A tomate

He salido a pasear con Marina, hoy un poco más tarde porque me he enredado con otras cosas, me he enredado tanto que he estado a punto de dejar el paseo para otro día pero, no sé, si no voy a buscarla cuando le he dicho que iba a ir,  me siento mal, me siento culpable,  así que he ido. Me pregunto por qué hacemos a veces lo que hacemos, si por ayudar a otros o por descargarnos de culpa y después poder sentirnos bien o porque ayudar a otros nos hace sentir bien. Sea lo que sea todo desemboca en el sentirse bien, los considerados buenos comportamientos y los considerados malos.

Las aceras de  su calle, López de Hoyos, estaban llenas pero llenitas de pétalos de flores, pequeños y rosas , es que  por toda la calle están plantados esos árboles que no sé si son cerezos o almendros pero que quedan muy bonitos cuando florecen. Duran poco, eso sí, ya había más flores por el suelo que en las copas de los árboles y sobre todo alrededor de las alcantarillas se habían quedado muchos atrapados, parecía un bordado o un adorno. Al lado de los pétalos también he visto dos pimientos morrones fritos y una babucha con unas letras escritas en árabe. Variado.

Marina como siempre,  arreglada, muy bien conjuntada de colores, no como yo que no sé qué me pasa pero me hago unas mezcolanzas…antes me sabía coordinar mejor, ahora me pongo lo primero que pillo y si pega bien y si no, también.  Ella  llevaba hasta un anillo a juego con el pañuelo y con los ojos, que los tiene verdes, muy bonitos, ha sido guapísima, ahora ya no, ahora ya no somos guapas ninguna, nos hemos igualado todas. Somos eso que yo llamo señoras oscuras,  está la calle llena de nosotras, las señoras oscuras, nadie nos mira, como no sea algún borracho o algún pirado, como el pakistaní de la frutería. Ese  está enamorado de mí pero desde el primer día que me vio,  de eso una se da cuenta, yo me di cuenta. Qué manía le tengo, debería estar agradecida, pero no, le tengo manía, me cambio de acera para fastidiar y desde la de enfrente veo cómo se asoma para mirarme por encima de los cajones de las frutas, por encima de esos plátanos grandes y negros que es lo que pone delante, lo más feo, qué poco márketing,  ¿plátanos macho se llama eso? Y a mí qué me importa. No sé por qué le gustaré, hay cada maníaco.

Marina y yo hablamos,  aunque parezca mentira. Me imagino que después de tantos años de hablar de verdad se nos ha formado como un patrón de conversación. Yo digo lo que siempre he dicho, con las diferencias propias de cada momento,  y ella me contesta a todo “a tomate”. Esto, que puede parecer un problema insalvable,  no lo es tanto, recurro a  mi plantilla mental  y es muy fácil deducir lo que me ha querido decir y si la plantilla estándar no me funciona,  me vuelvo a los recuerdos y pienso, ¿qué hubiera contestado aquí Marina? Esto y lo otro, tal y cual y  con eso sigo la conversación. A ella le gusta que le hable como si no pasara nada,  no sé si me entiende, supongo que a veces sí y otras no pero mantiene el tipo, sabe seguirme.

En el paseo de hoy, por ejemplo, estábamos pasando  por delante de la parroquia Sagrado Corazón, en el muro está escrito, “Jesús tiene sed de ti” y luego unos puntos suspensivos como diciendo…tú verás lo que haces con esa sed,  si le dejas al hombre sin beber o qué.  He dicho yo, “Mira, Marina, que Jesús nos quiere beber” y ella ha dicho “a tomate” pero medio riéndose y negando con la cabeza. A mí que no me beban, he interpretado yo. Y cuando me he reído, ella se ha reído más.

Me sorprende  que de entre todas las palabras posibles de nuestro vocabulario, le haya dado por escoger esas dos,  una “a” y precisamente “tomate” y no patata o nube o zapato,  y que de ahí no la saques. Como mucho le añade algún número, “a tomate uno, a tomate dos y tres y cuatro” Cuando le añade números mueve las manos como si estuviera colocando algo en estanterías, los “a tomates”, y luego resopla muy cansada, como diciendo, esto de colocar es agotador.

