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Gracias

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Mirad que libro tan majo. Las letras de dentro las he escrito yo. Sé que muchos ya las habéis leído aquí, en el blog,  pero no organizadas ni como un conjunto.  Creo que así ganan bastante, será porque me gustan los libros de papel.

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Los collages que ilustran algunos de los textos y la portada  los han hecho entre Natalia, Annita, Lina, Lidia,  Marina, Sonia, Gema, Isabel, Paloma y Adriana. Todas ellas forman parte del colectivo  Mujeres que cortan y pegan. Me ha resultado muy emocionante ver parte de lo que yo había escrito, traducido y reinterpretado por sus  imágenes y también conocerlas en persona.

Que el libro  exista, que esté tan bonito editado y ya vuele por su cuenta es obra de Patricia Lodin. A todas ellas y en especial a Patricia,  muchas gracias.

Aquí estamos algunas en la presentación  el pasado lunes en la librería La Fábrica

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Esa soy yo pasando mucha vergüenza, pero muy contenta. Un poco susto que me veáis la cara después de tanto tiempo haciendo creer que era igualita que Angelina Jolie pero, con días mejores y peores,  es más o menos la que tengo.

Como estaba tan nerviosa me olvidé de dar las gracias Ana y a Dani que se lo leyeron antes y corrigieron los errores. Y también quería agradecer a Nona, (Martes de cuento), el que se tomara la molestia de leerlo todo cuando solo eran historias dispersas y desordenadas y de asesorarme después.

Si lo queréis, sé que algunos ya lo habéis comprado,( también muchas gracias), -esto parece parte de una  gala cutre de los Goya con tantos agradecimientos, pero es de justicia que los haga-,  se puede comprar en la página web de piezas azules editorial.

Venga, que ya no os doy más la lata con mi obra maestra, lo prometo.

 

 

 

 

Gracias a la loca

Muy buenos días o buenas tardes o noches o lo que corresponda cuando me estéis leyendo, si es que me estáis leyendo. Ya sé yo que algunos reparten “me gusta” como el que da de comer a las gallinas, de verdad si es que…allá cada cual con sus costumbres. No he venido aquí a criticar, bueno sí, también, pero principalmente he venido a agradecer. Por cierto, soy Esmeralda, esa mujer tan simpática a la par que bellísima. Y nada de agregarme el “para su edad”. Bellísima a secas y acabemos con las coletillas.

Sí, esa que tenía un quiosco en el parque del Retiro desde donde pensaba cambiar el mundo y a ella misma y que luego resultó ser un personaje inventado por una loca desde su cocina. Qué chasco, con lo real que me creía yo. A lo mejor vosotros también sois personajes y no lo sabéis. Ahí lo dejo como tema de meditación para lo que queda de verano.

Si acaso no os enteráis de nada os aconsejo que empecéis a leer el blog desde su prehistoria y así sabréis de qué hablo. Que lo llevo claro, me lo temía. Pues yo a lo mío. Decía en el párrafo anterior, tengo una tendencia al desvarío que es de hacérmelo mirar, decía que quería dar las gracias. Y sí, quiero. Gracias a la loca, mira por dónde, porque debido a que me ha congelado o semi matado, me he librado de las vacaciones en familia y del mes de agosto en el apartamento. No quepo en mí de gozo y entono cada cinco minutos el Aleluya, el Gloria y todos los cánticos de alabanza y jolgorio que me sé.

Vosotros no sabéis lo que era eso. Y si acaso tenéis la desgracia de saberlo me entenderéis a la perefección. Vacaciones lo llama algún desequilibrado, ja, ríome por no llorar. Lavadoras a tutiplén, amontonamiento familiar, adolescentes descontrolados (más), sartenes que se pegan (eso es así, todas las sartenes de los apartamentos de alquiler se pegan), colas en los supermercados, calor, vecinos que roncan a través del tabique, niños ajenos que lloran, orquestas que suenan y resuenan, petardos que estallan de madrugada y convivencia extrema que deja corto cualquier deporte de riesgo que os queráis imaginar. El infierno (pagado, para colmo) en la tierra. Todos los años deseaba contraer alguna enfermedad, leve y sin mucho sufrimiento, no nos pasemos, para ser ingresada en un hospital y librarme así de la plaga agosteña.

Pues por eso estoy tan contenta y tan agradecida. Ya sé que en el zulo está el Toni hablando sin cesar del cambio climático y de la destrucción de todo y todos. Como el que oye llover aunque, según él, precisamente llover es lo que ya no vamos a oír nunca más como esto siga así. Ya sé que es una vida rara y sin alicientes pero, ¿y qué?, os aseguro que las vacaciones en familia son mucho peores. Tengo tiempo para pensar y se me han ocurrido varias ideas, todas ellas geniales como no podía ser de otra manera (frase oída a los tertulianos que odio especialmente, a los tertulianos también los odio) que pienso poner en práctica en septiembre.

Solo os avanzo que el grafeno está implicado en casi todos mis proyectos de manera tangencial, sea eso lo que sea, pero ahí está. Tampoco sé por qué tengo esa obsesión con el grafeno pero el caso es que la tengo. Y dicho todo esto, que dudo mucho que nadie se haya leído hasta el final ni hasta la mitad si me apuras, no me apuréis, por favor, me vuelvo al zulo donde se está muy fresco, otra ventaja añadida, antes de que vuelva la demente de mi creadora. A ella si le esperan unas entrañables vacaciones en compañía de los suyos. Que se jorobe. Adiós.

