Día: 7 diciembre, 2020

Lo que las Musas tuvieron que aguantar

Venid, hijas mías, que os he traído una cosa, dijo Zeus presentándose de improviso en el Helicón e  interrumpiendo danzas, cánticos, poemas y prosas poéticas. Corrieron ellas gráciles con sus pies violetas al encuentro de su padre. Pensaban que se trataba de otro bonito regalo: una flauta nueva, una batería, unas zapatillas de bailar, un ordenador portátil versátil y ergonómico…

Ale, aquí tenéis, dijo Zeus dejando caer sobre una mesa de un brusco golpetazo unos libros muy feos,  un temario de derecho administrativo y un ejemplar de la Constitución para cada una.  Se van a convocar cincuenta plazas de auxiliar en el ayuntamiento del Olimpo, así que empezad a estudiar. Es un trabajo para toda la vida, con horario fijo de ocho a tres y días de asuntos propios. El arte no da para comer y yo no os puedo seguir manteniendo eternamente, sois nueve y tengo más hijos. Así que ya estáis tardando, a estudiar ahora mismo el Procedimiento Administrativo Común.

Que no, papá, que no, por favor, por favor, por favor no nos hagas esto, suplicaban ellas muy alteradas,  mesándose los cabellos, que no queremos ser funcionarias, que el derecho administrativo es un coñazo, el arte no puede ser solo unas horas al día, debe impregnar la vida entera, el arte no se  puede compartimentar, nos entraría una depresión profunda de la que solo podríamos salir atiborradas de pastillas y además…

Eso, eso, dijo Apolo que siempre andaba enredando por ahí como director del coro, cada uno viene al mundo con una misión, no quiera usted don Zeus hacer de sus hijas lo que no son, unas  funcionarias culonas aficionadas a las rebajas y al intercambio de recetas para la Thermomix. Permita que las chicas canten e inspiren el canto a los demás.

No me hagas apologías, Apolo, que nos conocemos,  pues las financias tú, que para eso eres el de las Bellas Artes. Yo por si acaso os dejo los temarios y que sepáis que no compro más material artístico de ningún tipo.

¿Y ahora qué hacemos?, se preguntaron muy consternadas las Musas, una vez que se marchó el padre. Deja de bailar, Terpsícore, que nos mareas, hay que pensar. Vamos a abrirnos un Linkedin para empezar. Apolo, ¿tú sabes de alguien que nos pueda necesitar?

Algún contacto debía de tener Apolo porque al cabo de unos cuantos días recibieron la primera llamada, un  tal Homero. Contestó Clío, ¿sí, dígame? “cuéntame Musa, la historia del hombre de muchos senderos que después de destruir la sacra ciudad de Troya anduvo peregrinando muchísimo tiempo”. Con lo que Clío le contó, que fue mucho y muy detallado,  el hombre se escribió los 24 cantos de la Odisea, puso fin y la firmó.

Terminado el primer encargo, una segunda llamada. Esta vez el empleador se llamaba Virgilio y lo suyo no era la claridad, “cuéntame, Musa, las causas, ofendido qué numen o dolida por qué la reina de los dioses a sufrir tantas penas empujó a un hombre de tan insigne piedad a hacer frente a tanta fatiga”. ¿perdón?, que me aspen si lo entiendo, dijo Polimnia, bueno, da lo mismo, en un rato le mandamos entre todas una historia y usted verá si le conviene. Le convino, fue la Eneida.

Y así un no parar de llamadas, algunos,  como Dante, escueto y a la desesperada, “¡Oh, Musas, ayudadme!”, le ayudaron y toma Divina Comedia.

Trabajo no les faltaba pero estaba muy mal pagado, los honores se los llevaban otros y con tanto crear para los demás no tenían tiempo de crear ellas. Se frustraban, se entristecían, languidecían.

Fueron a hablar con Zeus, aceptarían el trabajo de ser las inspiradoras de aquellos mortales artistas en periodo de sequía, ellas les transmitirían el éxtasis y la locura necesaria para hacer arte pero nada de soplárselo todo al oído, que ya estaba hartas. Como mucho susurrarían alguna que otra idea y otorgarían el hechizo necesario para entrar en ese mundo que está fuera de la realidad y de la razón. Pero querían tiempo para ellas y un sueldo digno.

Bueno, está bien, accedió Zeus, pero devolvedme los temarios que los voy a poner en wallapop.

Otra vez me he alargado mucho y ya no me da tiempo a contar lo de las vecinas envidiosas, el cantante competitivo y el rey acosador.

¡Ayudadme, oh Musas!

Que otro día me ayudarán, eso dicen, no sé si será verdad.