El hibisco

La primera en verlo fue la Esmirriadita, era temprano, aun de noche, y la luna, un poco abollada, descendía lenta sobre los tejados. Iba la chica arrebujada en su chaqueta, con los ojos entrecerrados de sueño y los pasos desanimados, trastabilló con una baldosa levantada y el impulso del tropiezo la volcó contra su tronco. Ahí estaba el nuevo vecino, pequeño y grácil, un poco esmirriadito también, pero con tres flores rosadas y una más despuntando, plantado en el alcorque de la fenecida acacia.

La Esmirriadita se llevó las manos a la boca para que no se le escapara la sorpresa. Es un árbol, ¡un árbol!, dijo para sí emocionada, ¡y tiene flores!, es un árbol con flores. Un árbol con flores, se fue canturreando hacia el metro, ¿cómo se llamará? Cuando se asomara a la ventana de su sótano no vería su copa pero sí su tronco y a lo mejor hasta alguna rama despistada a la que le diera por nacer un poco más abajo. Caminó más ligera y despejada, soñando con que ese árbol hubiera sido plantado para ella, como un símbolo de algo bueno por venir.

Un poco más tarde, Toñín, apoyado en la escoba, está haciendo las presentaciones a todo el que pasa por delante.  Tenemos árbol y la cosa ha sido así, baja la voz para darle emoción al relato, y narra: uno que vive tres casas más allá, uno que iba a ese gimnasio de ahí y que antes trabajaba en el ayuntamiento, así, moreno y cuadrado, ese pasó por aquí delante ayer por la mañana y como yo conozco a todo el barrio y hablo con todo el mundo, le dije, mira, hombre, que tenemos este hueco sin plantar desde hace años, nos quitaron el que había, luego yo puse otro, me lo volvieron a quitar, mira tú que tienes contactos, a ver si puedes hacer algo y hoy… ahí lo tenéis. ¿Qué? Hay que tener amigos hasta en el infierno.

Es un tipo de hibisco, me parece a mí, dice Anselmo, el profesor, rodeándolo mientras los observa, sí, sí, seguro, hibisco es y la flor se llama rosa de Siria.

¿Y por qué de Siria?, pregunta Sonia desconfiada. No le gusta que le den lecciones.

Digo yo que si ha nacido aquí será una rosa madrileña.

Bueno sí, ha nacido aquí, pero es de origen Sirio, eso quiere decir. O chino, el árbol es chino.

¿En qué quedamos? ¿Chino o Sirio?, ¿No nos habrá puesto tu amigo el concejal un árbol del todo a cien? Yo también he tenido amigos importantes, ¿sabéis quién? Ava Gardner, sí, la misma, cuando trabajaba en esa casa de alta costura que, en fin, nombres no doy, ahí se hacía ella alguno de sus vestidos. Y me decía, venga Sonia, vamos a tomar café. Y yo, Ava, es que no puedo ahora, no me deja el jefe. Era tan guapa que hasta las mujeres se enamoraban de ella, yo no, ¿eh?, no os vayáis a pensar.

El árbol no está mal, un poco flacucho pero lo mismo va engrosando, si se le cae alguna flor, no la tires, me la guardas que la pongo en un jarrón, lo que no consigas tú…y que luego el presumido ese vaya contra ti…mejor no digo lo que pienso, mejor no lo digo.

Todos barren para dentro, responde Toñín, pero yo, barro para fuera, mirad. Y da tres virtuosos escobazos en la acera empujando en dirección contraria a la casa.  Una nube de polvo se desplaza envuelta en su risa. Para fuera, vamos todo lo malo para fuera.

Hibisco, así se llama, insiste el profesor. La repetición es la madre de toda enseñanza.

Sisco, el sisco, tenemos un sisco, repite Toñín no muy convencido de haber acertado a la primera. Habrá que cuidarlo para que nos dure. A este lo cuido yo. Yo lo he traído y aquí se va a quedar, va a llenar esto de flores, ya lo veréis, vamos a tener la entrada más bonita de toda la calle.

“Yo soy la rosa de Sharon, el lirio de los valles”, recita el profesor. Es del cantar de los cantares, aclara para nadie.

Los inactivos, dictamina la Planchá pasando de largo. Así va el país, no trabaja nadie. Hoy ya tienen el día hecho mirando el árbol como tontos y mañana será otra cosa, el que quiere perder el tiempo, lo pierde. Me ponen de los nervios, como la peluquera, que nunca me entiende cuando le explico cómo quiero el corte.

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23 comentarios en “El hibisco

  1. ¡Qué bueno!, que ya les llegó otro árbol y con flores, no es cualquier cosa, llena la vereda con mucha alegría y da para hablar y quién sabe que otras pasaran en esa vecindad. Un abrazo grande Eva y espero la continuación

  2. Suceden pequeñas maravillas en esta galería de personajes que nacen en el vecindario de tu imaginación. En estos tiempos de plazas frías y paso acelerado, ¡qué importantes son las plantas que habitan la ciudad! Un abrazo.

  3. Un árbol creciendo en medio de una acera es un pequeño milagro que hay que cuidar en su fragilidad… creo que la Esmirriadita es también una especie de raro hibisco creciendo entre el hormigón….

  4. Muy bonitas las flores de hibisco, realmente. Las flores siempre dan alegría.
    ¿Sabes que me compré dos arbolitos, a mediados de agosto? Uno de mango y otro de aguacate. Los trasplanté a macetas más grandes. El de mango está que ni se inmuta (paciencia) y el de aguacate, después de caerle todas las hojas le han salido brotes y muchas hojas nuevas. Verdes, brillantes, preciosas. Quiero comprarme otro de pomelo rojo. Lo tengo todo en la terraza.
    Podrían dar frutos en unos años, pero veremos…
    Ese vecindario, muy pintoresco, como siempre. A veces me parecen auténticas almas en pena. Sorry. Toñín se preocupa por las plantas…
    Namastebesos.

    1. Hola, What
      Cuánto tiempo! Tú sí que has estado silencioso.
      Me alegra mucho que reaparezcas asomado por detrás de tus arbolitos. Espero que te den frutos y pongas la terraza como un vergel.
      Cuando te aburras, pásate a saludar a las almas en pena de mi barrio.
      Namastebesos

  5. El último párrafo de la sentencia de La Planchá , me encantó , es tan típico para cualquier charla de los españoles de cierta edad. Ya veremos que va a pasar con el hibisco, estoy seguro que tu con la fantasía que tienes nos presentarás la novela entera que se desarrollará alrededor del arbolito. Un abrazo.

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