Gracias, contaminación

Gracias, contaminación. Gracias, cielo  emponzoñado. Gracias, apestosa y turbia atmósfera. Gracias y más gracias a todos los tubos de escape que vierten su porquería sin cesar.

Agradece cada día algo a la vida, está escrito en una agenda que me han regalado, pero no es que esté siguiendo ciegamente ese consejo, no soy yo de seguir los consejos de una agenda, que a saber de qué clase de persona procederán, no soy yo muy de seguir consejos en general. Si doy tanto las gracias es porque, debido a la suciedad ambiental, el Toni se ha dejado de rimas y versos, le ha propinado un manotazo al libraco de Hölderlin y ha regresado a su ser.

Ya es el hombre indignado que solía, ya es el sarcástico camarero cabreado con el mundo y sus pobladores. Año nuevo, Toni viejo. Respiro otra vez, aire mugriento, por supuesto, pero muy tranquilamente.

¿Pero no lo hueles?, me ha gritado esta mañana abriendo con violencia nuestra ventana con vistas a muro.

Sí, ya están friendo cebolla y sólo son las siete y media. Alguien hace la comida antes de irse a trabajar. Cierra.

Cierro, claro que cierro pero no por la cebolla, huele a monóxido de carbono, a dióxido de azufre y de nitrógeno.

Pero, ¿cómo va a oler a eso si no son cosas de cocinar?

Te digo yo que sí y mezclado con aceite de freír churros. Mira, si se ve por arriba, asomando bien la cabeza, la capa oscura, ahí está. Nos envuelve, nos asfixia, nos ciñe pero bien ceñidos, dice abriendo otra vez y asomándose en escorzo.

Pues yo solo veo la luna y el cielo azul.

¡Azul!, me grita, no blasfemes, azul parece de cerca pero de lejos es marrón, míralo.

Me voy a meter en la página web del Ayuntamiento a ver qué dicen, anuncia dejando la ventana abierta, ignoro el motivo.

Pero cierra primero la ventana, majo, que nos aterimos y entran los monóxidos, le reprendo sin resultado.

Preguntas más frecuentes, le oigo mascullar, “¿qué es la contaminación?, ¿cuál es la diferencia entre emisión e inmisión?” No puede ser, nos están tomando el pelo, pero ¿quién va a ser el idiota que pregunte eso? Y sigue: “El Sistema Integral del Aire del Ayuntamiento de Madrid permite conocer en cada momento los niveles de contaminación del municipio”. Como si no los conociéramos bastante…”El Plan de Calidad del Aire es el instrumento clave para conseguir que los niveles de calidad de”…No puedo leer más, me siento insultado y escupido ¿tú no?

Dice que no puede leer más pero continúa haciéndolo y en voz bien alta: escucha qué preciosidad, el Plan consta de tres subsistemas, el de vigilancia (miran y ven que sí, que está muy contaminado), el de predicción (predicen que mañana va a a estar igual o peor) y el de información( nos lo cuentan aunque tampoco siempre, qué detalle). “Cada sistema tiene una misión muy específica y se encuentran conectados entre sí”.Y debajo viene un esquema dibujado en el que muestran las conexiones por si no habíamos entendido algo ¡Qué sentido del humor tan sutil! No sé si salir a matar.

Tómate tu Hölderlin, Toni, le sugiero al verle tan alterado, que una cosa es que vuelvas a ser tú y otra que te dé un infarto y ya no vuelvas más a ser ni tú ni nadie.

Poco puede hacer la poesía ante esta avalancha de realismo sucio que se le ha venido encima, se pone todo dramático.

Gracias, Servicio de Protección de la Atmósfera sito en la calle Bustamante 16, no proteges nada y mucho menos la atmósfera pero me has devuelto a mí más genuino Toni.

Turno de mañana

 

No sé qué hora sería cuando ha llegado esa chica, sobre las diez y media, puede.  Estábamos tranquilos,  cada uno mirando nuestro ordenador, Julia y Mari pasando las fregonas por arriba y por abajo, el que se lee la enciclopedia acababa de abrir  el tomo siete, el  viejo habitual durmiéndose con un libro abierto sobre las piernas, un hombre mirando a través de las cristaleras con unos auriculares puestos y los estudiantes  en la planta de arriba, estudiando.

Quiero decir que todavía no había llegado ningún pesado a preguntarnos nada ni ningún colegio ruidoso. Sí estaba el grupo que viene de un centro de rehabilitación para drogadictos. Los traen bastantes mañanas a esta  biblioteca a pasar el rato, nada más entrar se pasean entre los estantes mirando los libros como si se asombraran de que hubiera tantos  en el mundo, creo que más que asombro es una especie de paseíllo de  cortesía porque enseguida se van  a la sección de audiovisual, la que les gusta de verdad. Revuelven con ganas ,  se llevan en préstamo alguna serie o película y  las comentan entre ellos, “peliculón” o  “de putísima madre”, les oímos decir.   No es que se porten mal, vienen muy aleccionados por su monitor y no sé si un poco dopados, se mueven y hablan a cámara lenta, como si flotaran, como peces o astronautas. Salen mucho a la puerta a fumar, todos fuman, y allí hablan de peliculones o miran el trabajo de los jardineros.

