Yoga espontáneo

Las tardes que su hermano tiene entrenamiento de fútbol, a ella le toca esperar. Aburrida, se tira al suelo del patio, no importa que esté duro, sucio o mojado. Una vez tumbada, abre las piernas y también los brazos como si fuera a hacer el ángel de la nieve, lo cual no es posible porque nieve no hay y su figura no deja huella en el pavimento de hormigón gris.

A falta de ángel, se entrega de lleno al yoga espontáneo. Mira al cielo con suma concentración y cuando ya ha tomado conciencia de que el cielo está arriba y la tapa, y ella está sobre el suelo, que la sostiene, cuando ya ha percibido que es niña y cielo y suelo, empieza sus ejercicios.

Levanta las piernas, hace con ellas círculos, las abre y cierra, cruza la derecha sobre la izquierda y la izquierda sobre la derecha, se gira para un lado y luego para el otro, simétrica sin pretenderlo. Otra vez entra en contacto con el suelo, con el cielo y consigo misma en todo ello.

Observa las ramitas nuevas del árbol que se mecen alegres, los gorriones que cruzan velocísimos de un lado a otro y pegan picotazos a los brotes, haciéndolos caer. Se sienta, cruza las piernas y junta las manos. Medita entre bostezos.

Ha empezado a llover, descienden las gotas suaves y lentas, se tumba, abre la boca y saca la lengua, las deja pasar pues ella y la lluvia son la misma cosa en ese instante. Lluvia inquieta. Torsión para un lado, torsión para el otro.

El equipo del hermano se desplaza pateando el suelo, invaden los pies su esterilla imaginaria, ella retrocede, arrastrando el culo. Cruzada de piernas aplaude un gol con los cantos de sus zapatillas. Se incorpora sin apoyar las manos, se dobla hacia delante y luego hacia atrás, saluda al sol y a la luna y con mucha felicidad a su amiga Estela, a la que acaba de ver del revés entre el hueco de sus piernas.

Corren las dos juntas de un lado al otro del patio, sorteando balones voladores verdes y rojos, esquivando palomas picoteadoras de meriendas. Corren gritando, moviendo las cabezas, sacudiendo pensamientos hasta disolverlos.

26 comentarios en “Yoga espontáneo

  1. Ya no leo aquí.
    Vengo al cine y disfruto.
    Solo me faltan comer palomitas… tranquila, que tú eres Paloma y las palomitas de las que hablo son de maíz… jajaja
    Qué mundo el de la infancia… con cualquier cosa crean universos donde ya no tenemos cabida los adultos.
    Una delicia tu peli/relato.

    Besos.

    1. Estás invitado a las palomitas, faltaría más.
      Solo que esto más que peli ha sido corto.
      Me encanta mirar a los niños precisamente por eso. Hasta aburriéndose son creativos.
      Gracias, Toro.
      Me alegra mucho si te lo pasas bien aquí.
      Besos!!

  2. Todo un poema, delicado, fresco, tan suave que acaria cada palabra, un deleite para encarar el día, con ese sosiego y ese yoga que hace que el mundo se olvide y uno se funda en el universo. Gracias Eva, un abrazo bien grandote

  3. Habitar en un momento eterno que se extiende entre un gol y un fuera de juego es privilegio de quién vive sin ver pasar el tiempo. Es una escena muy bonita. Un besazo.

  4. Nadie osaría decir que hay uno solo texto tuyo claramente por debajo o por encima del excelente nivel general del conjunto, todos merecen la pena ser leídos y releídos…
    Saludos de vuelta, Paloma.

    1. Bueno, a lo mejor alguien si osa.
      Yo misma soy bastante especialista en criticarme.
      Pero te agradezco tus palabras y por supuesto me encantan y animan.

      Saludos rb.z y gracias otra vez.

  5. Supongo que así empezó el yoga, ¿no? Alguien un poco aburrida, alguien contemplando un cielo que parecía mandar mensajes y un sentarse a observarlo….

    Me ha gustado la calma de la primera parte y como se convierte en carreras y prisas al final. Le ha dado un ritmo muy bueno.

    1. Jajaja, me ha hecho gracia eso de que así empezó el yoga. No sé cómo empezó, me imagino su comienzo de una manera más seria pero lo mismo tienes razón.
      El final, más que con prisas es con desparrame 😉
      Gracias, Beauseant.

  6. Incluso a los que nos gusta al fútbol, hay veces que, viendo algunos partidos, también nos entran ganas de hacer yoga, tai chi o punto de cruz. Sacudir pensamientos hasta disolverlos …, me ha encantado. Besos.

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