Novedades del día : un poncho y dos flores

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Vencejo borroso

Estoy empezando a tener manía a la ventana y al mismo tiempo , ¡menos mal que tengo esa ventana! Ya no observo casi a los halcones, me aburren un poco, ella es una sosa, él está cada vez menos y cuando está, ya sabéis lo que hace. Soso no es pero simpático, tampoco.

Por el momento y hasta que me canse,  prefiero a los vencejos. Son muchos, vuelan muy rápido, cambian constantemente de dirección, se cruzan, hacen giros vertiginosos y aunque parece que van a chocar, nunca se chocan. Su vuelo tan veloz y cambiante es un antídoto contra el aburrimiento.

Mirar nubes también me gusta pero solo cuando se desplazan o transforman, cuando se deslizan y cambian de forma, no cuando están fijas y pesadas tapando el cielo.

La gran novedad del día en mi panorama ventanero es que la monja que pasea se ha puesto un poncho de rayas de colores. Por si esto fuera poco, a la acacia, único árbol cercano, le han salido dos flores blancas, las primeras. Cuando hay más huelen muy bien.

A lo lejos, en una especie de mini terreno salvaje en uno de los laterales del colegio, han crecido margaritas amarillas y otras plantas que me parecen espigas. Se ondulan con el viento como si bailaran. La verdad es que no lo veo desde aquí, me lo he imaginado,  no sé si se mecen  pero creo que sí.  O más bien quiero que lo hagan , así que lo van a hacer.

Nos gusta más mirar lo que se mueve que lo que no, lo que cambia, lo que ofrece a nuestros cerebros algún nuevo estímulo. Sin pasarse, porque si el cambio es excesivo nos estresa. Escuché en la radio, en un programa de música, que las melodías que más nos gustan son las que combinan sonidos previsibles con alguna novedad desconcertante. Si solo hay novedades desconcertantes nos hacen sentir incómodos pero si son totalmente previsibles nos aburrimos.

Una grúa gira a lo lejos. Un hombre se pasea arriba y abajo por una azotea, otro, que tiene  menos suerte, hace lo mismo  por lo que le da de sí el balcón, no mucho. Los dos llevan puestos auriculares y con ayuda de la música supongo que  se estarán moviendo más de lo que en realidad pueden. Introduciendo un desconcierto imaginario en su previsible rutina de confinados.

Lo mismo voy a hacer yo pero por el pasillo, ya tengo un poco de manía también al pasillo, me recuerda a una galería de topos o a un túnel de hormigas , ¡pero menos mal que tengo pasillo!

 

 

43 comentarios en “Novedades del día : un poncho y dos flores

  1. Así aprendemos valorar las cosas pequeñas( pasillo, ventana, balcón , azotea) y ordinarias en las que no nos fijamos nunca. Todo, todo en esta vida será por algo y la gripe con su cuarentena también. Ya queda menos. Un abrazo ,

    1. La verdad es que yo ya lo valoraba antes y me fijaba en ellas.
      No sé si todo es por algo, Tatiana. Tal vez es algo que queremos pensar para hacer más llevaderas las situaciones difíciles.
      Lo que sí sé es que lo que no se puede cambiar porque no está en nuestra mano hay que aceptarlo. Qué remedio!!
      Abrazo

  2. Qué complicado es esto de conformarnos. De todos modos como es lo que toca, mejor estar contentas con nuestros pasillos, terrazas, ventanas…
    Ahora que hay vencejos, me pregunto qué pasará con los pobrecitos que se caen, sin gente por la calle para cogerlos. A lo mejor son la una especie que no gana con nuestro confinamiento. Na, seguro que también ganan, sin nosotros no se pondrán nerviosos y no se caerán, seguro.
    Un besote, y ánimo con esos kilómetros pasillales. 🙂

    1. Es complicado pero cuando no hay otra opción…
      Nunca he visto ningún vencejo caído, pero sí lo había oído. Y luego no saben alzar el vuelo los pobres , de tan aéreos como son.
      Hoy no he andado mucho, confieso que estaba aburrida.

      Besos, Luna

  3. Este confinamiento monstruoso tendrá secuelas psicológicas, bueno, yo creo que ya las tiene.
    Y no hay ventana, ni pasillo, ni terraza que pueda evitarlas.
    Es peor que una cárcel, en la cárcel los presos tienen patio y pueden hacer deporte.
    Aquí tenemos el confinamiento más brutal de Europa y casi que del mundo.
    Prefiero trabajar que teletrabajar.
    En las calles los árboles agradecen que alguien les mire, y las plantas, y las casas, y la poca gente que hay….
    Mucho mejor.

