Hijos de nube

Frixo y Hele habían nacido de la unión del rey Atamante, que gobernaba Coronea, y Néfele, la diosa de las nubes y nube ella misma. Estar casado con una nube puede parecer algo precioso y tal vez lo sea pero con el paso del tiempo el rey Atamante se cansó de tan vaporosa señora y buscó algo más carnal a lo que agarrarse. Se divorció de Néfele o más bien la repudió y se casó con una tal Ino.

Los niños se parecían más al padre que a la madre, aunque un poco etéreos y cambiantes, no eran nubes ni estaban hechos para recorrer los cielos mudando de forma y color o deshaciéndose en agua. Se quedaron con el padre y con su nueva esposa.

Ino era una mujer muy celosa y poco amante de los infantes, en especial si esos infantes no eran suyos.  Quería a Atamante para ella sola y los niños le molestaban, planeaba tener hijos propios que heredaran las riquezas del padre. Esos dos chiquillos nubosos eran un incordio, así que urdió un plan para deshacerse de ellos.

Convenció a  algunas mujeres campesinas para que tostaran las semillas de trigo que iban a sembrar. El resultado fue que no germinaron y se produjo una situación de hambruna que fue acompañada de peste y desdicha.

Atamante, en vez de consultar a algún ingeniero agrónomo recurrió, el muy magufo, al Oráculo de Delfos y allí que mandó a un emisario para que le revelaran las causas de la hambruna. Ino, temiendo ser descubierta, sobornó al emisario para que dijera que el hambre y la peste solo acabarían si sacrificaban a los dos hermanos en el altar de Zeus.

Ajenos a todos estos trajines y peligros, Frixo y Hele jugaban cada tarde  en el jardín. Estaban un poco tristes por la ausencia de su madre y miraban mucho al cielo, buscándola. A veces veían pasar a a mujeres nube muy parecidas, pero nunca podían estar seguros de que fuera ella. Cada noche lloraban antes de dormir porque las manos húmedas de Néfele ya no les arropaban. De día, como eran niños, se distraían, reían y a ratos se olvidaban.

Una de esas tardes estaban jugando a tirar piedras al estanque para ver si le acertaban al sapo del nenúfar cuando se les presentó así, sin más preámbulos, un carnero dorado. Parecía pacífico y simpático por lo que, vencida la desconfianza inicial, se pusieron a jugar con él. El sapo respiró aliviado.

Acabaron subidos a su lomo galopando por el jardín. El carnero dio vueltas y vueltas y vueltas con sus rizos dorados reluciendo al sol, pegó unos cuantos brincos y al tercero estaba deslizándose por el cielo con los dos niños a bordo.

Dejaron atrás el jardín y Coronea, dejaron muy abajo los campos estériles y sobrevolaron bosques, ríos y por fin un mar. El viaje estaba siendo muy largo y se cansaban, sobre todo Hele que era más pequeña. La niña se quedó dormida, sus bracitos, que abrazaban la espalda de su hermano, se aflojaron, el cuerpo se inclinó hacia un lado vencido de sueño y cayó al mar donde se ahogó. Ese mar se llama en su honor Helesponte.

Una tremenda tormenta se desencadenó, el agua caía con tal violencia que Frixo pensó que tampoco él sobreviviría al viaje. Era Néfele llorando la muerte de su pequeña. Pero la madre se detuvo a tiempo de perder también a su hijo y Frixo logró llegar a la Cólquide, al palacio del rey Eeetes, donde fue muy bien acogido.

Al carnero lo sacrificaron, (si no sacrificaban a algo o a alguien no se quedaban tranquilos), y colgaron su piel dorada (el vellocino de oro) de un roble y custodiada por un dragón para que no faltara de nada en esta historia tan de la vida misma.

Para compensar al pobre carnero, Zeus lo convirtió, ya despellejado, en la constelación de Aries.

Conclusión de todo esto: no se me ocurre.

¿Será alguna de estas la madre de Frixo y Hele?

27 comentarios en “Hijos de nube

  1. Jajajaajajajaj, me encantó el final, un cierre increíble para esta historia que nada le faltó para hacerla más dramática y descabellada, típica de los dioses tan humanos y llenos de malvados sentimientos. Gracias por hacerme reír, un abrazo grande

  2. Madre mía !! Que vida tan dramática y tormentosa! Otra vez me quedo fascinante ante la fantasía inteligencia y imaginación de la Grecia antigua. Quien lo inventaba personalmente!? Quien fue responsable de todo ello que nos cuentas? Gracias Paloma.

    1. No lo sé, supongo que lo escribiría más de uno. A lo mejor competían entre ellos para ver quién innovaba más y metía más fantasía.
      Pero no te lo creas todo, todo que yo también le añado algo. No creo que se enfaden los autores originales.
      Gracias a ti por hacerme compañía.
      Besos, Tatiana.

  3. Entretenida historia. Y un poco rara. Pobres Frixo y Hele. Ahora he curioseado un poco (Néfele, ilustraciones) y he visto que dice la leyenda que fue Néfele quien envió ese carnero, viendo la peligrosa situación de los niños.
    Buen dilema tener que escoger entre lo etéreo y lo carnal. Lo mejor es probar, experimentar y saborear ambas cosas.
    Besos.

    1. Rara es, fantasiosa más bien. Tiene muchos de los arquetipos de los cuentos como la madrastra malvada, por ejemplo.
      Es verdad que el carnero lo envía la madre, se me olvidó mencionarlo y es importante el detalle. Gracias, What.
      Pues eso es lo que hizo Atamente, probar de todo un poco.
      Besos

  4. Me estoy riendo de mí misma ante el hecho de haber leído esta historia con una sonrisa oblicua aún en medio de su tragedia tan clásica. Le otorgas un matiz interesante a una historia que ya de por sí lo es, así que se agradece ese despliegue de talento y creatividad.

    Me da mucho gusto volver a leerte.

  5. Pues a mí me gustaban mucho las nubes pero como solo me daban 5 pesetas al salir del cole me compraba un tico tico de sandía que duraba más. Esto tampoco sé porque te lo cuento… Conclusión: serán cosas de nubes.
    Un abrazo nuboso.

  6. Me ha gustado llegar a tu blog. Veo que recreas los mitos de una forma muy personal e inteligente. Soy bastante ignorante de la mitología en general, o eso creo, y se agradece una aproximación más cercana y sencilla. Las mejores formas de narrar hacen que no te des cuenta de que te están narrando algo, narraciones por las que te dejas atrapar sin darte cuenta. Gracias y saludos.

    1. Y tanto que no es suficiente. La vida no se cambia por uno ni por cien mares con tu nombre.
      En los cuentos son siempre muy malignas las madrastras, en la realidad habrá de todo, seguro.
      Muchas gracias, Raúl.
      Otro saludo

  7. Conozco a un par de Inos de hoy en día…con víctimas como Frixo y Hele.Qué malas algunas madrastras!
    No conocía la palabra “magufo”,mola.

    Vellocino de oro y dragón…una historia sencillita…de estar por casa!

    Buena semana,Paloma.Dentro de lo que cabe…

    1. Yo no conozco ninguna Ino, por suerte.

      Magufo me encanta, es el cree en pseudo ciencias, esoterismos y cosas así, muy poco científicas.
      Jajaja, sí, normalita y cotidiana la historia.

      Buena semana también para ti y gracias por la visita y los comentarios, Carmen.

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