Solo hay uno que nunca sale ni se pasea por los estantes de los libros a mirar con asombro el objeto libro ni se va a la sección de audiovisual a decir “peliculón”, ese se queda pegado al mostrador como un pasmarote, luciendo su cresta azul tan pasada de moda como el resto de su vestimenta: cazadora corta de cuero negro con tachuelas en las hombreras, pantalones pitillo, botas vaqueras con remaches metálicos en la punta. Parece una mezcla de extintas tribus urbanas,  un muestrario ambulante de los ropajes de  la movida madrileña. Aunque es mayor y está bastante deteriorado,  tiene cara de niño, de niño perdido en este mundo. Hasta en los márgenes se puede estar marginado. No habla apenas pero de vez en cuando dice, “miedo me da”. Me gustaría saber qué es lo que le da miedo, si algo en concreto o todo en general.

Guillermo le tiene una manía que no le puede ni ver, eso ya indica cómo es el compañero Guillermo.

-¿Te puedes apartar?, aquí delante no puedes estar, no dejas pasar a la gente, le ha dicho con esa brusquedad suya.

El otro ha  mirado a los lados, como pensando, “¿pero de qué gente me habla, si aquí no hay nadie, habrá gente que yo no esté viendo”? Y se ha movido un poco hacia la esquina, cerca  de Miriam y  de mí. No nos encanta su compañía,  pero tampoco nos molesta en especial, no hace nada, solo se apoya y a veces resopla y suelta su “miedo me da”.

En ese momento ha entrado la chica joven de la coleta y se ha colocado en el supuesto lugar prohibido  a mirar su móvil y a mandar mensajes, se reía sola. Miedomeda la miraba de reojo y Guillermo más que de reojo, a ella no le ha dicho  que se tenía que quitar, al contrario, “si te podemos ayudar en algo, nos lo dices, eh”, de un amable que ni en sueños hemos visto tanta amabilidad.

La chica le ha dicho que buscaba un libro de economía de costes o algo así  y Guillermo, “pues qué estudias”, interesadísimo,  y ella que estudiaba ADE, eso que estudian todos ahora, y el tonto de Guillermo se ha puesto a darle consejos como si fuera un padre amantísimo o un amante padrísimo, más bien. Más bien que eso es lo que le gustaría a él. La chica le seguía el rollo mientras él buscaba en el ordenador el libro y eso que si algo  le molesta es que le hagan trabajar, a todos los manda con más malos modos que buenos a que se hagan sus propias búsquedas. Pero a la de la coleta no. Poco le ha durado el entretenimiento porque la chica ha encontrado enseguida el libro, gracias a sus indicaciones, y se ha marchado tan contenta sin dejar de mirar su teléfono.

Miriam ha empezado a contarme la receta de una tarta de manzana que se puede hacer en el microondas,  no me interesan  sus recetas ni las pienso hacer pero, por cortesía, como los ex yonquis cuando se pasean entre los pasillos de  libros, la he escuchado. El viejo que se queda dormido se ha despertado y ha mirado extrañado a su alrededor, creo que no sabía dónde estaba ni quién era, Julia y Mari con tal de aparcar un rato las fregonas se han acercado a escuchar la receta y a hacer sus propias aportaciones.

He visto la cara de desesperación de Guillermo y hasta me ha dado pena, su chaqueta de pana arrugada por la espalda, su pelo canoso, sus bolsas bajo los ojos llenas de aburrimiento vital. Se ha puesto a protestar,  que estaba harto del turno de mañana, que ya le ha solicitado a la jefa el cambio a la tarde,  que el turno de mañana le parece deprimente…Seguro que se cree que el de tarde está hasta los topes de chicas jóvenes con coleta ávidas de conocimientos y consejos.  No le voy a desengañar, he estado años en el turno de tarde y es más o menos  lo mismo pero con más gente, más peticiones de todo tipo y más ruido.

Miedo me da, ha dicho Miedomeda y se ha tocado la cresta azul con la mano, asegurándose de que seguía en su sitio. Allí seguía.

 

Homo homini lupus, dice María Prado

En el taller literario ya se han formado patrones. En realidad se formaron desde el primer día solo que ahora están ya reforzados y cimentados. Esto ya no hay quién lo mueva. Resulta curioso observar cómo nos colocamos todos y empezamos a desplegar nuestras personalidades dentro de los grupos. A veces parece una maldición de la que no se puede escapar. Se empieza por el lugar elegido para sentarse, no es algo inocente escoger una silla o la otra, la primera o última fila, una esquina o el centro. No sólo ya nos estamos definiendo con esa elección primera, es que ya no vamos a poder cambiarla porque los otros defenderán sus puestos.

Pese a ser un grupo pequeño y compuesto por adultos, se han reproducido los elementos típicos de las clases del colegio. Hay un pelota, una alumna aplicada, un silencioso, una líder, un protagonista, unas cuantas revoltosas habladoras, unos pocos sin definir para formar masa y algún despistado que pasa por ahí, entra un rato, escucha, nos mira raro (no me extraña) y se marcha.