    Besos.

    1. Ayer pensé precisamente en el patio de los presos.
      Lo de salir a caminar o a hacer deporte, de manera individual, con horarios limitados y control no veo qué riesgo puede tener y sí muchos beneficios.
      Estoy viendo que nos dejarán salir cuando lleguen los cuarenta grados, al que se atreva.

      Saluda de mi parte a los árboles que te encuentres.

      Besos

  4. Me ha gustado mucho el párrafo donde hablas sobre que nos gusta más mirar lo que se mueve y la justa medida de una melodía. Refleja mi necesidad de ver o vivir la vida. Gracias por compartirlo y saludos 🙂

  5. Después del esfuerzo que han hecho para convencernos de que nos teníamos que quedar en casa, cuando nos dejen salir tendrán que hacer otro tanto, pero para lo contrario. Ya he escuchado a gente decir que tiene miedo a salir a la calle. Los que deben estar festejándolo son los pájaros y los árboles, sin toda la contaminación que generamos. Menos mal que tenemos pasillos y ventanas … Saludos.

    1. Habrá de todo, desde los que se tiren en plancha a la calle hasta los que tengan miedo y prefieran seguir resguardados. El recelo va a durar un buen tiempo, eso creo.
      La naturaleza descansa y algunas obras de arte también.
      Pues sí, menos mal.
      Un saludo, Raúl.

    2. Agarofobia, ¿no? Prácticamente es eso, o casi. ¿Habéis oído hablar de los hikikomori japoneses? Son adolescentes con pánico a salir de casa o de su habitación. Es un trastorno grave y parece que no hay pocos… claro que en la sociedad japonesa hay mucha presión y exigencia… en parte lo explica. Ahora quizá estén naciendo hikikomoris españoles.

      1. No me extrañaría nada que también pasara aquí, y no sólo con los jóvenes, también con las personas mayores, el colectivo más vulnerable en esta enfermedad

      2. Y personas que van a desarrollar un trastorno obsesivo compulsivo de tanto lavarse las manos. Si ya antes eras un poco hipocondríaco o aprensivo.

  6. Cuando el aburrimiento nos invade y entra el fastidio y nada nos llena y se nos hace soso lo que tenemos y esperamos que algo suceda que nos mueva, que acapare la atención, que nos de la posibilidad de alejarnos un poco de nosotros mismos, he ahí el gran problema el esperar algo, el desear alguna cosa que no podemos tener, hace que nuestro equilibrio interno se desmorone y el encierro se profundice. Nada mejor que contemplar, no mirar, nada mejor que caminar en el pequeño espacio respirando, metido dentro de ello y meditando. Cambia el sentido y no nos centramos en el confinamiento, sino en sus posibilidades, todo un mundo interno. Un abrazo bien grande

    1. Oh, qué maravilla. Lo has entendido, lo has descubierto, lo ves claro. Totalmente de acuerdo. Ni pensar ni buscar ni esperar. Simplemente contemplar, abrirse. Es eso. La única salida es hacia ese espacio interior, la paz. Acabo de poner un comentario en ese sentido.

    2. Aprovechar para ir hacia dentro, ya que no se puede hacia afuera. Lo has explicado muy bien, lo que ocurre es que no todo el mundo tiene práctica ni sabe cómo hacerlo.

      Otro abrazo, Themis

  7. Esas historias de confinamiento, pasillos y aburrimientos. Pues igual podemos pegarnos confinados todo el mes de junio, como mínimo. Si la desescalada es tan lenta y gradual… pues tiene toda la pinta.
    Hace días que me encontré con esta historia. Es graciosa y divertida y demuestra que hay gente pa tó. Un chico, en Nueva York, se liga a una chica en pleno confinamiento. Todo parte desde las terrazas de sus casas y el chico cuelga toda la historia en las redes sociales, Muy ingenioso el chaval.
    https://www.lavanguardia.com/cribeo/estilo-de-vida/20200331/48216248977/hombre-conquista-vecina-durante-cuarentena-ayuda-dron-burbuja-plastico-coronavirus-nueva-york.html

