Día: 2 de junio de 2022

El muñón

Merodea Toñín en torno a lo que fue su creación de árbol, su proyecto de vergel en mitad del asfalto. Ya no está, nada queda. Los brotes que comenzaron a salir de la primigenia acacia talada y que él había cuidado y hecho prosperar ya llegaban  casi hasta el segundo piso. Para que no se desparramaran hacia los lados los había cubierto con una lona guiándolos hacia el cielo. Es verdad que no era del todo un árbol, el tronco era ficticio, pero era algo verde y vivo, algo verde y resucitado de entre los vegetales muertos.

 O de entre los asesinados, piensa él, porque a esa acacia de ancho tronco se la había cargado sin motivo justificado el Ayuntamiento. Alegó que estaba enferma y podía provocar una desgracia si le daba por aliviar su cansancio tumbándose de forma repentina. Alegó eso o más bien no alegó nada. Un día llegaron los operarios con sus grúas y sus máquinas de talar y la acacia desapareció dejando en su lugar un muñón anillado.

Toñín se encargó de revivirla, jugando con ella. Todos la conocían ya como su árbol. Pero ayer, cuando volvió del dentista con la gasa dentro del hueco de la ex muela, la resucitada ya no estaba. De nuevo los malignos del Ayuntamiento, esta vez alegaban que tal instalación, así denominaron a su renacido árbol, provocaba peligro de caídas pues se encontraba demasiado cerca del paso de cebra y de una valla de obras.

 Cuánta tristeza. El poder es el poder, el poder tiene el poder, dice Toñín, mirando con nostalgia en la galería de su móvil imágenes de su querida amiga, alegría y entretenimiento de sus tardes. Pero también os digo, ha asegurado burlón dirigiéndose a Sonia, la que tuvo una perrita tuerta que ya murió, y a Paula, una vecina que lleva un broche en forma de avión de papel en la solapa de la chaqueta, también os digo que ahora es cuando se está cayendo la gente, ya he visto dos caídas y tres o cuatro tropezones.

Ay, ay, ayyyy, se suelta por cante jondo Toñín desahogando así su malestar. Ya que  han colocado una valla para acotar la zona de obras, ha colgado ahí la alfombra de entrada al portal, para que se airee. «Ay qué dolor, hiciste la maleta, ¡ay!  Y sin decirme adiós tú amor me abandonó y solo me dejó, ay qué dolor , ay que dolor», canturrea por los Chunguitos sacudiendo la felpa marrón. Una nube polvorienta se une al polvo de las obras, deseosa de amistar con alguien.

El profesor de matemáticas recién brotado del portal, se lleva las manos a la boca y retrocede dos pasos con pasmo y susto, ¡el árbol!, ¿qué ha pasado?

El que tiene el poder tiene el poder, repite Toñín. Y con una mano corta el aire espeso, oloroso a pises caninos.

Así es, así es, cabecea el otro, resignado. Hacen y deshacen y todo les da igual, el bienestar ciudadano no es algo que les importe. Y ¿usted cómo está, Sonia?, le pregunta muy cortés a la mujer.

Comme ci, comme ca, responde ella, atusándose coqueta sus cuatro pelos muy lacados.

Y todos se quedan mirando el muñón de acacia.

 A su lado hay un charco con colillas y una rama solitaria flota encima.