Uno de los que más ha leído sus escritos es el pelota. Buñuel parece no darse cuenta de que está siendo víctima de un adulador, se cree que cada vez que el otro dice, “fabuloso, magnífico, impresionante o me has emocionado hasta la médula” es porque lo siente y piensa de verdad y se pone tan contento.  Tan, tan contento, que le cede un rato la palabra. El pelota, que se llama Nuño, tiene fijación  con la tauromaquia y sobre ella escribe siempre.  En el trabajo que leyó el otro día terminó diciendo que se emocionó tanto en la lidia (supongo que también hasta la médula) que por las mejillas le rodaron lagrimones. Para lagrimones los que le rodarían al toro, pero en fin. Después de los lagrimones leyó como aderezo una cita de Hemingway, de la que no me acuerdo porque me puse a mirar por la ventana. Se ven árboles.

Cuando alguien termina  de leer, aplaudimos. Da igual que no nos haya gustado nada, es una de nuestras costumbres de grupo ya cimentadas y consolidadas y que nadie nos la quiera quitar.  El único que no aplaude es LB que se queda con un dedo delante de la boca y la cabeza ladeada pensando sus veredictos. Hasta el momento siempre habían sido muy favorables para con Nuño.

Buenísimo, dijo LB, después de la cita y Nuño, que suele adoptar una posición de alumno sumiso, con la cabeza gacha, la  alzó , reconfortado.  Buenísimo me refiero al pensamiento de Hemingway, lo tuyo está fatal, de desastre. Reescribe, reescribe. Os lo digo siempre, hay que tirar mucho, hay que borrar, hay que…

Gracias, gracias, dijo Nuño haciendo una especie de reverencia.  Con la crítica es como se aprende, me alegro mucho de que me hayas criticado. Y antes de volver a su sitio se excusó para salir un momento. Sospecho que estaba por los pasillos clavando banderillas imaginarias en el cuello imaginario de LB.

A continuación y por primera vez me tocó leer. Me puse tan nerviosa como si estuviera robando en una casa y acabara de oír pasos, los del dueño que volvía. No es que me dedique al robo de viviendas pero me imagino que la sensación de adrenalina disparada tiene que ser parecida a cuando uno lee  en un taller literario. O puede que  los ladrones, sobre todo si ya tienen largos años de práctica, bostecen mientras desvalijan,

Leí la primera parte de mi prima Petronila, lo de su enfermedad misteriosa y todo eso. Al terminar,  LB dijo, “psssssss,  no está mal, pero tampoco bien, no dice nada esencial,  tienes que ir más al fondo del personaje, mucho más, siempre hay que bucear, entrar donde no está permitido, decir la verdad que nadie se atreve a decir, eso que todos pensamos pero que callamos por convención social”. Eso me gustó,  como si Petronila fuera una cueva inexplorada y yo su descubridora, lo malo es si me quedo encerrada en la cueva como les pasa a algunos que se arriesgan mucho y luego menudo lío que se monta para ir a rescatarlos. Bueno, claro, son símiles, a LB le gusta mucho utilizar metáforas y símiles y otras figuras literarias que desconozco porque fui muy mala estudiante y no se me quedaban las figuras literarias. Además tienen nombres muy feos, como pleonasmo, qué mal suena, igualito que una enfermedad. He cogido pleonasmo y escorbuto. Vaya panorama.

A la salida fui hasta el metro acompañada de María Padro, otra costumbre al parecer ya inamovible, igual que la de aplaudir. “Homo homini lupus”, dijo ella a mitad de camino, como canturreando, sin darle mayor importancia y después me lo tradujo. “Homo es hombre, hominis, para el hombre y lupus, de lobo. O sea, el hombre es un lobo para el hombre.  Yo es que sé latín, pero no latín de como quién dice,  esta sabe latín, sino latín de lengua, del idioma muerto. También sé griego, me lo enseñaron en el colegio”. No supe qué contestar a tal declaración. Casi se me caen los lagrimones como a Nuño tras un espectáculo tauromáquico de los buenos, buenos.

Al día siguiente, siempre al día siguiente de lo que sea, me fui a visitar a Petronila para hacerle un rato de compañía y dar nuestro habitual paseo por el desmochao. Nada más llegar le hice esa pregunta que les hacen los periodistas a los famosos de medio pelo en los programas del corazón,  pero sin portar micrófono, “Petronila, ¿cómo te encuentras?”

Lo que ella me respondió lo contaré otro día, el siguiente,  si es que me lo permite la Esme. Tiene un arsenal de  fotos de flores y muchas ganas de utilizarlas como armas de destrucción.

 

 

 

 

Abundancia

La rata Lucrecia está muy contenta desde que se cambió de casa. Cada vez que asoma el hocico y los bigotes por las rendijas de su nueva alcantarilla, montañas de regalos la están esperando alrededor de los contenedores.
Esta madrugada, por ejemplo, ha encontrado media hamburguesa bien gorda, con sus patatas fritas de guarnición y de postre un yogur con frutas del bosque, ¿qué cosa será bosque?

