No somos hierbas

Estos días de fiesta ni siquiera estaba  el obrero de los guantes y sus tejemanejes con la furgoneta. Ni siquiera los cepos lámpara ni las cintas ni la bolsa naranja rodando de acá para allá.  Solo la monja de gris paseando. Se había cambiado un poco los modelos, el sábado llevaba una chaqueta de color vino y el domingo una blusa azul y la chaqueta gris anudada a la cintura porque hacía bastante calor.  Sus pasos ya no tenían tanto ímpetu, había abandonado la pista de atletismo y se desplazaba por el centro del patio, con menos concentración y sin tantos alardes de capacidades físicas. Más desganada,  cumpliendo una obligación, sin alegría, sin el estímulo de otra presencia, de otra mirada. Y además esa desgana se fue intensificando de un día para  otro. El sábado se quedó parada en mitad del patio observando la puerta  y el domingo, ya definitivamente harta, se sentó un rato a mitad de trayecto. Me entró mucha melancolía cuando se sentó y apoyó la barbilla en la mano, pero tampoco sé explicar por qué, creo que el encierro acentúa las emociones y al mismo tiempo las atonta. Te vuelve más sensible en algunos aspectos y más zoquete en otros.

Se sentó, sí, qué decepción, es el resultado de no tener público. En realidad ese público estaba solo en su imaginación  porque, aunque reales y carnales , -ahí estaban los obreros coincidiendo con ella en espacio físico y temporal-,  no le prestaban  ninguna atención y por lo tanto, no existían como tal público.  Y sin embargo, cabía la posibilidad de que llegaran a ser ese público soñado por ella en algún momento y eso le servía de estímulo.

Es como escribir en internet, puede que nadie te haga caso pero existe la posibilidad de que sí te lo hagan y por eso procuras hacerlo bien, te esmeras, como nos decían en el colegio.  Pero si estás escribiendo en un archivo del ordenador o en un cuaderno, es posible que te quedes mirando la puerta o que te levantes un rato, que en este caso sería el equivalente al sentarse de la monja.  Y que si no te sale fácil, abandones o no lo pulas tanto y lo dejes con algún que otro fallo que ya corregirás cuando sea o nunca.  Total, no lo va a leer nadie. A no ser que uno piense en un público futuro con el que establecer comunicación y escriba pensando en esos ojos que algún día recorrerán las letras.  Pero también puede ser que no se  piense en nadie ni en nada,  que el hecho de escribir  obedezca a una necesidad íntima, tal como hacen las hierbas. Cumplen con su tarea sin esperar nada a cambio.

Ellas  sí han seguido bailando al margen de su público.  Crecieron en silencio, proliferaron. Uno de estos días de atrás,  el viento muy fuerte las movía hasta hacerlas ondular como si fueran un mar vegetal. Era una belleza contemplar esas ondulaciones.  No lo hacen de forma voluntaria, ni siquiera son conscientes de que lo hacen, está en su ser ofrecer ese espectáculo, como lo estará en breves días volverse amarillas, secarse, irse apagando, bailar haciendo un ruido áspero y regresar a la tierra de la que nacieron sin más tonterías. Las hierbas son unas inconscientes y no se esmeran, no lo necesitan.  Pero no somos hierbas.

Miraré menos el patio ya que se puede salir a determinadas horas pero todavía lo seguiré mirando durante un tiempo porque la calle con tanta gente a la vez no me gusta.  Me sucede  como a un hámster que tuvimos en casa, de nombre Canelón. Como nos daba pena que estuviera enjaulado, empezamos a dejar que saliera un rato cada tarde  por el pasillo. Los primeros días y después de mucho pensárselo,  solo daba vueltas alrededor de su jaula, no se fiaba del mundo exterior ni de esa libertad repentina, después se fue aventurando un poco más pero enseguida regresaba con mucha prisa a tocar barrote.  Hasta que se acostumbró  y en cuanto abríamos la puerta salía disparado y procuraba escaparse. El territorio más exótico y lejano que llegó a explorar fue la parte de abajo del friegaplatos. No sé si le gustó.

33 comentarios en “No somos hierbas

  1. en el huerto las hierbas son mi archienemigo y no, no se mueren sin más, hay algunas que tienen una raíz tan larga y profunda que puedo sentir cuando las tengo entre mis manos cómo (es posible) que lleguen al centro de la tierra como si fueran el palo de un chupachups…y esperan, ya te digo, ¡esperan adueñarse del planeta!
    #maythe4thbewithyou
    feliz día de Star Wars

    1. Comprendo que no es lo mismo mirarlas desde la ventana en plan poético que enfrentarse a ellas.
      Visto desde tu perspectiva son unas arpías 😉

      Un beso, Note
      ¡Y qué ilusión un comentario tuyo después de tanto tiempo!

