Día: 21 abril, 2020

Novedades del día : un poncho y dos flores

20200420_203645
Vencejo borroso

Estoy empezando a tener manía a la ventana y al mismo tiempo , ¡menos mal que tengo esa ventana! Ya no observo casi a los halcones, me aburren un poco, ella es una sosa, él está cada vez menos y cuando está, ya sabéis lo que hace. Soso no es pero simpático, tampoco.

Por el momento y hasta que me canse,  prefiero a los vencejos. Son muchos, vuelan muy rápido, cambian constantemente de dirección, se cruzan, hacen giros vertiginosos y aunque parece que van a chocar, nunca se chocan. Su vuelo tan veloz y cambiante es un antídoto contra el aburrimiento.

Mirar nubes también me gusta pero solo cuando se desplazan o transforman, cuando se deslizan y cambian de forma, no cuando están fijas y pesadas tapando el cielo.

La gran novedad del día en mi panorama ventanero es que la monja que pasea se ha puesto un poncho de rayas de colores. Por si esto fuera poco, a la acacia, único árbol cercano, le han salido dos flores blancas, las primeras. Cuando hay más huelen muy bien.

A lo lejos, en una especie de mini terreno salvaje en uno de los laterales del colegio, han crecido margaritas amarillas y otras plantas que me parecen espigas. Se ondulan con el viento como si bailaran. La verdad es que no lo veo desde aquí, me lo he imaginado,  no sé si se mecen  pero creo que sí.  O más bien quiero que lo hagan , así que lo van a hacer.

Nos gusta más mirar lo que se mueve que lo que no, lo que cambia, lo que ofrece a nuestros cerebros algún nuevo estímulo. Sin pasarse, porque si el cambio es excesivo nos estresa. Escuché en la radio, en un programa de música, que las melodías que más nos gustan son las que combinan sonidos previsibles con alguna novedad desconcertante. Si solo hay novedades desconcertantes nos hacen sentir incómodos pero si son totalmente previsibles nos aburrimos.

Una grúa gira a lo lejos. Un hombre se pasea arriba y abajo por una azotea, otro, que tiene  menos suerte, hace lo mismo  por lo que le da de sí el balcón, no mucho. Los dos llevan puestos auriculares y con ayuda de la música supongo que  se estarán moviendo más de lo que en realidad pueden. Introduciendo un desconcierto imaginario en su previsible rutina de confinados.

Lo mismo voy a hacer yo pero por el pasillo, ya tengo un poco de manía también al pasillo, me recuerda a una galería de topos o a un túnel de hormigas , ¡pero menos mal que tengo pasillo!