“Odio la mentira, odio la impertinencia, odio el engreimiento…”

Y odio a mi tío, podría haber añadido Luciano de Samósata sin faltar a la verdad, cuestión esta que le preocupaba bastante, como luego se verá.

Sus padres le mandaron de bien joven al taller de escultura del citado pariente para que aprendiera el oficio pero aquello…tanta piedra, tanta piedra y tanto tío, tanto tío, no le gustó a su espíritu libre y más bien aéreo.

Imaginad la escena:  pásame el cincel, Luciano, ese no,  hombre, ese no, el dentado, que no te enteras, torpe, y no será porque no te lo haya explicado veces. A  ver, repite conmigo, ¿para qué se utiliza el trépano? Para hacerte un tercer ojo, tal vez pensaría Luciano mirando la obtusa cara de su robusto y sudoroso tito.  Poco duró allí, la escultura no era lo suyo y que le dieran órdenes, tampoco.  Probó de abogado una temporada en Antioquía pero aunque labia no le faltaba, todo lo contrario, tampoco en ese oficio encontró acomodo. Esto sucedía en el siglo II entre Siria, Turquía y Grecia. Ya sé que la ubicación no es muy precisa pero mucho han cambiado las fronteras desde entonces.

Lo que le atraía de verdad al muchacho eran las letras, así que se matriculó en las escuelas de retórica de Jonia donde estudió la literatura griega.  Escribir le gustaba y mucho, pero también andar de acá para allá, así que se hizo conferenciante, una especie de monologuista  de la comedia, culto y de la antigüedad. De este modo se ganaba la vida  y además bastante bien, combinando sus dos pasiones.

Después de una temporada circulando él y haciendo circular sus burlones pensamientos, se instaló en Atenas donde se dedicó a escribir durante unos diez años casi toda su obra,  ya más quieto de cuerpo, que no de mente. Luciano fue un hombre muy crítico con la sociedad de su tiempo y escéptico como era, de todo o casi todo hacía sátira. Lo mismo  criticaba la religión y sus dogmas, que la filosofía y sus escuelas,  que la  corrupción de los ricos y poderosos. Una técnica que le venía muy bien para sus  críticas humorísticas eran los diálogos. En su ” Diálogo de los muertos” aparecen en el infierno  los que en vida fueron ricos corruptos que, ya en el otro barrio,  tienen que sufrir las burlas de todos los pobres y marginados que no han perdido apenas nada con la muerte.

También reparte caña a los dioses, a los falsos filósofos,  a los impostores y a los historiadores a los que tenía una especial manía por su falta de veracidad.  Debido a que no se callaba y decía lo que pensaba tuvo unos cuantos enemigos, situación que a él no le incomodaba demasiado. En su libro “El sueño o vida de Luciano”, una especie de autobiografía de ficción, dijo de sí mismo, ” odio a los impostores, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza de los malvados, que son innumerables. Pero conozco también a la perfección el arte contrario a éste, el que tiene por móvil el amor. Amo la belleza, la verdad, la sencillez y cuanto merece ser amado. Sin embargo, hacia muy pocos debo poner en práctica tal arte, mientras que debo ejercer con muchos el opuesto. Corro así el riesgo de ir olvidando uno por falta de ejercicio y de ir conociendo demasiado bien el otro” Queda claro, Luciano.

Uno de sus libros más conocidos es “Historia verdadera” o “Relatos Verídicos” que no tiene nada de verdadero, tal como él mismo aclara en la introducción. En aquel tiempo estaban muy de moda los libros de aventuras o historias de viajes, supuestamente veraces, en los que el autor hablaba sobre países a los que nunca había ido. Todos estos libros comenzaban con una aclaración inicial en la que se aseguraba que todo lo allí contado era verdad de la buena.

Copiando ese mismo formato y haciendo burla del mismo, tal como después haría Cervantes con las  novelas de caballería, dice Luciano, “al menos diré una verdad al confesar que miento. Escribo sobre cosas que jamás vi,  traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir. Por ello mis lectores no deben prestarles fe alguna”. Y a continuación narra un fantástico y disparatado viaje a la luna.

A no ser que antes hubiera habido otro escritor fantástico y lunático del que nada se sepa, Luciano de Samósata fue el primer literato conocido en escribir sobre un viaje al espacio y por eso se lo considera un precursor de la ciencia ficción.

