Día: 22 septiembre, 2020

Testigo de nada

Me llamó mi amiga Lourdes, que no me llama nunca, siempre tengo que llamar yo primero y me dijo, “Susi, te llamo para decirte que te van a citar para que testifiques en mi juicio” y un crujido que se oyó. Esta está comiendo pipas, me supuse yo. Cuando se pone nerviosa le da por las pipas.

No me hizo ninguna gracia la noticia y se lo dije, ¿pero cómo voy a ir de testiga si no vi los hechos? Los viste borrosos por ser corta de vista pero alli estabas y sabes lo que pasó porque yo te lo conté, ¿o es que no me eché en tus brazos recién atropellada, llorando a todo llorar?

Ya, eso sí, pero yo no lo vi, yo no vi presencialmente cómo el de la moto te aplastaba un pie y luego se daba a la fuga, ya sé que es verdad que te pasó lo que te pasó, los hechos son muy verídicos, pero es muy violento tener que declarar y decir que has visto lo que no has visto.

Pero es que te van a citar, te llamará mi abogado para prepararte, no vayas a meter la pata. Clic, clic, clic, las pipas otra vez.

Y venga a insistir, si no tiene más misterio que decir que tú estabas esperándome en la acera de enfrente, yo crucé para ir a tu encuentro, el tipo se saltó el semáforo y lo que ya sabes después. Todo eso es verdad aunque no lo vieras, que sí lo viste, solo que borroso.

Si es que no sé decir que no, tengo que aprender, estoy entrenándome con unos podcast que escucho de mejora personal pero me voy por el cuarto y son cincuenta, todavía no me sale bien. Así que dije sí, pero por dentro…por dentro estaba maldiciendo a Lourditas, que no me llama nunca, siempre soy yo la que tengo que dar el primer paso.

¿Es posible no ir de testigo a un juicio, pueden no ir a declarar los testigos?, busqué en google. Nada, que no, que tenía que ir, era mi obligación como ciudadana, lo que una es, y ponían multas bien gordas si la incumplías y que sé yo que más amenazas. Me entró el canguelo.

La noche antes no pude dormir imaginando variantes de preguntas y respuestas. En algunas quedaba bien y en otras metía tanto la pata que mi amiga Lourditas perdía el juicio, no el de la cabeza, el de la ley y todo por mi culpa. Para asistir a los juzgados me puse la camisa de volantes, me veo yo bien con esa camisa, sexy pero sin exagerar y también elegante pero lo justo.

¿Pero de qué te has vestido?, pareces la Faraona. No contesté por no entrar en el ” y tú más” pero ella iba hecha un desastre y con las raíces del pelo sin teñir. Se ve que me notó la mirada condenatoria, nunca mejor dicho, porque se puso a explicarme que era una estrategia para que se notara lo mal que lo está pasando tras el atropellamiento y lo raspada que anda de pecunio, lo cual es verdad y no está engañando nadie. Yo sí que voy a engañar, pensaba yo retorciéndome un volante. Una mentira bien gorda en toda la cara del juez.

Es una jueza y creo que muy seca, me dijo ella como si otra vez me leyera el pensamiento, cómo me conoce. Encima seca, qué nervios.

Estoy muy nerviosa, vamos entrar en ese bar a que me tome un café. No quería porque ella no sabe que a mí el café me da paz, como a ella las pipas, pero al final entramos, ella se pidió un agua con gas. Lo malo es que al rato nos hacíamos pis las dos y tuvimos que parar en otro bar y para poder usar los aseos, volver a consumir líquidos porque para sólidos no estábamos y así entrar en ese círculo de bebidas y expulsión de las mismas que no tiene fin y por experiencia lo sé.

Llegamos a los juzgados, en la puerta había muy buen ambiente, mucha gente formando corrillos y con papeles en las manos. Me animé bastante , como si me fueran a pagar o formara yo parte de algo importante. Por delante no hacía más que pasar una barrendera del ayuntamiento con el carrito y el escobón. Permiso, por favor, iba diciendo mientras atravesaba los corrillos , molestando para mí que aposta. Y total para barrer cuatro hojas secas. Me cayó bien, ese tipo de cosas me gustaría hacer a mí, molestar porque sí, pero no me atrevo, soy muy mirada, igual cuando me vaya por el podcast 25 ya sí . Llevaba unas florecitas pegadas al carro de barrer, lo que denota sensibilidad. Mirando estos detalles y otros se me pasaron un poco los nervios pero no del todo. Y otra vez la vejiga hiperactiva haciendo de las suyas.

Ese es mi abogado, ven que te lo presento, dijo Lourdes interrumpiendo mis observaciones.

Me lo imaginaba mejor, era feo, despeinado y con muy malas trazas. Sería también una estrategia o sería así de nacimiento. Recordé que me había dicho por teléfono, ” cuando te pregunten si tienes interés en el juicio tienes que contestar que no”, o sea que yo estaba desinteresada de lo que allí pasara. El de la otra parte, qué miedo, eso si que era prestancia, solo el brillo de sus zapatos ya me intimidaba. Ensayé por dentro posibles respuestas como “sí, no, no lo recuerdo, lo ignoro, lo desconozco, sí que sí, no entiendo la pregunta”. El corazón empezó a latirme al descompás, saltándose latidos.

Es el tercer piso, sala 4, nos dijo el abogado de mala presencia y allá que fuimos. Tengo que ir al baño, le dije a Lourditas. Ahora ni de coña ¿has traído el dni? Esto solo me puede pasar a mí, por mucho que buscaba por todos los bolsillos y cremalleras no aparecía. Es que este bolso es como una boca gigante, deglute lo que le eches. Pues como todos, dijo ella ya con voz de mal talante. A lo mejor por eso no llevaba bolso si no una bolsa de tela con muchos ojos pintados cuyo significado no sé cual sería, lo mismo ninguno.

Entraron casi todos y empezaron a llamar testigos, me dio tiempo a encontrar el dni, menos mal. Los nervios me iban tan en aumento que pensé que no podría articular palabra cuando fuera mi turno. Ese tema del desinterés me inquietaba. Por suerte llegó un señor de Zamora, sé que era de ahí porque se lo estaba contando a los gritos a otro, y me distrajo con la narración de sus pormenores, lo que había cenado en un restaurante cerca de Callao y que ni tan mal. Pasaba el tiempo y ahí seguía yo, con el dni sudoroso entre las manos y escuchando los menús del de Zamora. Ya iba por el desayuno.

Empezó a salir gente de la sala. El abogado pintarra me dijo, no te llaman, no ha sido necesario tu testimonio, ya te dije que a lo mejor no te llamaban.

Nos fuimos por dónde habíamos venido previo uso de los baños. A la salida seguían los corrillos pero ya no me sentía parte de eso si no todo lo contrario. Lourdes se fue hacia arriba por unos asuntos que tenía pendientes o eso dijo y yo hacia abajo. El sol me daba en la cara y entrecerré los ojos para disfrutar de su calor. Me puse el podcast número tres ” la presencia y la alegría”.

No me concentraba, seguía dándole vueltas a lo mismo. Primero no quería mentir pero después me sentí un poco desinflada de no haber podido hacerlo, de haber sido testiga de nada. Si es que no sabemos lo que queremos. En general, digo.