En la plaza estaban desperezándose  los mendigos y los borrachos de siempre, les han fastidiado bastante con esos bancos partidos que ponen para que no se tumben, también es mala idea. Uno de ellos había cogido, vete a saber de dónde, una ristra de luces de Navidad y las tenía colocadas encima de su montón de ropas y trastos. Le gustará lo que brilla o lo que reluce, le habrá parecido un tesoro bonito, todos tenemos derecho a tener algo que no sirva para nada pero que nos guste.

Digo, bueno, Marina, ¿y qué tal los hijos? El mayor, ¿sigue trabajando en esa empresa tan lucida? A tomate uno, me ha contestado ella. Como he supuesto que eso sería un sí, le he dicho que qué bien y ella me ha respondido moviendo la cabeza, tranquila.

¿Y la chica?, ¿está contenta fuera? No le tenía que haber preguntado por ella, parezco tonta, no me he dado cuenta, ha empezado a mover las manos y a colocar con mucho ímpetu los “a tomates” en las estanterías esas, con mucho resoplido y luego se secaba la frente, como si hubiera sudado. Con la chica siempre ha tenido sus más y sus menos, ha sido muy guerrera, y de todo eso se ha tenido que acordar.

Para distraerla le he señalado una sábana que se ha debido de caer de algún piso y estaba enganchada en un árbol, el viento la estaba moviendo haciéndole formas, oye, que parecía que había alguien dentro, alguien con sueño inquieto dando vueltas y revueltas.

¡A tomate!, ha exclamado ella con cara de sorpresa. Pues un buen rato nos hemos quedado mirando la sábana, si eso la entretiene y la tranquiliza…yo me estaba aburriendo y eso que solo íbamos por la mitad de la calle. En la casa de apuestas Codere, Marina ha querido entrar y no me extraña, ponen una luz que ilumina media calle, casi que te atrapa la luz esa, cómo para no verla y no seguirla.  Lo que era el cine Royal, ahora es un bingo, se han empeñado en que nos gastemos los dineros que no tenemos. Pues a buena parte van. A mí no me abducen, a Marina sí, al bingo también ha querido entrar pero no la he dejado.

Venga, venga, no te pares tanto que nos tenemos que ganar con un poco de ejercicio  el café y la tostada del final. Eso es lo que más le gusta y a mí la verdad es que también.

A tomate, ha dicho ella como aliviada cuando por fin nos hemos sentado en una mesa. Más bien estábamos…se veía la calle y todo su jaleíllo. La tostada buenísima. Hemos seguido hablando, ya me he dado cuenta de que unas chicas jóvenes nos miraban como con susto  y después con risa. Claro, damos una imagen rara, yo hablando con normalidad y ella venga y dale con sus “a tomates” pero significado tienen, por lo menos para mí que la sé entender. Hay que hacer el esfuerzo, hay que hacer el esfuerzo por las amigas. Yo lo hago y luego me siento muy bien.

La cantidad de pétalos rosas cayendo que se veían por la ventana,  era bonito, como confeti en una fiesta.  Pero el viento, el viento era como  si quisiera ahogar a los árboles o estrangularlos,  los zarandeaba y  con qué rabia. Daba miedo eso.

43 comentarios en “A tomate

  1. Ains, qué puñetero cerebro, cómo se las gasta a veces… Pues te ha quedado una bonita historia de amistad, de esas que vienen de lejos y que aguantan todos los “a tomate” que hagan falta.
    Un besote

    1. Muy puñetero es a veces, desde luego.

      Y una suerte poder contar con alguien así, lo haga por sentirse bien ella o por cariño de verdad o por ambos.
      Gracias, Luna.
      Besos

  2. Cualquier día de estos me encuentro con ellas porque suelo ir a menudo por la zona de Prosperidad, estuve hace poco pero no me fijé en los pétalos, ni en todos los detalles que eres capaz de fotografiar con tu prosa. La próxima vez, cuando esté a la altura de Codere o del Royal, trataré de prestar atención, a ver si escucho lo del tomate … Saludos, Evavill.

    1. A lo mejor todavía no estaban los pétalos.
      He dado muchas pistas hoy pero en el fondo el sitio es lo de menos, solo forma parte de la ambientación.
      Dicho esto: me gusta la Prospe!!

