Día: 15 diciembre, 2020

Es muy digno ser urraca

Ya es casualidad que en Macedonia vivieran también nueve hermanas muy aficionadas a las bellas artes. Eran hijas del rey Píero y de una de las Danaides ( las Danaides eran cincuenta hermanas,  los líos que tenían por las mañanas para pasar al baño no se mencionan en ningún texto, lo cual no entiendo porque aquello sí que debió de ser épico y no la guerra de Troya. Luego, ya de mayores,  mataron a sus maridos por orden de su padre pero esto es otra historia y aquí la dejo aparcada).

Vuelvo con las Piérides. Tal vez porque se lo habían dicho repetidas veces sus progenitores o por otros motivos que solo un psiquiatra podría desentrañar,  se creían dotadas de un gran talento para la música, el canto y la poesía. La  verdad es que eran bastante mediocres, por no decir malas de llorar.

Pero como la falta de talento no tiene por qué ir unida a una baja autoestima, y  seguras como  estaban de su valía, atravesaron la Tesalia y parte de Grecia hasta llegar al monte Helicón. Su objetivo era retar a las Musas y disputarles el puesto de primeras de la clase. Para disimular su intención  se hicieron las simpáticas y cercanas,  no era muy recomendable llegar de nuevas a otro barrio ya avasallando, en plan macarra.

 Las Musas se alegraron de haber encontrado a nueve chicas de su misma edad y con sus mismos gustos y aficiones. Cantaron y bailaron juntas, editaron una revista digital con los textos de unas y de otras y hasta salieron de bailoteo alguna noche. Todo muy bien aunque las Piéridas ya empezaban a hacer cosas un poco sospechosas como sacar defectos a lo que hacían  sus amigas, que si te falta aquí un acento, que si mejor pon punto y coma en vez de coma, que esto que has escrito es bonito pero muy facilón o  que cuando cantes no grites tanto y procura no desafinar.  En fin, que trataban de minarles poco a poco la moral.

Hasta que un día no aguantaron más la pantomima y las retaron. A ver quién canta mejor, venga, y a ver quién cuenta más bellas y conmovedoras historias,  si os ganamos nos quedamos con el Parnaso y las floridas riberas del Hipocrene ( una fuente que nacía en la falda del monte Helicón). Si ganáis vosotras os damos los valles de Macedonia.

No es que las Musas quisieran los valles de Macedonia pero  aceptaron el desafío. Los jueces serían las encantadoras ninfas que vivían en los árboles, ríos y arroyos. Comenzaron las Piérides cantando  unos versos muy largos y aburridos que narraban el  combate de Zeus contra los Gigantes (encima pelotas).  Algunas ninfas se durmieron al instante y otras, incapaces de soportar semejante tostón,  se marcharon un momentito al Mercadona a comprar guacamole para la cena.

Volvieron justo a tiempo de escuchar a la musa Calíope. Para estar más cómoda se había recogido su larga cabellera con unas ramas de hiedra, estaba guapísima y qué maravilla lo que narró y cantó,  los pájaros se callaron para escucharla, el viento se detuvo y la luna despertó de su sueño diurno. La decisión estaba clara y las ninfas sin dudarlo dieron la victoria a las Musas.

Las Piéridas, que más que hijas del rey Píero parecían las de Donald Trump, no se conformaban con la derrota,  se pusieron desagradables y empezaron a hacer gestos chabacanos y a proferir insultos muy variados, (en esto sí eran buenas y creativas) además de escenificar (palabra muy de moda que odio bastante) amenazas truculentas.  

Ya se acercaban dispuestas a pegarles una paliza a sus nueve rivales, iban a ganar o por las buenas o por las malas cuando de sus uñas brotaron púas rígidas y penachos  de plumas negros y blancos de los brazos estirados. Las bocas insultantes se afilaron y endurecieron hasta convertirse en picos. En un momento pasaron de tener los pies en el suelo a estar posadas en los árboles cercanos graznando como las urracas que ya eran y por siempre serían.

Esta transformación la narra Ovidio en sus “Metamorfosis” y de ellas dice que eran “estúpidas hermanas que solo por ser nueve se creyeron iguales a las Musas”. Vaya con Ovidio.

El poeta Nicandro de Colofón (me quiero llamar así), un señor que escribía en el siglo II a de c. poemas sobre venenos, para gustos…,  menciona no sé dónde ni por qué los nombres de estas  mujeres: Colímbade, Linge, Céncride, Cisa, Claori, Acalántide, Nesa, Pipo y Dracóntide.

No es que el comportamiento de estas chicas fuera ejemplar pero hay que reconocer que no es fácil asumir que lo que te gusta hacer y para lo que te creías dotado se te da mal y que nunca, por mucho que lo intentes, estarás entre los mejores. Quién sabe si como urracas se sintieron más felices, sin esa presión por ocupar el primer puesto, solo siendo. A lo mejor sí y la metamorfosis les vino bien.

¿Por qué va a ser más valiosa una musa que una urraca? Todo cumple una función y tiene su lugar y su importancia. Ser urraca es muy digno. Pero por si acaso a ellas les disgustó el cambio y tal vez para consolarlas pusieron su nombre grupal, Piérides, a una especie de mariposas.

Anda que no se está poco bien subida en la bola y sin tener que competir con nadie.