¿Y las libélulas?

A la Esmirriadita la calle le parece triste desde que ha vuelto de sus vacaciones. Las chinas que pintan las uñas asomadas a la puerta de su negocio, el señor laringectomizado con un apósito enorme en su garganta que saluda con un gesto de cabeza porque hablar no puede, las chicas de la panadería que dicen, “todo bien, no nos podemos quejar” y ese mismo “no nos podemos quejar» parece un lamento, las aceras otra vez abiertas como en herida permanente, los árboles mustios, agotados de calor,  la suciedad, el ruido del tráfico y todos esos transeúntes con pinganillos blancos incrustados en las orejas, ausentes y apresurados cyborgs.

Pero como la calle es la de siempre o no demasiado distinta a la que otras veces ha pisado, deduce que es su propia tristeza la que se filtra en ella y la mancha. Se siente como un caracol que va dejando una baba pegajosa de apatía y languidez sobre las aceras.

Pero al parecer no se le nota. Se encuentra a Sonia, lo cual no es difícil, le dice que está guapísima, que ese vestido azul  es precioso y qué que tal ha pasado el verano. Y ella agradece que no perciba su interior porque si no se detecta no será tan grave su malestar, solo una melancolía pasajera. Se mira el vestido azul como si nunca se lo hubiera visto, como si fuera el vestido de otra y se le hace extraño ese estampado de gatos con gafas sobre la tela ¿por qué lo lleva, por qué lo eligió?

No es verdad que sea bonito ni que ella esté guapa, acaba de verse en el espejo de una tienda y tiene muy mala cara, está pálida, los ojos ribeteados de ojeras y el pelo sucio porque le dio pereza lavárselo ayer y se prometió, “mañana”, que es lo que se promete últimamente. Y como mañana siempre está ahí, al otro lado del día que sea, basta con pronunciar esa palabra y sentarse a descansar del cansancio de no haber hecho lo que tenía que haber hecho. Porque lo no hecho le cansa tanto o más que lo ejecutado.

Todos esos trámites…le dice a Sonia refiriéndose a lo que ha dejado apartado para el siempre pospuesto mañana.

Sonia la mira sin entender y repite, ¡que estás guapísima! y se lo grita como si estuviera sorda, y yo no digo mentiras, ¿y qué tal el verano, te lo has pasado bien?

No he visto libélulas, en todo el verano no he visto ninguna libélula, ¿se habrán extinguido ya? Me da pena, son tan bonitas… sobre todo las azules ¿o las azules no son libelulas?

No sé, hija, yo de bichos entiendo poco, aquí hemos tenido moscas y mosquitos por si te sirve de consuelo y cucarachas también he visto desfilando por la noche que eso parecía el Madrid fashion week o como se llame eso de la moda que hacen.

La Esmirriadita se ha reído enseñando sus dientes asimétricos.

Las libélulas han emigrado hacia el norte porque necesitan agua, se han visto escuadrones de libélulas mudándose hacia hábitats más amables. Las libélulas pertenecen al orden de los odonatos y son muy beneficiosas porque se comen a las moscas y mosquitos.

¡Toma ahí lo que sabe el profesor!, ha exclamado Sonia con admiración, no tanto por el discurso de Anselmo, que no le interesa demasiado, sino por la capacidad que tiene de aparecerse como un fantasma. O como un mago.

Así que se han ido, son más listas que nosotros. Yo también tengo que irme pero aquí al lado, las gestiones, los trámites…

Y con velocidad libelular la Esmirriadita ha cruzado la calle. Al llegar a su mitad el vestido azul ha cambiado bruscamente de dirección y con el mismo empuje volátil ha enfilado en sentido contrario, hasta donde vive la mujer que se ha hecho una casa con cuatro maletas viejas y un trapo por encima. Ahí se ha parado un momento el vestido azul, los gatos con gafas consternados.

Ella sí que es una libélula, tan delgadita, si parece que se va romper, pero mírala qué deprisa va arriba y abajo, ¿para qué? Qui lo sa, le dice Sonia a nadie porque el profesor de mates ya se ha volatilizado.

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18 comentarios en “¿Y las libélulas?

  1. ¡Sueles tener «el síndrome postvacacionál»?

    Ansiedad.
    Malestar general.
    Falta de concentración y descenso del rendimiento …son los síntomas.
    Y para combatir ese síndrome… lo mejor es hacer deporte.
    Ya no hay sitio para libélulas , no las veo desde hace tiempo …triste.

  2. Esa comparación con el desplazarse de un caracol me parece estupenda para comprender aún mejor el sentir de la Esmirriadita. Y, por supuesto, siempre encuentro muy originales y simpáticos los nombres que eliges para tus personajes, Paloma. Es un placer leerte.
    Un abrazo.

  3. Cada vez son más los que emigran al norte cuando falta el agua y aprieta el calor, como las libélulas. Además de bonitas son sabias, y se comen a los mosquitos. La de cosas que pasan en tu calle, está llena de vida. Besos.

  4. Que pena da que haya vuelto como un animal herido. También que los insectos sólo encuentran refugio en el recuerdo. Aunque el profesor recita su nombre clase e incluso el género, sea lo que sea eso, su docta voz no sirve para reclamo. Nos estamos quedando sin bichos! Un besazo.

  5. Es lo que está sucediendo en algunos lugares más, en otros menos, sin embargo estamos acabando con el mundo pequeño, creyendo que no sirven para nada, más allá el día que despertemos, nos daremos cuenta en qué hacían al equilibrio y que eran parte fundamental para seguir viviendo. Un abrazo grande, muy real y muy actual

  6. Hola guapa , algo saben las libélulas que no te han contado , y por eso se marchan.
    Sabe hace algún tiempo vi un documental sobre insectos , y resulta que dicen y que si hubiese en el mundo un armaguedon el único insecto que sobrevivía sería la cucaracha , ya que esta es de la época de los dinosaurios.
    Besos de flor 😘💋
    Gracias por compartir tus historietas de este barrio tan peculiar.

    1. Hola, Flor
      Perdona que no te haya contestado antes. No había visto el comentario.
      Sería un mundo feísimo ese, con el asco que me dan las cucarachas.
      Lo único bueno es que no lo veríamos.
      Gracias a ti
      Besos

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