Y aquí dejo a Luciano por hoy, a orillas del río Eúfrates donde nació, remojándose los pies, que hace calor.

 

 

 

 

34 comentarios en ““Odio la mentira, odio la impertinencia, odio el engreimiento…”

  1. Me encanta su reflexión sobre el sobresfuerzo de conocer lo que odiamos o no nos gusta. Correr el riesgo de conocer mejor esta capacidad que la otra. Cuánto se habría escrito o no, si hubiera sido de otra manera, ¿verdad? Interesante… Entonces ¿todavía estoy a tiempo de escribir algo con interés? ¿Me quedarán diez años como a Luciano? Me gusta cuando me entero de la gente que solo ha escrito durante un período de tiempo determinado y después de dar unas cuantas vueltas en la vida 🙂

      1. Más bien parezco el perro que, aburrido, se persigue el rabo, jajaja… Perdona, Evavill, que esto no va de mí, pero lo haces bien y entonces llegan las identificaciones. Es lo bueno del buen escribir. Me encanta la forma que tienes de recontar las historias. Luciano, esté donde esté, a orillas del Éufrates o en la luna, debería considerarse afortunado. Besos :))

      2. Espero que no se aparezca por aquí para corregirme, jeje.
        Gracias, Zoe. Me gusta el comentario y que se produzcan identificaciones.
        Besos:))

  2. “Odio a los impostores, pícaros, embusteros y soberbios y a toda la raza de los malvados, que son INNUMERABLES, como sabes…” Que poco ha cambiado el mundo ¿no? Cambian las formas pero el contenido no cambia ni una pizca, seguimos hasta ahora con la misma cantidad de los innumerables.Más y más creo que fue el plan de Díos ( la eterna existencia de lo malo) . Si no fuera así la Humanidad podría, aunque un poco ,reducir esa plaga de corrupción, pero no, no sale a pesar de muchos Lucianos a lo largo de los siglos.
    A Charles Bukowski ( no lo sé porqué ) me recordó tu texto . Un abrazo, Paloma.

    1. La verdad es que es descorazonador ver lo poco que hemos evolucionado. En lo tecnológico y científico sí pero en lo demás seguimos igual.

      ¿A Bukowski? Un honor sería pero creo que no.
      Besos, Tatiana

  3. Siempre he pensado en ese tipo de personas como personas que nacieron en el momento equivocado y eso les condeno a ser infelices en las horas que tuvieron y, a cambio, nos dejaron un puñado de obras sobre las que se fue levantando todo lo que vino luego.

    Supongo que la historia siempre la escriben los inconformistas, ¿verdad?

    1. Tal vez es como dices. Aunque en este caso no lo pasó tan mal ya que pudo ganarse la vida haciendo lo que le gustaba.
      Los inconformistas son los que nos hacen avanzar. Verdad.

      1. Tienes razón Paloma. y además varias veces, pero siempre es bueno comparar para ver cómo han evolucionado las cosas. A lo mejor en su época incluso de daban las patatas.

      1. Hola Eva, fueron unos días muy particulares, extraños, la luna jugó un papel fundamental, hay parte de lo que dices, más allá ahí estaba, daba escalofríos lo que se veía y percibía.
        Una toma de conciencia muy drástica.
        Otro abrazo para tí

  4. Gracias por acercarnos a este sabio, que cambió las piedras y los cinceles por el humor y la escritura. Y, sobre todo, por hacerlo de una manera tan amena y divertida. Saludos.

  5. Muy interesante todo lo que dices de Luciano, Paloma.
    La verdad es que has despertado mi interés sobre este filósofo.
    Así que te doy las gracias.
    Besossss

  6. Muy bien por Luciano, nada mejor que seguir su vocación.
    Y muy bien por ti, por tu amenidad y ‘gracia’. 🙂

    Te leeré en la montaña tranquilamente. Aunque siempre te leo, mi móvil tiene problemas para dejar comentarios.Tengo que mirarlo 🙂
    Un beso, ¡y muchísimos, querida Paloma!

  7. Este blog es el secreto mejor guardado de la Red. La creatividad y el estilo de la autora me recuerda muchísimo al maravilloso Gianni Rodari. Cada publicación me produce espasmos de placer estético.

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