Después de llenarse la panza ha descansado un rato sobre un colchón desechado cubierto de deliciosos efluvios, colocado ahí para su solaz y recreo.
Mientras estaba tumbada  en mitad del colchón, observando la luz de las farolas y tres estrellas borrosas y meditaba sobre su ratil condición, ha pensado en la suerte que tiene.

Gracias y gracias, ha dicho royendo uno de los rebordes del colchón. Ayer aprendió que el primer paso hacia la felicidad es el agradecimiento. Estaba escrito en otro de los regalos, un libro titulado, “El arte de ser feliz en cinco pasos”. Después de leer el primer capítulo, se comió el segundo y el tercero y con el cuarto y quinto se hizo una colcha de papel. Ya refresca en las madrugadas.

Y por si encontrar los más variados presentes solo con poner las patas en la calle no bastara, tiene otro motivo más para estar alegre: a su alcantarilla le ha salido una flor. Es diminuta y nada aromática pero ondea cuando hace viento cual bandera vegetal de su patria subterránea.

Gracias y gracias, ha repetido en voz alta antes de ponerse a masticar, muy afanosa, un revoltijo de cables.Tiene que darse prisa, ya empiezan a llegar las otras ratas desde alcantarillas peor comunicadas y los más desgraciados de los humanos a rebuscar entre los tesoros.

Con los cables en la boca se sumerge de nuevo en su cloaca, feliz y agradecida de chapotear en la abundancia.

Cuesta arriba con el Penurias

-No soy un hombre moderno, dice Anselmo. Y se calla. No sé si lo hace para que su frase suene más contundente rodeada de silencio o porque le cuesta respirar. Vamos caminando cuesta arriba,  el sol nos da de cara.

-Qué largos son los días en esta época del año, no los soporto. Acábate ya, por favor,  suplica en dirección a lo que se supone que es el día pero que en realidad es la calle, con todas sus gentes pululando a cada lado, en  en el centro los coches y a lo lejos una rotonda con una fuente en medio.

Le pregunto que época prefiere, ¿el otoño? Tampoco,  la falta de luz le resulta deprimente.

-Todo se me hace cuesta arriba, me aclara mirando con cara de desdicha hacia el final de la misma cuesta que estamos subiendo.  No sigo investigando estaciones por si detestara todas,  es muy  posible puesto que cada una de ellas tiene sus defectos, hasta la bien considerada primavera. También puede resultar que te gusten  todas por el motivo contrario. A mí me pasan las dos cosas.

Por suerte para su ahogo, nos vamos parando a cada dos o tres pasos para que salude. A veces es él el que toma la iniciativa pero no siempre. Es un hombre popular en el barrio y parece querido. El frutero pakistaní sale detrás de sus coloridos cajones y le da un abrazo. Su frutería se llama “Calzados la Perla”, antes era zapatería, tampoco hay que ponerse exigente con los rótulos, ya se ve que lo que vende es fruta.  También sale a su encuentro una mujer gorda, la dueña de “Tienda esotérica, simplemente magia”, le aconseja que se lleve el amuleto de ojo de gato pero el Penurias suelta una de sus risas desinfladas. No cree en la magia simplemente. Otros más, casi todos llevan perros, se paran a entablar conversación.  Les cuenta lo que le ha pasado y no solo se lo cuenta sino que les enseña el papel que le han entregado en urgencias con el diagnóstico, la medicación indicada y las recomendaciones. Todos le dicen que se mejore, que no se preocupe que a un primo suyo también le pasó lo mismo y hoy escala ochomiles como si nada.  Pienso que del otro primo, el que se quedó mal para siempre, no le van a decir nada, son buenas personas.

Lu lleva a Wifito  de la correa, pero ya no le da órdenes, lo conduce con resignación y sin entusiasmo. En tan solo unas horas ha sufrido el primer abandono de un follower y lo tiene que ir asimilando. Es duro.

Al pasar por delante de una tienda de lámparas y electricidad, Anselmo se para y pega la cara al escaparate.

-Edisooooon, – grita desde la puerta-, sal, te tengo que contar,  casi palmo

¿Edison?, será una broma, como vende bombillas…pero no es una broma, Edison se llama Edison. Eso es predestinación o tal vez sea al contrario, ya que se llamaba así decidió enfocarse por dónde el nombre le iba indicando.

Edison es muy ceremonioso, escucha al Penurias con toda su atención, que es mucha. La descripción del ataque de pánico es tan pormenorizada que estoy empezando a sentirme mal, soy muy influenciable. Me estoy mareando pero Edison me distrae del abismo con una coletilla que tiene.

No obstante…dice cada vez que encuentra  a su disposición una pausa o  hueco. En el obst, pega los labios y después los despega con un leve chasquido. Es muy elegante, me gustaría poder soltar con tanta elegancia y naturalidad esos “no obstante” que nada significan. O sí significan, creo que le está queriendo decir que todo eso que le ha pasado, sí, ha sido malo, desagradable, que no está en su mejor momento, que lo comprende y se pone de su lado pero que no desespere porque todo puede ir a mejor. O también puede querer decir, “no obstante, jódete”. El caso es que podría pasarme un buen rato contemplando cómo Edison pega y despega los labios y pronuncia sus “no obstantes” con ceremonia.

