Petricor

El aspecto dramático de la lluvia no le interesaba pero Salvador, el portero, se había empeñado en  contarle con todo detalle aquellas inundaciones de un mayo de hacía dos años.

Aquello fue primordial, dijo él, ¿ve esa puerta?

Margarita miró con desgana hacia la puerta de la entrada mientras pensaba que primordial era una palabra muy rara.

¿La ve, verdad? pequeña no es, pues el agua saltaba por encima  como si  nada, bajaban unos ríos por este camino que, se lo digo de verdad, pasamos miedo. Sería, ¿qué hora sería?,  puede que las seis de la tarde. Pues, oiga, noche cerrada, el cielo negro, negro, negro como…como yo qué sé, como un negro, con todos mis respetos para las personas de esa raza, no se vaya usted a creer que soy racista. Yo  nunca había visto un cielo así salvo de noche. Le dije a mi mujer : Maricarmen, esto se pone feo. Como se lo cuento, feo que se puso,  a las once de la noche tuvimos que salir de ronda, ¿se puede creer que todos los primeros pisos estaban inundados? El agua se había colado por las rejillas de ventilación de las cocinas, estuvimos achicando mi mujer y yo hasta las tantas. Por eso le digo que el agua es buena cuando no es mala.

Es que ya no sabe llover, dijo Margarita deseando que el portero se callara de una vez, había bajado hasta el portal para estirar las piernas por los pasillos,  hasta que no amainara no podría salir. Se había puesto su modelo de verano para los días lluviosos: unas deportivas blancas con refuerzos dorados, una falda vaquera y una chaqueta blanca. Iba monísima, tenía estilo y ya está y aunque también tuviese años los cargaba  con una ligereza y elegancia que ya quisieran muchas más jóvenes. No quería que la humedad le estropeara el pelo, su  melena rubia y lisa, se la apartó con un coqueto movimiento de mano.

Salvador, indiferente a ese gesto y al resto de su bien cuidada persona, seguía narrando la tragedia de las aguas desbordadas, Margarita ya no le estaba escuchando, lo veía porque lo tenia delante pero era como cuando se quita el sonido a una película, movía su boca y también los brazos trazando en el aire los ríos impetuosos y desbordados y dibujándose a él y a su bendita mujer Maricarmen luchando contra todo aquello como dos héroes de las inundaciones. Lo veía fascinada y aburrida al mismo tiempo,  hasta que un señor y una niña en patinete abrieron la puerta y con ellos entró ese olor maravilloso a tierra mojada, a árbol mojado, a verde mojado. Margarita lo aspiró como si lo esnifara.

Petricor, dijo en éxtasis. Sabía que se llamaba así porque le había salido en un crucigrama.  Petricor, repitió mirándose el refuerzo dorado de las zapatillas blancas,  mejor sería que no se le mojaran.

¿Qué dice usted?, Salvador detuvo sus maniobras en seco de lucha contra el agua  y se puso una mano detrás de la oreja, como si estuviera sordo, solo que no lo estaba.

Petricor es el nombre que se le da al olor a lluvia, a tierra mojada, explicó ella. Por lo visto del suelo se liberan unas bacterias que…había otra  palabra para esas bacterias pero de esa no se acordaba, también le salió en otro crucigrama.

Anda qué cosas, dijo él moviendo la cabeza arriba y abajo. Yo solo le digo que se ande con ojo, que estas lluvias cuando se ponen rabiosas no son tontería. Se puso el cielo negro, más que ahora, se lo juro, y era de día, una tarde de esas de mayo. Decir que pasamos miedo es quedarse corto.

Si es que ya no sabe llover, todo está del revés. Primero el calor abrasador y ahora esto. Nada está donde debería estar.

Y que lo diga. Y ojito al calor también. Yo viví el incendio aquel, esas llamas,  madre mía de mi vida, jamás las olvidaré. Lo que lloró Maricarmen, tenga en  cuenta  que ella se ha criado en esos pinares, como quién dice.

Pues ni que fuera una cabra montesa, pensó Margarita. Se estiró la chaqueta blanca para que le quedara a la altura correcta. Qué pena que con lo mona que iba no la viera  nadie y que los pocos que la veían no supieran apreciarlo.

Petricor, dijo otra vez dándose media vuelta y empezando a girar por el pasillo con sus zapatillas blancas  y doradas.

Delante iba el señor y más lejos, impulsándose con fuerza con un pie, la niña.

Carolina, ven, no tan deprisa.

¿Es que una no puede estar un rato con sus propios pensamientos?, dijo la niña parando el patinete con rabia.

