El dios marginado

¡Qué niño tan feo! Y pensar que ha salido de mí…no lo quiero, lo voy a tirar por la ventana. Y el  niño, de nombre Hefesto, fue lanzado por una de las ventanas del Olimpo porque nació poco agraciado. Su madre, Hera, diosa del matrimonio (que no de la maternidad, visto lo visto),  no quiso saber nada de él.

Nueve días estuvo cayendo Hefesto. Por las noches también caía, no se quedaba acostado en una nube a descansar, no. Con luz y con sombra, con sol y con luna, el niño abandonado y despreciado caía y caía sin saber a dónde ni por qué. Estremece imaginar el miedo, la angustia y el vértigo que tuvo que pasar la criatura.

Aterrizó en el mar y del golpetazo que se dio contra su superficie  se quedó cojo. Además de feo y rechazado por su propia madre,  lisiado. Una nereida que vivía por esa zona se apiadó del niño y lo adoptó, era Tetis, la madre de Aquiles. Entre ella y la oceánida Eurinome lo criaron. Como había ido a caer cerca de la isla de Lemnos, que tiene muchos volcanes, sus madres adoptivas le buscaron  un oficio relacionado con el fuego, el de metalúrgico.

Hefesto se daba mucha maña como artesano, era muy habilidoso y de ese don suyo se aprovecharon  los del Olimpo.com. Aunque se reían de él por sus defectos físicos, no paraban de hacerle encargos, que si unas sandalias para Hermes, que si un arco para Artemisa, que si unos rayos para Zeus, que si un carro para Helios. Hasta tuvo que contratar a unos ayudantes, unos cíclopes, (esos señores que solo tienen un ojo en mitad de la frente, cuestión de ahorro),  para que trabajaran con él en la fragua.  Hefesto sabía que estaba siendo utilizado, pero decía a todo que sí porque no le quedaba más remedio que ganarse el sustento. Estaba resentido, él era un dios, pero un dios marginado, currante, sudoroso, sucio y despeinado. Un dios que tenía que trabajar muy duro, todo el día inclinado sobre el yunque,  para  surtir de material a los miembros de la elitista sociedad que lo había rechazado.

Un día (todo lo que ocurre se asienta en un día) le llegó el encargo de hacer un trono para Hera, la madre que lo había parido y lanzado al vacío a continuación. Hefesto, cuya herida aún sangraba y hasta supuraba ( hay heridas que no se curan jamás), decidió vengarse. Construyó un trono con un mecanismo que atraparía a quién en él se sentara. Hera se sentó y atrapadita se quedó.

Los dioses llamaron a Hefesto para que subiera a liberarla pero se negó. Insistieron pero nada, él que ni hablar, que  al Olimpo no subía, que tenía muy mal recuerdo de ese sitio, estrés post traumático de por vida y ninguna intención de liberar a su cruel madre.

Solo con la intervención de Dionisio, que se pasó por su taller con unas botellas de vino, lograron que regresera a su lugar de nacimiento.  Hizo una entrada triunfal montado en un burro y con una buena curda pero ni borracho consentía en liberar a Hera. Después de que le insistieran y presionaran mucho, Hefesto dijo que de acuerdo, que la soltaría, pero solo si le entregaban a cambio a la diosa más guapa de todas, a Afrodita, la diosa del amor,  para casarse con ella. Zeus  accedió y Hefesto regresó a su volcánica isla muy alegre y satisfecho.

Afrodita ni lo uno ni lo otro, para qué nos vamos a engañar. Hefesto le daba asco y no tenía ni la más mínima intención de serle fiel. Estaba ofendida de que la hubieran emparejado a la fuerza con semejante mostrenco, consideraba que se merecía una pareja mejor, a la altura de la diosa sensual nacida del mar que ella era. Por eso, mientras su feo marido seguía dale que dale al yunque construyendo el tridente de Poseidón, ella se entrenía con el apuesto y fornido Ares, dios de la guerra.

