Por el sendero

Una mujer se hartó de ver iglesias románicas. Antes del hartazgo las adoraba,  eran su pasión y por eso programó ese viaje pero visitó tantas que se empachó. Ya no quiere saber nada de arcos de medio punto, no las puede ver ni en pintura,  reconoce su belleza, eso sí y las cosas como son. El hecho de que le hayan cansado  no influye en las iglesias. Siguen  en sus posiciones, erguidas sobre sus piedras, mensajeras del pasado, bellísimas y hasta conmovedoras y le parece muy bien pero si piensa en ellas se marea.

El amigo con el que pasea le cuenta que ha estado unos días en el cañón del río Lobos, lugar que merece la pena visitar y recorrer. Ella no lo conoce, podría ser un buen plan para otra vez ¿hay iglesias románicas por ahí cerca?, le pregunta. Él, que no entiende su recelo, le habla de la ermita de San Bartolomé y de las fuerzas telúricas del lugar.

Me da lo mismo,  ya no voy, dice ella espantándose con furia una avispa, tal vez románica.

Un niño le está contando a otro que se quedó atascado en las ramas más altas de…de…de una higuera, apunta su madre que va unos pasos por delante, lleva una camiseta con una maceta pintada, camina con pasos rápidos, enérgicos. El niño atascado se niega a pasear si no es con un amigo,  a ninguno de los dos les divierte caminar, coger moras sí, pero la madre no quiere que paren porque su objetivo es hacer ejercicio y que lo hagan ellos.  Vamos, vamos, les dice, ya cogeremos moras después, a la vuelta.

Me quedé atascado en la parte alta de la higuera, arriba, entre dos…entre dos…entre dos ramas, dice desde delante la madre portavoz.

Y yo lloraba y lloraba y lloraba, cuenta el niño a su amigo intentando compartir su tragedia, ser comprendido y tal vez admirado pues no todo el mundo puede presumir de haberse quedado atascado entre las ramas más altas de una higuera.

El amigo mira para otro lado, hacia los matorrales de zarzas donde ya despuntan moras negras al lado de las rojas. Unas hojas se mueven con vivacidad, dentro hay algo, ese algo asoma un momento, burlón, es un petirrojo. Pica una mora y desaparece.

El amigo del niño atascado señala con el dedo, están a punto de pararse pero la madre, sin necesidad de darse la vuelta, utilizando sus ojos del cuello , dice de nuevo, vamos, vamos, ya llegamos al castañar y ahí, una pequeña subida y veréis qué vistas. Magníficas.

Y lloraba, lloraba y lloraba, retoma el niño su tragedia.

Todo el camino está bordeado de zarzamoras, un hombre con un palo y una bolsa recolecta sus frutos.

Se van a acabar, se lamenta el amigo. Salen otras, salen más, dice la madre de la camiseta con una maceta dibujada. Vamos, vamos, las cuestas mejor deprisa. Queda muy poco para las vistas.

Otro hombre abraza a su perro, es un perro de lanas, se llama Coco ¡ Ay mi Coco, ay mi Coco!, qué le pasa a mi Coco, grita el hombre abrazando al perro, el perro le contesta con ladridos muy emocionados, el hombre se tira al suelo para abrazar mejor a su Coco, sigue gritando cariños y alabanzas y el perro ladra de pura felicidad. Cuando cesan en sus demostraciones afectivas se ponen a pasear, el hombre dice, en apariencia a nadie presente, zorra, zorra,  zorra, me cago en todo, me cago en todo y en todo.

Un  jardinero de larga y rizada melena está cortando las ramas de un roble, hace mucho ruido con la sierra, un ruido que provoca desbandadas. Una mujer se para y le pregunta, ¿hay por ahí detrás otro camino? como el jardinero melenudo no  contesta,  modifica un poco la pregunta y sube el tono de voz, digo que si hay otra vereda. Nada, no hay respuesta. Vuelve a intentarlo, ¿hay otro sendero por ese lado?

Vacas, responde el jardinero masticando algo. Donde hay vacas, hay moscas. Le molesta que los paseantes le tomen por un guía turístico. Acciona de nuevo la máquina sierra y rebana unas  cuantas ramas al roble.

Caen al camino  y ahí se quedan, delante de la mujer.  Ella las toca con la punta del pie derecho como si quisiera comprobar algo, se incrusta unos auriculares y se aleja cantando, muy mal, por el sendero.