      Un saludo, Raúl

    1. Es triste pero también un poco alegre.
      Al menos tiene una amiga que parece que la entiende y sabe traducir lo que quiere decir y no dice.
      Gracias, Tatiana.
      Otro abrazo

  3. HOLA PALOMITAY, HE VUELTO COMO VUELVEN LAS OSCURAS GOLONDRINAS, LAS TUPIDAS MADRESELVAS…ME HA ENCANTADO TU HISTORIA , TU MUTUALIDAD DE MELANCOLÍA, YO ESTOY ASI , TE QUIERO MUCHO, ESCRIBO CON MAYÚSCULAS PORQUE MIS OJOS NO ME DAN TREGUA, GRACIAS, TE AMO TOMATE DOS!!!

  4. Pobre pakistaní, eso para empezar. Me da cierta pena el hombre. Los “plátanos macho”, también llamados “plátanos burro” o verdes son muy típicos de Centro y Sudamérica. Entre otros lugares Cuba. Venezuela, Colombia, en fin… Ya son así, grandes y negros. Crudos no pueden comerse, son muy verdes y ásperos a la boca, aparte de no tener mucho sabor. Es más sabroso un trozo de patata cruda, para que te hagas una idea (a mí siempre me gustó comerla). En Cuba suelen llamarse patacones o tostones, se cortan y hacen en una especie de tortitas, fritos en aceite. Por lo que acabo de ver también al horno. Quizá tiene otros nombres o platos, ahora mismo no recuerdo. Quizá ya sabías que se fríen, seguramente.
    Qué gracia me ha hecho lo de Jesús, la sed y los puntos suspensivos. Qué gracioso. Las típicas frases para supuestamente despertar la fe o la vocación, o “algo” dentro tuyo. La llamada, divina o como queramos decirlo.
    En cuanto a Marina, también da cierta pena. Mejor “tomate” que otras cosas más rocambolescas. Imagínate que dijera “a plátano macho”, ya que lo hemos mentado. Encuentro loable a esa persona que la acompaña a pasear y le da conversación. Para sentirse bien o por los motivos que sean. Hacer el bien… en fin, una mezcla de todo ello, imagino. Puede que aunque no pueda articular el lenguaje debidamente entienda perfectamente lo que le cuentan.
    Es dura la vida. Hoy he visto vagabundos en el metro, gente a todas luces con problemas con el alcohol. Se les ve muy castigados, también psicológicamente. Uno olía a mil demonios, y se sentó a mi lado. Por lo menos Marina parece estar bien y ser querida.
    Besos.

    1. Sí, sabía que no se pueden comer crudos pero no tenía tanta información. Gracias, What!
      Me he reído imaginando que la pobre dijera “a plátano macho”, en fin…
      Tienes razón en lo que comentas al final, los hay en peor situación. Muy duras algunas vidas.
      El frutero enamorado…pero si a ella no le gusta qué se le va a hacer.
      Namastebesos

  5. A tomate!, tierna historia, con un delicioso final el de ellas, disfrutando un café con tostadas, me las he imaginado caminando, parándose en todas partes. Eso sí el mero final ambiguo, un viento despiadado con un regalo rosa. Un abrazo

    1. A mí también me gusta la recompensa del café con tostadas.
      El final es una mezcla de bueno (la lluvia de pétalos rosados) y malo (la furia del viento).
      Como en la vida donde todo está junto.
      Muchas gracias, Themis.
      Abrazo grande

  6. Qué escena tan poéticamente conmovedora (o viceversa). Más que leerla la he visualizado. La cámara se pone en movimiento cuando la narradora sale tarde de su casa y se inmoviliza en ese bar donde ambas amigas toman el café con leche y la tostada, en la terraza, mientras contemplan la lluvia de pétalos.
    Este recurso cinematográfico lo utilizas con cierta frecuencia. Serías una buena guionista. ¿O ya lo eres?

    1. Eso está muy bien, me agrada que se puedan ver las escenas, poder transmitir lo que veo yo o lo que imagino con lo que tengo delante.
      No, no soy guionista, solo que en mí predomina lo visual, al escribir, me refiero.
      Tiene que ser una buena profesión.
      Gracias, Antonio.

  7. Cada vez que intento decir una frase elaborada, explicar algo con su enunciado y su predicado bien colocadito mi boca entra en cortocircuito y digo alguna tontería…

    Debe ser terrible ir aún más lejos y que tu boca traicione así tu cerebro, que sólo te de tomates cuando querías hablar de un cielo bonito o de una canción de la radio que te recordó otra canción con la que no tenía nada que ver…

    1. Terrible. Salvo que no te des cuenta y creas que estás haciendo frases bien colocadas que todo el mundo entiende.
      Bueno, eso también es terrible.