    De todas maneras, insisto en y creo que si uno puede la solución ideal es meditar. Es la situación casi perfecta. Puedes viajar hacia dentro de ti mismo, no hacia fuera. Eso implica algo más que el pensamiento convencional, claro. Implica profundizar en la paz, la quietud, la observación, etc. No son quimeras, son parte de nuestra naturaleza, si aquietamos la mente. Es lo que en realidad busca mucha gente, así que no le veo el problema.
    También encontré un artículo muy hermoso de un chico llamado Pedro Bravo. Habla de todo esto y también lo relaciona con esa aparente conectividad constante que ahora podemos ejercitar. Y dice, muy acertadamente…
    «La atención constante perdida en lo irrelevante. La conexión permanente que nos desconecta de nosotros mismos».
    Y ahora… me esfumo. No estoy.
    Una última cosa… el pensamiento nunca nos va a traer o proporcionar la paz. Lo veo tan claro…

    1. Lo entiendo, lo entiendo.
      Pero un poco de aire en la cara, de ver otras caras, de árboles, de vida…
      No todos somos monjes budistas. Pero, bueno, que también se puede aprovechar el encierro para estos temas.

      1. Ya, si yo tampoco… Lo entiendo, el encierro no es fácil. Por eso hay que tomárselo con filosofía. Sí, si la vida es genial, muy bonita, entretenida, divertida, sorprendente… lo que pasa, a mi entender, es que la vida no está “fuera” de uno. La vida también está “dentro”, en nuestra percepción, conciencia o mente. Todo está “dentro”. La integración es entender que no hay barreras ni diferencia en ese sentido. No varía sustancialmente nuestra naturaleza, aunque estallara la tercera guerra mundial, si uno entiende esa unidad y de ello surge la paz. Solo es mi granito de arena. Lo que pasa, por decirlo así, es que me sabe mal que haya tanta gente enfrentándose ahora a ansiedad, preocupaciones, miedos, trastornos, paranoias, irritabilidad, depresión… y un sinfín de cuestiones. Pero cada uno ha de seguir su propia evolución.
        Por cierto que esa monja con el poncho me hizo recordar lo de “el poncho de rayas y hacer las paces con el mundo”. ¿Recuerdas? Siempre va de eso.

  8. Amo los balcones, los patios, las terrazas…Ahora que solo somos dos, vivimos en un departamento contrafrente, con un balcón repleto de plantas Tiene, un hermanito mas pequeño al que llaman balcon frances ,diminuto, Este es largo aunque no muy ancho, me encanta tomar sol, leer, aplaudir en el. Los vecinos mas proximos estan a 50 metros, vemos hasta 100, hasta 500 metros, hasta donde nos de la miopía ….Amo mi balcon ..Mi barrio se llama San Cristobal, estoy charleta hoy
    Te abrazo Paloma

  9. Menos mal que tenemos la imaginación para hallar recursos y combatir el aburrimiento y variar de actividad. La ventana, el pasillo, la música son el actual patrimonio inmaterial de la españolidad.
    Como detenidos en espera de la extradición, casi todos damos vueltas en torno a nuestra propia prisión.
    Un abrazo.

    1. Y los libros, que no los has mencionado con lo lector que tú eres. Lo malo es que no puedes ir a la biblioteca pero seguro que tienes lectura por casa.
      Y después de leer, a dar vueltas!!
      Besos, Carlos

  10. SE va a desgastar la alfombra del pasillo de tantos pasos que doy para no estar todo el rato sentada.
    El poncho colorido y las dos flores blancas de la acacia dan un poco de color a este “encierro”.
    El domingo podré acompañar a mi hijo de trece años a dar un paseo, pero él no quiere salir a la calle… me conformaría con dar un paseo de un kilometro.
    Besosssss

    1. Sutilmente debería tener en cuenta que pasar mucho tiempo sentado conduce al antiestético crecimiento de las nalgas por excesivo desarrollo del músculo sartorio.
      Lo cual curiosamente tiene el efecto contrario en el cuerpo de una dama.
      El mejor antídoto será dar largos paseos.

    2. ¿Y por qué no quiere salir? Espero que no sea por miedo. A esa edad lo que más les apetece es estar con sus amigos, jugar al fútbol…

      Sí, una mínima nota de color 🙂

      Buen día de pasillo arriba y abajo, Maite.

      Un beso

    1. Jajaja, gracias.
      Pero sorpresas buenas que para sorpresas malas prefieronla repetición.
      Y es verdad, deseamos cambio pero al mismo tiempo nos asusta.
      Un saludo y gracias por comentar 🙂

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