Y Hefesto sin enterarse de nada hasta que alguien fue a chivarse a su taller.

No es la sangre de Afrodita que llegó al río sino el reflejo de un árbol rojo en un estanque.

La historia sigue pero no hoy.

31 comentarios en “El dios marginado

  1. ¡ Palomaaaaa…podrias terminar…he! ¿Y que pasó? desde luego que puedo sacar la información de alguna Wikipedia…pero no será tan divertido y no quiero perder la imagen te tengo de tu texto. ¿ Mañana terminarás? Un abrazo…apresurate, por favor.

    1. Hola, Tatiana.
      Hoy no creo que me dé tiempo a terminar la historia. La he dividido porque ya se sabe que lo largo en los blogs no se lee pero ¡muchas gracias por el interés!
      A ti que te gusta el arte seguro que conoces un cuadro de Velázquez que se llama La fragua de Vulcano (el Hefesto romano), representa justo ese momento con el que yo he terminado, cuando le dan la noticia de la infidelidad de Afrodita.
      Está en el Prado pero si no lo has visto o no te acuerdas lo puedes mirar en internet. Te gustará, están todos muy guapos, hasta Hefesto.

      1. ¡Impresionante! los cíclopos con las bocas abiertas que guapos son, que cuerpazos tienen … ¡Madre mia! Se ve clarísimo que Nefasto/Vulcano esta decidido de tomar las medidas drásticas….jajajaj Me acordé del cuadro, pero no sabía con detalles el mito y cuando no sabes el argumento tienes otra impresión – más reducida-del cuadro. Muchas gracias.

  2. Si me hubiesen presentado a los dioses mitológicos con relatos tan entretenidos como los tuyos, Paloma, no dudo que me habrían gustado mucho y hasta me habría interesa por saber más de ellos. Tu “toque personal”, tu estilo cambia todo.
    ¡Abrazos!

    1. ¡Qué ilusión lo que me dices, Sari!
      Pues a mí tampoco me interesó nunca la mitología pero desde que escribo de ellos y los desmonto un poco empiezan a resultarme interesantes.
      Muchas gracias y otro abrazo!!

  3. Yo a semejante zorra cruel no hubiera subido a liberarla, jajaja. Se vendió barato, por unas botellas de vino y una buena cogorza.
    Bueno, esperaremos. Y menudo morro los del Olimpo, después de cómo las gastan…

    1. La verdad es que la mamaíta no se merecía ser liberada.
      Pero no es que se vendiera por unos vinos, es que Dionisio lo emborrachó y perdió la voluntad.
      Los jefes y poderosos, ya se sabe. En el Olimpo y aquí mismo.

  4. Vaya…siempre “acaban pagando el pato” las guapas, jajajja…aunque parece que ésta, además de guapa, es “espabilada”.
    Me de pena, esa imagen del obre bebé cayendo y cayendo. Hay diosas que nunca deberían haber tenido hijos.

    Fantástica, me ha encantado…Me quedo intrigada:)

    Un beso, Paloma:)

  5. Ja, ja, te has superado con esta. Eso sí, volvemos a la conclusión de que el vino ayuda. Y de que incluso entre los dioses hay clases. 🙂
    Ni agraciado ni listo era el Hefesto, porque mira que no olerse lo de Afrodita…
    ¡Un besote!

    1. Los del Olimpo eran unos pijos, esa es mi sabia conclusión.
      Hefesto un poco ingenuo, sí. Aunque eso de que todos lo sepan menos el afectado también es bastante frecuente.
      Besos, Luna 🙂

  6. Si quieres una venganza original no hay más que acudir a las leyendas mitológicas, aunque yo prefiero enterarme a través de tus relatos, son más divertidos. Esta vez no se me ocurre ninguna canción, habrá que hablar con los de Tierra Santa … Saludos.

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