Hemos llegado ya y el Penurias se queda en la puerta para darle las gracias a mi hermana. Ella, abrazada a la carpeta verde, también acaba de llegar,  le corta rápidamente con un seco “de nada, hombre, de nada. A mejorarse”. Cuando el Penurias ya está dentro del ascensor, asoma su cara,  tiene la cabeza muy grande, como el perro, y dice: cualquier día me fugo con una punky.

Por el camino pienso que ya no quedan punkys, a lo mejor por eso ha dicho que no es un hombre moderno. Decido ir andando a mi casa,  no está tan lejos, en realidad mi barrio es una continuación de este, sólo hay que atravesar la rotonda de la fuente y pasa a llamarse de otra manera pero tampoco existen  demasiadas diferencias.

Casi la única es que el mío sí tiene un jardín,  un jardín cerrado. Se puede pasear alrededor de su verja y contemplarlo desde fuera, oler sus perfumes, añorarlo como si hubiera sido nuestro alguna vez.

A veces lo hago, es un poco penoso pero también  bonito. Es como un símbolo de todo lo que me gustaría tener pero tendré que esperar o renunciar, ya se verá. Hace unos años, no muchos, el jardín  era más grande, estaba entero,  pero por su  parte trasera avanza un párking, me da miedo que se lo coma entero.

No obstante…

Wifito

La ambulancia acaba de salir del 44,  portal de mi hermana. Pongo el dedo en el botón del telefonillo y ahí lo dejo, transmitiéndole mi angustia.  Me miro la uña recién pintada, cómo brilla, se dan maña en el salón Ming.

“Deja de llamar así o no te abro”. Gran alivio, ellos no iban dentro. La puerta de la casa me la abre Lu dando saltos alrededor de un perro grande y blanco, raza pastor algo.  A este perro lo conozco yo, es el del vecino de arriba, Anselmo, alias el Penurias, un gran contador de tragedias.

No todo el mundo vale para el género trágico, él sí, es tan penoso y angustioso todo lo que cuenta, tan deprimente su conversación que al final o a la mitad, el discurso se vuelve cómico. También para él mismo,  que  se detiene y deja que se le escape un silbido de risa por un lado de la boca como si fuera un balón desinflándose.  El Penurias es famoso en todo el barrio. Con la excusa de sacar a pasear al perro se va encontrando con unos y con otros y aprovecha para  hacer su terapia gratuita en cada esquina, derramando desgracias propias o ajenas cual si fueran bolsas de basura. Lo limpio y aseado que se tiene que quedar después.

Era a él al que se han llevado en la ambulancia, mi hermana  no sabe si con un infarto o con un ataque de ansiedad,  se inclina por lo segundo, “ese hombre está sanísimo, lo que pasa es que es un agonías”. Le  admira por su arte sin igual  como narrador de tragedias,   pero  también le tiene manía. Es su vecino de arriba y todo el mundo odia un poco  al de arriba igual que los de abajo nos odian a nosotros y así se crea una transfusión o río de odio de piso en piso que como sube y baja a la vez se compensa y neutraliza.  Pero, salvo casos extremos, son odios normales, caseros, como unas corrientes de aire un poco molestas. No impiden ayudar si hay alguna emergencia.

Ella  lo ha hecho, se ha quedado con el perro hasta que vuelva el Penurias, si es que vuelve. Lu quiere adoptarlo en el caso de que  se muera. “Qué se va a morir ese, ese no se muere ni a tiros”, dice mi hermana y sale pitando a las gestiones con su carpeta verde bajo el brazo.

Me intriga muchísimo la carpeta, como la deje a mi alcance no sé si voy a poder resistir la tentación de abrirla y mirar. No es ético, pero le debo una. Cuando éramos adolescentes me abrió sin permiso un cuaderno donde yo escribía mis cuitas. Lo abrió justo por la página en la que ponía, “mi hermana es una gilipollas y una cabrona.” El punto estaba tan apretado que había traspasado el papel.

Cuánto me arrepentí de haberlo escrito, en realidad no lo pensaba. O sí, a ratos, en el rato que lo escribí sí lo pensaba y con gran fuerza,   pero no siempre y eso es lo que me hubiera gustado que ella entendiera, que no había una continuidad en mi odio. Y que lo que se escribe no necesariamente nos representa, refleja solo un momento determinado que, como una nube, pasa.  Creo que no lo entendió, ella no era aficionada a escribir nada. Es más, el hecho de escribir lo que a uno le sucedía, o lo que pensaba o sentía, le parecía ridículo.

Ya antes de abrirme el cuaderno, un día que me vio afanada en volcar en letras mis terribles desgracias de los quince años, mis penurias, me preguntó:  “¿para qué escribes lo que te pasa si ya lo sabes?” Esa pregunta consiguió bloquearme tanto que durante una semana abandoné. Cuando regresé  lo hice con cierta inseguridad, me acompañaba el pensamiento, inoculado por ella,  de que sólo una idiota podía perder el tiempo en contarse a sí misma lo que ya sabía. Cuando descubrió aquella anotación insultante volví a abandonar el  hábito, esta vez por más tiempo, aunque regresé a las escritas, si puede decirse así, pero con inseguridad y miedo. Si pensaba que la  escritura era una acción inútil y peligrosa, ¿por qué reincidía? Entonces no lo sabía, ahora creo que sí.

