Quedan avisados

“Queridos amigos, esta película destila emociones por sus cuatro costados. Solo tengo una palabra para definirla: joya.” Se rascó pensativo una ceja y antes de subir la crítica a internet bajo el seudónimo de Olmo, la repasó una vez más y se sintió satisfecho. Era buena, mejor que buena, era como la misma película que reseñaba: una joya. Pequeña, cierto, pero reluciente.

¿Puedes hacer  caso a la niña un rato? gritó ella desde el otro cuarto.

Samuel no contestó, le molestaba que le hablase a través del tabique.  Se asomó a la ventana, en la acera de enfrente había un taller de coches y al lado un solar en el que habían colocado un cartelón enorme, “Vicopal, familiarízate”, se leía. Vicopal debía de ser una constructora. De momento, el solar estaba lleno de margaritas y otras flores silvestres. En el cartel aparecía una familia compuesta por un hombre y una mujer, ambos jóvenes y guapos, con un niño y una niña de la mano.  Paseaban plenos de felicidad por un campo de verdad.

Samuel se volvió a sentar para releer la reseña, le gustaba que quedara perfecta y aunque antes ya le había parecido que no había nada que corregir quería darle el último vistazo y añadirle su coletilla habitual. “No les dejará levantarse de la silla, quedan avisados”

Que si puedes hacer un poco de caso a la niña, te he dicho.

Esta vez ella no le estaba hablando a través del tabique, asomaba su cara por la puerta, la niña venía detrás, dando saltos.

¿Te peino, papá? Llevaba en la mano un peine de plástico de color rojo, el que usaba para sus muñecas.

Ahora no, cariño, papá está terminando una cosita pero después jugamos al escondite.

No, después, no, jugáis ahora, tengo una conferencia, ¿puedes levantarte de la silla?

A Samuel esa frase le sobresaltó, ¿es que acaso ella leía sus críticas cinematográficas y se trataba de una ironía? Mucho lo dudaba, el archivo tenía una clave y él siempre firmaba como Olmo, habría sido una coincidencia.

La niña le pasó el peine por el pelo y luego, sin querer,  se lo metió en un ojo.

¿Te has hecho daño?, te curo ahora con una tirita.

Samuel se temió que quisiera ir a por su maletín de médico de juguete y aplicarle todos los remedios.

No, mejor salimos a dar un paseo, ¿quieres?

Fueron caminando hasta el pequeño parque del barrio. Mientras su hija iba cosechando piropos y simpáticos saludos a los que respondía sonriente y moviendo su pequeña mano como una mini diva, él iba pensando en la siguiente película que pensaba reseñar.

“Es una radiografía de sentimientos encontrados, presenta una visión descarnada de la vida en pareja”, parecía, por cómo a veces le caían del cielo, que alguien le dictaba esas frases pero no, se le ocurrían a él solo.Ya sabía que si no las apuntaba en el momento, volarían. La anotó en las notas del móvil aprovechando que se acababan de parar en un semáforo.

En el parque se encontró con el padre de otro niño con el que a veces hablaba o más bien era el otro el que hablaba. Era simpático y parecía un buen tío, pero Samuel sabía que no tenían nada en común, así que nunca le había contado que hacía críticas de cine, en realidad no se lo había dicho a casi nadie, era su pasión secreta. Y las pocas veces que lo había contado se había arrepentido, como si se estuviera traicionando y estropeando esa parte de su vida que tanto le gustaba.

Mientras los niños jugaban, el otro padre comenzó a hablarle de una casa que se estaba construyendo en el campo. He puesto en ella muchos sueños, dijo. Va a tener chimenea, futbolín y un barra de bar. Muchos sueños tengo en esa casa, mucha ilusión, repitió. Los columpios subían y bajaban, unos gorriones picoteaban unos restos de patatas fritas.

“Ante tan buen hacer cinematográfico, el espectador termina por sucumbir. No exagero si digo que esta puede ser la propuesta visual más hermosa de la historia del séptimo arte”, tenía que apuntarlo como fuera.

Perdona, le dijo al de la casa llena de  sueños, tengo que contestar a un mensaje.

Nos tienen fichados, ¿eh?, todo el día conectados queramos o no. Cuando esté en la casa del campo voy a esconder el móvil y demás dispositivos electrónicos debajo de la piedra más grande que encuentre.

Samuel hizo un gesto de asentimiento con la cabeza aunque él no deseaba prescindir de la tecnología, al contrario, y se  apartó un poco para escribir la frase en sus notas. Estaba deseando llegar a casa para sentarse frente al ordenador y ponerse a redactar la nueva reseña.

¡Ya estamos aquí!, se anunció al entrar. Ella salió del cuarto y le hizo un gesto brusco pidiéndole silencio,  llevaba puestos los pantalones del pijama y por arriba una camisa azul de vestir, se había pintado los ojos.

Estoy en una conferencia, dijo en voz baja, estresada.

¿Jugamos a las tiendas, papi?

Vale, dijo él.

Ese juego era soporífero, la niña se sentaba en una silla de su cuarto y él tenía que entrar y simular que compraba algo, hacían pagos imaginarios y ella le daba artículos también imaginarios. Por algún motivo extraño, era una tendera  seria, taciturna y muy poco amable, como si en el juego sacara la parte contraria de su personalidad que en la realidad era alegre y expansiva.

