Baldosa rota

A Maria del Rosario y a mí nos invitaron a un evento, ¡la de tiempo que hacía que no teníamos nada así, que no íbamos a ningún sitio destacado, que no nos vestíamos de fiesta! Yo estaba como loca de contenta, mi Mari Rose, como yo le llamo, no tanto. Cuando nos dijo Irma, la secretaria del jefe, que nos iban a invitar también a nosotras se quedó muy quieta en su silla, como si le hubiera dado una parálisis repentina y luego,- por suerte que no era eso-, giró la cabeza y se puso a mirar por la ventana con esa cara suya de  “yo no soy de este mundo”.

Pero Rosarilla, ¿te has percatao?,  ¡que nos vamos de evento! Y no cualquier evento, no, he oído que va gente de la televisión y hasta algún embajador. Madre mía, qué nervios, ¿qué nos ponemos?, tendremos que ir de compras, vamos a ir divinas de la muerte las dos, eso tenlo por seguro.

Me respondió con un “buffff”, igual que cuando se deja salir el aire de un globo. Bah, le dolería algo, a veces tiene eso de las cervicales que se le agarrotan y luego, lo de sus problemas familiares pero, como le digo siempre, problemas tenemos todos, guapa, y solo se vive una vez. A las penas, garrotazos.  

De la tele, ¿quién iría? En la tele hay tantos…los embajadores me dan más igual, parecen más aburridos,  tampoco creo que se los pueda distinguir a simple vista, si acaso por su dominio del saber estar y por su acento extranjero.

Resumiendo: nos fuimos de tiendas. Hacía una tarde, ¡qué tarde!, primavera en estado puro, el cielo azul resplandeciente, las calles animadísimas, rosas plantadas en los bulevares, ay, ¡una  alegría que me estaba entrando por la espina dorsal, un subidón! Mari Rose refunfuñaba, es que no le gusta ir de tiendas, pero te guste o no,  hay que ir de vez en cuando, no queda más remedio,  sobre todo si te invitan a un evento y de fondo de armario lo más que tienes es polvo.

Entramos en una tienda que por el escaparate me dio buen rollo, la dependienta nos sacó varios vestidos y los desplegó sobre el mostrador. Uno era de color verde con volantes por arriba y por abajo, me encantó,  pero a ella no se le ocurrió nada mejor que decir que parecía un disfraz de lechuga, del otro, uno morado monísimo, que le recordaba a una vestimenta arzobispal. Al final se metió a probarse el tercero, uno gris brillante con un frunce.

Sienta de maravilla, ya lo verá, dijo la vendedora,  no es lo mismo verlo en la percha que puesto, la ropa hay que probársela.

Toda la razón tenía la mujer.  

¿A que huele aquí?, preguntó María del Rosario antes de meterse al probador con el traje gris del frunce.

Es nuestra fragancia personalizada, contestó con satisfacción la vendedora, marca de la tienda, si le agrada tenemos  unos perfumes para el hogar a su disposición.

Pero ¿cómo me va a agradar  este tufo? Tengo la sensación de que ha cobrado forma, siento como si tuviera brazos y me quisiera asfixiar.

Esto me lo dijo a mí, de probador a probador, confío en que no lo oyera la otra porque era muy simpática, estaba haciendo su trabajo y nos atendía muy bien,  esos comentarios no se deben hacer, pero María del Rosario es así.

Los probadores eran muy graciosos, tenían puertas batientes como en los bares del oeste, se cerraban con un ganchito. Dentro, los colgadores para dejar la ropa, no eran perchas propiamente dichas sino las ruedas de unos grifos de tipo industrial. Me encantó. Se lo dije: Mari Rose, qué monos son los probadores, ¿te has fijado en lo de las ruedas?

Espero que esa tía no abra el gas, mi puerta no cierra y hay una baldosa medio rota, mira que si me rompo la crisma y tengo que aparecer en urgencias vestida de lagarterana…

Y la oí reírse sola. Por lo menos se reía un poco, porque tiene un punto sieso la pobrecita mía, no sabe que la vida se compone de pequeños momentos y hay que procurar disfrutarlos. Yo estaba disfrutando mi momento probador y mi momento vestido de volantes que, no es por nada, pero me sentaba no bien , lo siguiente. Para romperle los protocolos a cualquier embajador.

La dependienta se acercó a preguntarnos qué tal.

Genial, me lo llevo.

A mí esto no me va, si es que este frunce, ¿para qué se lo pondrán? Es suficiente con una buena tela, un buen corte, una buena caída.

Menos es más, respondió la vendedora queriendo agradar a tan difícil compradora.

Pues por eso, yo aquí veo más, contestó ella. Qué vergüenza me estaba haciendo pasar.

Menos mal que en ese instante salió una mujer de otro de los probadores y desvió la atención de nosotras, tenía la cara muy roja, como si hubiera estado haciendo flexiones y sentadillas en su interior, lo cual no veo muy factible porque el espacio era más bien exiguo pero hay gente pa tó.

Le entregó un montón de ropa a la vendedora y resoplando con disgusto dijo, para comprarse ropa hay que ser muy delgada o tener veinte años.

¿Quiere que le busque otra tallita?, le preguntó la vendedora como con miedo de su reacción.  Pero la otra ya estaba en la calle, huyendo de sí misma, me pareció.

Tallita, tallita, ¿pero por qué lo dice en diminutivo? Es como esas madres que cuando quieren que el niño se coma la comida dicen pescadito y filetito.

Habla más bajo, Mari Rose, que te va a oír y es cordial, lo dice así por amabilidad.  Pues yo te lo veo muy mono y el frunce te queda bien, ajusta en el sitio exacto donde tiene que ajustar ni más arriba ni más abajo.

