Día: 18 de enero de 2022

Nuevo futuro

En la academia de recuperación Nuevo Futuro, donde aprobarás seguro, según el rótulo de la entrada, había conocido a una que le gustaba bastante. Mucho, en realidad.

Al principio no le había llamado demasiado la atención. Lo normal en estos casos, era una tía, no estaba mal, por lo menos no era un orco como las otras dos que se sentaban al fondo, así que por descarte. En el descanso entre clase y clase salían un rato a la calle y hablaban.  El primer día, como no sabía qué decir y estaban delante del cartel de la academia, él le había dicho que eso de Nuevo Futuro estaba mal puesto porque si era futuro ya era nuevo, si fuera viejo sería pasado, o sea, no futuro, entonces conque le hubieran puesto de nombre academia Futuro, suficiente.

Ella, que se llamaba Viridiana, (eso sí que era un palo), empezó a reírse muchísimo, cosa que le extrañó un poco porque tampoco era tan gracioso lo que había dicho, una observación nada más. En esa primera risa le gustó ya un poco Viridiana, pero no tanto como para seguir pensando en ella después, solo le gustaba cuando la veía y luego se le olvidaba porque tenía otras cuestiones en su cabeza.

Por ejemplo, aguantar los delirios de su madre con quién vivía entre semana y amoldarse al nuevo piso y a la nueva calle, llena de talleres de coches y olorosa a aceite de motor, a gasolina y a llanta. Su madre se había empeñado en que tenía que conocer, a no mucho tardar, al hombre de sus sueños, ya que su padre había resultado no serlo, aunque ella, en su inocencia, eso decía, había pensado que sí. Después,  había ido viendo que no y como todavía era joven y antes de que se le evaporaran definitivamente los encantos (él no veía nada evaporable en su madre) estaba dispuesta a luchar por ese sueño romántico suyo y su hijo no se lo iba a impedir. Porque, ¿ dónde se ha visto que un hijo mande sobre su madre?, ¿vivimos en el mundo al revés? Gilipolleces como esa solía decir.

Estaba loca. Para empezar esa idea de que se iba a oponer a sus deseos no sabía de dónde se la había sacado, si pasaba de ella. Le gustaba crear dramatismos y escenas en las que tuviera que defenderse de la oposición de alguien. Escenas absurdas porque, que él supiera, el hombre ese permanecía en sus sueños, o sea, que no existía todavía y mucho dudaba que fuera a existir alguna vez.

 Nunca se sabe, le había dicho Viridiana, después de reírse mucho con la historia y más aún cuando él le contó que la peluquería a la que iba su madre antes de salir los viernes se llamaba Liso and Rizado y eso era muy desconcertante, nadie podía salir de esa peluquería con las ideas claras.

Pero después de dos meses de acudir cada semana a la academia de recuperación ya pensaba un poco y hasta bastante en Viridiana cuando no la tenía delante y mucho menos en el amor de la vida de su madre, que seguía sin aparecer. Tampoco su madre parecía ya tan empeñada en encontrarlo y se había cambiado de peluquería, ahora iba a otra más pequeña y barata que se llamaba Fini. A la calle se había casi acostumbrado. En el suelo, sobre el asfalto manchado de gasolina, se formaban círculos con los colores del arco iris y él les hacía fotos con el móvil. Lo malo es que fue también por esos días cuando empezó a darse cuenta de que no es que él le pareciera muy gracioso a Viridiana, sino que ella se reía por todo, esa era su forma de relacionarse.

Esa tarde él había dicho, estas zapas me rozan en el talón, me parece que me las he comprado pequeñas, un simple comentario, pero ella también se había reído.

Eso no estaba bien, era un claro defecto, le faltaba criterio, pero ya era demasiado tarde porque ahora le gustaba muchísimo pese a que soltara la risa cuando convenía y también cuando no. Procuraba que no se le notara porque eso lo dejaba en inferioridad , pero mucho se temía que ella ya se había pispado de su sentimiento.

A mí es que el amor y todo eso…acababa de decir mientras se arropaba en su abrigo, un abrigo que de primeras pensó que era de abuela, pero que ahora le parecía de estilosísima y ultra moderna. El amor y tal no me interesa en estos momentos

¿Y quién había hablado de amor? Otra como su madre, que hacía suposiciones. Bastante acertadas esta vez, muy a su pesar.

A mí tampoco, mintió él, para nada me interesa. Del amor paso total. Ahora mismo, me refiero, no te digo que en un futuro…

En un nuevo futuro, dijo Viridiana.

Donde aprobarás seguro, contestó él, seguro de recibir sus carcajadas, como así fue.

Las dos orcos del fondo, que habían cruzado a la panadería de enfrente y salían mascando sendos bollos gigantes, los miraron con desprecio.