El otro lado

¡Mira!, un conejo. Pensé que era una piedra, pero ha pegado un salto. Mira, mira, se va por ahí.

La mujer señaló un terraplén en mitad de un campo seco, ennegrecido.

El hombre puso la vista donde ella señalaba, había un agujero, muchos agujeros.

Eso son sus madrigueras, tiene que estar esto lleno.

Yo solo he visto uno, con la de veces que hemos hecho este trayecto y solo he visto uno. Es la primera vez, pensé que era una piedra hasta que ha saltado.

Te digo que esto está lleno de conejos. Una casa, ¿quién querría vivir ahí, en medio de la nada?

El hombre se frotó la nariz como siempre que no terminaba de entender algo.

Alguien vive, hay ropa colgada de esa cuerda. Será uno que no puede vivir en otro sitio, no siempre se puede elegir.

O que le gusta, los hay raros.

No le gusta, dijo la mujer, no le puede gustar, no tiene ni árboles, solo ese, torcido o retorcido, si parece que sufre, ¿lo ves?

A lo mejor también le gusta el árbol torcido. Te digo que hay gente rara.

Bah, dijo ella, arrebujándose en el abrigo. No le gusta.

¿Pero es que lo conoces de algo? Porque hablas como si conocieras de algo al de la casa perdida.

Él sí que habrá visto conejos, se habrá hartado de verlos.

Les tenderá trampas. El hombre hizo el gesto de lanzar una red.

Así no se cazan conejos, dijo ella riéndose. Anda, los pájaros se han puesto todos en el cable del tendido eléctrico, ordenados, en fila.

Son pájaros, dijo el hombre. No sé qué son.

Eso da igual, tampoco vamos a adelantar nada sabiendo el nombre de cada cosa, me gusta cómo se han colocado.

Ya no son cosas, ahora son seres sintientes.

Ya. Pero que tampoco vamos a arreglar nada sabiendo el nombre de todos los seres sintientes. Habrá una app para saberlo, bájatela.

No he dicho que me importe. El hombre se puso a dar golpecitos con los dedos sobre el cristal.

Estate quieto, no hagas eso, puedes molestar.

Esto va demasiado despacio, no es normal que vaya tan despacio, no sé si preguntar.

¿Ya te estás poniendo nervioso?

En absoluto, dijo él, no estoy nervioso, solo constato una realidad, el tren va muy despacio.

Por el otro lado se está poniendo el sol, otro día nos tenemos que sentar en ese lado para ver el atardecer, es mejor ese lado, dijo ella girándose para verlo.

El lado que no eliges siempre parece el mejor, parece, solo parece. Ahí el sol nos daría en la cara y no hubieras visto el conejo ni la casa de tu amigo el raro.

Ya ves tú. Hubiera visto otras cosas. Y el atardecer ¿Quién vivirá ahí y a qué se dedicará?

A cazar conejos, ya te lo he dicho antes.

Ja, muy gracioso. Ahora vienen los ciervos. Estate atento, ¿habrá más por ese lado?

Seguro, dijo él mirándose las manos.

25 comentarios en “El otro lado

  1. Hace tiempo que no viajo en tren.
    Recuerdo sensaciones parecidas al ver casas en mitad de la nada… preguntarme quién viviría ahí y cosas parecidas propias de un Toro Salvaje Sintiente.
    La ventanilla del tren era como una película donde la imaginación se proyectaba sin límite alguno.
    Me gusta mucho lo que escribes.

    Besos.

  2. Los viajes en tren siempre deparan encuentros insospechados, lugares para hacer volar la imaginación y crear historias de sus habitantes, muy linda la historia, tierna, me da gusto leerte, un abrazo

  3. Jo, hasta que he sabido que estaban en el tren pensaba que habían perdido una estupenda aventura por no ir detrás del conejo que, por supuesto, en mi imaginación era blanco.
    Quién pudiera vivir a veces en una casa perdida en mitad del campo, aunque echaría de menos ir andando a todos los lados.
    Qué inspiradores los viajes en tren, me ha gustado mucho, qué bien definidos los dos protagonistas con tan poco. Muy chulo. 🙂
    ¡Un besote!

    1. Eso es culpa mía, no lo he precisado al principio. A veces ves tan claro tú el escenario que crees que los demás también.
      El conejo era marrón, como el campo. Pero para ti que siga blanco, faltaría más.
      Besos y muchas gracias, Luna.

  4. Parte del encanto de viajar reside en el propio viaje, eso en avión o trenes de alta velocidad se pierde un poco. En un tren a velocidad normal puedes elegir entre ver conejos o un atardecer y, lo que es más importante, hablar sobre ello. Estimulante, como siempre. Besos.

    1. Estoy de acuerdo.
      Por eso, entre otros motivos, no me gusta nada el avión.
      En el tren de alta velocidad también se ve el paisaje, quizá con menos detalle, eso sí.
      Gracias, Raúl.
      Besos

  5. Creo que podrías explicar a los marcianos como es este mundo nuestro a base de escribir retratos de lo cotidiano. ¿Del conejo con tomate al ser sintiente se extiende todo un abanico histórico-social? Un besazo.

  6. A veces las parejas se complementan y otras tiran cada uno en una dirección, siempre a punto de romperse y aguantan años.. es un misterio, la verdad.

    Mis viajes en tren, los que no son rutina, los hago en el vagón de la cafetería, leo el periódico, estiro un café y miro por esos ventanales enormes que tienen y pienso, pienso todo el rato, en esas casas, en esas vidas que no son la mía…

    1. Misterio que solo ellos conocen o ni ellos, vete a saber.
      Relaja mucho pasarse mentalmente a esas otras vidas que no son las nuestras. Y si es con un café y enormes ventanales, mejor todavía.

  7. «pasillo o ventanilla», siempre ventanilla, a ser posible… el viaje en tren al lado de la ventanilla es un estímulo para la imaginación. Qué relato tan real!! Me has recordado mis viajes de verano.
    Un fuerte abrazo, Paloma.
    Besos

    1. Es que si no tienes ventanilla pierde gran parte de su encanto.
      Desde luego que estimula la imaginación esa sucesión de imágenes, paisajes, gente…
      Gracias por pasarte, Maite.
      Te debo visita yo también.
      Muchos besos

  8. Conejolandia en mitad de ninguna parte. Sí, desde luego, las ventanillas del tren y esos viajes como escaparate para asomarse al mundo y observar también parajes y situaciones insólitas.
    Curioso diálogo. Creo que hacen demasiadas suposiciones sobre lo que no conocen. Un diálogo con tensión y en algunos momentos rozando la confrontación.
    Te pongo un vídeo. Ay, lo siento, pero es que «cada loco con su tema». La verdad es que el vídeo es formidable y se aprende escuchando las explicaciones. Lo pongo porque, aunque parezca mentira, aparece un conejo en él y es importante. Si te apetece ya sabes (no es obligado).
    Besos.

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