Día: 4 febrero, 2021

Y todo por salir a dar un paseo

Un hombre normal y corriente se estaba dando un paseo por el bosque, en los alrededores del monte Cilene. Iba observando el paisaje y pensando en sus cosas, algunas veces la contemplación del panorama le borraba sus propios pensamientos y otras era su mente la que le apartaba del entorno. Esta vez algo externo llamó su atención, dos serpientes se estaban apareando en mitad del camino. El caminante, de nombre Tiresias, las separó con su bastón. Al darles el golpe para romper la unión mató a la hembra y en ese mismo instante dejó de ser un hombre para transformarse en mujer.

No sé si este cambio repentino de sexo le agradó mucho o poco o le resultó indiferente, tampoco sé cómo se lo explicaría a su familia al regresar a casa ni cómo reaccionaron ellos, de todo esto no habla el mito. Lo que sí dice es que  pasó siete años siendo mujer, cambió algunas de sus costumbres pero mantuvo la de pasear  por el bosque del monte Cilene. Al cabo de esos siete años, en  uno de esos paseos, volvió a encontrarse con dos serpientes en plena cópula y repitió la gracia de separarlas. Sucedió lo mismo que la vez anterior pero a la inversa, se transformó en hombre.

Mientras tanto, en el Olimpo, los dioses se aburrían con tanto tiempo por delante y por detrás, así que discutían mucho y polemizaban por todo. Zeus le estaba diciendo a Hera, ¿quién crees tú que siente mayor placer sexual, el hombre o la mujer? Yo digo que la mujer. Pues no Zeus, es el hombre. Que te digo yo que no, que sois vosotras. Te equivocas, chato, sois los hombres. Eres una cabezota, Hera. Y tú siempre quieres ganar todas las discusiones, no te digo…mira, por ahí abajo pasa Tiresias que vuelve de su paseo, vamos a preguntarle a él, ya que ha sido hombre y mujer.

Tiresias dijo sin dudar que era la mujer la que sentía mayor placer sexual, como diez veces más, añadió. La respuesta no le gustó nada a Hera, ya se sabe que los dioses tenían muy mal carácter, sintió que había desvelado un secreto que ella, por el motivo que fuera, prefería tener guardado. Por eso, vengativa la señora, castigó a Tiresias con la ceguera. Zeus, para contradecir a Hera una vez más o por compensar al pobre hombre, le dio a cambio el don de la videncia y le otorgó una vida mucho más larga que la del resto de los mortales.

Otra vez Tiresias a dar la sorpresita en casa, “hola, familia, esta vez no veo, me he quedado ciego, pero al mismo tiempo veo lo que está oculto, soy vidente, ¿cómo se os queda el cuerpo?”

Pero, ¿eres hombre o muje?, le preguntaron sus hijas.

Lo que a mí me vaya dando la gana sobre la marcha, les contesto Tiresias tanteando la puerta para no darse un golpazo.

Le había cogido el gusto a no quedarse siempre anclado en la misma identidad de género y se cambió de sexo por voluntad propia unas cuantas veces más.

Ejerciendo sus dotes de adivino aparece en muchas de las epopeyas y tragedias griegas. Una de las más impactantes es Edipo Rey, donde tuvo que jugar un papelón nada agradable.

La ciudad de Tebas estaba siendo arrasada por la peste y, como era la costumbre, para saber las causas no mandaron a un grupo de científicos a investigar los posibles orígenes allí donde se produjo el primer caso, sino que fueron a preguntar al oráculo de Delfos, el google para todo de la antigüedad.

 Oráculo, oraculito, ¿quién es el responsable de esta plaga tan horrible?

El oráculo dijo: esto se debe a un problema moral que tenéis sin resolver, el asesino del rey Layo no ha sido detenido ni condenado

¿Y quién es el asesino, oráculo, oraculito?

Yo ya no digo más que bastante he dicho ya, contestó, muy cuco, el oráculo. Preguntad a un adivino que para esto están.

Y aquí entró en acción Tiresias. Edipo, rey de Tebas, lo llamó  a su palacio para que le desvelara el nombre del culpable. Al principio, el adivino se escaqueó como pudo pues sabía que la verdad era demasiado fuerte para ser revelada, pero ante la insistencia de Edipo, habló.

Eres tú, Edipo, el asesino del rey Layo y además tengo que decirte que igual que mataste a tu padre sin saber lo que hacías,  te has casado con tu madre.

Ante semejante noticia Edipo se enfurece, llama ciego a Tiresias, niega lo que está oyendo y lo expulsa del palacio aunque, ya a solas, medita, comprende toda la verdad y se arranca los ojos con los broches del vestido de su mujer y madre. Tremendísimo culebrón.

Aun así, Sófocles, su autor, se atreve a escribir, “ayudar a los demás con lo que uno sabe es el más dulce de los trabajos”. No es por contradecir a Sófocles, cierto que es necesario conocer la verdad o dársela a conocer a otros, pero el proceso no siempre es dulce y sí más bien amargo.

En una de las obras de Luciano de Samosata, “Menipo o la nigromancia” le preguntan a Tiresias, ¿cuál es la mejor manera de vivir? Y él responde que hacerlo como un individuo corriente. Muy corriente no fue la vida de este hombre mujer, el ciego que todo lo veía.