Los pajaritos cantan, pero no solo

 

Observando pájaros
Un dibujo de Olga Álvarez

 

No hay mucho que mirar por la  ventana ya que la calle está vacía a excepción de los paseadores de perros y algún que otro enmascarillado con carro o bolsas de la compra. El patio del colegio, antes lleno de niños corriendo, saltando, pateando balones, lanzando canastas, empujándose, bailando, haciendo el pino o tres volteretas laterales seguidas, pegándose, patinando o abrazándose, está desierto.

Por las ventanas de las clases se asomaban de vez en cuando caras distraídas o con ganas de armar lío. Han bajado las persianas, que son de color granate. Ojos cerrados, párpados enrojecidos. De lo que se han olvidado es de desconectar el timbre que avisaba sobre el fin del recreo. Sigue sonando para  detener unos juegos que no existen. De vez en cuando se pasea una monja solitaria, cruza el patio vacío, rodea las canastas de baloncesto y vuelve a la casa de la esquina donde  viven las pocas que quedan.

En esa casa, cubierta por un andamio, están haciendo una obra. Esta mañana he salido a comprar y me he encontrado con la cuadrilla de obreros, ninguno llevaba mascarilla y estaban hablando tranquilamente entre ellos, muy cerca unos de otros. Lo mismo he visto hacer a dos del servicio de limpieza del ayuntamiento. Me sorprende y preocupa esa indiferencia de algunos. Tampoco en el supermercado la gente se aleja demasiado, algunos sí pero no todos, he tenido que esquivar a unos  cuantos por los pasillos, me resulta tan estresante esa huida del congénere potencialmente contagioso que me olvido de la mitad de las cosas que iba a comprar. Estoy deseando salir a la calle,  pero  cuando salgo ya no me gusta, no es la calle que imaginaba desde casa, la normal, la de antes.

Pero no era de esto de lo que quería escribir.  Me cuesta hacerlo, si escribo del virus o de la pandemia pienso que nadie va a querer leer sobre lo mismo, es excesivo. Si hablo de otra  cosa creo que hago mal, me siento frívola. Y, sin embargo, voy a hablar de otra cosa: de los pájaros nuevos y también de los  viejos. Llevaba unos días sin prestarles atención porque una vez que descubrí de qué especie eran (halcones cernícalos) se me pasó la emoción de la novedad.

Tampoco se puede decir que sus hábitos  sean muy entretenidos.  La hembra está posada sobre la parte más alta del tejado y allí se pasa las horas, sin hacer a simple vista nada de particular, se atusa un poco las plumas o cambia de posición. Poco más. El macho es más activo y ruidoso, planea  por el  cielo emitiendo su sonido característico y vuela muy lejos, estará cazando o explorando el territorio. A veces vuelve y se abalanza sobre la hembra, ella no opone resistencia pero tampoco parece muy entusiasmada. Estos acercamientos son muy breves y rápidos, el macho vuelve e a irse dando gritos y ella se queda a  verlas venir, tan indiferente como antes.

En una de esas veces en las que ella estaba sola, tal vez meditando o qué sé yo, aparecieron cuatro urracas. También son aves habituales de la zona, asiduas del tejado y las antenas.  Con toda claridad presencié cómo acosaban a la halcona. Primero se acercó una por delante, después otra por detrás. La cernícala, fiel a su pasividad y carácter impertérrito, ni se movió. Una tercera urraca se colocó a su derecha y otra a su izquierda. Ya estaba rodeada. En ese momento, giró el cuello. Parecía la típica inocente que, aún acorralada, todavía cree que está haciendo amigos. O estaría empleando la táctica de la resistencia pasiva, tipo Gandhi.

Pero las urracas no estaban para resistencias pasivas ni para amistades. Nada que ver con esos vecinos tan simpáticos de las películas americanas que cuando llega alguien  nuevo al barrio llaman a su puerta con una tarta entre las manos. A las urracas la señora halcona les estaba tocando los picos, ¿quién era esa pájara y qué hacía en su territorio? No hacía falta preguntar: una intrusa. Se le acercaron al cogote las cuatro a la vez y con violentas formas le hicieron ahuecar el ala. Por si no le había quedado claro que no era bienvenida, la estuvieron  persiguiendo  un buen rato por el  cielo.