Por una ventana abierta se veía la copa de un álamo zarandeado por la lluvia y el viento. En una de sus ramas, acurrucada, hecha bola, había una paloma. Otra vez pensó en la palabra Petricor. Sin saber por qué, le molestó esa palabra como algo incómodo que se clava.

31 comentarios en “Petricor

  1. Qué extrañeza de día, ¿verdad?
    Un final curioso. ¿Cómo una palabra que insinúa un olor tan agradable y de buenos augurios se convierte en algo incómodo que se clava?

    Ya ves que vengo del espacio exterior para comentar. Besos de Zoe.

    1. Porque todo depende de nosotros, de nuestro interior. Algo se le clavaría a ella por dentro que no tenía nada que ver con la palabra.

      Gracias por comentar desde tan lejos 😉

      Muchos besos, Zoe

  2. Petricor. Por fin pongo nombre a ese olor tan peculiar y, para mi, placentero y relajante. Benditos crucigramas. En cuanto a los charlatanes, qué decir!, hasta he llegado a llorar de impotencia por mi incapacidad de cortarles el discurso, me los trago todos, como Margarita. Pero voy aprendiendo. Ahora mismo aspiro el petricor, desde la finca de abajo. Besos, Paloma.

    1. Es un olor maravilloso. Ese y el que sale de algunas panaderías.
      Los charlatanes pueden ser una pesadilla pero también una fuente interesante de información.
      Que disfrutes de ese aroma tan bueno!!
      Besos, Roque.

  3. No conocía la palabra… de hecho la RAE todavía no la contempla, aunque ciertamente existe.
    Etimológicamente, piedra y sangre de los Dioses…
    A mí la palabra no me gusta, no sé porqué… la veo más como un medicamento para reforzar el corazón o para una línea de ropa interior de alta calidad… jajajaja

    No sé, a mí me hubiera gustado Xumuchap!!!…. no me digas que no le pega más…

    Besos.

    1. Jajaja, qué imaginativo eres.
      A mí tampoco me gusta mucho, sí que me suena un poco a medicamento pero lo que sí me gusta es lo que designa.
      Prefiero decir tierra mojada aunque sea más largo.
      O Xumuchap!! 😉

      Besos

  4. Petricor,me gusta, sabor a menta, como dices tu, a verde, a infancia., Salvador parlanchín , repetitivo, Salvador sin olor, sin sabor, Salvador que no aprecia su estilo, que molesta, con sus huecos, tanto, pero tanto molesta , que hasta una palabra exótica fastidia a esta señora tan mona , tan arreglada, tan…Petricor, que no se aprecia, que no deja estar con sus propios pensamientos

    Comparto , permiso

  5. Historia con sabor a lluvia, de esa que cae, que hace entrar en la nostalgia y de repente alguien se cruza y no permite lo que bien resume la niña en sus palabras.

    Petricor, aprendí una palabra, no la conocía, es extraño no me significa nada, sin embargo el dulce aroma de la tormenta es un deleite para mi alma, ese olor a tierra mojada.
    Un abrazo, me gustó la historia, hubo algo en ella que me hizo bien, gracias

    1. Es una delicia cómo huele después de la lluvia y lo limpio y reluciente que se queda todo, se llame petricor o de otra forma.
      A veces queremos estar solos con nuestros pensamientos, como dijo la niña, y otras es al contrario, se nos clavan como la famosa palabra.

      Me alegra que te gustara la historia.
      Abrazo grande, Themis

    1. Me alegra saberlo, Raúl.
      A mí el sonido de la palabra no me gusta mucho pero sí todo lo demás.
      Muchas gracias a ti. Espero que estés pasando un buen mes de descanso.
      Saludos.

  6. ¡Muy buena narrativa! Lo haces de tal manera, que el/la lector/a los llevas a imaginarse, desde el aspecto físico…hasta sus formas de gesticular…como si uno mismo, se encontraría dentro de ese sainete. Un cálido saludo.

  7. ¡Me siento indigna! Con lo que amo “el aroma a lluvia”, a pasto mojado, a esa frescura húmeda en días de lluvia y a veces incluso más, después de ella, y no conociera esta palabra, pese a entender el concepto. Tanta sorpresa me causó que hasta la busqué en el diccionario (uno en línea, no soy tan anticuada jajaja). Así que gracias por enseñarme algo nuevo.

