El callejón

 

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Ilustración de Olga

Que la pelota se colara siempre en casa de Merche y no en cualquiera de las otras casas no tenía mucha explicación. No, porque ellos tres iban avanzando por el callejón dando patadas a la bola y pasaban por delante de todas  hasta llegar al final. En ese final estaba la que hacía de cierre, era la más grande y  tenía una verja muy alta y cuatro  cipreses que parecían soldados guardianes además de una cámara de vigilancia que movía su ojo de cíclope de  un lado a otro.  Ahí daban la vuelta y continuaban   hasta el otro extremo. Y en ninguna se les colaba la pelota, salvo en la de Merche.

Cruzaban por delante de la de Lautaro, el escultor, con su jardín asilvestrado,  lleno de gatos, por la de las tres mujeres (hija, madre y abuela) con su acicalado porche lleno de bunganvillas , por la de Isidro, el hombre que tenía un huerto  en la parte trasera y por la de ellos dos, donde veían la cabeza de su padre agachada sobre un libro. Como si fuera un muñeco con radar detector de hijos,  les advertía cada vez “no salgáis de la calle”. Después venía la de Merche y por último la  de Silvio, su amigo, esa siempre estaba vacía.   Era  la última o más bien la primera y ya no podían seguir avanzando porque empezaba otra calle más grande,  con coches circulando. Esa calle se llamaba  “Mira el pez”. Al fondo. abajo,  estaba la playa, el mar y los peces que había que mirar.

Pero ya no querían ir por las tardes a la playa a pescar cangrejos a las rocas,  no querían desde  que habían conocido a Silvio. Como él no iba, ellos tampoco. Antes de conocerlo no sabían que un chico se pudiera llamar así, tenían una prima Silvia pero Silvio… se hubieran reído del nombre cuando se presentó de no haber sido él un poco mayor, de no haber tenido ese pelo  largo que le tapaba uno de los ojos  o de no haber chutado con tanta fuerza una pelota que además era suya. Dijo: me llamo Silvio, movió la cabeza para apartarse el mechón que le tapaba el ojo izquierdo y  chutó como si rubricara, firmó con una trazo aéreo y la pelota cayó dentro de la casa de Merche. Entonces  gritó, “Mercheeeee, la pilota”. También se hubieran reído de que no supiera decir pelota, en el caso de que no se hubieran dado las anteriores circunstancias y en el caso de que les hubiera dado tiempo, lo que no ocurrió.

Al instante, como si se tratara de magia, la pelota apareció por encima de la verja y rebotó sobre sus pies.  A Merche no la vieron, ni esa vez ni nunca pero cada vez que  la pelota caía en su casa y cayó muchas veces, ella,  invisible desde el otro lado, se la devolvía. Jamás  protestó  ni les dijo, “dejad ya de colar la pelotita o id a jugar más lejos o tened cuidado que me estoy cansando,  ya no os la devuelvo más”. Eso nunca pasó.

Merche como mucho decía, “vaaaaa” y la pelota volvía dócil a los pies de los tres.  O no decía nada y la pelota también volvía y además con gran rapidez.  Tal vez Merche viviera solo para devolverles la pelota y  se divertía esperando escondida del otro lado de la valla porque no tenía otra ocupación esas tardes del verano. Igual que ellos tampoco tenían otra ocupación que la correr pasándose la pelota  de un extremo al otro del callejón  hasta llegar a la calle Mira el pez donde se paraban y  asomaban un poco  la cabeza, por si acaso.

 

 

37 comentarios en “El callejón

  1. Algún imán la atraía hacia esa casa o el inconsciente del muchacho que con ese nombre y esa personalidad, había en él la necesidad de llamar la atención a ese ser que no se muestra, sin embargo a través de esa acción mantienen una relación, un abrazo

  2. Jajaja… qué bueno. Vaya dúo más interesante y enigmático, Silvio y Merche. Lo de que a Merche jamás se la vea me ha gustado mucho. Creí al principio que sería una chica joven de la que se enamoraría alguno, o Silvio, o los tres de un flechazo, y que la intromisión del esférico sería una forma retorcida y original de flirtear y de amar. Mira, en lugar de echarle los trastos o los tejos le echarían la pelota. Quizá sí, quizá sí que vive para eso, para devolverla.
    “Pilota” es pelota en catalán. Está bien, se acepta. Me parece, si no ando equivocado, que en castellano se puede decir buchaca (bolsa, bolsillo), cuando en catalán es “butxaca”. Y hay muchas más semejanzas muy curiosas entre ambos.
    Muy bueno lo del radar detector de hijos.
    Y al mar mejor ya ni acercarse. Está ya que nos engulle. El temporal aquí, en País Valenciano y Baleares ha sido brutal. Los peces voladores ya pronto llegarán a todas partes, como en un pasaje bíblico y apocalíptico.
    Petons.

    1. Tampoco te creas que he pretendido ponerle misterio a Merche y a la pelota/pilota, era solo una anécdota para tirar del hilo. Hilo que se me ha hecho muy largo y lo he cortado de golpe.
      Silvio también dice piscado en vez de pescado, eso no será catalán, ¿verdad?

      Tremendo el temporal y sus consecuencias, da miedo y mucho. Volarán los peces.

      Besos y petons también

      1. “Piscado”… jajaja, qué risa. No, se dice “peix”. Así que Silvio tiene un habla muy peculiar…
        El temporal… pues no sabía que la afectación era tan amplia en toda España. Veo Almería, el norte, Asturias… como nueve fallecidos ya.

