Lloro por ti, Atalanta

Cuando nació  Atalanta su padre se enfadó porque era una niña, en vez del niño que él había soñado, así que la abandonó en el monte Partenio y se volvió para su casa a hacer un nuevo pedido, a ver si esta vez le salía más a su gusto.

Una osa que vivía en aquel lugar agreste se la encontró y tras sopesar las dos opciones, “o me la como o me la quedo”, le pudo más el instinto maternal que el depredador y la amamantó y cuidó durante una buena temporada. Pasado un tiempo, cuando la niña ya había crecido,  se aparecieron por allí unos cazadores a los que debió de cautivar con sus habilidades y la adoptaron.

Entre las enseñanzas de una y otros, Atalanta se había convertido en una mujer fuerte, intrépida y tirando a salvaje, adoraba correr descalza por el monte, sentir el viento en la cara, trepar a los árboles y proporcionarse sus propios alimentos. De hacer cola en las cajas del Mercadona no quería ni oír hablar.  No tenía intención alguna de abandonar el bosque en el que vivía ni mucho menos de casarse, por eso se consagró a Artemisa, la diosa de la cacería y los montes y así ya tenía excusa para seguir libre y  a su aire.

Aquellos parajes no estaban exentos de peligros para una mujer bella y solitaria. Dos centauros trataron de violarla pero ella los mató con sus flechas y luego se tumbó a descansar sobre unas rocas mientras miraba la luna y se reafirmaba en su convicción de que esa era la vida que quería, a pesar de sus riesgos.

Mientras tanto, en la ciudad de Calidón campaba a sus anchas un jabalí enorme y feroz,  lo había soltado allí la misma diosa Artemisa, enfadada porque no le habían hecho una ofrenda.  El animal se dedicaba a destrozar  las cosechas  y arrancar todas las vides de raíz y daban tanto miedo sus colmillos elefantiásicos que la gente se refugió dentro de las murallas, los campos quedaron abandonados y pronto llegó el hambre.  El rey envió mensajeros para buscar a los mejores cazadores de Grecia, ofreciendo como premio los colmillos y la piel del jabalí.

A mí el premio no me parece nada atractivo pero a ellos sí se lo debió de parecer porque se apuntaron unos cuantos, entre ellos Meleagro (el propio hijo del rey), algunos de los argonautas (los que iban en busca del vellocino de oro, eran muy aventureros y si no tenían algún lío, se lo inventaban) y la indomable Atalanta. El machismo salió de nuevo a relucir y muchos de ellos, todos hombres, se negaron a participar junto a  una mujer. Meleagro, que se había enamorado de Atalanta, los convenció  para que la dejaran intervenir y empezó la cacería.

La primera en herir al jabalí con una flecha fue Atalanta, lo remató Meleagro pero le ofreció el premio a ella porque consideraba que el mérito había sido suyo. Otra vez se ofendieron los señores porque una fémina se llevaba el trofeo y le arrebataron la piel del jabalí a Meleagro. Este se enfadó, (aquí cuando se enfadaban lo hacían a lo grande),  y los mató. Resulta que a Meleagro las moiras le habían predicho que moriría cuando se extinguiera un tizón ardiendo. Su madre, previsora, había guardado el tizón en una caja, pero ahora, Altea, hermana de los hombres que él había matado, se enfadó también, sacó el tizón de la caja y lo arrojó al fuego. En cuanto se consumió, Meleagro la palmó. Cosillas que pasan.

Todo este lío fenomenal hizo muy famosa a Atalanta, muchos hombres la deseaban y querían casarse con ella pero sobre su vida también pendía una profecía desagradable relacionada con el matrimonio. El oráculo había augurado que cuando se casara se convertiría en animal.

Para quitarse a los pretendientes de encima y como se sabía invencible convocó una carrera, “mi novio será el que me gane, pero al que gane yo, me lo cargo”, pese a esta terrorífica condición muchos se animaron. Ella, bastante chulita, les daba ventaja, pero ni por esas, aceleraba un poco, ganaba con facilidad y, ale, los mataba.