23 comentarios en “Por el sendero

  1. Vaya panorama…
    Jamás llevaré una camiseta con una maceta!
    Lo mejor es irse a una playa desierta.
    Huir.
    Tu relato corrobora mi teoría…jajajajajs

    Besos.
    Me ha gustado mucho.

  2. Ya está.
    Fogonazo.
    Te estaba leyendo y lo que escribías me sonaba a algo, y algo por dentro me decía es tan buena escribiendo o más que aquel escritor, pero no me salía el nombre.
    Y salió.
    Delibes!!!
    Yo creo que tienes un estilo similar y creo que escribes mejor.
    Ni halago ni nada.
    Es lo que pienso y por eso lo digo.

    Besos.

  3. Esto que has escrito merece leerse en distintas ocasiones para degustarlo en todas ellas. Es de diez, Paloma. Tiene un ritmo que me ha invitado a perderme en él y volver a recorrerlo para ver si me había perdido algo o es que necesitaba que continuara…

    Mira que, además, dejo el comentario con mi nombre para que conste.
    Qué gozada de lectura, de verdad.

    Besos, Olga

    1. Hola, Olga!!
      Solo son unas observaciones de un paseo, como un ejercicio de escritura, nada más. Me alegra mucho que lo hayas disfrutado, en serio. Y gracias!!
      Ese perfil tan bonito que te has puesto parece una de las flores que crecen espontáneas en ese camino. Me encanta 🙂

      Besos

      1. Todo son observaciones en la escritura y todo es ejercicio. Lo importante es que otras personas también lo han disfrutado y eso tiene mérito.

        Gracias por lo del perfil. Las florecitas silvestres, esas que a veces crecen a su manera entre la hierba o en mitad de la tierra, tienen su aquel. Me la he inventado, como todo, pero, ya que es espontánea, se me permite.

        Besos y sigue ejercitándote, que lo haces muy bien, sobre todo porque cuando lo haces solo te pareces a ti misma😉…, menos mal.

  4. Tierna estampa de la realidad veraniega. Las maceras seguirán en las ventanas cuando se destiñan las camisetas. Los niños crecerá, y ya no querrán coger moras ni verán petirrojos. El jardinero fiel callará por caminos y tú nos lo contarás todo con buena prosa.

    Besos.

  5. En otoño, contemplado desde la pendiente de La Galiana, la luz de ocaso golpea contra las paredes del cañón. reventando la roca en una explosión de reflejos anaranjados, mientras abajo el río se disuelve en lo más oscuro. La ermita que fue templo del desaparecido cenobio, se alza buscando el cielo mientras sobre los óculos asoma el símbolo de un demonio.
    La moras no, las moras cargadas de azúcar se encargan de la cintura de las damas y excitan la codicia de los niños.
    A la salida del valle un anciano ocupa la tarde en trabar la leña que calentará la casa en invierno, ese viejo enemigo que ya asoma por el extremo más negro del cielo.
    En el sosiego de la sala, una joven escritora se deleita hilvanando letras, en una historia que cada tarde se le escapa por la ventana envuelta en suspiros.
    ¡Que bien escribes jodia!
    Un besazo.

  6. La sobredosis de iglesias románicas me ha recordado al fenómeno del “agotamiento musical” o “putrefacción sonora”, como decía el compañero bloguero Salva; hasta las mejores canciones, y las más bonitas iglesias, pueden hartarnos si las disfrutamos en modo bucle. Tus paseos son una gozada …Saludos.

    1. Que bien lo has descrito, la sobredosis pétrea nos puede hacer olvidar vivir en el presente…por cierto el personaje de la motosierra me lo cruce por el camino este verano y te puedes creer que tras lanzarle una pregunta no me contestó hasta que no termino de cortar su árbol…debió pensar para sus adentros, yo no soy un Google con patas…Muy bueno

  7. Me estaba sonando muchísimo el principio y creía que habíais rescatado algún texto antiguo, pero luego ya no.
    Coincido en que el cañón del Río Lobos es precioso y merece recorrerlo, aunque cuando lo he hecho yo no parecía tan entretenido (y eso que me he divertido mucho). ¡Será que no sé mirar igual que tú!
    ¡Un besote!

    1. El texto es nuevo pero el estilo casi siempre es el mismo. Y de paseos tengo varios. Será por eso que te resultaba familiar.
      Pues nada, tendré que ir al río Lobos. Me gusta el nombre además.

      Gracias, Luna. Tú también sabes mirar, claro que sí.
      Besos!!

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