Día: 11 de noviembre de 2021

Antón, no le des más vueltas

Nada sabe Antón de los rotíferos y eso que son vecinos suyos, como quién dice. Se morirá, a no ser que una casualidad lo arregle, sin ni siquiera imaginar su existencia, sin saber que son, al igual que él, seres con tendencia a la soledad, de vida libre.

Con total ignorancia rotífera ha pasado este hombre sus cuarenta y ocho años de estancia en la tierra, desconociéndolo todo de esos seres mínimos, transparentes y activos. Al paso que va, nunca llegará a ver sus graciosos cuerpos cilíndricos con un pie bifurcado y una cabeza dotada de cilios capaces de moverse como molinillos, creando así fuertes corrientes de agua con las que atraer sus alimentos.

Ni idea tendrá jamás de sus diferencias sexuales. El macho, cuando existe, pues la rotífera se las apaña para reproducirse por sí misma en bastantes ocasiones, es hasta diez veces menor que la hembra.  Pequeño pero habilidoso, puede copular por impregnación hipodérmica. Este sistema tal vez hubiera gustado a Antón de haberlo conocido y podido aplicar, lo que no es el caso.

Ignorante del todo del mástax o aparato masticador que albergan estos animales en su laringe, de su cerebro y retrocerebro, de sus óculos y antenas ha transcurrido su vida con las habituales penas y alegrías, placeres y dolores, ilusiones y desengaños. Lo digo: Antón ha vivido de espaldas a estos seres cosmopolitas y dulceacuícolas, numerosísimos habitantes de la tierra húmeda, los musgos, los líquenes, los hongos y los charcos.

Ni idea tiene de su resiliencia. Son capaces de soportar largos periodos de sequedad en los que se asemejan a granos de arena y más de uno de ellos ha logrado engañar al tiempo tras esperar congelado decenas de miles de años a que llegara su momento de volver a la vida. Y, una vez aquí otra vez, ya que estamos y por qué no,  reproducirse.

Tampoco los rotíferos llegarán nunca a conocer a Antón Ramos Peñuelas, un hombre de tantos que acostumbra a bañarse en el río cuando llega el verano, si bien prefiere con mucho el mar, pero lo tiene lejos y no siempre le es posible desplazarse. Entre ellos ha chapoteado, flotado y nadado a lentas brazadas haciéndose preguntas sin respuesta como ¿qué hago yo en este mundo, ¿qué hacemos todos? Sus ignorados rotíferos lo tienen claro, son parte esencial de la cadena trófica, limpian el agua de detritus y materia orgánica, alimentan a los peces, que a su vez alimentan a las aves acuáticas que a su vez… Y, que se sepa, no se hacen preguntas incómodas.

Antón, no le des más vueltas, puede que le dijeran girando burlonamente sus cilios si es que en algún momento llegaran a conocerse, microscopio mediante.