Día: 20 octubre, 2020

Medusa, Medusita, ¿qué te hicieron?

Estaba buscando una fea entre las protagonistas de los mitos para escribir sobre ella y me topé con Medusa ¡Qué horror!, serpientes en vez de cabellos, unos ojos desorbitados de loca perdida y la boca desencajada, como emitiendo un grito de odio y terror a la vez. Adefesio ya tenía pero no del todo, lo cierto es que Medusa no nació así, la volvieron fea a la fuerza. Es la suya una historia muy injusta y trágica.

Los padres de Medusa eran Fortis, un dios marino y Ceto, una señora con tipo de ballena, de ahí viene cetáceo, y tirando a monstruosa. Sin embargo, Medusita nació bonita. Ya Píndaro habla de ella como la de “las bellas mejillas” y el poeta Ovidio la describe como una hermosa doncella que trabajaba de sacerdotisa en el templo de la diosa Atenea.

Tan hermosa y atractiva era que Poseidón, dios del mar, la vio pasar por la playa moviéndose con gracia femenina, toda ella voluptuosa y sensual y se puso a cantar con nerviosismo la canción garota de Ipanema, “mira que cosa más linda, más plena de gracia es esa muchacha que viene que pasa con su balanceo a la orilla del maaaarrrr. Ay, ¿por que estoy tan solo, ay por qué estoy tan triste?”, etc. Hasta ahí bien pero ya un poco peor cuando tras mirar y cantar se dijo, “este pibón va a ser mío, quiera o no”.

No sé si trató de seducirla invitándole a una mariscada y ella dijo, “no, gracias, soy alérgica a la gamba y al gambón”, desprecio que le enfadó o es que pasó a la acción sin galanteos ni agasajos de por medio.

Sea como sea, la cuestión es que entró en el templo de Atenea, donde ella estaba trabajando, y allí mismo la violó. Palas Atenea, diosa de la guerra, de la sabiduría (ejem), de la justicia(dos ejem como poco), de las ciencias y de no sé cuántos cargos más, se enfureció muchísimo de que hubiera tenido lugar un acto sexual en su casta casa y ante sus virginales narices.

Esta diosa nació de la cabeza de Zeus, ya adulta y vestida de guerrera, (solo por esto me resulta antipática) y era inmune al amor y al deseo, nunca se casó ni tuvo amante alguno (más antipática todavía).

La señora Palas decidió que eso no se podía consentir y había que penarlo pero, en lugar de castigar al violador, castigó a la violada. Poseidón, ya satisfecho, se marchó por donde había venido arrastrando su manto de olas avergonzadas y allí se quedó Medusa, tirada por los suelos y vejada, llorando. Y más que iba a llorar.

Lo primero que hizo Atenea fue quitarle su belleza, le cambió la melena por un racimo de serpientes siseantes y los ojos se los puso tan feos y revenidos que el que los mirase se convertiría en piedra. A pesar de ello los movimientos de Medusa seguían siendo sensuales, lo cual irritó a la odiosa diosa. LLamó al semidiós Perseo y le encargó que le cortara la cabeza. Sin tonterías.

Medusa se había ido a vivir con sus hermanas, Esteno y Euríale, ellas dos sí feas de nacimiento , tal vez los genes de la mamá cetácea tuvieran algo qué ver, también eran inmortales ( aquí los genes del padre). A las tres juntas se las conocía como las Gorgonas y daban mucho miedito. Cuando Perseo llegó estaban durmiendo.

El hombre iba muy bien preparado. Llevaba todo este kit: unas sandalias aladas que le había prestado Hermes, un casco de invisibilidad donado por Hades, una espada que le dio Hefesto y un escudo espejo de Atenea. Así, si Medusa lo miraba se reflejaría en el escudo y él no se convertiría en piedra. No es por nada, pero así cualquiera.

Guiado por la “amable” mano de Atenea decapitó a Medusa que además de dormida estaba embarazada. De su cuello rebanado brotó su hijo, el caballo alado Pegaso que se fue volando y corriendo por los cielos. También salió un gigante, hermano del caballo, Criasor. De verdad, no tratéis de entenderlo.

Perseo agarró la cabeza y emprendió la marcha hasta el templo de Atenea. Por el camino, de la sangre que manaba de la cabeza de Medusa nacían nuevos seres: corales rojos, de las gotas que cayeron en el mar, serpientes venenosas, de las que cayeron en el desierto. El titán Atlas se transformó en montañas al mirar aquellos ojos espantados.

Ya en el templo se la entregó a Atenea quién la colocó en su escudo como talismán protector. Rarita , además de perversa la madame.

Y esta es la penosa historia de la fea Medusa, nacida bella, todo por ser culpable de…

…de nada.