      Por cierto que a mí también me sucede lo primero que dices 😉

  8. Esa lluvia de pétalos rosados es tan poética. .. Y tan de ahora.
    El viento da un poco de miedo, la verdad.
    Pero esta amistad es genial, que suerte tener una amiga que te entienda aunque siempre responda lo mismo.
    Bonita historia.
    Besos, Paloma

    1. Es muy bonita, es verdad, incluso cuando ya los pétalos están por el suelo formando esas alfombras de colores.
      Las amistad, qué importante es, ¿verdad?

      Un beso, Maite.

  9. me ha gustado mucho, excelente descripción de un momento en la vida de las amigas, encontré languidez en esta amistad que tu has hecho flotar en el ambiente, claro, es mi rescate, no sé si acertado.

  10. Es un relato magnifico y valiente, de esos tuyos que nos ponen enfrente de la realidad, esa que ni es triste ni amarga cuando nos presenta la oportunidad de sembrar el bien en un lugar en el que estamos tan necesitado de dar y recibir algo de bondad. Creo que son almendros. Un besazo.

  11. Palabras que acarician y envuelven como pétalos rosas. Tus relatos están siempre llenos de ternura, son tan elaborados en este sentido que parecen vistos desde la mirada de un niño. Hasta los defectos más graves de los personajes son tratados con suavidad y esmero, sin levantar ampollas.

    Ella debería pensarse el amor del pakistaní, Pakistán debe ser muy hermoso y ya se sabe: ´París bien vale una misa´.

    Espero que te encuentres bien.

    Un beso.

  12. Me he percatado que hay cierta semejanza entre tu forma de escribir y la de William Faulkner. Como referencia, tomo para ilustrarlo este pasaje del final de su libro “Mientras agonizo”:
    “Mi hermano es Darl. Ha ido a Jackson en el tren. No se ha ido en tren para volverse loco. Se volvió loco cuando iba en nuestro carro. Al verle pasar, la gente iba volviendo la cabeza como si fuesen búhos. –¿De qué te ríes así? –le pregunté. –Sí, sí, sí, sí, sí, sí. «¿Es de las pistolas de lo que te ríes? –le pregunté–. Di, ¿por qué te ríes así? ¿Es porque odias el sonido de la risa?»
    “Una moneda de níquel tiene una mujer por un lado y un búfalo por el otro; es decir, dos caras y ninguna espalda. Yo no lo entiendo. Darl tenía un catalejo muy pequeñín que compró en Francia durante la guerra. Por él veía una mujer y un cerdo, con dos espaldas y ninguna cara. Ahora lo entiendo. –Oye, Darl, ¿es de eso de lo que te estás riendo? –Sí, sí, sí, sí, sí, sí. Acaso sea por el hecho de que Dewey Dell y Vardaman, sentado al pescante, y Cash, que está tumbado en un jergón, dentro del carro, están comiéndose unos plátanos que van sacando de una bolsa de papel. «¿Es de esto de lo que te ríes, Darl?» Darl es nuestro hermano, nuestro hermano Darl. Nuestro hermano Darl en un calabozo de Jackson, donde, dormidas las manos mugrientas en los barrotes apacibles de la reja, mira hacia afuera, mientras suelta por la boca espumarajos: –Sí, sí, sí, sí, sí, sí”.
    “Hasta entonces no me di cuenta de que el maletín que traía ella era uno de esos gramófonos de tamaño pequeño, No, no había duda: cerrado y todo, era tan bonito como un cuadro. Así que cada vez que nos llegara por correo un disco y nos reuniéramos todos a oírlo en las veladas de invierno, yo no podría por menos de pensar: «¡Lástima que no esté aquí también Darl, con el buen rato que habría pasado!» Aunque para él quizá resulten mejor las cosas tal y como están. Este mundo no es su mundo; esta vida no está hecha para él”.
    Conocí una joven que se comunicaba muy limitadamente, sólo a través de 1 o 2. La humanidad como capacidad derivada del amor, hace tu relato menos triste y más esperanzador.
    Saludos cordiales !

    1. Hola, Demian
      Ya quisiera yo tener la altura literaria de Faulkner.
      Gracias por ponerme este texto suyo. He leído “Mientras agonizo” pero fue hace mucho tiempo y no lo recordaba muy bien.
      El amor salva tantas cosas!! Es lo único importante en estas vidas nuestras.
      Un saludo también para ti.

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