Hasta que apareció por allí el joven Hipómenes, que no era más rápido que ella pero sí más astuto y contaba con la ayuda de la diosa Afrodita, que no entendía el rechazo de la chica por el amor y hasta le sentaba mal, “¿pero por qué no le gusta lo mejor de la vida a esta mujer?, se va a enterar”, se dijo. Le regaló a Hipómenes tres manzanas de oro, procedentes de uno de los árboles del jardín de las Hespérides, lleno de manzanos de frutas doradas que otorgaban la inmortalidad. La treta consistía en dejar caer las manzanas durante la carrera para distraer con su brilli brilli a Atalanta.

Lo cierto es que Atalanta ya estaba enamorada de Hipómenes sin ella misma saberlo, era un sentimiento nuevo para ella y no lograba identificar esa ternura que sentía al contemplar al joven y la pena que le estaba entrando porque sabía que ella era más rápida y tendría que matarlo. Tal vez por eso se paró a recoger la primera manzana y también la segunda, aun así iba ganando, pero cuando Hipómenes tiró el tercer fruto dorado a sus pies, Atalanta se detuvo un poco más de la cuenta y por primera vez, perdió.

Se casaron y la unión fue feliz, los dos se amaban. En una ocasión en la que volvían de regreso de un viaje entraron a descansar en el templo de la diosa Cibeles, les entró un irrefrenable deseo y no se contuvieron.  Buena se puso la diosa por lo que ella consideró una falta de respeto intolerable. “Pues ahora os convierto en leones, para que os vayáis enterando”. Los antiguos griegos pensaban que los leones no se apareaban entre ellos sino con leopardos o con panteras, por lo que el castigo era doble. Y no satisfecha con eso, la diosa  no los dejó libres sino que los utilizó como bestias de tiro para su carro y así por toda la eternidad.

Me hubiera gustado otro final mejor para Atalanta, no se merecía este  tan cruel pero el mito es así, termina mal. Lloro por la niña rechazada y abandonada, por la chica libre y valiente que, tras enfrentarse a tantas injusticias sin arredrarse, justo cuando amaba y era amada fue por siempre esclavizada.

28 comentarios en “Lloro por ti, Atalanta

  1. Yo creo que Atalanta era para mí.
    Tú misma lo dices en el tercer párrafo:
    … Atalanta se había convertido en una mujer fuerte, intrépida y “tirando a salvaje”…

    Otra que se me escapó, jajjajaaja

    Besos.

    1. Pues es verdad, ¡¡ qué buena pareja hubiérais hecho!!
      Pero a cambio te libraste de acabar siendo el león de la fuente donde celebran sus victorias los del Madrid
      ¿Te imaginas? Uffffffffff

      Besos

  2. Me encanta cómo lo cuentas, tan amena.
    Sí, también lloro.

    Y ya que aprendí a dejarte vídeos, otro de una magnífica obra, que seguro conoces:

    Si te apetece verlo 🙂

    ¡Mil besos, muchos …!!!

    1. Me ha resultado interesantísimo todo lo que cuenta. Lo he disfrutado mucho.
      La pintura la he conocido al escribir el texto, tengo que ir al Prado a verla en vivo.
      Muchas gracias, Rosa 🙂
      Besos

      1. Me alegro de que te haya gustado 🙂
        Que la disfrutes en vivo.

        Gracias a ti, querida Paloma.
        Un beso.

  3. no te salgas del camino y todo irá bien, lo que digan tus mayores, lo que pongan las leyes etc etc.. más o menos es lo que quieren decirnos todas las fábulas de la antigüedad

    Eso y que las mujeres peligrosas son sexys, aunque no sé yo si me jugaría la vida por un poco de sexo, me parece más propio de salmones ese comportamiento 🙂

    Muy interesante, como siempre

    1. El caso es que ella entró en el camino porque se casó y abandonó su vida agreste. Así que no entiendo muy bien ese castigo. Es un poco raro el final.
      Y en cuanto a los salmones 🙂 es muy típico de cuento de hadas o leyenda el arriesgar la vida por un deseo, sea sexual o de otro tipo. Tampoco sé por qué.
      Vamos, que hoy no sé nada.
      Gracias!!