 Entró y salió varias veces interpretando a distintos compradores pero su mente no estaba ahí, la voz del crítico se había embalado y acababa de soltarle, “es capaz de combinar el drama y la comedia a velocidad vertiginosa, rodada con brío y soltura resulta una maravilla de principio a fin. Uno de los grandes regalos que los dioses nos han hecho a los mortales”

¿Plátanos o mandarinas?, le dio a escoger la antipática niña frutera

Fingió que hacía la compra, que salía de la tienda y abrió el portátil. Se sentó a escribir, “lograr todo esto no es tan fácil, no se crean, se quedarán pegados al sofá, quedan avisados”.

Uno baña a la niña y otro hace la cena, dijo ella, irrumpiendo con su extraño conjunto de teletrabajo. Samu, reacciona, ¿puedes aterrizar y despegarte del sofá? Estoy agotada.

Vicopal, familiarízate, le vino tontamente a la cabeza.

20 comentarios en “Quedan avisados

  1. Madre mía… qué panorama…
    El teletrabajo, la vida en pareja, las responsabilidades, ejercer de padre, de madre, el torbellino de vivir en familia en su más patético esplendor.
    Familiarízate… y un huevo!!!
    De verdad que mucho gris en todos los días, en todas partes y de vez en cuando algún chispazo efímero de ilusión que desaparece como por arte de triste magia.
    Y lo peor es que todos lo niegan, sus familias son mágicas y sus vidas maravillosas.
    En fin… triste condición la del ser humano.

    Ah, otra cosa…
    Disfruto mucho leyéndote.

    Besos.

    1. El gris debe de ser a la vida como la materia oscura en el Universo, un relleno esencial.
      La gente es muy mentirosa, hasta consigo misma.

      :)) gracias, Toro

      Besos

  2. Muy bien Paloma. Me encanta tus relatos acerca de la tensión de pareja provocada por los hijos y la frustración que producen al no poder desarrollarse individualmente por tener que cumplir con sus obligaciones familiares. Todavía recuerdo uno genial de hace unos años pero desde la perspectiva de ella…
    Un abrazo

    1. Hola, Manuel.
      En realidad no quería hablar de eso sino de la pasión cinematográfica del personaje, pero me desvié.
      Yo no recuerdo ese otro relato, por ahí estará.

      Muchas gracias por comentar 🙂

      Besos

  3. Me imagino a Olmo en una especie de burbuja, como esas bolas gigantes en les que te metes y ruedas. Desde ahí escucha todo en off y va dejando que le empujen.
    Muy chulo. 🙂
    ¡Un besote!

  4. Me ha caído muy bien Olmo. Su pasión por el cine (y por escribir de cine) es como la de muchos de nosotros en el mundo de los blogs, que escribimos -por ejemplo, sobre música- por el simple placer de comunicar y, más importante aún, para contar esos rollos que hacen huir despavoridos a los que están a nuestro alrededor. Besos.

    1. Pues sí, Raúl, es algo parecido.
      Él tiene un espacio propio y secreto donde volcar lo que le gusta. Tal vez en su caso está un poco obsesionado, pero las pasiones son así, te abducen.
      Me ha hecho gracia lo de huir despavoridos, también es verdad, jajaja.
      Besos

  5. Encerrarse en sí mismo junto con la pasión, refugiarse en ella como si fuera una amante que contiene todo ese peso que cada día más trae la vida familiar, donde no hay ni para donde hacerse, logró encontrar la fórmula de estar sin estar jugando con su niña, sin que le frustre, enoje, desespere el tener que hacerlo. Buena historia, muy actual, un abrazo Eva

  6. Todos me han parecido personas atrapadas en una vida que quizás no eligieron de una forma consciente. A veces las cosas, simplemente, se acumulan unas encima de otras sin pedir permiso, y llega un momento que esas cosas ya son tuyas, que debes hacerte cargo de ellas y no tienes ni puñetera idea de cómo han llegado ahí…

    Al final todo se reduce a tener pequeños rincones donde podemos defendernos, donde aún podemos ser otra cosa, cualquier otra cosa, ¿no?

    1. Puede ser lo que dices. Tampoco elegimos tanto como creemos, o las elecciones nos llevan a lugares o situaciones inesperadas y no a dónde habíamos pensado.
      Los rincones son muy necesarios, es verdad.

  7. A que sí ! algo muy familiar …. todos los que intentan transmitir sus ideas e historias escribiendo, todos son Samueles-Olmos. No me pareció que el texto tuyo es de la vida infeliz y frustrada donde la gente es atrapada por la rutina (mujer/marido, niños,cena etc. ) sin poder desarrollarse.
    El texto es muy real y de la vida como es: hay pasiones y hay obligaciones ( no hay otra manera)…y cada uno lo comparte como pueda. Muy, muy bien ! Siempre disfruto leendote. Un abrazo.

  8. Es verdad, muchos tenemos puntos en común con Samuel Olmo.
    Y también tienes razón en que no trataba de reflejar una vida infeliz, más bien una vida normal, con sus típicas limitaciones, seas quien seas y hagas lo que hagas.
    Muchas gracias, Tatiana
    Me alegra mucho saber que disfrutas con la lectura
    Besos

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