Día: 29 mayo, 2021

Baldosa rota

A Maria del Rosario y a mí nos invitaron a un evento, ¡la de tiempo que hacía que no teníamos nada así, que no íbamos a ningún sitio destacado, que no nos vestíamos de fiesta! Yo estaba como loca de contenta, mi Mari Rose, como yo le llamo, no tanto. Cuando nos dijo Irma, la secretaria del jefe, que nos iban a invitar también a nosotras se quedó muy quieta en su silla, como si le hubiera dado una parálisis repentina y luego,- por suerte que no era eso-, giró la cabeza y se puso a mirar por la ventana con esa cara suya de  “yo no soy de este mundo”.

Pero Rosarilla, ¿te has percatao?,  ¡que nos vamos de evento! Y no cualquier evento, no, he oído que va gente de la televisión y hasta algún embajador. Madre mía, qué nervios, ¿qué nos ponemos?, tendremos que ir de compras, vamos a ir divinas de la muerte las dos, eso tenlo por seguro.

Me respondió con un “buffff”, igual que cuando se deja salir el aire de un globo. Bah, le dolería algo, a veces tiene eso de las cervicales que se le agarrotan y luego, lo de sus problemas familiares pero, como le digo siempre, problemas tenemos todos, guapa, y solo se vive una vez. A las penas, garrotazos.  

De la tele, ¿quién iría? En la tele hay tantos…los embajadores me dan más igual, parecen más aburridos,  tampoco creo que se los pueda distinguir a simple vista, si acaso por su dominio del saber estar y por su acento extranjero.

Resumiendo: nos fuimos de tiendas. Hacía una tarde, ¡qué tarde!, primavera en estado puro, el cielo azul resplandeciente, las calles animadísimas, rosas plantadas en los bulevares, ay, ¡una  alegría que me estaba entrando por la espina dorsal, un subidón! Mari Rose refunfuñaba, es que no le gusta ir de tiendas, pero te guste o no,  hay que ir de vez en cuando, no queda más remedio,  sobre todo si te invitan a un evento y de fondo de armario lo más que tienes es polvo.

Entramos en una tienda que por el escaparate me dio buen rollo, la dependienta nos sacó varios vestidos y los desplegó sobre el mostrador. Uno era de color verde con volantes por arriba y por abajo, me encantó,  pero a ella no se le ocurrió nada mejor que decir que parecía un disfraz de lechuga, del otro, uno morado monísimo, que le recordaba a una vestimenta arzobispal. Al final se metió a probarse el tercero, uno gris brillante con un frunce.

Sienta de maravilla, ya lo verá, dijo la vendedora,  no es lo mismo verlo en la percha que puesto, la ropa hay que probársela.

Toda la razón tenía la mujer.  

¿A que huele aquí?, preguntó María del Rosario antes de meterse al probador con el traje gris del frunce.

Es nuestra fragancia personalizada, contestó con satisfacción la vendedora, marca de la tienda, si le agrada tenemos  unos perfumes para el hogar a su disposición.

Pero ¿cómo me va a agradar  este tufo? Tengo la sensación de que ha cobrado forma, siento como si tuviera brazos y me quisiera asfixiar.

Esto me lo dijo a mí, de probador a probador, confío en que no lo oyera la otra porque era muy simpática, estaba haciendo su trabajo y nos atendía muy bien,  esos comentarios no se deben hacer, pero María del Rosario es así.

Los probadores eran muy graciosos, tenían puertas batientes como en los bares del oeste, se cerraban con un ganchito. Dentro, los colgadores para dejar la ropa, no eran perchas propiamente dichas sino las ruedas de unos grifos de tipo industrial. Me encantó. Se lo dije: Mari Rose, qué monos son los probadores, ¿te has fijado en lo de las ruedas?

Espero que esa tía no abra el gas, mi puerta no cierra y hay una baldosa medio rota, mira que si me rompo la crisma y tengo que aparecer en urgencias vestida de lagarterana…

Y la oí reírse sola. Por lo menos se reía un poco, porque tiene un punto sieso la pobrecita mía, no sabe que la vida se compone de pequeños momentos y hay que procurar disfrutarlos. Yo estaba disfrutando mi momento probador y mi momento vestido de volantes que, no es por nada, pero me sentaba no bien , lo siguiente. Para romperle los protocolos a cualquier embajador.

La dependienta se acercó a preguntarnos qué tal.

Genial, me lo llevo.

A mí esto no me va, si es que este frunce, ¿para qué se lo pondrán? Es suficiente con una buena tela, un buen corte, una buena caída.

Menos es más, respondió la vendedora queriendo agradar a tan difícil compradora.

Pues por eso, yo aquí veo más, contestó ella. Qué vergüenza me estaba haciendo pasar.

Menos mal que en ese instante salió una mujer de otro de los probadores y desvió la atención de nosotras, tenía la cara muy roja, como si hubiera estado haciendo flexiones y sentadillas en su interior, lo cual no veo muy factible porque el espacio era más bien exiguo pero hay gente pa tó.

Le entregó un montón de ropa a la vendedora y resoplando con disgusto dijo, para comprarse ropa hay que ser muy delgada o tener veinte años.

¿Quiere que le busque otra tallita?, le preguntó la vendedora como con miedo de su reacción.  Pero la otra ya estaba en la calle, huyendo de sí misma, me pareció.

Tallita, tallita, ¿pero por qué lo dice en diminutivo? Es como esas madres que cuando quieren que el niño se coma la comida dicen pescadito y filetito.

Habla más bajo, Mari Rose, que te va a oír y es cordial, lo dice así por amabilidad.  Pues yo te lo veo muy mono y el frunce te queda bien, ajusta en el sitio exacto donde tiene que ajustar ni más arriba ni más abajo.

Te queda ideal, se unió la vendedora,  ese mismo modelo se lo llevó el otro día una clienta que tiene un estilo impresionante, si luego le añades algún complemento lo subes y  pasas de look a lookazo.

Yo esto no me lo llevo pero ni de coña, me confesó María del Rosario cuando la otra se fue. Y menos si se lo ha llevado la del estilo, ¿qué ha querido decir con eso, insultarme o tentarme?

Miramos en otra tienda, si quieres, podemos entrar en muchas más, las que hagan falta hasta que encuentres algo que te guste. Yo me voy a llevar el de los volantes, es muy bonito, tiene movimiento. Me veía ya bailando y volanteando por todo el evento.

Todo esto de las tiendas me causa vacío existencial, dijo mi Mari Rose, que es muy suya, tropezando con la baldosa rota.