Día: 4 de abril de 2020

Una pareja nueva en el barrio

Supongo que habréis leído, escuchado y hasta visto que desde que los humanos hemos desaparecido, los animales han tomado el relevo y se dejan ver en lugares donde no solían estar. Como pajarera que soy, siempre he mirado mucho por la  ventana de mi  casa,  atenta a los seres con alas. Aunque vivo en una zona céntrica de Madrid, mi edificio tiene delante un colegio con su correspondiente patio de juegos y un rincón con árboles. Me han contado que hace unos años había muchos más, que todo ese patio era un jardín pero debajo construyeron un parking y encima unas pistas deportivas.

Pese a ello sí que se ven y se oyen, entre el rugido del tráfico, pájaros. Los típicos urbanos. Muchas palomas, (son feas, ya lo sé), bastantes gorriones,  especialistas en sortear coches a toda velocidad, algún que otro mirlo, cada vez más, se ve que se van urbanizando atraídos por la comida fácil.

Los mirlos tienen un trino muy melodioso y en las mañanas de  verano, cuando no queda más remedio que abrir la ventana con la esperanza de que al amanecer entre algo de brisa,  son ellos los primeros en anunciar el día.

También he visto estorninos, esos negros brillantes, que parece que se han dado un baño de alquitrán o que se han puesto gomina. Suelen aparecer en enero, en grupos muy grandes, también tienen un bonito canto.  Después desaparecen, no sé dónde van.

Desde enero y hasta casi abril veo pasar muchas bandadas de aves migratorias, creo que son grullas. Vuelan al atardecer en dirección norte. Es todo un espectáculo mirar sus formaciones en uve que a veces rompen para hacer círculos estrellados,  como si estuvieran bailando en el cielo, al mismo tiempo que atardece.  Después llegan los locos de los vencejos alegrando los cielos del verano. Otro espectáculo sus acrobacias aéreas. Y hasta aquí toda la fauna avícola que había logrado ver y escuchar en los días normales, los de antes.

En estos días anormales, los de ahora, me asomo todavía más a la ventana, si es que no está ocupada, es un puesto muy solicitado. En una de esas asomadas para romper un poco la claustrofobia mirando el cielo, escuché un sonido de pájaro que no había oído nunca, un sonido agudo, estridente y que se repetía muchas veces. Estuve durante bastantes días siguiéndole la pista al sonido y por fin localicé al pájaro emisor.

Al principio no lo identifiqué, lo cual es lógico porque no se puede identificar lo que no se conoce,  ¿quién sería este, para mí,  nuevo volador?  Observando otros días sus detalles, no es fácil porque se mueve muy rápido, y su manera de volar y, claro, con la ayuda del buscador Google que todo lo sabe, creo que lo he descubierto : es un tipo de halcón, uno de los más pequeños que existen. No está solo, la hembra, mucho más tranquila y discreta y también menos colorida, se ha aposentado en uno de los tejados del colegio.

Tengo que reconocer que en estos días tan tristes, la aparición en el  barrio de esta nueva pareja me ha hecho mucha ilusión.

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Este es mi nuevo vecino, el halcón cernícalo. No es que le haya puesto ya un mote de bienvenida, es que se llama así. Y de apellido, primilla. La imagen la he sacado de Internet, de la página de SEO/BirdLife.

 

 

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