Día: 11 febrero, 2021

Mejor jamón que acelgas

Los humanos siempre nos estamos haciendo preguntas, algunas transcendentales como ¿para qué he nacido o qué sentido tiene esta vida mía?, otras más mundanas como ¿elijo ciencias o letras, Netflix o HBO? Y otras de lo más cotidianas ¿qué me pongo? Puede que para resolver algunas de nuestras dudas o indecisiones recurramos a google o algún otro buscador, que los hay aunque parezca mentira,  y dejemos caer un ¿qué pasa si…?   “Si no pago una multa, si una universidad se incendia, si te mueres”, son las primeras consultas que me han salido con esa introducción.  Si  la pregunta comienza con  ¿qué hago..? las dudas más consultadas son, ¿qué hago con mi vida, qué hago  si me aburro, qué hago para cenar, qué hago si estoy embarazada o qué hago si he estado en contacto con un positivo en covid. (que a esta alturas no lo sepan todavía…)

Como no hemos cambiado tanto por muchos siglos que hayan pasado, más o menos lo mismo les pasaba a los antiguos griegos. Ellos también dudaban, querían orientación antes de decidir para no equivocarse y anhelaban  saber más de lo que sabían de esta vida y su sentido en ella.   Internet y buscadores  no tenían, pero sí adivinos  a montones y unos cuantos oráculos.

Los adivinos utilizaban métodos muy variados para sacar sus conclusiones, algunos eran tan poéticos como escuchar el sonido que hacía el viento agitando las ramas de los árboles o detenerse a mirar el vuelo de los pájaros y luego estaban los  gore, también muy utilizados,  que consistían en degollar a un animal y observar sus vísceras, en especial el hígado les daba muchas pistas sobre los designios de los dioses.

Oráculos también había muchos, el más famoso y potente era el de Delfos, consagrado al dios Apolo y considerado el centro del mundo o su ombligo. El mito cuenta que Zeus puso a volar dos águilas desde los dos puntos opuestos del Universo y que allí donde se juntaran, ese era el centro. Resultó ser Delfos, mira por dónde. A Delfos acudían  particulares de todo rango social, siempre que pudieran pagar sus tasas ya que la adivinación no era gratuita, pero  también pedían consejo e inspiración ciudades enteras, sobre todo para decidir sobre cuestiones políticas o de organización.

La encargada de ponerse en contacto con la divinidad era la sibilia o pitia, ayudada por unos sacerdotes que traducían como buenamente podían las respuestas.  La pitia estaba sentada sobre una banqueta de tres patas, (qué incómoda estaría), unos humos ascendentes comenzaban a envolverla, entraba en trance y hablaba. En el siglo XX unos arqueólogos descubrieron que el Oráculo de Delfos estaba situado sobre unas fallas y por debajo  encontraron etileno, un psicoactivo que altera las percepciones y el ánimo. De ahí, tal vez, el trance de la sibilia que más que iluminación mística era un colocón en toda regla. O a lo mejor todo era una puesta en escena de lo más lograda.

Las respuestas del oráculo eran ambiguas, el que las recibía se las ajustaba como mejor le parecía, esto a veces beneficiaba al consultante y otras le perjudicaba. Un ejemplo es lo que le ocurrió a  Creso, el último rey de Lidia. Cuenta Herodoto y también Ciceron en “sobre la adivinación” que este rey consultó al oráculo para saber cuál era el momento más adecuado para invadir el territorio persa. El oráculo le respondió, más o menos esto, ”Creso, si cruzas el río Halys, (hace frontera entre Lidia y Persia) destruirás un gran imperio” El rey, de alta autoestima,  interpretó el vaticinio a su favor, suponiendo que se refería a los persas pero el imperio que se destruyó fue el suyo y Lidia pasó a poder de los persas.

Se puede sospechar que este lugar no era más que un negocio muy fructífero manejado por unos cuantos que sabían aprovecharse de  esta necesidad tan humana de reducir al mínimo la incertidumbre, a ser posible consultando a otros para no tener que pensar ni decidir. Y sí, seguramente tuvo algo o mucho de negocio. Lo que hay que admitir es que tampoco engañaban del todo a los consultantes pues en el frontón del templo estaba escrita la máxima “conócete a ti mismo” que luego desarrollarían tantos filósofos griegos y se instaba al consultante a que antes de entrar a marear a la pitia con sus preguntas investigase en su interior donde de verdad encontraría las respuestas.

Imaginad que ponéis en google, ¿qué pongo de cena? y te contesta, “primero conócete a ti mismo y averiguarás que mejor jamón que acelgas, so pesao”.