Tiriti tran tran tran

En el mismo centro de la Arcadia, lugar que se ha mitificado pero que en realidad era una zona bastante cutre del Peloponeso,  había un lago siniestro a cuyas aguas no llegaba la luz. Lo único que en aquellas aguas se reflejaba era un amasijo de plumas y picos y un devenir de alas en movimiento. Nada se escuchaba allí, salvo graznidos.

El lago se llamaba Estínfalo y estaba habitado por tal cantidad de pájaros que tapaban el azul del cielo. Las aves del Estínfalo, de gran tamaño, tenían picos, alas y garras de bronce y con esas armas mataban. Todo en ellas estaba hecho para la destrucción, sus excrementos venenosos arruinaban los cultivos, y como eran carnívoras , atacaban al ganado y a la población, devorando tanto animales como humanos, sin hacer distingos.

Aquello era insostenible y no se podía aguantar. Para solucionar la situación los del Olimpo anunciaron que iban a crear un comité de expertos y a elaborar un protocolo de actuación. O dos o tres o cuatro, los que hicieran falta, será por protocolos ¡ Qué tranquila y aliviada se quedó la población tras escuchar estas palabras! Lo cierto (lo cierto en esta historia, no lo cierto, cierto) es que se reunieron y tomaron la decisión de encargar la misión de acabar con  las aves al más bruto que conocían, un psicópata  con amplia experiencia en exterminios de todo tipo y un largo historial delicitivo a sus fornidas espaldas.  La citada joyita se llamaba Heracles o Hércules, como más gustéis.

Ya desde sus más tiernos años apuntaba maneras. De bebé había estrangulado en la cuna a dos serpientes y jugaba con ellas cual si fueran sus sonajeros.  Por qué habían llegado esas sierpes a su cuna es otra historia pero no la cuento por no embarullar la ya de por sí embarullada trama.  De niño, junto a un hermano gemelo que tenía,  recibió educación musical de un tal maestro Lino, pobre señor, no sabía dónde se había metido. Como  Heracles era desobediente y no prestaba atención al compás de cuatro tiempos,  Lino le regañaba mucho, así que el chiquillo, siguiendo sus burdos instintos, le atizó con la lira y lo mató.

 En su juventud,  se cargó al León de Citerón, fiera que acosaba a los rebaños locales y se vistió con su piel. Por el camino de vuelta se encontró con los emisarios de un rey, llamado Ergino de Ocórmeno que había derrotado a los tebanos y les hacía pagar anualmente un impuesto muy oneroso. Hércules les cortó las narices y las orejas, se las ató al cuello y les mandó así de guapos para su barrio  con el mensaje de que eso era todo lo que el rey iba a recibir. No se descarta que la mafia se haya inspirado más de una vez en los métodos de Heracles.

Esto de las narices y orejas cortadas le gustó mucho al rey tebano y  más todavía no tener que pagar impuestos a su homólogo abusón,  así que le entregó como premio a a su hija Megara, con la que tuvo varios hijos.

Mal, muy mal hecho, rey tebano. No solo entregas a tu hija, que no es tuya ni de nadie ni suya siquiera, es que encima se la das a un loco peligroso. Heracles no estaba nada bien de la cabeza y tenía unos arrebatos violentos de echarse a temblar.  En uno de ellos mató a toda la familia: a su mujer, a sus hijos y a dos sobrinos que habían ido a merendar chocolate con churros.  Cuando ya se le había pasado la furia,  se arrepintió, se sintió muy avergonzado (a buenas horas) y se fue a vivir a tierras salvajes. Al parecer,  su hermano gemelo le convenció para que fuera a visitar al Oráculo de Delfos y la Sibila délfica le encargó, como penitencia, unos cuantos trabajitos a cual peor.

Así que cuando le comunicaron lo de las aves dijo que no, que ya estaba pluriempleado en once trabajos y que buscaran a otro, con la de gente que está en el paro, a él no le daba la vida para más. Pero los dioses se empeñaron, tú vas y vas porque lo dice el protocolo protocolario, faltaría más.

Y fue. Supo que se estaba acercando al lago por el hedor que empezó a notar y también porque según iba avanzando hallaba  restos de cuerpos en descomposición, huesos, calaveras y otros signos que denotaban que allí se cometía a diario una masacre. En cuanto escuchó el primer graznido lanzó a ciegas una flecha al cielo y abatió a una de las aves. Pero solo a una y eran cientos.

Mira, yo me me vuelvo que no estoy para estos trotes, se dijo Héracles dándose la media vuelta más deprisa que despacio. Pero en esto que se apareció Athenea, la diosa de la guerra, sabiduría, estrategia y otros cuantos negociados más, y le entregó unas castañuelas de bronce. Prueba a hacer música con ellas, dijo en plan misteriosa, y desapareció entre la espesa niebla.

