Day: 6 julio, 2020

Y cuando la vuelvas a mirar acuérdate de Luciano

Me refiero a remirar la luna (por si no leistéis la entrada anterior). Resulta que también está el nombre de Luciano en uno de los cráteres, no Pavarotti, no, Luciano de Samósata,  un escritor del que ya apenas se acuerda nadie y mira que fue original y divertido.

Pero antes de hablar de él  tengo que publicar en este blog de mi propiedad intelectual (hasta que  me la usurpen)  un desmentido. O un desdecido.  Este es:  ya no quiero que ningún cráter de la luna lleve mi nombre. Pero qué vulgaridad es esa, si hasta el último gato tiene cráter asignado. Os digo unos cuantos para que veáis,  por la A: Abbot, Abel (¿el de Caín?), Adams (¿de la familia?), Amundsen (el explorador), los filósofos Anaximandro, Anaxágoras y Anaxímenes,  los tres juntitos como las tres mellizas por aquello de que  no se tengan envidia, Aristóteles, Armstrong (todo hace suponer que el astronauta y no el músico) y Atwood (¿Margaret?, no lo sé). Hay muchos más y solo es la primera letra del abecedario, imaginad lo apretados que están. Quita, quita, cuánto personal.

Y lo que es peor, algunos fueron unos piezas  nada recomendables. Ahí estaban también,  cobijados en los huecos lunares, dos científicos amiguitos de Hitler e impulsores del antisemitismo en la ciencia. Pero, ¿esto qué va a ser?, ¿qué clase de gentuza estáis poniendo en la luna, personas que ponéis  nombres a los cráteres? Cierto es que los han eliminado pero, ¿y si hubiera más nombres feos infiltrados? No quiero ya el cráter Esme, no me postuléis.

De pequeña me gustaba ir a postular, nos daban en el colegio una hucha del Dómund y nos mandaban por parejas a pasar la mañana por la calle.  Había que agitar con mucha furia la hucha de tapa azul en las  narices de los viandantes, para intimidar. Si nos daban algo, les poníamos una pegatina. Algunos ya salían con la pegatina puesta de casa para no soltar la guita, que lo sé yo, la tendrían guardada del año anterior.

Volviendo precisamente a lo anterior, qué bonita profesión por si todavía alguno no sabe qué quiere ser de mayor o le da por hacer eso que algún ocurrente llamó “reinventarse”, qué bello oficio el de ponedor de nombres a cráteres lunares. Si os interesa, tenéis que mandar vuestro currículo a la IAU ( Unión Astronómica Internacional), a la atención de Charles Wood, responsable de los  nombres en la luna. El puesto es de ayudante pero por algo hay que ir empezando, tampoco querrás llegar y quitarle el sitio a Charles.

Ya  no  me da tiempo a hablar de Luciano de Samósata, según mi intención inicial. Es algo frecuente que se desvíen las intenciones iniciales y acabe uno en otro lugar al previsto. Otro día os contaré sobre una novela suya que trata precisamente de un  viaje a la luna ¡Y dale con la luna! Pero es normal, es nuestro único satélite. Si tuviéramos más no la marearíamos tanto, pero solo está ella para todos nuestros ojos.  Pobre.