  3. En el balcón de mi madre se colaban los balones de fútbol del parque que había enfrente. En fin, qué recuerdos… Yo creo que Merche tenía querencia de atención y con que le venga algo, aunque era en forma de pelota, ya era suficiente. Porque además implica interactuación; tenía que devolverla. O sea que me parece que hay algún vínculo secreto entre Merche, la “pilota”, y también Silvio. Está claro. Qué buen recorrido el del segundo párrafo. Yo quisiera ir a la calle “Mira el pez”. Gracias por escribir! Besos 🙂

    1. Sí, algún vínculo hay entre Silvio y Merche, eso seguro. Y la pelota hace de mensajera.
      Mira el pez es una calle bonita, de fondo azul. Yo también quisiera ir 🙂
      Me está costando mucho escribir, así que…¡gracias por leer!

      Besos, Olga.

      1. ¿¿Cómo es eso?? ¿Que te está costando escribir? ¡¿Pero quién te está cobrando por tus valiosas palabras?! 😁… A veces conviene alejarse para coger las riendas otra vez, ¿verdad? Quizá si te fueras a la calle Mira el pez… (y bueno, me llevas a mí también, de paso). Pero no te alejes demasiado, Paloma (que tienes el nombre de mi hermana mayor a la que no veo desde hace muchos años…); puede que lo que parece que cuesta, sea solo un giro del camino. Lo que se dice en inglés un “turning point” —¿has visto que internacional?—. Yo, que te leo desde la barrera, veo que tienes las herramientas y los ingredientes. Están ahí y los tienes. Déjate descansar y déjate llevar por el descanso. La escritura puede ser muy mal amiga si se pone pesada. Si incluso necesitas dejar de escribir, pues hazlo. Lo que sea. Sorry por los consejos de la columna “Elena Francis”. Easy, easy, my friend… En todo caso, yo quiero ser “pilota” 😉

      2. Pues la Olga “pilota”🤣🤣🤣… Ay… Bueno, pues a la Olga “pilota” se le ocurren cosas mejores que aconsejar, pero bueno. En fin. Gracias por no enviarme a “Mira el pez” con mis palabras. Me alegro de que puedan servirte, aunque no sé ¡¡cómo!! Si no digo nada… Por eso…

  4. En mi calle la pelota siempre iba al jardín de la señor Amalia – señora Malia para nosotros- y eso comportaba arriesgadas misiones para salvar la vida de la pelota ya que la especialidad de esa bruja era rajarla…

    Besos.

    1. Jajaja, es buenísima la anécdota. Me gusta más que Merche para un relato.
      Sí que era malvada, me la estoy imaginando con el cuchillo de pelar patatas asesinando pelotas.
      Qué miedo Malia!!

      Besos

  5. A lo mejor Merche es una persona de movilidad reducida y alta vergüenza (no tengo clara la edad) a quien le gustaría relacionarse, pero no se atreve y se pasa el día en el jardín esperando la pelota porque es su contacto con el exterior. O simplemente una mujer a la que le apasiona la jardinería y tiene mucha paciencia.
    En fin, a ver si continúas y nos lo aclaras. 🙂
    Un besote

    1. Pudiera ser tanto lo uno como lo otro. Las dos opciones están muy bien.
      Y no lo digo por marear ni hacerme la misteriosa. Es que no sé qué le pasaba a Merche, solo sé que estaba y que devolvía pelotas con más paciencia que una santa.

      Besos, Luna lunera

  6. Nos codeamos con el misterio que, en este caso, vive al final de la calle. No hay que irse lejos para descubrir o constatar la fragilidad de un mundo que queremos lógico y racional. En tu relato una pelotita que regresa sola lo cuestiona. Esta es una interpretación. Saludos cordiales en este lluvioso día.

    1. También me gusta esta interpretación porque los misterios, que están por todas partes para el que sepa verlos, son muy atrayentes.

      Saludos también para ti, Antonio.
      Hoy aquí con sol.

  7. Me gustan tus relatos, los leo de vez en cuando, y desde hace tiempo, cuando Xibeliuss me los recomendó. Este me ha encantado, creo conocer a alguien que se parece a Silvio, o se pareció. Yo habría sido su Merche, quien sabe, pero habría hecho acto de presencia, al final, jeje 😀
    Bello blog, bella letras…un beso.

    1. ¡Hola, Moni!
      Me alegra mucho saber que lees de vez en cuando y que te gusta lo que lees.
      Muchas gracias por decírmelo 🙂 Anima saberlo.
      ¿Y qué ha sido de Xibeliuss? Hace mucho que no está por aquí. Me gustaba su blog.

      Así que a ti también te colaban pelotas… jajaja. A lo mejor Merche también se asoma en posteriores historias.

      Otro beso y de nuevo gracias por haber hecho acto de presencia aquí 😉

  8. Mis hijos tuvieron una Merche menos paciente. Se enfadaba, amenazaba, quitaba la pilota, y si la hubieran dejado, habría quitado la misma calle para impedir el juego. Bueno, si la hubieran dejado habría quitado a los niños…

  9. Qué maja Merche! Me ha traído muy buenos recuerdos tu relato, de cuando era pequeño y se nos colaban balones en balcones, terrazas y patios. Casi nunca nos encontrábamos con vecinos como Merche, lo más habitual es que nos echaran la bronca o nos dijeran que nos fuésemos a jugar al campo de fútbol. Algunos ni nos devolvían el balón, incluso lo pinchaban. Saludos, Evavill.

  10. Mi vecina del pueblo es como Merche!!! Ja ja ja
    La de balones que se han escapado a su patio y qué paciencia, siempre los devolvía.
    Luego fue mi madre la que devolvía los balones que colaban sus nietos…
    Abrazos, Paloma.

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