Nos hemos quedado solos: Lu, Wifi – así se llama el perro – y yo. Lu le está tirando una pelota a Wifi por el pasillo, Wifi la recoge de un mordisco aéreo y se la pone, babosa, en los pies. Lu se emociona mucho, la vuelve a lanzar, Wifi va a por ella, se la devuelve más babosa todavía y así en un ir y venir cercano al concepto de infinito. Qué coñazo es el infinto. Nos vamos al parque, se acabó.

Esta vez a Lu no le parece mal el parque,  en el ascensor pregunta otra vez si se va a morir Anselmo. Detecto cierta ilusión esperanzada en la pregunta. La verdad es que  ejerce muy bien de amo en funciones,  no para de dar órdenes al perro, vamos, vamos, por aquí, pero no te pares, venga, venga, dándole fuertes tirones de correa.  Ya tiene su primer seguidor o follower y eso es importante para cualquiera.

Cuando pasamos al lado de unas amapolas que han brotado dentro del hueco de un árbol, Wifi recula y llora. Un perro que tiene miedo de las amapolas, ¿ se puede ser más pardillo?

No pasa nada,  no pasa nada, dice Lu acariciándole la cabezota -es muy grande su cabeza – solo son flores. Para nada lo convence. Las amapolas son el mal para Wifi, algo le habrá sucedido con ellas.

Ya hemos llegado al parque, los dos se ponen a jugar a lo mismo que en el pasillo y yo me siento en uno de los bancos. Enfrente hay una madre con un bebé, mientras el bebé duerme ella mira el móvil, también hay un viejo en silla de ruedas, las piernas tapadas con una manta, su cuidador también mira el móvil, más bien se puede decir que está sumergido en él de lo inclinada que tiene la cabeza. Ojalá le salga chepa y papada, por antipático. El viejo lleva una corbata floreada y un traje claro de verano, también lo conozco de vista, el año pasado le daban un chupa-chups para que estuviera entretenido. Ha sobrevivido. Tengo ganas de hablar con él pero me las contengo. Pasa una mariposa blanca, indecisa, no sabe dónde posarse.  La sigo con la vista y desemboco en Wifi. Le ha entrado un ataque de locura espantoso, se muerde su propia cola, salta, aúlla y luego se mea. Lu corre a sentarse a mi lado, muy asustado por el comportamiento trastornado de su primer seguidor.

¿Qué le pasa?, me pregunta con cara de angustia.

Ahora entiendo lo que le pasa, es Anselmo, el Penurias, que no ha muerto y se acerca hacia nosotros.

Es que ha visto a su amo y como le quiere mucho se emociona, eso le pasa. Lu no entiende esas demostraciones de amor tan dislocadas, le alteran. Para apaciguarse, balancea las piernas y se rasca un brazo donde anoche le picó un mosquito.

Ay, Wifito, qué susto, pensé que esta vez era la definitiva, dice Anselmo agarrando la cabezota del perro y besándola. El perro le chupetea toda la cara y le pone las patazas en la camisa, llorando.

La vida es una mierda pero perderla así, una mañana cualquiera…, esto ya nos lo dice a nosotros.  He tenido un ataque de pánico, terrible, terrible, no se lo deseo a nadie, bueno a alguno sí se lo deseo,  a unos cuantos, ¿os ha dado guerra Wifi?

El que nos va dando guerra por el camino de vuelta es él. Qué manera de hablar. Y a muchas bandas; con nosotros,  con todo el que se va encontrando y con Wifito que al pasar junto a las amapolas, vuelve a llorar.

 

Por favor, deja tu spam

Buenos días, Esme, cuánto tiempo sin vernos por estos andurriales, ¿verdad? Y cuánto tiempo sin escribir aquí en este blog que abrí allá por octubre de ya no me acuerdo qué año. Resulta que me puse de empleada doméstica porque no me quedó más remedio pero esa no era mi verdadera vocación, mi verdadera vocación….

Ay, calla, pesada, que esa frase me la sé de memoria, no sabías cuál era y sigues a por uvas, si acaso la de escribir este blog,pero se ve que tampoco porque después de un tiempo de entrega lo has dejado tirado en la cuneta virtual. Menos mal que aquí estoy yo para hacerle de vez en cuando el boca a boca y ponerlo otra vez en marcha aunque sea dando tumbos, ¿Pero quieres dejar el bocadillo  y ayudarme un poco? Tenemos un montón de comentarios sin contestar y eso está fatal, hay que ser corteses y responder at soon as possible.

Venga, vamos a ello, mira este, desde Australia nada menos, dice el muy optimista, “es un tiempo perfecto para hacer planes de futuro y ser feliz”. ¿Y qué le contesto yo ahora a este tarado de las antípodas?, le seguiré el rollo, “por supuesto,  querido amigo, nunca es tarde si la dicha es buena. Un saludo afectuoso”. Finísima he quedado.

Te leo el siguiente, es de un pelota, atiende, “me ha encantado vuestro post y me ha sabido a poco pero ya sabéis el dicho, lo bueno si breve dos veces bueno, me encantará volver a leeros de nuevo”.