  2. Escribir es visibilizar ideas o pensamientos. Y a veces también gusta compartirlos. Estar toda la vida con nosotros mismos puede resultar agotador. Hay que explorar, como Canelón, aunque sean las proximidades.

    1. A mí me gusta bastante, será que me tengo muy vista y necesito interacción.
      También tiene sus inconvenientes, así que lo ideal puede ser combinar el hacia dentro con el hacia fuera.

  3. « Te vuelve más sensible en algunos aspectos y más zoquete en otros». Qué bueno y qué real. Y a ti te da la posibilidad de fijarte en aún más cosas y escribirlas y que nosotras las disfrutemos. 🙂
    Un besote

  4. Pues, a mi , tambien me pego: te vuelve mas sensible y mas zoquete… Tuvimos un hámster, Chompiras , le puso mi marido, lo adoramos, solo viven dos años…Nacido para ser llorado…

      1. Pues iba a decirte que yo también tengo un poco el síndrome Canelón…tal como está la cosa y el poco respeto que muestran algunas personas al no respetar las distancias,etc…opto por salir solo cada dos días y por los caminos más solitarios,los más feos…donde no me cruzo con nadie.
        Me sacáis una sonrisa,Paloma y Whats,y eso es mucho.
        Gracias!
        Y besos…a dos metros!
        ; )

      2. Haces bien, más vale sitio feo que bonito y abarrotado.
        Gracias a ti, Carmen y que disfrutes hoy de la súper luna de flores 😉

        Besos

  5. En el encierro uno tiene tiempo para reflexionar e irse conociendo desde otro aspecto, hay cosas que se acallan y así otras son capaces de asomarse y mostrar que existen, la empatia es una de ellas, es como si uno se reflejara en ello, encuentra partes de si mismo en el otro. No siempre somos concientes de ello, pues vivimos con tanto apuro, con tanta prisa, que esas cosas mejor no hacerles caso. Mirar por la ventana es una forma de recapitular….. un abrazo grande y si me dejo tu escrito ese dejo de melancolía, más allá que se encuentra en el aire, de tristeza, pasan como olas…..

  6. “…cabía la posibilidad de que llegaran a ser ese público soñado por ella en algún momento y eso le servía de estímulo. ”
    El público es el estímulo muy importante para muchas cosas tanto en plan positivo como negativo pero nos mueve mucho. Un texto de mucha calidad literaria y sentimental, un placer leerlo. Un abrazo.

  7. Qué párrafos más bonitos y acertados, Paloma. Lo dicen todo. Somos hierbas, seguro; igual un día nos damos cuenta de ello. El recorrido de estas palabras es completo. Variaciones sobre el mismo tema, sí, pero cada vez más cerca de la realidad. Qué bonitos párrafos, especialmente los dos del medio. Besos.

    1. Muchas gracias, Rocío.
      No sé si somos hierbas, pero en algunos aspectos deberíamos imitar su manera de estar en el mundo.
      Me alegra mucho que te hayan gustado estos párrafos.

      Besos

  8. La verdad es que estamos todos como el hámster Canelón, salimos, esquivamos a la gente y vamos con más miedo que vergüenza, deseando volver a la jaula. El amigo Caito dijo que estas salidas son como salir al patio de la cárcel; viendo las pelis y series de cárceles nunca entiendo por qué los presos quieren salir al patio, con lo peligroso que es. Saludos.

    1. Se ve gente Canelón y otros con los que parece que no va la cosa, ni mascarilla ni distancia ni nada. Esos son los que convierten la salida a la calle o patio de la cárcel en algo estresante. Y peligroso también.

      Un saludo, Raúl.

  9. Me parece un poco amarga la comparación porque llega cargada de sinceridad y además es verdad. ¿Este exceso de libertad sólo puede llevarnos debajo del lavaplatos? Es un espacio en el que se pierden algunas pequeñas cosas que nadie echa de menos Un besazo.

    1. No tenemos mucha libertad externa en estos momentos y si quisiéramos escapar nos resultaría tan difícil como al hámster.
      Por suerte podemos ser libres interiormente.

      Abrazo, Carlos

  10. Lo que daría yo por tener un pequeño patio…
    ¡Qué bonito has escrito hoy, Paloma, esas sensaciones que estamos sintiendo con este confinamiento!
    Con las ganas que tenía yo de que el viento “me ondulara” un poco mis canas, y lo poco que me apetece que lo haga cuando salgo de casa, que es poco rato… pero veo tanto irresposable.
    ¡Qué más tiene que pasar!!
    Besos

    1. Y yo!! Un pequeño patio, un pequeño jardín, una terraza, algo que nos alivie el encierro.
      Me pasa igual, estaba deseando salir pero me estresa mucho la calle. Sí, se ve cada uno…

      Besos y mucho ánimo

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