Día: 14 de junio de 2022

Esto no es na

En la calle todos hablan del calor y el calor también habla, pegándose a los cuerpos, invadiéndolos, sofocándolos. Ese es su lenguaje, pero en estos días se ha vuelto muy agresivo, como esas personas que quieren imponer sus ideas y opiniones y gritan y avasallan. El calor de estos días va sobrado de ego.

Sonia ha salido muy temprano con los perros y solo con dar tres vueltas a la manzana ya ha vuelto sudorosa y agobiada, así que se ha dicho que ya no salía más, pero a media mañana, aburrida del enclaustramiento y previendo un día largo, ha repetido expedición, esta vez sin canes, al infierno de la calle.

En la marquesina del autobús se ha encontrado con Emilia que hacía una foto con su teléfono al termómetro, “¿qué te parece? marca 40 y son las 11 de la mañana. Récord histórico, ¿sí o no?” Sonia ha pensado que viven en un mundo plagado de récords y de días históricos, pero no lo ha dicho por falta de tiempo, el termómetro ha saltado en menos de cinco minutos a los 41.

Hazle otra foto, acaba de superar su propia marca, ni el Rafa Nadal, hija mía.

Se lo voy a mandar a mi hermano que vive en Asturias y no se lo cree, dice que nos lo inventamos y que somos muy exagerados.

 Su broche, que hoy era el pétalo de una flor amarilla, refulgía, destellaba y seguramente también quemaba.

Sonia ha subido en el primer autobús que ha pasado, Emilia se ha quedado abajo, registrando los récords históricos bajo la marquesina. El aire acondicionado de la EMT es fantástico, es lo mejor que hay para refrescarse, ni playa ni nada, se va de lujo, va pensando.

Una mujer le ha preguntado si todavía sigue la Feria del Libro y cuando Sonia le ha respondido que no, que se acabó el domingo, la otra se ha puesto a mirar para otro lado sin hacer caso de su respuesta.  Al rato, esa misma mujer se ha quejado del calor, le ha contado que ayer casi se desmaya y que pasó una tarde muy mala. Ella, comprensiva, le ha dicho que era lógico, que las temperaturas son demasiado altas y eso que todavía ni es verano oficialmente y lo que te rondaré morena.

Bien porque la mujer fuera rubia o por otros motivos inexplicables, tampoco ha mirado a Sonia cuando ésta le estaba respondiendo, ha dirigido su atención a la ventanilla y luego al vacío haciéndole muy groseramente luz de gas.

Serán las redes sociales, ha pensado Sonia, la gente ya no sabe comunicarse, sueltan lo suyo y luego pasan de la respuesta. No le ha importado mucho, estaba sintiendo una oleada de felicidad en el interior de ese autobús tan fresco por donde entraban sin esfuerzo todas las imágenes de la calle, así que se ha ido hasta la última parada y después ha vuelto.

A su regreso, Toñín y el de la farmacia, un chico que tarda mucho en despachar porque los medicamentos se esconden de él, departían amistosamente en una esquina. Son muy amigos, Toñín le llama “el doctor” y él a Toñín, “mi general”. Toñín, con sus clásicas palmadas al aire, le ha anunciado con alborozo que “el doctor” va a ser padre. Una niña, ha contado él tras su mascarilla de color morado, vendrá en octubre y se va a llamar Desiré, que quiere decir, “la deseada”. Otro niño para el barrio, ha palmeado Toñín con alborozo, y luego dirán que se acaba el mundo, no se acaba nada, esto no se acaba, os lo juro.

41 grados a las 11, ha anunciado Sonia por aportar algo a la primicia.

Esto no es na, ha dicho Toñín estirando sus felices bigotes. Agua fresca, poco movimiento y solucionao, que nadie nos meta miedo.

Claro, ha dicho la Planchá abriendo una sombrilla japonesa y pisando la calle con la punta de su sandalia, como usted es de esas tierras de por ahí abajo, pues está en su salsa, en su hábitat natural, no me diga más.

Toñín, sin hacer caso, ha espantado con un trapo a las moscas que flotan en el portal, pero ellas, cual si fueran moscas boomerang, han vuelto al instante a levitar entre el frescor de los buzones.

Nada ni nadie tiene remedio, ha murmurado la Planchá observando con desconfianza un cielo muy turbio en cuya parte más alta los vencejos vuelan obsesivos, le parece que al acecho.