Día: 1 de diciembre de 2021

Era un bosque

Hemos ido en un autobús, no me he podido sentar con Nidia y me he enfadado, luego se me ha pasado. Nos hemos parado en un sitio donde había un hombre barriendo hojas con una escoba, hacía un montón y lo dejaba limpio, le caían hojas nuevas, se le ensuciaba el trozo, volvía a barrerlas. Cristóbal ha dicho, jaaaaaaaaaa, jaaaaaaaa, señalándolo con un dedo. El autobús ha seguido y el hombre se ha hecho pequeño, un punto y ya. Había un río con piedras y espuma.

El castañar se llama así porque tiene castañas que se caen de los árboles. No se pueden coger. Las setas tampoco. Las castañas tienen pelos por encima. Había muchos de esos pelos tirados por el suelo, Martín los iba apartando con un palo, todo el camino con el palo hasta que se lo ha quitado el profe Rubén porque le ha dado en una pierna, pero eso ha sido al final.

Era oscuro, era un bosque.

Es porque los árboles tapan la luz y porque no había luz, había nubes. Los árboles se pelean por la luz, es una de sus comidas, y por eso se estiran tanto, porque la luz está arriba y quieren ser los primeros en tenerla, también comen por abajo, de dentro del suelo. Lo que encuentran. Pero otros días sí hay luz, nos lo ha dicho la monitora, Olivia. Somos un grupo muy bueno, nos lo ha dicho, pero gritamos. Es lo malo. Para oír a los pájaros y ver a los animales hay que estar callados o no salen.

En la entrada había un cartel con todos los pájaros que viven ahí, pintados, y con todos los animales pintados y sus nombres. No hemos visto ninguno, no han salido. Solo que Abel a cada rato decía, “¡una vaca, un jabalí, un buitre!” y luego se reía. No tiene gracia. Ninguno nos lo hemos creído, solo la primera vez, la de la vaca, luego ya no.

Hemos ido a ver el árbol más viejo de todos, se llama el abuelo, en verdad está muerto y no se puede tocar, se rompe. Era muy grande solo que tenía dos agujeros, le faltaba lo de dentro y lo de arriba. Rubén nos ha hecho una foto delante del abuelo muerto para colgarla en el aula virtual. Un hombre muy viejo con dos bastones se ha acercado a hablarnos, decía que ese árbol y él habían nacido el mismo día y que qué nos parecía. Otro hombre que iba con él ha dicho que el árbol tenía quinientos años o hasta más.

Algunas veces había que subir y otras que bajar, prefiero bajar, cuando tocaba bajar corríamos. Y Olivia: sin correr, sin correr. Las primeras veces, luego ya no. Domi llevaba la gorra puesta del revés, Omar iba el último y se sentaba en todas las piedras. Está gordo.

Las hojas que había por el suelo no sirven, los árboles las tiran, había muchas, mezcladas con los pelos de las castañas. Castañas no hemos visto en el castañar. Unas mujeres que iban juntas nos tenían miedo, ¡que vienen los niños!, ya están aquí otra vez, vamos por el otro lado, ¡los niños, los niños! Olivia nos ha vuelto a decir que éramos buenos pero shhhh, shhhhh, sin gritar, sin gritar.

 A la vuelta sí me he sentado con Nidia en el autobús, solo que se ha quedado dormida, el pelo le olía a frío.

Hemos vuelto a pasar por el río y por delante del señor que barría hojas, seguía haciendo lo mismo, el montón estaba más alto. Ha parado y nos ha dicho adiós con la mano. Dos hojas se le han puesto en la cabeza.

Jaaaaaa, jaaaaaa, ha dicho Cristóbal.