    Apartando la parte educativa en todo esto, lo que me gustó fue la inteligencia o habilidad que le diste a esta narración tan simple en sucesos, con respecto a enseñarnos perspectivas de ambos personajes. Intentaré explicarme; pude ponerme en los zapatos de Margarita (aunque dudo que pudiese usar unos así de rimbombantes) con lo del aburrimiento y la fascinación de escuchar a alguien sin parar, que sólo está enfocado en contar su historia, por más insignificante que sea. También me puse en los zapatos del portero, ante la indiferencia ante el estilo de otra persona y sólo querer conversar, compartir hechos de la vida que para él tienen valor o interés. No creo poder explicarme mejor, pero me llamó la atención sentir eso. Están bien logrados.

    En otras noticias, continué viendo lo de los comentarios en mi blog, si tienes cuenta de google podrías entrar con ella a la hora de comentar o de una forma muy parecida a la que se hace en el tuyo, escogiendo un nombre y enlazando tu blog. Creo que sería mejor así que como Anónimo. Lamento las dificultades, había sacado la opción de anónimos antes por una situación de acoso severo hace tiempo. Inténtalo con las otras opciones cuando puedas. Saludos.

    1. No es una palabra muy común ni que se use mucho, no conozco a nadie que diga, “qué bien huele a petricor”, jajaja. Pero siempre está bien conocer nuevos términos. A mí me la enseñó una amiga.
      Gracias por tu empatía al leer, por entender cada punto de vista y por la atención con la que lo has hecho. Se agradece de verdad.
      Me gustaría comentar con mi nombre y enlace al blog pero soy un desastre con las contraseñas y he olvidado la que puse en el perfil de blogger. Me la pide para comentar en tu blog. Si puedo lo solucionaré y si no seré anónima Paloma con tu permiso. Siento lo del acoso, qué desagradable.

      Un saludo, Kadannek.

      1. Ciertamente no es una palabra común y nunca había sabido de alguien que se expresara así, y me gusta, porque le da una singularidad a tu personaje. Y ciertamente cuando leo intento captar lo mejor posible, incluso entre-líneas, el texto. No siempre lo logro porque la “brillantez” me elude jajajaj. Pero lo intento. Sé la dedicación que hay detrás, o creo saber.

        Con lo de los comentarios, como te digo, hay 3 opciones, una como Anónimo, otra con cuenta de google y una tercera que te permite escribir un nombre y tu web. Lo probé y debería servir.

      1. Siempre me apetece leerte,pero hace días solo puedo usar el móvil y como los textos largos se ven tan pequeños…una ya tiene una edad! Jajajajajsj

        Ay qué pesao este hombre con su MariCarmen y los fenómenos atmosféricos…

        No conocía la palabra Petricor,no me suena a lo q representa,la verdad.

      2. Es verdad, en el móvil no se lee bien. Te lo dice otra que también tiene una edad 😉
        Es curiosa la palabra aunque no termina de gustarme.
        Besos, Carmen

  8. Huele a tierra mojada, huele a vida, porque vida es lo que trae la lluvia. Un rato a solas con los pensamientos, dile a esa niña que es un lujo que sólo tienen los niños y la gente mayor que ha aprendido a perder el tiempo en largos hilos que desmadeja durante el paseo. Creo que Mari Carmen ya se siente incapaz de prestar atención. cuando Matías, porque el portero debería llamarse Matías, mientras inunda el pasillo de verborrea. Un beso.
    Espero que estés pasando un verano bien aromatizado.

    1. Parece que la lluvia despertase a la tierra, sí, como si la resucitara.
      La frase se la oí de verdad a una niña en patinete, me pareció muy poco infantil pero me hizo gracia.
      De Maricarnen y Matías no digo nada 😉
      Lo mismo te deseo yo a ti, Carlos.
      Y salud!!
      Besos

  9. Conocí esa palabra hace tiempo, en alguno de esos sitios que recopilaban palabras raras.

    Desconozco el motivo, pero antes todo era más algo, las inundaciones, los electrodomésticos, creo que no tenemos memoria real del pasado, sólo una imagen distorsionada en la que se mezclan nuestras esperanzas, miedos y deseos.. me ha gustado esa frase de “Es que ya no sabe llover”.. yo uso mucho la nostalgia ya no es lo que era.

    Extraño giro final, las palabras a veces anidan en nuestra cabeza cuando salen no siempre son la misma palabra.

    1. Pues por lo que oímos en las noticias es al revés. Todo bate récords, todo es histórico o es lo más de lo que sea desde que se tienen registros…
      Algo se le tuerce a esa señora y la palabra deja de gustarle.
      Cambiantes que somos.
      Tienes razón en que nuestra memoria del pasado suele estar distorsionada.
      Un saludo, Besuseant

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