      1. Tienes razón, ella entró por el camino… Parece un final de guionista sádico, quizás eso sean los dioses, guionistas hartos de sus personajes 🙂

  4. Estos profetas son unos envidiosos impresentables, en sus historias, las mejores chicas la acaban pifiando. Pobriña Atalanta. Un besazo.
    Atalantarse también significa arreglarse para ponerse guapa. O guapo.

    1. Esa palabra me encanta, la decía mucho una señora muy maja que conocí. Y también decía “desatalantado” cuando alguien estaba fuera de sí, nervioso o trastornado.
      En cuanto una destacaba…castigo que te crió.

      Besos, Carlos.

  5. Está claro que lo de los amores felices no era muy del gusto del Olimpo. Me da rabia el comportamiento de Cibeles, una diosa tan madridista … Saludos, Evavill.

  6. Vaya, qué final tan injusto para Atalanta. Y lo peor, para mí, es que tiene un sabor totalmente madrileño y madridista, jajaja. Cibeles y sus leones. Ahora me ha entrado la curiosidad: los famosos leones que custodian el Congreso de Diputados, ¿son los mismos que los de la Cibeles? Pues acabo de repasar 3 artículos. Parece que sí, que son los leones de la Cibeles. Incluso se habla del mito de Atalanta e Hipómenes. Por eso dicen algunos que uno de esos leones carece de testiculos, porque es hembra. Curiosa la historia, pues parece haber cierta disparidad de opiniones, según las fuentes. Pero parece que sí, que son los mismos leones (por ejemplo la wikipedia lo asegura).
    https://madridenruta.com/la-curiosa-historia-los-leones-del-congreso/
    Parece que el escultor Ponciano Ponzano se inspiró en este mito. Y los leones de la fuente son obra de un artista totalmente distinto (son más antiguos). Vaya, que me he tirado unos minutos consultando. Pero gracias a tu entrada he descubierto algo que no sabía.
    Ah, fíjate en ese artículo en la foto de los leones creados por José Bellver (segundo proyecto y después trasladados al jardín de Monforte), porque me parecen muy bellos.
    Atalanta creo que tenía una existencia bella y feliz. Era libre, salvaje, independiente, integrada en la naturaleza. Quizá este mito tiene mucho de simbolismo en el sentido de que si aceptamos los convencionalismos sociales, o nos mezclamos con los humanos, podemos perder esa libertad. Entiéndase con el tema de casarse o tener una relación, o simplemente el hecho de amar, que es lo que lleva a Atalanta a su condena. También es curioso todo el paralelismo de las manzanas arrojadas por Hipómenes con el mito de Adán y Eva, aunque sean historias y simbolismos distintos (pero es el dar rienda suelta al deseo sexual cierto común denominador). Hay cierto paralelismo: perder la libertad, la virtud… y desembocar en la condena, el castigo, el pecado, etc.
    Besos.

    1. Fíjate que pese a ser madrileña y haber pasado tantas veces por delante y por detrás de esa fuente no tenía ni idea de lo que representaba. Ni tampoco los leones de las Cortes. Ahora voy a mirar lo que dices.
      Creo que tu interpretación del mito está muy acertada, en ningún momento se me ocurrió pensar en Eva pero en el vídeo que me puso Rosa sí mencionan los parecidos entre una y otra.
      Siempre castigando, qué pesados!!
      Besos, What

    1. En realidad no tengo ni idea y lo digo en serio. Me voy documentando sobre la marcha y encima luego se me olvida.
      Pero contar historias sí me gusta y recrearlas a mi manera.
      Gracias, CarMac

  7. Aja, por fin me he enterrado ¿ por qué leones? Gracias, Paloma. Eres una divulgadora perfecta, gracias a ti a diario leo los mitos y leyendas tanto griegos como romanos. Un abrazo.

  8. Pobre Atalanta!
    Con las manzanas brilli brilli pensé en la manzana del paraíso y pensé que caer en esa “tentación” le traería un disgusto…y vaya si se lo trajo…
    Mundo cruel este y el de los mitos.

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