Te queda ideal, se unió la vendedora,  ese mismo modelo se lo llevó el otro día una clienta que tiene un estilo impresionante, si luego le añades algún complemento lo subes y  pasas de look a lookazo.

Yo esto no me lo llevo pero ni de coña, me confesó María del Rosario cuando la otra se fue. Y menos si se lo ha llevado la del estilo, ¿qué ha querido decir con eso, insultarme o tentarme?

Miramos en otra tienda, si quieres, podemos entrar en muchas más, las que hagan falta hasta que encuentres algo que te guste. Yo me voy a llevar el de los volantes, es muy bonito, tiene movimiento. Me veía ya bailando y volanteando por todo el evento.

Todo esto de las tiendas me causa vacío existencial, dijo mi Mari Rose, que es muy suya, tropezando con la baldosa rota.

26 comentarios en “Baldosa rota

  1. Suelen darse mucho esos contrastes, me gustó leerlo, tiene un buen ritmo y te va metiendo dentro del acontecer, cuando quieres a alguien animarlo y todas las respuestas son negativas y ya ni sabes que hacer, más que clavarte en lo tuyo y que no te estropée el momento. Gracias Eva por este relato, un abrazo grande y feliz fin de semana

  2. Dame el teléfono de Mari Rose.
    Es mi alma gemela.
    No puedo con las tiendas de ropa.
    Siempre hace calor.
    Mucho calor.
    Parecen el infierno en la tierra.
    Y ahora con las restricciones por el Covid hay que hacer colas para todo.
    Cualquier día me hago musulmán, me compro veinte chilabas de diferentes colores y se acabó tanta tontería…

    Salam Aleikum Paloma.

    P.D. ahora que ya voy a abrazar el Islam puedo ofreces seis camellos por Mari Rose.
    Ya me dirás.

    1. Va para allá Mari Rose con sus chilabas de quita y pon en la maleta y sin que me tengas que mandar camellos, mira qué bien.

      Es cierto lo del calor, sobre todo en los probadores, antesala del infierno.

      Aleikum Salam, Toro Salvaje

  3. Mi querida, mi imaginacion ha volado, y he pensado que las dos eres tu. A mi me pasa: tengo un costado vivaz, alegre, simpaticon ,y una cinica a la que nada le viene bien, burlona … y eso me ha parecido: dos caras de la misma moneda Me ha encantado

  4. En las tiendas de ropa, al menos con los hombres, pueden pasar dos cosas: que no te hagan ni caso, como si nunca hubiera nadie para atenderte, o que ejecuten un marcaje hombre a hombre del que no te puedes escapar, tratando de venderte cosas sin que te dé tiempo a pensar. A nosotros nos tratan como a niños, con vosotras el trato es diferente, debe ser porque consideran que tenéis más criterio para estas cosas. Con chicas como Mari Rose creo que deberían cambiar la táctica y hacer como con los hombres, es decir, ni caso, a ver si se cansa. Muy divertido, Evavill. Besos.

    1. Me ha hecho mucha gracia lo del marcaje hombre a hombre, jajaja, menudo agobio.
      Creo que lo ideal es un término medio, un poco de caso pero de lejos, sin presionar.

      Gracias, Raúl
      Besos

  5. A ver, que si la mujer no quiere ir al evento ni quiere comprar, que no lo haga, qué manía de querer hacerme sociable y «protocolaria». Uy, hacerla, quería decir, en qué estaría yo pensando…
    ¡Me ha gustado mucho! ¡Un besote!

    1. Ya te he pillado yo a ti 😉

      Eso, qué manía con obligar a los demás a hacer lo que no quieren hacer. Pero si no queda más remedio es mejor dejarse llevar y tratar de pasarlo bien.

      Besos, Luna

  6. Desde luego, a las penas, garrotazos.
    Ay, lo que me he reído, de verdad. Sobre todo con lo del vestido verde “disfraz de lechuga”. Creí que con el vestido morado (vestimenta arzobispal) ibas a salir con lo de “disfraz de remolacha, o col lombarda”. Hubiera cuadrado.
    A ver, ir de tiendas no es mi gran hobby, pero tampoco me causa rechazo. Es divertido, de vez en cuando. Como a todo el mundo, me gusta comprar y gastar. También ropa, y probármela (acabo teniendo en exceso). Y no pocas veces he oído decir que a los hombres no nos gusta ir de tiendas. Pues depende. A mi me encantaba chafardear en Discos Castelló.
    Mari Rose es demasiado negativa. El vacío existencial. Sí, desde luego. Ahora bien, si tienes eso claro (que existe) has de tener aún más claro que no lo llenará el ir de tiendas, ni la comida ni el sexo, ni escribir. Habrá que buscar algo que ataque más directamente el problema. Aunque actividades así pueden ayudar a distraer y pasar el bache. Mari Rose es la versión femenina de aquel Toni.
    Y encima se tropieza con la baldosa rota. No falla. Es cósmico. Me he tronchado.
    Besos.

    1. Pues si te has reído ha valido la pena el sufrimiento de Mari Rose en el probador y su tropiezo final :))
      No es que quiera aplacar su vacío comprando, es que es comprar lo que le produce esa sensación.
      ¿Te recuerda al Toni?, jajaja, todos se terminan pareciendo. Me repito.
      Besos

  7. A ver, dile también a Mari Rose que de cara a los eventos hay que ser realista y pragmático, e ir con esperanza y optimismo. ¿Qué quiero decir? Que hay que pensar en los canapés, las tapas, las cervezas y demás. Ir a tu rollo y santas pascuas.

  8. Todo esto de las tiendas me causa vacío existencial….fenomenal , Paloma! Es lo que me pasa a mi -vacio existencial- , cuando no quepo en la ropa elegida. Un abrazo,es un placer leerte.

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