Aquí te estaremos esperando, un abrazo, Pintor madrileño. Es que se llama así. Sospecho que este no vuelve, tengo ese pálpito. Qué mal me están cayendo y solo llevo dos.

Y ahora este otro, se llama Array, además de ser otro pelota creo que se ha equivocado de blog, escucha y alucina, “estoy profundamente impresionado con tus historias cortas, he pasado mucho tiempo leyendo el pasaje en el que describes el incendio nocturno de una casa en Algeria”

Lo que me gustaría que se incendiara es tu idiota comentario. Saludos.

Pero Esme, no contestes tan borde, que últimamente viene poca gente y los vas a ahuyentar.

Qué más da, si esto ya está perdido para la causa, fuera cual fuese esa causa. Anda, este  nos ha escrito un microrrelato y todo, “Chan el pesado asintió, adivinando el plan de Diez”.

Me alegro mucho de que lo adivinara. Besos para ti, para Chan y para Diez”, ¿ves que maja he sido ahora?

Y ahora el de un tal Geotermo, otro que tal baila, “es poco frecuente encontrar a escritoras con conocimientos sobre este tema pero creo que sabes perfectamente lo que estás contando”

-No te creas, Geotermo, la mayoría de las veces no tenemos ni idea de lo que estamos contando pero gracias por tus halagos. Un placer tu visita.

Son pesadísimos y medio lelos y encima nos cuentan su vida, como esta, se llama  Anne, “en mi casa es muy importante la hora de dormir”, Y a mí qué leches me importará lo que haga en su casa, pero la responderé.

En la nuestra también porque cuando no dormimos nos levantamos para el arrastre y de un mal genio que pa qué. Tómate una valeriana o algo más químico y potente y que sueñes con los angelitos, amiga Anne, gracias por pasarte.

Ay no, otro con las alabanzas y no descarto que esté drogado, escucha, “me encanta tu blog, colores preciosos y deslumbrantes, temas súper originales, ¿de verdad lo has hecho tú? Me gustaría poder hacer algo parecido, por favor,contéstame y díme cómo”

Querido anónimo, te paso el teléfono de Proyecto Hombre, ponte en sus manos, ellos te ayudarán. Besos y eso.

Oye, Esme, ¿no estarás contestando a a los comentarios del cajón del Spam? Es que tiene toda la pinta de que los has sacado de ahí.

Anda, pues claro, es que de los otros no tenemos. Qué más nos da a nosotras de dónde vengan, ¿o es que ahora eres clasista? Lo importante es mantener la apariencia de normalidad. Yo a lo mío, este ya es el último, lo firma Caravela, “relojes digitales. Hay cuarenta y dos productos”

Que te mejores, Caravela.

Y tú, Eva, no eches migas con chorizo encima del cajón que me estás poniendo perdido el Spam. Habráse visto lo que le hace a su vocación…

 

Mundo raruno

Anda, mira, hoy tampoco hay nadie por aquí. Está este espacio de un abandonado que da miedo, pronto empezarán a correr enormes pelusas por sus entradas como en las películas del oeste y se oirá un viento lúgubre gime que te gime entre línea y línea, el viento interlineado creo que se llama, lo mismo que cuando te dejas la ventana un poco abierta. Pues así.

Menos mal que estoy yo aquí, no para barrer, eso no, que barra Eva que por algo es chacha, si no para darle un poco de vidilla. Tampoco demasiada que tengo muchos quehaceres. Y dentro de esos quehaceres quería comunicaros uno de ellos que os puede interesar y no poco: he creado mi propia criptomoneda, se llama Esmecoin. Podéis invertir en ella a golpe de clic en cuanto queráis, es un negocio fiable. Os garantizo la seguridad, el equilibrio y la integridad de vuestros estados de cuentas. Y todo gracias a los mineros, a los algoritmos y a las cadenas de bloques. Esto no lo entiendo todavía demasiado bien pero ya lo entenderé y vosotros también. No seáis antiguallas y soltad ya la
chatarra.
La Esmecoin es el futuro, igual que será el futuro levantar la vista al cielo, para inspiraros, para encontrar la paz que no halláis en la tierra o para estirar las cervicales que las tenéis finas de mirar a todas horas las pantallitas y….¡atasco de drones!, nada de espacios vacíos, nubes, pájaros y otros componentes arcaicos de los cielos. Si os da miedo, lo siento, a mí un poco también.
Menos mal que con vuestra impresora 3D os podréis hacer un cielo a vuestro gusto y medida.
Es todo un poco raruno, lo sé, pero no pasa nada, peor sería que hubiérais nacido princesa y que al cumplir los doce años vuestro padre os hubiera dicho, “te guiarás permanentemente por la Constitución”, pobre criatura, la que le ha caído, con qué tranquilidad se va a ir esa chiquilla de botellón cuando le llegue el momento, pues con muy poca. No quisiera estar en su real pellejo ni que me impusieran ningún Toisón por muy de oro que sea. A mí me suena a tostón, qué queréis que os diga.
Y ya me voy, que si hablo más voy a meter la pata: que corran las pelusas, que gima el viento entre las líneas.

Adiós.