Día: 28 enero, 2021

Aquí sí hay dragón

En la anterior historia mitológica dejé a un dragón custodiando el pellejo del carnero volador o, lo que es lo mismo, custodiando el vellocino de oro. Este dragón había sido elegido para esa misión porque no se podía dormir por las noches, padecía de insomnio crónico, así que dijeron, (alguien lo diría) quién mejor que este para vigilar el vellocino y que no nos lo roben. No era cuestión poner a un vigilante sin problemas de sueño, con lo aburrido que tiene que ser mirar  la piel de un carnero, estaba claro que se iba a quedar dormido.

Pese a esta precaución, sí les robaron el vellocino a los de la Cólquide, pero eso no es lo importante, lo que me atrae de esta historia es por qué no se dormía el dragón, esta es mi sospecha: estaba muy acomplejado y no se aceptaba a sí mismo. Qué malo es eso. Solo hay que conocer por encima a su padre para darse cuenta de lo pequeñito y poco valioso que tenía que sentirse el dragón, pese a tener un larguísimo cuello lleno de anillos y la capacidad enviar su horrísono silbido a muy largas distancias.

Tifón se llamaba su padre y no era un señor cualquiera. Se trataba de un espeluznante y descomunal monstruo alado, era tan alto que se le iban clavando las estrellas en la cabeza y tenía que apartárselas a manotazos. En cada uno de sus dedos tenía una cabeza de dragón y serpientes enroscadas en los muslos. Solo con mirar provocaba incendios tal era el poderío de su mirada de fuego y al mover las alas un poco, lo justo para desentumecerlas, desencadenaba huracanes y terremotos.

Otra característica muy llamativa de Tifón es que era un acaparador de cabezas, en vez de tener una y apañarse con ella como hacemos todos, tenía cien, hala, menudo gasto en paracetamol, gorros, peluquerías y dentistas.

Para acabarlo de arreglar tenían forma de serpientes, con lenguas negras y ojos de fuego. Cada una de esas cabezas poseía su propia voz, con lo que estar a su lado era como cuando vas (o ibas, mejor dicho) , a uno de esos bares muy llenos y con mal aislamiento acústico y acabas loco del vocerío. Pues lo mismo, pero a lo bestia. Además, algunas cabezas hablaban pero otras rugían, ladraban, siseaban, en fin, que cuando le daba por ponerse comunicativo era un tormento.

Tifón se quería vengar de los dioses por haber eliminado a sus hermanos los titanes así que un día se acercó a Zeus y le arrancó los tendones. Así, por lo bravo, qué hombre más impetuoso.

Aunque Zeus los recuperó después , los dioses le tenían mucho miedo, tanto que huyeron a Egipto y para ocultarse de él se transformaron en animales. Dionisio en ciervo, Artemisa en gato, Apolo en cuervo, Afrodita en pez y así hasta completar una bonita fauna.

Cuando por las noches llegaba a casa y se derrumbaba en el sofá con sus cien agotadas testas, el dragón de la Cólquide en pijama lo contemplaba con admirada angustia y mordiéndose las uñas. Pensaba la criatura y ,con razón, que jamás igualaría el porte ni las proezas de su progenitor.

Hay figuras paternas demasiado fabulosas, en exceso apabullantes. Pobre dragón insomne. Y encima le robaron el vellocino durmiéndolo con una pócima ¡Lo que pudo llorar cuando se despertó!