Pues sí que…¿qué hago yo ahora con las castañuelas?, ¡Ay si hubiera prestado más atención en las clases del maestro Lino! Se ve que junto a los palillos le llegó una inspiración divina porque se arrancó por alegrías y dándole a las castañuelas como si fuera la mismita Lucero Tena, empezó a cantar esta de Camarón, “tiriti tran tran tran, tiri tri tran tan tero, que con la luz del cigarro yo vi el molino, se me apagó el cigarro perdí el camino” (cuanto más se acercaba al lago menos se veía). Castañuela va y cante viene, siguió adentrándose, “yo pegué un tiro al aire cayó en la arena, confianza en el hombre nunca la tengas, nunca la tengas prima, nunca la tengas, (sobre todo, prima, si el hombre se asemeja a Heracles).

En esas estaba cuando escuchó un estruendoso movimiento de alas de bronce, si nunca lo has escuchado no puedes saber el nivel de decibelios que tiene pero ya te digo yo, que tampoco lo he escuhado, que sobrepasa con mucho la normativa estipulada, y, tapándose los oidos y alzando los ojos al cielo contempló cómo las estinfálicas aves salían en estampida. Eran pájaros, además de malvados, muy siesos y desaboríos, odiaban el flamenco con todas sus plumas.

El lago se quedó tranquilo, recobró su color, volvieron los patos, las ocas y los cisnes, crecieron flores en sus orillas y la gente se entretenía mucho haciendo fotos al atardecer y colgándolas en sus cuentas de Instagram para envidia del vecino de enfrente.

A Heracles tuvieron que quitarle las castañuelas, no porque quisiera matar con ellas a nadie, no, es que le había cogido gusto al instrumento y era un no parar de dar la brasa.

¿Ave del Estínfalo o cormorán avistado en el Retiro? Lo segundo, lo segundo.

Fin

28 comentarios en “Tiriti tran tran tran

  1. De verdad que no sabía que tenía un hermano gemelo, aunque me doy cuenta de que sé muy poco en general de estas leyendas (o mitos). No habrá estínfalos en el Retiro, pero hay unas carpas que dan mucho miedito :)) Pero lo más importante, Paloma es que es una narración muy buena. Besos :))

    1. Lo he mirado para confirmarlo y el hermano era mellizo y me parece que de distinto padre. Pero bueno, que hermano había.
      Las carpas del Retiro son seres mutantes, no sé si se comerán ellas al cormorán en vez de al revés.
      Muchas gracias, Olga.
      Me hace ilusión que me lo digas :))
      Más besos

  2. Jajaja, Camaron, Lucero Tena y el flamenco se unen a los dioses del Olimpo para seguir haciendo de las suyas, muy divertido. Te dejo una página del tebeo “Los Doce Trabajos de Hércules”, de Miguel Calatayud. Saludos.

    1. Qué bien me adornas las entradas, Raúl.
      Está muy bonito el cómic. Luego le echaré un vistazo en internet.
      Lo de las castañuelas no es invento mío aunque parezca que sí. Lucero Tena y Camarón se han colado en la historia.
      Un saludo y muchas gracias!!

  3. Ja, ja, tú sí que sabes empezar una historia por todo lo alto. Y continuarla. Y terminarla. 🙂
    Pues se quejaban de las aves pero podía ser peor, podrían haber sido estorninos.
    Un placer, prima, como siempre. 😉
    ¡Un besote!

  4. Se conoce que estos del Olimpo hasta le sacan beneficio al curro de los asesinos en serie. Pues dicen que el tal Heracles anduvo por estos lares pluriempleado, alzando murallas, matando Geriones, robando bueyes y plantando naranjas. Me encanta como celebras esta viejas historias. Un besazo.

  5. He leído lago esnífalo nada más empezar y ya no he podido ver otra cosa 🙂
    El problema del lago en la capital del reino lo habrían solucionado construyendo un hospital de aves, sin habitaciones ni personal, no te creas. No sé muy bien para qué, pero lo habrían construido y luego ya se vería ..

    No conocía la historia, me ha encantado y me has hecho dudar con lo de las castañuelas…

    Muchas gracias

    1. En qué estarías tú pensando 😉
      Calla, calla, no me hables de esas cosas que me cabreo ya desde buena mañana. Alguien habrá ganado dinero, esa es la explicación.

      Me alegra que te haya gustado leer esta historia, no siempre lo más tonto es de mi invención.
      Gracias a ti, Beauseant.

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