Pobre halcona, me dio pena. Durante un par de días no volví a ver a la pareja y pensé que las urracas habían conseguido expulsarlos,  pero ayer ya estaban otra vez en sus posiciones, ella mirando al frente, inmóvil como una estatua y él haciendo de macho alfa por los aires. Y bien alfa que es porque hoy, después de comer, que suele ser mi rato de mirar por la ventana, he presenciado cómo el cernícalo macho, (¿no había un crece pelo o una colonia  que se llamaba abrótano macho?),  casi mata de un certero picotazo a una urraca. Si se ha librado de la muerte es porque ha encontrado refugio en un hueco entre verja y ventana. El halcón, para no perder el impulso asesino y dejar claro quién manda a partir de ahora en estos predios, se ha puesto a atacar palomas.

Por si fuera poco el jaleo aviar, ya han llegado desde África  los vencejos, ¿se los querrá zampar también el halcón?

Los pajaritos cantan, pero no solo.

 

34 comentarios en “Los pajaritos cantan, pero no solo

  1. “Me cuesta hacerlo, si escribo del virus o de la pandemia pienso que nadie va a querer leer sobre lo mismo, es excesivo. Si hablo de otra cosa creo que hago mal, me siento frívola.”
    Es lo que pasa a mi y a muchos también , lo creo. Decidí si no me salen llantos , no voy a llorar. Cumplo las normas del aislamiento, ayudo en lo que pueda a mis vecinos , rezo por todos y escribo lo que me da la gana . Si es la frivolidad , entonces lo será. Has eligido un tema muy bueno y muy neutral , cada uno se apaña a su manera. Un abrazo.

    1. A veces sí salen llantos pero tampoco es cuestión de deprimir a nadie. Y otras nos reímos porque también hace falta pero no me gustaría molestar al que está sufriendo.

      Pero haces muy bien, Tatiana. Y sí, cada uno se apaña como puede.

      Besos

  2. Las rapaces, tienen mal genio. mensaje que habrá quedado grabado a sangre y fuego en el vecindario alado. Creo que escribes maravillosamente bien sobre aquello que te conmueve, y si es un virus o un cernícalo, sabrás comunicarnos la emoción que sientes. Un besazo.
    Recuerdo a la Esme, que como formará parte de la remesa de tercera, aún le queda una temporada para destilar veneno en casa. Esto no se lo digas, que temo la respuesta.
    ¿Y el Jacobín, qué? Seguro que pronto a la primera comunión. Huy no, que eso tampoco toca.

    1. El halcón ha dejado claro quién manda ahora en estos cielos.
      Muchas gracias, Carlos :))
      La Esme, el Jacobín y demás personajes llevan ya mucho tiempo confinados y además en un armario. Lo mismo se saltan las normas y se escapan. De la Esme no me fío un pelo.

      Besos

  3. Vaya vecinos que te encontraste, también quien les manda a meterse con su dama, no se como serán estos halcones, en un lugar en donde vivía cazaban a las gallinas de la casa, eran impresionantes. Me gustó la historia y escribe de lo que te de la gana, qué importa lo que los demás piensen, siempre hay un roto para un descosido. Un abrazo grande.

    1. Estos son de pequeño tamaño pero se saben defender.
      Jajaja, me ha gustado lo del roto para el descosido. Es verdad.
      Ya escribo de lo quiero como estáis comprobando pero me está costando más que antes por la anormalidad del momento.
      Otro abrazo para ti, Themis.

      1. Pues creo que ya es hora de empezar a ver estos acontecimientos como normales, sean los que sean, hay que acostumbrarse a lo inesperado, un abrazo

  4. Pajaritos por aquí, pajaritos por allá…
    He buscado la letra original y resulta que no es así, pero yo recuerdo algo así…
    A ver si estoy perdiendo la poca cabeza que me quedaba.
    Soy como soy y me ha llamado la atención esas canastas de baloncesto que ni la monja utiliza, ay… si pudiera ir yo a tirar un rato…

    En fin…

    Besos.

