Día: 18 febrero, 2021

Casas de sueños

Cuando en la antigua Grecia alguien enfermaba  podía acudir, en vez de a un centro de salud,  a un Asclepeion o templo de curación.  El tratamiento básico, muy agradable,  consistía en soñar. El enfermo entraba en un cuarto que consideraban sagrado y practicaba lo que ellos llamaban la “incubatio” que no era otra cosa que dormir con el objetivo de producir sueños. Al despertar, relataba su sueño a alguno de los sacerdotes del templo, conocidos como latromantis, una especie de chamanes capaces de interpretar el significado de las narraciones oníricas, traducir sus símbolos y dar con la solución a los males del soñador.

 Algunos se curaban, muestra de ello es la cantidad de relieves votivos que se han encontrado en las diversas casas de sueños, en estos relieves aparece tallada en piedra la parte del cuerpo curado, -una pierna, un ojo, un brazo-, y se agradece a  Asclepio, el dios de la medicina al que estaban consagrados estos templos, el servicio prestado. Los que no se curaban tampoco se molestaban demasiado, lo atribuían a los designios divinos o consideraban, al igual que ahora, que la medicina no es una ciencia perfecta y seguían su camino arrastrando la pierna pocha o lo que fuera que tuvieran defectuoso.

Algo de trampa o ,digamos mejor de astucia, había en este asunto de la curación durmiente y es que a los enfermos muy graves o con riesgo de morir no les dejaban pasar a los templos. Ya sabían ellos que en determinados casos sanar era imposible y eso hubiera desprestigiado el buen hacer del dios Asclepio y los métodos de sus esotéricos sacerdotes, precursores de Freud y Jung.

A este dios  se lo representa con un bastón en el que lleva enrollada una serpiente. Los griegos gustaban mucho de enrollar sierpes a lo que fuera, tanto para simbolizar lo bueno, como es este caso, como para lo malo, como ya se ha visto en otros aderezos serpentinos cuyo fin era aterrorizar o repugnar.

Dentro de los cuartos del templo destinados a la incubatio, estos reptiles recorrían sinuosos el suelo mientras el durmiente hilaba sus sueños. Cómo es que lograban dormirse con esa compañía es algo que no me explico.

Asceplio era hijo de Apolo y de Coronis (nombre que no  trae muy buenas asociaciones pero no creo que tenga nada que ver),  fue educado por un centauro llamado Quirón quien le enseñó a reconocer y emplear plantas medicinales. No es lo mismo haber tenido como profesor de ciencias naturales a un señor llamado Abelardo, pongo por caso, por muy simpático y buen docente que sea, que al centauro  Quirón. Pero que ni punto de comparación. Tanto aprendió Asceplio de Quirón que, con el tiempo,  no solo curaba a los enfermos sino que también resucitaba a los muertos,  pero esto fue antes de morirse él mismo, luego ya perdió esa capacidad.

Así, más o menos, sucedió: a Zeus (qué cargante me resulta el jefe) no le estaba gustando tanta resurrección, le trastocaba su organización y estaba dejando el  inframundo más despoblado que El Matarraña (pueblo de Teruel). Mientras, en el sector de los vivos, encontrar vivienda empezaba a ser un problema y había que caminar dando codazos, entre otras muchas y variadas molestias derivadas de la aglomeración.  Además, si seguía perdiendo personal, Hades, el dios de los muertos se iba a enfadar por falta de competencias y Zeus no quería líos con su hermano de los barrios bajos.  Así que cortó por lo sano, sacó uno de sus rayos y se lo lanzó a Asceplion que murió. Electrocutado, supongo.

 Una vez muerto no se supo resucitar a sí mismo ni a nadie más, el que se moría ya era para siempre y sin remedio, como siempre había sido. Vuelta al orden, al equibrio entre la vida y la muerte y  se acabó el desmadre. Otra cosa es que se pudiera retardar el momento, en eso sí seguía siendo eficaz el señor de la serpiente enrollada en un bastón.

Para ayudarle contaba con su familia. Su mujer, Epíone, calmaba el dolor, su hija Higea se dedicaba a la prevención,  descargando así de trabajo a su padre, su otra hija, Panacea, repartía tratamientos a cual mejor, otro de  sus hijos, Telesforo, se encargaba de supervisar la convalecencia y los otros dos, Macaon y Podalirio eran expertos cirujanos.

Me resultan bastante curiosos los sacerdotes intérpretes de sueños de los Ascepliones, o lo que de ellos se cuenta. Algunos, como Hermótimo, Abaris o Aristeas, podían abandonar su cuerpo mientras dormían, lo dejaban tan ricamente acostado en la cama y se iban a dar vueltas por otros lugares no terrenales hasta que se cansaban de vagabundear y regresaban a sus fundas. De Abaris se dice que volaba por el mundo subido en una flecha, que curaba enfermedades mediante cánticos y que libró al mundo de una plaga. Ya podría resucitar y darse una vuelta por aquí a lomos de su flecha mágica.