Día: 28 julio, 2020

La vida que persigues no alcanzarás

Así de claro se lo dijeron a Gilgamesh, héroe protagonista de la epopeya más antigua que se conoce, pero podría servir casi para cualquiera, para cualquiera que no se quiera morir, como le ocurría él. El hombre no hacía más que penar de un lado para otro en busca de la inmortalidad,  nada menos. Pero mejor empiezo la historia por el principio.  Gilgamesh era el rey de Uruk y se portaba fatal, en especial con las féminas. Mujer que le gustaba, -y le gustaban unas cuantas-, mujer que se beneficiaba sin pedirle permiso ni entender el “no es no”.  Su pueblo estaba harto de tanto abuso, por lo que elevaron una protesta a los dioses para que hicieran algo.

Lo hicieron, a su original manera. Crearon con barro a un hombre llamado Ekidu para que fuera su contrincante.  Ekidu salió peludo y salvaje,  vivía con los animales y comía hierbas. Gilgamesh lo soluciona a su estilo, le envía una prostituta durante siete noches. Una vez conocidos los placeres sexuales, Enkidu se  vuelve humano. Ya civilizado o algo así,  luchan,  pero al poco rato se hacen íntimos, sellan su amistad con un beso y se marchan en busca de aventuras. Quieren ser famosos y alcanzar la gloria y para ello qué  mejor sistema que cargarse a unos cuantos.

Parten hasta un bello paraje llamado Bosque de los Cedros y se detienen un  momento a mirar su belleza. “estaban allí admirando el bosque, contemplaban la montaña de los cedros. En la ladera, el cedro levanta su ramaje, su sombra es benéfica, llena de delicias”, se narra en la tablilla V, porque esta historia se escribió sobre tablas de arcilla, doce, en concreto,  en escritura cuneiforme.

Si escribís en tablillas o en cualquier otro material puede que descubran vuestro relato dentro de dos o mil o tres mil años, como ocurrió con este,  no desesperéis que los lectores terminan por llegar.  Pero volviendo a la historia,  ahí acaba el momento lírico y de comunión con la naturaleza porque la pareja de amigos íntimos iba a lo que iba, a por el guardián del bosque, llamado Humbaba. Le cortan la cabeza y tan contentos que se quedan. Hala.

Esta hazaña, llamémoslo así, entusiasma a la diosa Isthar, vaya usted a saber por qué y le hace a Gilgamesh la siguiente propuesta: “eh, Gilgamesh, sé mi amante”, está escrito cuneiformememte así, con ese desparpajo, no invento. Y luego le hace promesas de riquezas y demás. Pero él no se fía, y le responde con los siguientes piropos, “no eres más que una ruina que no da abrigo, una puerta que no resiste la tormenta,  un palacio que los héroes han saqueado, pringue que ensucia a quién la toca, una sandalia que hace tropezar a quien la calza….”  pues no era borde ni nada el amigo. También le acusa de haber tenido muchos amantes, precisamente él, si te digo yo que si hay algo ancestral es el machismo. En fin, sigamos.

Como os podéis imaginar, la diosa se enfadó un poquito y se subió a los cielos a chivarse a sus padres. Les pide que creen un Toro Celeste para que se enfrente a Gilgamesh y éste sepa lo que es el miedo. No voy a entrar en detalles sobre lo que le hacen Gilga y su amigo al toro porque roza lo gore y la casquería. Después, y como esto es una epopeya, les suceden más peripecias o las provocan ellos, en tantos líos se meten el Gilga y el Enki que los dioses, otra vezlos dioses, planean dejar a Gilgamesh tan solo como estaba antes de conocer a Enkidu. O más solo todavía porque no es lo mismo haber estado solo siempre, con lo cual uno no puede comparar, que tener un amigo y perderlo, eso duele y mucho. Enkidu muere. Momento trágico donde los haya:

“Gilgamesh le pone la mano sobre el pecho: el corazón ya no late: abraza a su amigo como a una novia, ruge de dolor como un León, como una leona a la que se ha quitado su cachorro, vierte lágrimas, rasga sus vestidos y se despoja de sus adornos”

Está muy triste y también tiene miedo pues la muerte de su amigo le hace pensar en la suya propia.  A partir de ese momento lo de la fama y la gloria ya no le interesa, lo que quiere es conseguir la inmortalidad, ha oído hablar de un hombre inmortal y va en su  busca. Por el camino se encuentra, casualmente, con Shiduri, la diosa de la cerveza, sí de la cerveza, que le da este sabio consejo en la tablilla X :

“¡Oh Gilgamesh! ¿Por qué vagas de un lado a otro? No alcanzarás la vida que persigues. Cuando los dioses crearon a los hombres decretaron que estaban destinados a morir y han conservado la inmortalidad entre sus manos. En cuanto a ti, Gilgamesh, llénate la panza, parrandea día y noche; que cada noche sea una fiesta para ti; entrégate al placer día y noche, ponte vestiduras bordadas, lávate la cabeza y báñate, regocíjate contemplando a tu hijito que se agarra a ti, alégrate cuando tu esposa te abrace…”

Pero él sigue empeñado en que no se quiere morir, que no y que no y después de tomarse unas birras con Shiduri, se marcha a buscar a ese señor inmortal.

(Continuará)