Día: 22 de junio de 2022

Un nuevo mapa

El profesor de matemáticas está tan emocionado con el nuevo mapa de la Vía Láctea que no puede dejar de pensar en él. Lo que no entiende es porque no les pasa lo mismo a los demás, hasta el momento, todos sus intentos de llevar la conversación hacia ese terreno han sido abortados.

Se le han quedado grabadas las palabras de un astrónomo finlandés que ha dicho que antes de que la sonda Gaia explorara nuestro barrio en el Universo era como si estuviéramos dentro de un bosque y solo viéramos árboles, pero ahora estamos en el cielo y podemos contemplar todo a vista de pájaro.

 ¡Pero que estamos en el cielo!, ha tenido ganas de gritar a sus vecinos, a ver si así espabilan y se despegan un poco de las calles cotidianas, pero no se ha atrevido. Anselmo es de naturaleza discreta y un poco tímida. Por la mañana, durante la clase, ha tratado de explicárselo a sus alumnos, de despertar en ellos el asombro.  Escuchad, ha dicho en lugar de ponerse a explicar los polinomios, en las estrellas se producen terremotos, son pequeños movimientos en su superficie que cambian su forma, un poco como os está pasando a vosotros, en plena adolescencia. En el Universo nada es estático y tampoco es un lugar tranquilo, hay violencia en el Universo, sabed que la Gran Nube de Magallanes, una galaxia pequeña cercana a la nuestra, está devorando a la Pequeña Nube de Magallanes, se asemeja a lo que ocurre aquí en la Tierra cuando el fuerte abusa del débil.

Cree que le han escuchado, que le estaban escuchando con cierto interés hasta que uno, rompiendo el encanto, ha preguntado: profe, ¿esto entra pal examen?

Por la tarde, cuando ha salido de casa para hacer unas compras, no ha podido resistir la tentación de comentar algo al respecto con Toñín y otros secuaces. ¿Os habéis enterado de lo de la Vía Láctea? Y sacando el móvil les ha leído una parte de la noticia, más que nada para situarles.

“La Tierra y el resto del sistema solar viajan a 720.000 kilómetros por hora alrededor del centro de la Vía Láctea, donde hay un agujero negro supermasivo, Sagitario A. Pero incluso a esta velocidad tardarían 230 millones de años en dar una vuelta completa. A su vez, la Vía Láctea es una pequeña isla de estrellas que viaja por la inmensidad de un universo donde hay otros 100.000 millones de galaxias separadas por distancias siderales”.

Huy, hijo, qué cosas nos cuentas, ha dicho Sonia, que para celebrar por todo lo alto la entrada del verano se ha puesto una túnica amarilla, yo ya me he perdido, soy incapaz de entender esas cifras que nos das, me da como mareos, claro que soy propensa a los mareos ya de por mí, tampoco te digo que tenga que ver con lo que estás contando. Son las cervicales, ¿sabes? Ayer pasé un diíta…

Pa sideral, ha rematado Juanín el fontanero, la obra que tenemos montada en la calle, qué de polvo y qué de ruido y por si fuera poco nos plantan un rodaje, no hay cristo que aparque aquí, una hora me he tirado dando vueltas, te desesperas, oye, y ya vas todo el día de malas.

Los demás han cabeceado, comprensivos.

El profesor ha vuelto a la carga, esta vez con menos ímpetu pues la esperanza de ser escuchado se le ha ido desvaneciendo, ¿no os parece increíble que la lente de esa sonda espacial haya observado estrellas naciendo en una galaxia joven que fue devorada por la Vía Láctea hace 100.000 millones de años?

¡Josús!, ha exclamado Sonia deseando que terminara ese tema de conversación donde no puede meter baza.

 “Unos que nacen otros morirán, unos que ríen otros llorarán, la vida sigue igual”, se ha puesto a cantar Toñín. En la raíz de su árbol dos veces muerto ha brotado una diminuta flor.

Pues sí, eso es verdad, se ha reído el profesor, hasta luego que me cierran, y ha avanzado por la calle en obras, el bolso de falso cuero en bandolera golpeándole la flaca pierna, la cabeza a reventar de estrellas.