Habló Cara Sábana

Entre los vientos de ayer y las lluvias de hoy, al hibisco le ha entrado un ataque de otoño súbito. Primero se ha puesto amarillo, como aquejado de una grave ictericia, y después ha ido soltando de golpe casi todas sus hojas. Solo unas cuantas flores han sobrevivido en su copa. La Esmirriadita ha apoyado la mano en su delgado tronco queriendo consolarlo y consolarse a la vez de sus propias melancolías y, al hacerlo, ha notado que se movía como un diente a punto de caer.

Se mueve, ha dicho, se mueve demasiado.

Toñín también ha querido probar y de tres meneos vigorosos ha terminado con las pocas hojas que le quedaban. No está bien plantado, no ha prendido, ha sido su diagnóstico.

Pero tú no te apures, mujer, que esto lo arreglo yo, le voy a poner más tierra por aquí, y ha pegado tres pisotones para indicar por donde, y luego otro palo al lado atado con una goma, de esas de hacer gimnasia, ¿sabes cuáles?, de esas. También lo voy a rodear con una cerca pequeña para que no se meen los perros. Todo eso le voy a poner. Para que luego digan que Toñín hace poco.

Al oír la palabra perro, la señora Cara de Sábana, que normalmente no se pronuncia sea cual sea el tema de conversación, ha hablado y con mucha claridad, ¿estamos tontos con los perros o qué? Mi padre era pastor, siempre ha tenido perros alrededor, animales listos y buenos, pero nunca entraban en la casa, no como a estos que les ponen hasta tiendas. Que el otro día uno me lamió una pierna, ¿pero tú eres idiota?, eso se lo dije al amo.

Vaya porquería de árbol que nos han puesto, si ya está pa los arrastres y acaba de llegar, había en mi pueblo ¡unos robles!, ¡unas encinas!, ¡unos olmos!, unos fresnos! que eran la gloria bendita. Ahora ya no sé cómo estará porque no he vuelto, pero me gusta repensarlo.

Cuando la Esmirriadita se ha marchado, le ha dicho a Toñín que ella la vio llorar, estaba aquí abajo discutiendo o algo así con el novio ese que tenía, luego el chico se fue, ella lloraba como una descosida, tan mayor y llorando, luego el chico volvió y no sé lo que pasaría porque una tiene sus cosas que hacer, pero, entiéndame, que esos lloros en una muchacha que ya podría tener hijos…son cosas raras que se ven ahora, antes la gente era más recia, más recatada de sus sentimientos, no los iba aventando por ahí.

El que quiera llorar que llore y el que quiera reír que ría y el que quiera las dos cosas pues primero una y luego la otra. Mire para arriba, ¿no llora el cielo hoy? Y bien buenas que son sus lágrimas.

 Cara Sábana, después de tanto palabrear sin estar acostumbrada,  arrepentida y hasta asustada, se ha quedado muda, la cara blanca, lisa y quieta como cama recién hecha.

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22 comentarios en “Habló Cara Sábana

  1. Aquí el cielo debería llorar durante dos meses seguidos.
    Antes de que seamos desierto irreversible.
    Si la cosa se pone fea pediré asilo existencial en tus relatos.
    Puedo ayudar al Toñín, hablar con la Esmirriadita y también intentar consolar a Cara Sábana… todo lo que haga falta para escapar de este Caribe Mediterráneo al que solo le faltan huracanes y tornados.
    Besos.

  2. Con el tiempo de las lluvias se caen la hojas y crecen saudades. Es el momento adecuado para echar de menos el abrigo de unos brazos alrededor o sacar del cajón los recuerdos de un verano inolvidable. Las lágrimas de la Esmirriadita me invaden con una ternura imparable. Y la tarde sólo me da para escuchar a Dulce Pontes. Hala que no digo más, déjala que cante. Un besazo.

  3. Muy bien captados los tiempos en que vivimos, todas esas emociones guardadas que en momento brotan en cualquier instante sin detenerse a ver si rompe o no rompe con la imágen «for export» con la que andamos por este mundo. La melancolía se hace cargo de este relato, más allá que hay destellos de humor en él con el que quiere dar vuelta la tortilla. La música de Carlos evoca aún más estos sentimientos de recogimiento. Un abrazo grande Eva

  4. Todo pasa y todo queda
    pero lo nuestro es pasar…»
    Profunda melancolia otoñal, pobre hibisco, Esmirriadita, todos , a todos nos habra plantado bien Toñin,?..tendremos uficientes cimientos para resistir..? Bueno , por lo menos ya hemos atravezado la pandemia..Hermoso,mujer, gracias

  5. Hablar mucho, cuando no estás acostumbrado, debe cansar mucho, como si se tuvieran agujetas en las cuerdas vocales y en los pensamientos. Bonito relato otoñal. Besos.

  6. Me ha dolido lo del hibisco, ya sabíamos que era un milagro entre tanto hormigón y tanta mezquindad… No habrá podido aguantar tanta mediocridad y tanta gente metiéndose en vidas ajenas para desordenarlo todo.

    1. Pero no está muerto, solo un poco chuchurrío.
      Puede que se anime y vaya cogiendo fuerza.
      Habrá que esperar para ver si pasa la prueba del transplante y se adapta al nuevo vecindario. Que tiene tela.
      Los cambios afectan mucho a los seres sensibles y creo que este árbol lo es.

  7. …lisa y quieta como cama recién hecha… A mi me gustó muchísimo la frase,jajajaj
    Lo de estar disgustada después de hablar mucho me suena muy familiar .
    Bueno, todo me suena muy familiar en todos tus textos ,como si contaras de mi y mi entorno. Un abrazo.

  8. Que llore el cielo y que hablen quienes normalmente callan, seguro que tienen mucho que decir aunque no lo parezcan.
    Olivos, se le han olvidado los olivos.
    Muy bueno, este pedacito de realidad cotidiana que haces tan especial.
    Un besote

  9. Maravilloso como siempre Paloma. Encuentras unas similitudes bellísimas entre lo pequeño y los sentimientos que son todo un hallazgo. Sinceramente, nunca me canso de leerte (aunque tenga poco tiempo tú eres un fijo para mi). Un abrazo

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