada con tu libro, lo está volviendo a leer porque le ha parecido entretenido, y divertido, me dice que lo entiende todo y que así deberían ser todos los libros. Creo que se lo ha recomendado a todas sus amigas. Tengo una madre muy exigente, ja ja ja <.
    Feliz semana, querida Paloma.
    Besos

    1. Sí, Maite, es María Luisa. Buena vista y buena atención la tuya. Lo acabo de cambiar por un “ella” y así no hay líos ¡muchas gracias!
      Me hace mucha ilusión lo que me cuentas del tu madre, qué maja, le das un beso de mi parte.

      Y otro para ti, Maite :))

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