  5. Fíjate que tenía ganas de leer sobre tus pajaritos (soy de ilusión fácil, je, je) y has superado mis expectativas, qué interesante.
    Algo bueno tenía que traer esto: momento y oportunidad para observar algo así. 🙂
    Un besote

  6. Que bien escribes Paloma
    Hace dos años vi los halcones en Mar del Plata atacando a las palomas
    Aquí , no teníamos, los trajeron para acabar con gorriones y palomas
    Causaron un gran deterioro avicola, pero por suerte no acabaron con ellos
    Dios los perdone, no a los halcones, sino a los que los trajeron

    1. Lo de las palomas lo puedo entender porque son plaga pero los pobres gorriones…aquí están extinguiéndose.
      Un poco cruel el sistema y eso que los hay peores.
      Gracias, Edda.

  7. Ya queda un día menos, aunque no sé si este curso verás a los chicos encestar desde tu ventana.
    Con esta nueva pareja en el barrio, parece que tuvieras una peculiar “telenovela” del mundo “pajaril”.

    Feliz fin de semana

    1. No, este curso me temo que el patio va a seguir vacío.
      Es verdad, es mi telenovela de las cuatro, “Volar en tiempos revueltos”.
      Abrazo, Maite.
      Lo mismo para ti.

  8. Tus relatos sobre pájaros son mucho mejores y más divertidos que los documentales de la 2, esos que todo el mundo ve … Yo también me acuerdo de la colonia Abrótano macho, aunque nunca la llegué a usar, y creo que también había una loción para evitar la caída del cabello. Saludos y paciencia con el confinamiento.

    1. Esos que todo el mundo dice que ve cuando en realidad ven “maestros de la costura”, por ejemplo.
      Entonces no recordaba mal lo del Abrótano macho.
      Me alegra que te haya parecido divertido.
      Paciencia, sí. Mucha.
      Un saludo.

  9. Una historia interesante, entretenida y curiosa. Vaya con las urracas. Siempre se ha dicho que son muy astutas. Ya se ve que las relaciones entre especies no parecen demasiado amistosas. Lo que me da a entender tu historia es que echan a la cernícala pero no le ocupan el nido, simplemente la ahuyentan. Rivalidad territorial.
    Acabo de leer un artículo, muy bueno, en EL PAÍS; este señor sabe muy bien de lo que habla y lo explica perfectamente: la presión del ser humano sobre los ecosistemas y las consecuencias de la globalización. Habla de los humanos, de murciélagos y virus… muy en la línea de cómo veo yo todo este tema. Imprescindible lectura…
    «David Quammen: “Abundamos más que cualquier otro animal. En algún momento habrá una corrección”».
    Besos.

    1. Las urracas son de los animales más inteligentes que existen.
      Acabo de leer el artículo, está todo muy bien explicado y es muy interesante.
      Me gusta también cómo dice que puede terminar la pandemia.

      Besos y otra vez gracias por el enlace que me mandaste sobre pájaros. Pasé un rato de lo más entretenido mirándolos y escuchando sus voces :))

      1. Era fantástico y muy bonito aquel artículo. Lástima no tradujera los nombres de los pájaros.
        El artículo de Quammen es muy bueno. Me apunto su libro, Contagio, que saldrá pronto a la venta. Me voy a comprar dos ahora online, ya que llega Sant Jordi. ¿Quieres saber cuáles? Son cañeros a tope y tratan sobre capitalismo y tecnologías.
        Quammen tiene mucha razón, tiene que haber mecanismos de regulación o compensación, supongo que siempre han existido en la naturaleza. He leído algunos artículos en la misma línea: posibles y futuras pandemias, los mercados de animales vivos, la presión sobre los ecosistemas… muy interesantes, juraría que todos en El País. El salto de un virus de un animal a los humanos tiene un nombre técnico, zoonosis.
        Ah, me he abierto varias cuentas en twitter. Esto me permite leer bastante prensa estos días, pues seguir medios es una forma fácil. Le estoy metiendo mucha caña a Trump. Menudo imbécil, lo suyo es muy fuerte. Ahora quiere echarle la culpa a China, claro. Para desviar de su nefasta gestión. Y es un mentiroso patólogico. Un tío muy peligroso y absolutamente nocivo, tóxico.
        (@WhatgoesA)
        Besos.

  10. Me gusta cuando hablas del mundo real sin hablar del mundo real… dicho así parece contradictorio, pero seguro que me entiendes 😉

    Y sí, estos días mejor olvidar el mundo real…

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